Batavia es el nombre que los romanos dieron en lengua latina a una región norteña de la actual Holanda. La zona adoptó el nombre de República Bátava durante un corto periodo de su historia, convertida en un estado satélite de la Francia de Napoleón, siendo La Haya la capital de la efímera república. Batavia, asímismo, es el nombre con el que se conoció a la ciudad de Yakarta, actual capital de Indonesia, desde la colonización holandesa a principios del siglo XVII hasta el año 1942, cuando los japoneses, en plena II Guerra Mundial, le dieron su actual nombre.

 

Y uniendo por mar ambos lugares tan lejanos, Batavia es el nombre con el que fue bautizado un galeón holandés que pasó a la historia por su naufragio en un lejano lugar del Océano Índico.  Si este naufragio es famoso no lo es por el número de víctimas que produjo el naufragio propiamente dicho, sino por otros motivos: porque naufragó en su primer y último viaje (claro paralelismo con otros naufragios conocidos como el del Titanic o el Vasa), porque está bien documentado y, sobre todo, por los acontecimientos que vivieron los supervivientes en los días posteriores al naufragio.

 

Sin embargo, su actual fama no siempre la tuvo. Con el paso del tiempo, el recuerdo del episodio se había borrado paulatinamente hasta que en 1962 un submarinista, apoyado por un historiador, descubrió el pecio. A su fama actual (extendida en Holanda y Australia, no tanto en España) ha contribuído no sólo el estudio y rescate arqueológico del pecio y la investigación de los alredores del naufragio, con la correspondiente exposición en un museo, sino también varios libros publicados, documentales ("The Wreck of the Batavia", de 1973, y "The Batavia: Wreck, Mutiny and Murder", de 1995), un telefilm, artículos de prensa y hasta una ópera, titulada "Batavia", estrenada el 11 de mayo de 2001 en el State Theatre de Melbourne (Australia).

 

Además, y esto es lo más llamativo, se ha construído una réplica del barco, que navega orgullosamente. Según la reconstrucción, el Batavia era un galeón mercante de tres palos bien armado (24 cañones), un tipo de barco que los holandeses denominan "indiamen". Construído en 1628, medía 47'2 metros de eslora, tenía una longitud total de 56'6 metros, 10`5 metros de manga y en su palo mayor alcanzaba la considerable altura de 55 metros, desplazando un total de 1200 toneladas (600 de carga). Sin duda, un orgullo para la flota holandesa y un gran barco para su época.

 

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Imágenes de la réplica del Batavia construída en Lelystad, Holanda. Tras la construcción, que duró 10 años (el original fue construído en el tiempo record de seis meses), fue bautizado por la reina Beatriz I de Holanda el 7 de abril de 1995. En el año 2000 viajó a Australia para estar presente en el National Maritime Museum durante los Juegos Olímpicos de Sidney.

Si intentamos imaginarnos a nosotros mismos navegando a principios del siglo XVII seguramente ninguno de nosotros se decidirá a ser marinero. Si hoy intentamos reproducir con precisión las condiciones de navegación en las que surcaban los mares barcos como el Batavia es seguro que ningún barco conseguiría actualmente reunir un mínimo de tripulación. Y no es una simplona convicción.

 

La navegación era muy difícil y arriesgada durante la exploración del continente africano por carabelas portuguesas en el siglo XV. Peor aún era la navegación necesaria para descubrir América y establecer rutas de ida y vuelta de ese nuevo continente con Europa, así como navegar el Pacífico, bordear el continente africano adentrándose en el Índico, llegar a las islas de Indonesia o dar la vuelta por mar a nuestro planeta.

 

Hazañas como esas, hasta llegar al siglo XVIII, las realizaron los navegantes occidentales que exploraron el mundo y permitieron el desarrollo del comercio en durísimas condiciones y con medios rudimentarios, lo que resulta asombroso. Más aún si recordamos que el planeta aún no era bien conocido y los mapas no reflejaban todas las tierras emergidas. En particular, la navegación por el Océano Índico, Australia y las Indias Orientales suponía un riego ante lo desconocido e inexplorado en la época del Batavia e incluso en épocas posteriores.

 

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Mapa del Pacífico y del Índico, de 1523, atribuído a Johannes Schöner. No se conoce prácticamente nada de tierra austral, las Indias Orientales están aún bastante inexploradas y América del Norte se supone que estará unida a Asia.

Mapamundi publicado con el relato Viajes de Frobisher en 1578. Aunque muy esquemático, ya indica la separación de los continentes asiático y americano. El sur del planeta se supone ocupado por un continente inexplorado llamado Terra Australis.

Mapa del mundo fechado en 1628, año de construcción del Batavia. Lugares como India están muy desproporcionados. El sur es completamente desconocido, al que se le llama "Unknowne Land Magallanica". National Library of Australia.

Carta de inicios del siglo XVIII atribuída a Isaac De Graaff que resume los resultados del viaje de exploración de Vlamingh. Se observan bien las exploraciones holandesas en el norte y oeste de Australia (Hollandia Nova) aunque este continente lo supone unido a Nueva Guinea.


Piénsese que, en la época del Batavia (primera mitad del siglo XVII), a los navegantes les era relativamente sencillo calcular la latitud, pero para conocer su posición en medio del océano les faltaba conocer la longitud. Es decir: les faltaba una de las coordenadas. Hoy día, si a un marinero se le dice que debe hacer una ruta en esas condiciones, prácticamente a ciegas, sin conocer exactamente su posición, probablemente estará aterrorizado y se negará a navegar.

 

Para poder medir la longitud con precisión es necesario medir el tiempo, y los relojes que podían ofrecer mediciones fiables no se construyeron hasta finales del siglo XVIII. Hasta entonces, las mediciones de longitud eran aproximadas. Un fallo por parte de un navegante en la estimación de la longitud podía tener fatales consecuencias, pues si un barco se desviaba de una ruta conocida los riesgos se elevaban peligrosamente.

 

Si tenemos en cuenta todo eso comprenderemos mejor lo que le ocurrió al Batavia.

Este buque holandés ya hemos visto que era un galeón de tres palos; añadamos que era robusto pero de difícil maniobra, muy lento y pesado al ser bastante panzudo. Era así porque estaba ideado como mercante de largos recorridos oceánicos. Al estar armado con 24 cañones poseía un poder de fuego muy respetable para la época. La tripulación, incluyendo marineros, soldados y artilleros, ascendía a unos 300 hombres.

 

El barco era propiedad de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Esta Compañía tenía barcos destinados al comercio con las lejanas islas de Indonesia, para lo cual dichos barcos debían llegar al sur de  África, hacer escala en el Cabo de Buena Esperanza para renovar provisiones y agua, y desde allí atravesar el Océano Índico hacia islas como Java o Malasia. Tremendo viaje que duraba ocho meses. Sin embargo, a la Compañía le resultaba un comercio espectacularmente próspero, porque en aquella época desde islas como Java se traían especias que alcanzaban precios desorbitados en Europa. En el comercio de especias estaba basada la prosperidad de la Compañía .

 

El término “globalización”, tan habitual en nuestros días, podría aplicarse a la perfección al comercio holandés de la época del Batavia. La VOC, siglas de la legendaria Compañía Holandesa de las Indias Orientales (Vereenigde Oostindische Compagnie) fue la primera gran corporación multinacional en el mundo, una transnacional del comercio global, y la primera compañía que publicó sus beneficios. Era un auténtico Estado dentro del Estado. Sus poderes eran como los de un gobierno: poseía sus propios gobernadores, sus diplomáticos, sus magistrados y su propio ejército. Tenía potestad de negociar tratados, acuñar monedas, establecer colonias y declarar la guerra. Sin la expresa autorización de la VOC ningún barco holandés podía navegar a través del estrecho de Magallanes ni doblar el cabo de Buena Esperanza. Constituida en 1602 por el holandés Johan van Oldenbarnevelt, político y hombre de estado que jugó un importante papel en la independencia de Holanda sobre España, la VOC gozaba del monopolio sobre el comercio con las Indias Orientales otorgado por el gobierno holandés, y mantuvo el dominio de la ruta para acceder a los mercados de Oriente.

 

 

Logotipo y bandera de la poderosa Vereenigde Oostindische Compagnie (VOC) . En inglés, United East Indian Company. En español, Compañía de Indias Orientales Holandesas.


En Holanda se produjo una evolución comercial muy especial denominada por algunos "Revolución Financiera". La asunción de competencias financieras y fiscales permitió a la clase pudiente de las ciudades la oportunidad de ajustar la política económica a sus intereses, que eran sobre todo comerciales. Y esta fue una circunstancia muy importante para la expansión económica y comercial de la posterior República de los Países Bajos Unidos.

 

El comercio financiero se limitó en el siglo XVII a valores sin riesgo, de órganos gubernamentales nacionales y otras instituciones. Con la creación de la VOC (y más tarde la WIC , su homóloga para los mercados de occidente) surgió un refinado comercio especulativo de acciones. Fue un claro precedente del actual capitalismo bursátil. Pero en la banca y las finanzas se hizo valer la influencia de las autoridades. En 1609 se crea el Amsterdam Wisselbank cuyas funciones fueron la recepción de dinero en depósito, el tráfico de transferencias, el cambio de moneda y la compraventa de metales nobles. El capital acumulado se invertía no sólo en el comercio exterior sino en otras áreas y particularmente en el sector público.

 

La VOC y la WIC controlaban territorios repartidos por todo el mundo. Tuvieron su mejor momento a mitad del siglo XVII, estableciendo puertos y colonias comerciales como Nueva Amsterdam (hoy, Nueva York). Se establecieron en territorios como Surinam, Antillas y Brasil, en las posesiones conquistadas a los portugueses. La piratería y el tráfico de esclavos eran otros de los lucrativos negocios de la WIC. 

Posesiones de la VOC y la WIC (finales del siglo XVII). Indonesia era básica para la prosperidad de la VOC.


Para realizar la travesía del Índico, la VOC estableció la ruta que debían seguir los capitanes de sus barcos. Se basaba en el aprovechamiento de los vientos dominantes en aquel océano. Desde el Cabo de Buena Esperanza, en lugar de continuar hacia Madagascar y desde el norte de esta isla dirigirse hacia Java, los barcos se dirigían hacia el sur, alcanzando una latitud de entre 38º y 40º , aproximándose al océano Antártico, de forma que buscaban los vientos del oeste y, empujados con velocidad por ellos, hacían ruta hacia el este .

 

Y justo aquí interviene de forma decisiva la estimación lo más precisa posible de la longitud por los capitanes de la VOC: debían de considerar si habían alcanzado la longitud del norte de la isla de Sumatra, de manera que, llegados a este hipotético punto que nada, en medio de un océano vacío, les permitía situar con certeza, cambiaban de rumbo para que los vientos alisios del sureste les empujaran hacia el norte para llegar a Java.

 

Si la decisión del capitán del barco de cambiar de rumbo se producía demasiado tarde las consecuencias podían ser fatales: el barco se vería empujado hacia una de las costas más inhóspitas que existen, la de Australia occidental, plena de zonas desérticas, arrecifes, acantilados y batida por violentas olas del Océano Índico. En muchas ocasiones, el barco que se acercara a esas costas no podía evita el choque contra los arrecifes y acantilados, especialmente los barcos lentos, pesados y poco maniobrables, como el Batavia, siendo lanzados irremisiblemente contra el continente australiano.

 

Los holandeses estaban convencidos de que nada bueno podían sacar de semejante costa tan inhóspita. No parecía haber recursos para hacer aguada, no había lugares adecuados para hacer escala y la costa era desértica y prácticamente despoblada, por lo que no había tampoco posibilidades de comercio. No es de extrañar que la VOC diera la orden a todos sus capitanes de evitar las inmediaciones de la costa oeste australiana.

 

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Ruta de los convoyes de la VOC de Holanda a Indonesia. De Texel a  El Cabo, donde hacían escala, el viaje duraba seis meses. De El Cabo a Batavia, por el paralelo 40 sur, otros dos meses. Elaboración propia.


Y precisamente un grave error en la estimación de la longitud llevó al Batavia a su naufragio en 1629. El barco chocó contra un arrecife de islotes coralinos denominado Houtman Abrolhos. Pero este naufragio no sería uno más en la historia: se convertiría en un crisol de bajezas humanas. Abyección, crueldad, vileza, ignominia y atrocidad llevadas a niveles extremos. Una demostración de hasta donde pueden llegar las aberraciones humanas, convirtiendo en un infierno la vida de los supervivientes. En una historia como la ocurrida ninguna imaginación podrá rivalizar nunca con la desnuda realidad de los hechos que acontecieron.

 

El Batavia zarpó el 28 de octubre de 1628 de la región holandesa del mismo nombre, concretamente de Texel, en el que era su viaje inaugural. Tras salir del canal, su destino será Batavia (la actual Yakarta) en las colonias holandesas en Indonesia. Formaba parte de un convoy formado por otros siete buques de diferentes tamaños. Oficialmente viajan 341 personas, de las que 38 son pasajeros que se trasladan a la lejana colonia para iniciar allí una nueva vida, pero a resultas de algunas deserciones de última hora, lo que era relativamente frecuente en la época, parece ser que el número de gente embarcada fue un poco menor.

 

En las bodegas, el barco transportaba productos de comercio además de doce cajas de monedas de plata valoradas en 250.000 florines y un cofre de joyas valorado en otros 58.000 florines. Transportaba dos obras del famoso pintor Rubens para la venta a un gobernante mongol indio. También lleva prefabricados bloques de piedra arenisca previstos para un pórtico que se erige como puerta de entrada en la colonia de Batavia, la nueva sede del COV en las Indias Orientales situada en el extremo noroccidental de Java.

 

Conozcamos a la gente embarcada y a los principales personajes :

 

Francisco Pelsaert. Sobrecargo del Batavia.

 

Es la máxima autoridad a bordo.

 

Persona inteligente, de 33 años, pero de salud frágil.

 

Está considerado uno de los mejores comerciantes de la VOC y suele poner celo profesional en sus encargos. También es faldero.

Ariaen Jacobsz. Patrón (capitán) del barco.

 

Hombre cercano a los 40 años. Muchos años en el mar le han hecho un marino curtido, pero es un mediocre navegante.

 

Fuerte, bebedor, grosero, mujeriego y violento. Seguramente, alguien parecido a eso que llaman "lobo de mar", pero con tendencia a las trifulcas.

Jeronimus Cornelisz. Sobrecargo ayudante.

 

Boticario de profesión, tiene unos 30 años.

 

Seguidor de las ideas de un grupo llamado Hermanos del Espíritu Libre. Embarca para huir de la justicia por estar considerado cómplice del pintor Torrentius acusado de satanismo y herejía.


El sobrecargo y el patrón se conocían de tiempo atrás. Además de ser personas de carácter completamente opuesto, su relación personal estaba envenenada: existía animosidad entre ellos debido a grescas que ya los habían enfrentado en ocasiones anteriores al viaje del Batavia, de las cuales Jacobsz conservaba un sentimiento de humillación.

 

Detalle importante: en los barcos de la VOC, el sobrecargo (Pelsaert) mandaba sobre el patrón (Jacobsz, el que se sentía humillado), a pesar de que el sobrecargo no tenía por qué ser un marino dado que su puesto se otorgaba a un hombre competente en materia administrativa, política y comercial. Para la VOC era imprescindible que al frente de sus barcos comerciales estuviesen buenos mercaderes. Ser un buen negociante era lo importante para el puesto y no que fuese persona conocedora del mar. Pero las responsabilidades propiamente náuticas (navegación y maniobras) eran competencia del patrón. El patrón es el amo después del sobrecargo.

 

Aquí tenemos un problema: las órdenes del sobrecargo, persona de tierra adentro, carecían de la autoridad que sólo un marino habría podido conferirles. De manera que el patrón obedecía al sobrecargo sabiéndose más competente que él. Sin embargo, como la máxima autoridad a bordo era el sobrecargo, este podía despojar de autoridad al patrón. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que semejante bicefalia era fuente de fricciones y posibles enfrentamientos.

 

Continuemos conociendo a la gente que lleva el Batavia:

 

Gijsbert Bastiaensz

Predicador calvinista. Le acompañaban su mujer, siete hijos y una sirvienta. Viajaba a las colonias holandesas con la idea de encontrar una parroquia cuyas dádivas nutrieran a su numerosa prole.

 

Lucretia van der Mijlen

Mujer joven y bella, de menos de 30 años, de la buena sociedad holandesa y con solvente posición económica. Era huérfana y en Holanda vivía sola porque sus tres hijos murieron uno detrás de otro. Viajaba para reunirse con su marido que estaba empleado en las colonias de la VOC.

 

Zwaantie Hendrix

Una jovencita zorra e insolente. Sirvienta de Lucretia , contratada a última hora por esta.

 

Un grupo de 15 mujeres

Unas eran esposas de hombres embarcados, pero otras fueron introducidas clandestinamente en el barco por sus novios o amantes. Con ellas, algunos bebés de pecho.

 

Timonel

Subordinado al patrón. Contaba con dos timoneles ayudantes.

 

Unos 180 marineros

Por lo general, gente zafia y analfabeta, pero curtida por el mar y baqueteada tras muchas singladuras.

 

Dos suboficiales y 12 cadetes

Mandaban sobre los soldados. Los cadetes son los equivalentes a los que, en época posterior, conocemos en España como guardiamarinas. Eran adolescentes o jóvenes de buenas familias.

 

Soldados y artilleros

La mayoría alemanes y algunos franceses. Eran contratados, es decir, mercenarios. Gente en busca de fortuna y por lo general rudos, ásperos y toscos. Los artilleros están encargados de los cañones.

 

Auxiliares

Con oficios específicos para las necesidades del barco: cocinero, cirujano, escribano , carpinteros , etc.

 

Pasajeros

Iniciarán una nueva vida en las colonias de la VOC.

 

Al iniciarse el viaje las 341 personas embarcadas se llevan su primer susto, pues a poco de salir del puerto de Texel el barco embarrancó con los bancos de arena de Walcheren, accidente que se explica a partir de dos causas: unas inesperadas y violentas ráfagas de viento en la zona y la escasa maniobrabilidad de un barco lento, pesado y panzudo. Por fortuna, no sufrió daños importantes y, aprovechando la marea, se consiguió volverlo a marinar.

 

A continuación, el Batavia de dirige al Cabo de Buena Esperanza. Por delante, un viaje de seis meses. Durante el viaje el régimen de comidas supone un punto de tirantez: fue muy bueno, (se sirve comida caliente tres veces al día: a las 8:00, a las 12:00 y a las 18:00 horas)  pero solo para los privilegidados que ocupan la zona de popa del barco y que pueden sentarse a la mesa del sobrecargo. El resto, lo habitual: las galletas rancias o el tocino duro y salado. La navegación no fue del todo tranquila pues, para empezar, el mal tiempo en el Mar del Norte ayudó a separar los barcos, dividiendo el convoy.

 

Las relaciones personales entre los embarcados empezaron a afilarse. Pelsaert, el sobrecargo, y Jacobsz, el patrón, empezaron competir por los favores sexuales de Lucretia. Esta los rechazaba. Pelsaert se resignó a la negativa, pero Jacobsz se tomó mal el rechazo y se propuso seducir, vengativamente, a Zwaantie, la sirvienta de Lucretia. Zwaantie, que no tenía problemas para repartir favores sexuales entre la gente embarcada, accedió también a “favorecer” al patrón. La sirvienta aprovechó su intimidad con Jacobsz para desafiar a su ama, desobedeciéndola.

 

La ruta de estos barcos hasta Cabo de Buena Esperanza consistía en dirigirse hacia las Azores. Desde ahí navegarían aproximándose al Archipiélago Abrohlos, en la costa brasileña. Llegados a esta altura, viraban hacia Ciudad de El Cabo. ¿Por qué todo este rodeo? Pues porque en el mar la distancia más corta entre dos puntos no siempre es la línea recta: hay que aprovechar los vientos y las corrientes, tomando la velocidad suficiente para conseguir el viaje más rápido, aunque para ello a veces parezca un contrasentido hacer un recorrido más largo. Más adelante, cuando partan de El Cabo hacia Java, ocurrirá lo mismo. Había más razones: se evitaban las frecuentes aguas muy calmadas del Golfo de Guinea, que provocaban que el barco estuviese parado durante tiempos impredecibles y, además, lejos de las costas se evitaba a los piratas.

 

En general, la travesía a El Cabo es tan aburrida que supone una prueba para la paciencia de la gente embarcada, la cual pasa la mayor parte del tiempo entre chismes y juegos. También entretenían el tiempo con cantos, representaciones teatrales y juegos de azar. Las mujeres pasaban horas haciendo punto o tejiendo encajes. Los marineros solían hacer deportes ásperos, alguno de ellos tan peligroso que sólo se practicaba con permiso del patrón.  Con más de trescientas personas en un barco de 11 metros de manga, el espacio para dormir no abunda y es el motivo de que a veces haya broncas entre la gente.

 

Cornelisz, el que era boticario en tierra y trataba de huir de la justicia con este viaje a las lejanas colonias de Indonesia, también alimentaba deseos sexuales hacia Zwaantie, pero de momento se dedicaba a observar atentamente la tensa situación creada mientras iba haciendo buenas migas con el patrón, Jacobsz.

 

En la travesía por las calurosas zonas tropicales, la concupiscencia, las pasiones, las frustraciones y las tensiones fueron en aumento. El ambiente era cada vez más irrespirable. De los ocho barcos que habían zarpado de Texel solo tres llegan agrupados a El Cabo, un mes antes de lo normal, el 14 de abril de 1629, haciendo la escala prevista.

 

El patrón, Jacobsz, decide divertir a Zwaantie con una excursión, de manera que se embarca en un bote con ella y, acompañado de su nuevo amigo Cornelisz, se da un pequeño paseo por el puerto arrimándose a los navíos fondeados exhibiendo a la joven como gran trofeo. Al terminar el paseo, Jacobsz se emborracha y entabla pelea a mamporros con unos marineros. Los oficiales del Buren, uno de los barcos del convoy que partió de Texel, presentaron sus quejas. Pelsaert considera que el escándalo montado a la vista de otros barcos es una deshonra para el Batavia, de la que Jacobsz debería avergonzarse, y amonestó al patrón. Este se guardó con rencor la humillación de la reprimenda pública recibida.

 

Retomado el viaje, poco después de salir de El Cabo los barcos se perdieron de vista el uno del otro y el Batavia continuó en solitario. Durante la travesía del Océano Índico, Pelsaert cayó gravemente enfermo y se mantuvo en general en su camarote. Esto parece ser que tuvo un efecto perjudicial en la disciplina del barco. El boticario Cornelisz, demostrando tener una mente retorcida, se dedicó a atizar la furia de Jacobsz hacia Pelsaert. Además, las charlas del boticario a miembros de la tripulación sobre teología “libertina” llamaban la atención de estos, pues les hacían pasar ratos de ocio escuchando disquisiciones teológico-filosóficas: "Todas las religiones restringen el placer. Al hacerlo, son contrarias a la voluntad de Dios, quien nos puso en la tierra para que podamos, durante nuestra breve existencia, disfrutar sin trabas todo lo que nos pueda dar placer".  “¿Se puede sostener que el Infierno no existe?”“¿Los crímenes cometidos por los elegidos de Dios son realmente crímenes?”  El predicador, escandalizado, opinaba que Cornelisz tan solo demuestra su mala cabeza llena de propuestas sin Dios.

Con la amistad y el apoyo del patrón, ahora las conjeturas mentales de Cornelisz tenían más predicamento entre sus oyentes. El boticario empezó a especular con la posibilidad de provocar un motín para apoderarse del Batavia, transmitiendo a Jacobsz la idea de que, para ello, solo era necesario eliminar al sobrecargo, Pelsaert. En un momento en que las posesiones materiales eran mucho más importantes que la vida humana, el capitán y la tropa necesaria eran fáciles de convencer. Con el apoyo de unos pocos marineros no tendría que ser difícil controlar al resto de gente, la mayoría titubeante y poco motivada. Para convencer a esos pocos marineros de confianza tan solo había que recordarles que el Batavia transportaba un buen cargamento de monedas, perlas, joyas y lingotes de plata. La idea era, una vez controlado el Batavia, utilizar el barco para atacar otros barcos de la VOC y posteriormente dirigirse, no hacia hacia colonias holandesas, lógicamente, sino a alguna de otro país de la competencia, por ejemplo, hacia alguna posesión inglesa cuyos habitantes estarían encantados de acogerles. Con los tesoros de las bodegas del Batavia los amotinados tendrían asegurada una rica existencia el resto de sus días.

 

Jacobsz y Cornelisz empezaron a reclutar un primer grupo, una docena de cómplices, entre los que había soldados y algunos cadetes.

Una noche, ocho hombres enmascarados atacaron alevosamente a Lucretia. Le arremangaron las faldas y la embadurnaron obscenamente con brea y excrementos. La agresión fue rapidísima y los asaltantes desaparecieron velozmente.

 

Pelsaert realizó una investigación. Los conjurados, con su acción alevosa y nocturna contra Lucretia, pretendían una trampa contra Pelsaert. La trampa consistía en humillar a Lucretia, con lo cual Pelsaert se vería obligado a tomar fuertes sanciones, a pesar de no conocer a ciencia cierta a los ultrajadores de aquella. Las duras sanciones provocarían el descontento entre la tripulación.

 

Pero Lucretia reconoció por la voz a uno de sus agresores, que resultó ser el contramaestre,  Jan Evertz, un íntimo del patrón. Esta información hizo pensar a Pelsaert: si el patrón estaba detrás, todo el asunto tomaba un cariz preocupante. Se dio cuenta de que un castigo a Evertz sería la señal para iniciar un motín. Lo más prudente era no decidir sanciones para no provocar nada (el castigo al agresor iba a ser muerte en la horca), y cuando se llegara a Java adoptar medidas con mayor seguridad.  El motín entró en un momento de "impasse" .

 

Y entonces  …  algo inesperado ocurrió.

Durante la noche del 3 al 4 de junio de 1629, el Batavia navegaba a toda vela. De madrugada, alrededor de las 5:00 horas del día 4, a un vigía le pareció ver delante del barco una blancura inusual, como si el mar rompiera contra un bajío. Avisado el patrón, este estimó que sólo era un reflejo de luna y mantuvo el rumbo. El día anterior, Jacobs había estimado que su barco estaba a 600 millas de la costa más próxima, así que no había de lo que preocuparse. En realidad, estaban a sólo 40 millas de Australia y se estaban internando en una zona sembrada de arrecifes llamada Houtman Abrolhos. En total, allí hay 122 islotes.

 

Jacobsz había errado gravemente en la estimación de la longitud.

 

Existe una teoría que trata de explicar el accidente del Batavia así: la brusca interrupción del viaje producida era consecuencia del germen del motín al frente del cual estaba el patrón, que había desviado voluntariamente al Batavia de su ruta original.

 

Minutos después se produjo un tremendo impacto.

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Cuatro de junio, siendo la mañana del lunes, el día 2 de Pentecostés, con una luna llena y clara, alrededor de 2 horas antes del amanecer durante la guardia del capitán (Ariaen Jacobsz), yo estaba acostado en mi cama sintiéndome mal y se sintió de pronto, con un áspero y terrible movimiento, el chocar del timón de la nave, e inmediatamente después de que lo sentí la nave se levantó contra las rocas, por lo que me caí de mi cama. Sobre el suelo me encontré y descubrí que todas las velas estaban desplegadas, con viento de sur-oeste, que durante la noche su curso había sido el norte-noreste, y que el barco se encontraba justo en medio de un arrecife. Alrededor de la nave sólo había un poco de oleaje, pero poco después el mar rompía duro a nuestro alrededor. Le dije: "Capitán, ¿qué ha hecho que ahora nos vemos ahogados por culpa de un imprudente descuido?"

 

 

(Diario de Pelsaert)

 

Ruta hacia Java. La escasez de agua y alimentos hizo que Pelsaert tomara la decisión de ir a reponerlos en Sierra Leona, lo que era una violación de las normas pues El Cabo era la única escala autorizada para el viaje. Pero Pelsaert manifestó que se haría cargo de la multa y de las condenas a la tripulación.  En rojo, la ruta desviada seguida por el Batavia en el Océano Índico, donde la estimación errónea de la longitud, equivocando el punto donde  realizar el cambio de rumbo, llevó al Batavia a chocar contra un grupo de arrecifes frente a la costa oeste australiana.

 

Elaboración propia.


 

El punto exacto donde el Batavia naufragó   está a 28 ° 29 ' 42” de latitud sur y 113 ° 47' 60” de longitud este, frente a la actual ciudad de Geraldton. El barco, dañado, se encontraba inmovilizado en un arrecife de coral. De este arrecife solo una pequeña parte está emergida formando islotes y el resto es difícil verlo sin marea baja. Los intentos de devolver el barco a flote fueron inútiles, a pesar de que tiraron los cañones por la borda y hasta sacrificaron el palo mayor. El oleaje, rompiendo con violencia contra el arrecife, dañaba cada vez más el barco. Aunque el Batavia era de estructura fuerte y resistente, estaba perdido. Para los embarcados, aquello debió parecerles la última noche de su vida.

 

 

Empezó a reinar el caos a bordo. Desaparecieron la disciplina, el orden y la autoridad. Mercenarios y marineros se hicieron con las reservas de alcohol. Aquello se convirtió en una espiral de excesos fruto de la desesperación. Gente borracha invadió zonas hasta entonces prohibidas y se apropiaron de cadenas de oro, caudales, ropa ... En manos de la turba, el barco pareció convertirse en un orgía salvaje.

Cuando clareó el día se pudo comprobar que el Batavia se encontraba, por suerte, a orillas de una vasta zona de bajíos los cuales, con la marea baja, ofrecían una especie de paso hacia dos islotes. Del desastre inicial habían sobrevivido unas 275 personas. Entre la anarquía de la noche anterior, Pelsaert, Jacobsz y los timoneles habían conseguido conservar los únicos dos botes con que contaba el galeón, así que establecieron una especie de centro de operaciones en los islotes más próximos y organizaron un ir y venir con los dos botes para transportar náufragos. Algunos desesperados alcanzaron el islote por sus propios medios. Consiguieron rescatar provisiones del buque, barriles de galleta y un poco de agua.

 

 

El desembarco. El buque encallado y ya sin palo mayor es abandonado con dos botes que en viajes de ida y vuelta van dejando a los náufragos en islotes próximos.

 

Ilustración del libro Ongeluckige Voyagie van't Schip Batavia (El desafortunado viaje del barco Batavia), de Jan Jansz, publicado en 1647.

De los dos islotes, el más grande se llama Beacon Island, aunque también es conocido como Batavia’s Graveyard, Cementerio del Batavia. Es un lugar desolado, árido, de suelo de coral pulverizado del cual sobresalen arbustos y matojos. De forma triangular, mide unos 460 metros de longitud y unos 250 metros de anchura. Andando, se le da la vuelta en cinco minutos. Tiene una minúscula playa algo resguardada, por lo que la eligieron para desembarcar a más de 180 personas con los botes. Otras 70 continuaban en el barco, sobre todo soldados y marineros borrachos. La mayoría de ellos tenían pánico al agua porque no sabían nadar.

 

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El archipiélago de islotes y bajíos Houtman Abrolhos. El Batavia, dentro de su gran desgracia, tuvo suerte al naufragar en el grupo más al norte, llamado Grupo Wallabi. Imagen de Google Maps. Elaboración propia.

En esta imagen del Grupo Wallabi (del que falta un pequeño conjunto de arrecifes más al norte, pero que no tiene trascendencia alguna en la historia del Batavia) se indica el lugar del naufragio del barco de la VOC. Los náufragos ocuparon en primer lugar los islotes Cementerio del Batavia e Isla de los Traidores. Imagen de Google Maps. Elaboración propia.



Dos vistas actuales de Beacon Island, históricamente conocida como Cementerio del Batavia (Batavia's Graveyard). Se ven zonas donde el arrecife de coral forma lagunas de poca profundidad. En la foto de la izquierda, al fondo se observa sobresalir del agua un islote minúsculo, la Isla de los Traidores, aún más pequeño que el Cementerio del Batavia.


Durante los dos días siguientes se hizo una rápida exploración del lugar, incluyendo dos islas situadas a unos seis kilómetros de Cementerio del Batavia, hacia el norte. Una de ellas tiene la única colina que pueda llamarse como tal, que alcanza unos 15 metros sobre el nivel del mar. Por eso se llama High Island, Isla Alta. Como la inspección de los alrededores se hizo con rapidez, no descubrieron nada que pudiera ayudarles, ni tampoco fuentes de agua dulce. Aunque ellos no lo sabían, estaban en una amplia zona de arrecifes, Houtman Abrolhos, que está dividida en tres grupos de islotes. Beacon Island forma parte del grupo más septentrional, llamado Grupo Wallabi, que también es el que puede ofrecer mejores oportunidades de supervivencia. El grupo central se conoce como Grupo de Pascua. El último grupo, más al sureste, recibirá el nombre de Grupo Pelsaert.

 

En vista de la situación, Pelsaert y Jacobsz pensaron que la única posibilidad de salvación era que alguien tratase de llegar a Java, para informar de lo sucedido, pedir ayuda, y volver al lugar del naufragio con un nuevo barco en rescate de los náufragos. Para ello se preparó el bote más grande, de unos 10 metros de eslora, y se aparejó como buenamente se pudo de modo que se asemejara a una balandra. El otro bote también haría el viaje, remolcado por la improvisada balandra. El único que parecía cualificado para intentar el viaje era el patrón, Jacobsz. Al fin y al cabo era marino. Pelsaert, que no se fiaba de él, debía acompañarle. Decidieron llevar con ellos a la élite de la tripulación. Jacobsz exigió que le acompañase Zwaantie.

Por fin, después de haber discutido mucho y sopesar que no había ninguna esperanza de conseguir agua fuera del barco...o que sólo una buena lluvia diaria podría saciar nuestra sed (pero se trataba de todas formas de algo muy incierto), se resolvió después de un largo debate...que debemos ir en busca de agua a las islas más cercanas o en el continente...y si no encontramos agua, que luego de navegar con el barco sin demora a Batavia, con la gracia de Dios relacionar nuestro acontecimiento triste, inaudito, desastroso.

(Diario de Pelsaert)

Posible aspecto del bote

Preparados los botes sin informar al resto de náufragos de las intenciones, se hicieron a la vela sigilosamente, cuatro días después del fatídico choque del barco con los arrecifes. Bordearon la costa oeste australiana sin encontrar nada. A los embarcados en los botes, 48 personas, les llevaría 33 días llegar a Java. Largo viaje de 1200 millas. Cuando los náufragos se percataron de que sus jefes habían desaparecido con los únicos dos botes disponibles, bautizaron el peñasco vecino como Isla de los Traidores, no dando crédito a las explicaciones que Pelsaert les había dejado en una nota escrita.

Los náufragos que los botes dejan atrás, en los arrecifes, se encuentran en una situación terrible. En la primera semana 20 personas mueren de sed o porque, desesperadas, beben agua del mar, pero afortunadamente las lluvias ayudaron a reponer el suministro de agua. Los supervivientes estaban llamados a desempeñar un papel en uno de las historias de asesinatos, crueldad  y terror más horribles que se hayan contado jamás.

El Batavia resistió nueve días los embates del mar, pero finalmente sucumbió, hundiéndose. De los 70 hombres que habían decidido quedarse en el barco sobrevivieron unos veinte, entre ellos el boticario Jeronimus Cornelisz, que puso pie en tierra medio ahogado. Sin Pelsaert ni Jacobsz presentes, Cornelisz era la persona de más alta instrucción y mayor rango entre los náufragos: recordemos que había embarcado en el Batavia en calidad de sobrecargo ayudante.

 

Al resto de náufragos, en una situación angustiosa, Cornelisz les parecía el nuevo depositario de la autoridad legítima. Parecía la única persona que creían capaz de protegerlos del caos. Cornelisz poseía una rara habilidad: su singular elocuencia parecía ejercer un ascendiente sobre aquellos a los que quería seducir y manipular, y esta vez se dirigía a una multitud especialmente vulnerable y desamparada. Además, los náufragos siguieron las normas de la VOC en el sentido de que era obligatorio que el poder de decisión se tomase por un comité. Siguiendo la costumbre, se había formado un comité compuesto por el cirujano como director, el predicador y otras tres personas que tenían algún prestigio. Cornelisz fue invitado a la presidencia de este comité.

Jeronimus asumió su papel. Se apropió de la mejor tienda del campamento y se vistió con ropas de Pelsaert. Su primeras iniciativas parecían responder a la confianza que sus compañeros habían depositado en él: instauró la disciplina, repartió tareas, inventarió los recursos. Los pobres desgraciados que le rodeaban sentían renacer la esperanza. Su suerte parecía estar en manos de un hombre listo dotado de autoridad. Al fin y al cabo, era el ayudante del sobrecargo. Por eso no se inquietaron cuando Cornelisz reorganizó radicalmente su pequeña sociedad un par de semanas más tarde. A los miembros del comité los sustituyó por individuos de lealtad incuestionable hacia su persona. Eran conspiradores que habían sido reclutados en el Batavia con miras al motín que habían preparado junto al patrón.

 

La primera decisión del nuevo comité fue condenar a muerte a un soldado acusado de robar vino, ejecutándose la sentencia en el acto. Cornelisz continuó reagrupando a los antiguos conspiradores, hasta que llegó a verse a la cabeza de unos 24 hombres leales. A medida que pasaba el tiempo se iba desvelando la personalidad cruel de Jeronimus Cornelisz. Ordenó reunir todas las armas que se habían podido salvar del Batavia en un depósito vedado al que sólo él tenía acceso. El siguiente paso fue hacerse con el control de las pequeñas balsas improvisadas que habían armado los náufragos con materiales recuperados del pecio. Obviamente, Cornelisz sabía lo que hacía: la libre disposición de las balsas habría dejado posibilidades de autonomía demasiado grandes a los náufragos. Eso no era conveniente para las intenciones del boticario. Por la misma razón, como los carpinteros habían comenzado -con los restos del Batavia que el mar arrojaba- la construcción de un pequeño barco capaz de afrontar el mar más allá de la laguna, les prohibió de inmediato continuar su labor. Después, dos de ellos fueron acusados (con razón o sin ella) de intentar apoderarse de una embarcación, siendo condenados a muerte, sentencia ejecutada en el acto. Estos dos carpinteros fueron muertos a pesar de que poseían una competencia profesional de la que los náufragos, en su presente situación, no podían prescindir.

Las decisiones de Cornelisz y su comité eran cada vez más monstruosas, pero tenían una lógica implacable: el control absoluto sobre su pequeño reino. Sin embargo, Cornelisz tenía un problema: sus leales eran una minoría, aproximadamente una sexta parte de la población. Solución al problema: reducir el número de supervivientes. El boticario, además de ser hombre con una extraña habilidad para seducir mentes y controlar personas débiles, estaba resultando ser también un asesino psicópata. En realidad, Cornelisz tenía la intención de crear un grupo de sicarios que tomara el control de un hipotético barco de rescate. Tras ello, sería sencillo pasar el resto de su vida de acuerdo a la “filosofía Torrentius” dedicada a la búsqueda de placeres sensuales.

Y para llevar a cabo sus ideas el número de supervivientes debía reducirse, asegurando así que los que quedaran le fueran fieles. Para Cornelisz, el motín se había trasladado del Batavia al arrecife. Para poder llevar a cabo su plan la gente estaba ahí para morir y un pequeño grupo de seguidores deberán seguirle a él incondicionalmente. La lógica es tan simple como terribles las consecuencias. Así, Jeronimus comenzó a matar sistemáticamente a cualquier persona que él creía que sería un problema para su reinado de terror, o una carga para los limitados recursos.

Frans Jansz, cirujano del Batavia, que había dirigido el primer comité antes la llegada de Cornelisz, no tardó en ser asesinado. No pareció importarle el hecho de que el cirujano fuese la persona más capacitada para cuidar en lo posible la salud de los náufragos.

Con la excusa de la falta de espacio y recursos del Cementerio del Batavia, Cornelisz organizó un traslado de población hacia otros dos islotes, prometiendo a los deportados que disfrutarían allí de mejores condiciones. Un primer grupo fue trasladado al mínimo peñasco que habían bautizado como Isla de los Traidores. Un segundo grupo, más numeroso, fue llevado a la Isla de las Focas, un peñasco plano, estrecho y alargado.

Isla de las Focas


A continuación, con el pretexto de que sería conveniente explorar las dos islas que se veían relativamente próximas, con miras a una eventual colonización, Cornelisz envió allí a una veintena de hombres. Se trataba de alejar a este incómodo grupo, pues eran soldados que sentían como líder a uno de los suyos: Wiebbe Hayes. Cornelisz hizo dejar a este grupo, sin armas ni provisiones, en la Isla Alta, prometiéndoles que vendrían a recogerlos en breve plazo. Mientras tanto, si descubrían agua potable, debían hacer señales de humo. Sin embargo, Cornelisz estaba convencido de que Isla Alta era árida y sin recurso alguno y su intención era dejarlos morir allí de hambre y sed, como los otros grupos de deportados.

Algunos hombres más fueron asesinados por los sicarios de Cornelisz haciéndoles creer que los llevaban como refuerzo al grupo de Wiebbe Hayes. En secreto, fueron muertos y ahogados. Pero este tipo de asesinatos no constituía un método satisfactorio, así que sería conveniente pensar en una solución más radical.

En esos pensamientos estaba cuando, veinte días después de que Wiebbe Hayes y su tropa fuese abandonada en Isla Alta, inesperadamente, unas señales de humo indicaban que habían encontrado agua. No pudieron encontrarla en Isla Alta pero con la marea baja pasaron a la isla vecina, West Wallabi, que devino en llamarse Isla de Hayes, donde finalmente se encontró agua. Para Cornelisz era un serio contratiempo: aquellos indeseables no sólo seguían vivos sino que, al encontrar agua, eran capaces de prosperar con insolente autonomía. Para el resto de náufragos, las señales de humo suponían una esperanza. Los deportados a la Isla de los Traidores, en situación desesperada, decidieron dirigirse a la nueva tierra prometida, construyendo balsas improvisadas con los trozos de madera del Batavia que el mar arrojaba. Cornelisz divisó esas balsas y no podía permitir que llegasen a su destino, pues reforzaría a Wiebbe Hayes, además de crear un ejemplo intolerable a los demás náufragos. Su autoridad y su pequeño reino estaban en juego.

 

Por tanto, dio orden a sus secuaces de coger sus balsas y cerrar el paso a aquella evasión. Los habitantes del Cementerio del Batavia pudieron contemplar la persecución. Ante sus ojos horrorizados, vieron como los hombres de Cornelisz, los únicos armados, apresaron las balsas y masacraron sin piedad a todos sus ocupantes, fuesen hombres, mujeres o niños.

Cornelisz había dejado claro que disponía de un poder de vida y de muerte en todo el archipiélago, excepto sobre Wiebbe Hayes y sus hombres. Una docena de náufragos entendieron la lección y corrieron a jurarle fidelidad. En los siguientes días exigió que todos los demás también le juraran obediencia. Y, a pesar de haber conseguido el juramento de fidelidad de todos, Jeronimus Cornelisz continuó con su masacre atroz: eliminó a los enfermos (por estrangulamiento o asfixia en el agua), a los inválidos y a cualquiera con cualquier motivo, justificado o no. El boticario y su círculo de acólitos decidían quién vivía y quién moría.


El predicador, Gijsbert Bastiaenz, que fue testigo de todos estos hechos horribles y una de las pocas personas con cierta instrucción y capacidad de oratoria, no tuvo nunca el coraje de intervenir de alguna forma para tratar de parar la masacre.

Los secuaces del boticario se intoxicaron con la muerte disfrutando de un control completo sobre los supervivientes. Nadie podía detenerlos. Les encantaba experimentar con diferentes maneras de tratar la muerte y la miseria, necesitando sólo la más pequeña excusa para el asesinato. Algunos le tomaron mucho gusto al asunto: un adolescente, Jan Pelgrom,  lloraba y pataleaba para que le dejaran de una vez degollar a alguien, tarea para la que su debilidad física le hacía relativamente inadecuado, y el entusiasmo sanguinario que demostraba acabó incluso por asquear un poco a sus superiores.

 

Por supuesto, las mujeres supervivientes eran violadas y obligadas a ejercer de concubinas. En una ocasión, Cornelisz organizó la violación colectiva de las mujeres que seguían con vida. Estableció que cinco de ellas eran para "uso general" por todo el grupo de sicarios.

 

Un día, Cornelisz invitó al predicador y su esposa a cenar en su tienda. El predicador pensó que esta sería una oportunidad para convencer a Jeronimus a ser más "humano". Cornelisz dio la bienvenida al matrimonio, le dio de comer bien, les ofreció vino, y fue un anfitrión encantador y dócil. Y mientras entretenía a estas dos personas de fe religiosa, sus matones fueron a la tienda del predicador y sacrificaron a seis de sus siete hijos, arrojándolos después a una fosa. También a la sirvienta de la familia, Wybrecht Claasen. Los niños fueron asesinados partiéndoles la cabeza con un hacha, y la sirvienta fue asesinada con una daga. Poco después, le llegó la muerte a la esposa de Bastianensz.

El predicador y su hija Judith en el telefilm documental Shipwreck Coast, de la televisión australiana, septiembre de 1995; producido por Prospero Productions.


Cornelisz tomó a Lucrecia en exclusiva como concubina después de amenazas de muerte, y tras eliminar a la familia de Gijsbert Bastiaensz, dejó con vida a una de sus hijas para que fuese amancebada por su segundo, Coenraat Van Huyssen. La tropa del boticario disponían a su capricho de las mujeres excepto de Lucretia y de la hija mayor del predicador. A este le asignó la tarea de servir la mesa a los asesinos de su mujer y sus hijos, tarea que debía cumplir si quería estar vivo al día siguiente.

 

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A la izquierda, Jan Pelgrom, al que cumpliendo sus deseos le dejaron, por fin, degollar a alguien. Arriba, el chavalín acompañado de Coenraat van Huyssen, uno de los asesinos más sanguinarios de Jeronimus Cornelisz. Caracterizaciones del documental Shipwreck Coast (Prospero Productions).


 

En una ocasión decapitaron a un niño de 12 años. Un sicario se ocupó de vendar los ojos al niño y Cornelisz, que estaba junto a él, le dijo : “Ahora, muchacho, has de quedarte quieto, solo estamos teniendo un buen rato contigo”. Acto seguido, otro de sus esbirros, Mattys Beer, le cortó la cabeza con el tajo de una espada. No está claro si la cabeza se separó del cuerpo completamente con un único golpe, porque para ello sería necesaria una espada de hoja ancha y realizar el golpe de mucha fuerza con ambas manos. Lo más probable es que, separada parcialmente la cabeza, se le asestara un segundo golpe en lo que quedaba del cuello del pobre niño. Mientras tanto, como es propio en estas ejecuciones, liberaba la sangre de sus arterias a chorros mientras el cuerpo sufría espasmos y sacudidas.

 

En el extravagante reino del terror, Cornelisz y sus hombres ocupaban las mejores tiendas y se vestían con las mejores ropas, algunas de llamativos colores, que contrastaban con el pobre atuendo del resto de náufragos. Circulaban por el islote equipados con hachas, cuchillos y espadas. Cualquiera que llamase de alguna manera la atención de Cornelisz se veía de inmediato intimado a demostrar su lealtad: se le designaba una víctima a la que debía estrangular, ahogar o apuñalar, y si dudaba en hacerlo, era él mismo quien sufría idéntico trato. De esta manera, todo el mundo acabó por estar implicado en aquella masacre permanente.

 

 

 

 

La masacre. Los hombres de Jeronimus Cornelisz van eliminando a los náufragos con cualquier pretexto.

 

Ilustración del libro Ongeluckige Voyagie van't Schip Batavia (El desafortunado viaje del barco Batavia), de Jan Jansz, publicado en 1647.

 

Aunque directamente responsable de más de 120 asesinatos implacables, crueles y monstruosamente gratuitos, el boticario Cornelisz no trató más que una sola vez de perpetrar él mismo uno. Y por otra parte no pudo llevarlo a cabo: exasperado por los continuos lloros de un niño de pecho, le administró veneno, pero lo único que consiguió fue provocarle una especie de coma; y al fin de cuentas tuvo que encargarle a uno de sus subordinados que acabara la tarea que él mismo había empezado de forma tan lamentablemente chapucera. El terror no tenía límites. Salomon Deschamps fue el encargado de rematar al bebé,  estrangulándolo con sus manos. Para Cornelisz, después de todo, los bebés no eran productivos en su reino, entonces … ¿para qué servían allí los bebés si no hacían ningún trabajo últil?

Al darse cuenta de que el grupo se enviaron a la Isla de las Focas vivió más de lo esperado (se los veía deambulando por la playa) envió a sus secuaces para deshacerse de ellos, lo que se hizo hacia mediados de julio. Jeronimus envió a algunos de sus asesinos a masacrar a toda la población de la isla, unas cuarenta personas entre hombres, mujeres y niños. Creyó que todos ellos estarían debilitados por el tiempo que habían pasado relegados en el inhóspito peñasco, y pensó que no serían necesarios muchos esbirros. En medio de la confusión reinante en la incursión, siete hombres consiguieron escapar y llegar a la isla de Hayes en unas balsas improvisadas.


En el transcurso de los días, solos o en grupitos de dos o tres, varios habitantes del Cementerio del Batavia escaparon en secreto del campamento y tomaron el mismo camino, agarrados a tablas o trozos de aparejos. El grupo de Hayes se había convertido en un foco de atracción para el resto de personas que se encontraban bajo el yugo de Cornelisz.

 

Hayes, por tanto, acabó teniendo unos 50 hombres en su isla. Los que llegaban le iban poniendo al corriente de las atrocidades de Jeronimus y sus secuaces. La situación estaba clara: antes o después, teniendo en cuenta que la relación de fuerzas tendía a inclinarse a favor de Hayes, Cornelisz atacaría e intentaría una invasión.

 

Aunque Cornelisz dispusiera de las provisiones, armas y equipamiento que habían sido salvados del Batavia, Hayes y sus hombres contaban con la ventaja de unas condiciones naturales mucho más clementes; sus dos islas (donde hubieran tenido que instalarse desde el principio Pelsaert y Jacobsz con toda la gente) eran más espaciosas y contaban con recursos naturales: pozos de agua, fauna variada (canguros de una especie dócil, aves marinas que ponían allí sus huevos, peces y abundancia de langostas). En resumen, Cornelisz había tenido la intención de enviarlos a Isla Alta para que murieran de hambre y sed pero había enviado al único grupo de hombres que podían poner en peligro su régimen a las mejores islas de los Houtman Abrolhos.

 

Había otro factor a favor de Hayes: la ventaja moral, esa determinación desesperada que se apodera a veces de la gente honrada cuando un agresor injusto les fuerza a batirse para defender su vida.

 

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IZQUIERDA: Isla Alta e Isla de Hayes en una imagen de Google Maps. Los hombres de Hayes fueron abandonados en Isla Alta (East Wallabi), donde no existen recursos naturales. Sin embargo, pudieron pasar a la otra isla, Isla de Hayes (West Wallabi), que ofrecía agua y alimentos en abundancia.

CENTRO: Isla Alta (East Wallabi) en la actualidad. Es la única isla del archipiélago que tiene una colina (se eleva solamente15 metros sobre el nivel del mar). Se aprecia al fondo la pista de aterrizaje de avionetas que traen a turistas dede Geraldton, en el continente australiano.

DERECHA: Isla de Hayes (en primer término) e Isla Alta (al fondo) en una perspectiva conjunta actual.


Mientras que Cornelisz se daba cuenta que Hayes representaba un desafío intolerable para su régimen y pergeñaba un plan para el ataque, a Hayes le dio tiempo a preparar la defensa de su isla. Para ello no tenía más que armamento improvisado: venablos, tablas con clavos punzantes, guijarros cortantes, picas de madera … Sin embargo, organizó juiciosamente la defensa, entrenó a sus hombres, y hasta construyó un pequeño recinto amurallado sobre un talud que domina el único lugar posible de desembarco en la isla y con aguas poco profundas que los atacantes deben atravesar para llegar hasta el recinto. A este recinto, cuyos restos aún pueden verse hoy día, lo bautizaron como “El Fuerte”.

 


IZQUIERDA: Vista aerea del pequeño recinto defensivo llamado "El Fuerte".

CENTRO: Los restos de "El Fuerte" en la actualidad.

DERECHA: Pozo de agua en la Isla de Hayes.


El primer ataque se produjo el 27 de julio. Cornelisz envió a un cadete llamado Daniel Cornelissen con una carta para los seis soldados franceses de Hayes para tentarlos a la rendición. Pero el cadete fue hecho prisionero y el ataque, liderado por Jacobsz Pietersz , fue rechazado. La defensa de la isla fue más dura de lo que los sicarios de Jeronimus esperaban porque los hombres de Hayes utilizaron unas rudimentarias eslingas que se habían podido fabricar capaces de lanzar piedras a cierta distancia.

 

El segundo ataque se produjo a principios de agosto. Los sicarios se acercaron en balsas a la playa, encontrando una fuerte oposición. Este ataque, como el anterior, fue nuevamente rechazado por los hombres de Hayes.

 

El 20 de agosto, Hayes disponía de 45 hombres y Cornelisz, tras autoproclamarse capitán general, disponía de 36. A finales del mismo mes, solo quedaban vivos 45 supervivientes en el Cementerio del Batavia, de los que 31 eran seguidores de Cornelisz. Los supervivientes luego se redujeron a siete hombres, que a Cornelisz le convenía mantener aún vivos por sus habilidades, como el cocinero y los carpinteros, y el resto mujeres. Todos aterrorizados y sospechando de su próxima muerte. Llegó el momento en que, aunque el armamento de los esbirros era mejor que el de la tropa de Hayes, este disponía de un fuerte desequilibrio de número de hombres a su favor. Al final, Cornelisz se encontraría con sólo 20 hombres, mientras que Hayes dispondría de 50.

 

 

 

Ataque a la isla de Hayes.

 

Ilustración del libro Ongeluckige Voyagie van't Schip Batavia (El desafortunado viaje del barco Batavia), de Jan Jansz, publicado en 1647.

El 1 de septiembre, Cornelisz envió al predicador para negociar un intercambio material con Hayes. Cornelisz ofrecía vino y mantas a cambio de una embarcación de las usadas anteriormente por fugitivos de su régimen para llegar a la Isla de Hayes. En realidad, se trataba de una emboscada. Dos mosqueteros intentaron disparar contra Hayes pero las armas no funcionaron y la emboscada fracasó.

Cornelisz decidió dirigir él mismo el tercer ataque para el día siguiente,  2 de septiembre. Cayendo en el error de una confianza insensata en el solo poder de su elocuencia, esa extraña habilidad para convencer con singular oratoria, creyó que al dirigirse directamente a los hombres de Hayes podría suscitar disensiones en sus filas. Cinco de los principales sicarios y el propio Jeronimus Cronelisz trataron de sobornar a algunos hombres de Hayes mientras el resto de asesinos esperaba en un islote cercano con sus balsas preparadas. Coenraat van Huyssen, David Zeevanck, Gijsbert van Welderen y Cornelis Pietersz de Utrecht fueron asesinados por los hombres de Hayes y tan solo uno, Jacob Pietersz, consiguió escapar. El plan se vino abajo en un absoluto desastre y, aunque costó la vida a algunos hombres de Hayes, Cornelisz fue apresado vivo. A la vista del fracaso, el resto de sicarios regresó, presa del pánico, al Cementerio del Batavia.

 

Mientras estaban así las cosas, el 16 de septiembre un barco en la lejanía había avistado los islotes y se estaba aproximando a ellos.

 

Uno de los soldados de Wiebbe Hayes.

 

Caracterización del documental Shipwreck Coast  emitido en la televisión australiana en dos capítulos en septiembre de 1995. El documental fue producido por Prospero Productions.


Los sicarios eligieron un nuevo jefe, Wouter Loos, de 24 años, para sustituir a Cornelisz. Aunque dejó de correr la sangre en el Cementerio del Batavia, organizaron un nuevo asalto a la Isla de Hayes para el 17 de septiembre. Ese día, de pronto, se vio una vela cercana en el horizonte. En el nuevo asalto, los sicarios se mostraron más inteligentes en el uso de los dos únicos mosquetes disponibles. Las tácticas de Loos eran, sin duda, mejores que las de Cornelisz. Hayes perdió tres hombres en poco tiempo y, tras dos horas de combate, las cosas se le estaban poniendo muy feas mientras el asalto continuaba y parecía que los sicarios iban a tener éxito. Se hicieron fuegos para que el humo avisara al barco y así solicitar ayuda. Se llevaron entonces una gran sorpresa: ¡ Pelsaert estaba de vuelta con un barco de la VOC !

 

El viaje de Pelsaert a Java había tenido éxito. Habían sido recogidos por un barco en el Estrecho de Sonda el día 3 de julio. Pasaron hambre y sed durante su viaje, que fue penoso, pero habían sobrevivido todos los ocupantes del bote. A su llegada a Batavia el 7 de julio, el contramaestre del Batavia, Jan Evertz, fue ahorcado por la acusación de Pelsaert de conducta escandalosa y hallado culpable del ataque a Lucretia antes de la pérdida de la nave. El patrón Jacobsz, por su parte, fue detenido y encarcelado, también por las acusaciones de Pelsaert, básicamente por negligencia. Moriría más tarde en una insalubre mazmorra. Siete días después, el gobernador de la VOC, Jan Coen, entregó a Pelsaert un barco, el Sardam, con el fin de que volviera a Houtman Abrolhos no solo para rescatar a los supervivientes sino, muy indicadamente y en especial, para salvar todo lo posible de la valiosa carga del Batavia. El Sardam llevaba su patrón, 25 hombres y un equipo de submarinistas.

 

El Sardam tardó 20 días en hacer la ruta contraria que había hecho Pelsaert con su bote anteriormente, que había durado 33 días. Pero una vez en los alrededores del archipiélago de arrecifes perdió un mes entero en tratar de redescubrir el emplazamiento exacto de dicho archipiélago. No solo se seguía ignorando la longitud sino que el patrón del Sardam era algo zoquete en el cálculo de la latitud. Así, el Sardam tuvo que hacer infinitos zigzagueos antes de localizar el lugar del naufragio del Batavia. En total, tardaron 63 días para encontrar el lugar del naufragio, casi el doble del tiempo que necesitó el bote para llegar desde el naufragio a Java.

 

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Conjunto de piedras en la Isla de Hayes que se cree que fue uno de los puntos desde los que se hicieron las señales de humo para avisar al Sardam.

 

El barco de rescate había perdido mucho tiempo tratando de localizar los arrecifes.

El Sardam ve señales de humo en la isla y se dirige hacia ellas.

 

Ilustración del libro Ongeluckige Voyagie van't Schip Batavia (El desafortunado viaje del barco Batavia), de Jan Jansz, publicado en 1647.


 

Al ver humo, el Sardam se dirigió a Isla Alta. Los sicarios de Cornelisz se encontraban ahora frente a las fuerzas combinadas del Sardam y de Hayes. Uno y otro bando trataron de llegar ante Pelsaert, produciéndose una carrera por ambos bandos. Pero Hayes llegó pronto hasta Pelsaert y dio su versión de los acontecimientos, poniendo así a Pelsaert al corriente de las atrocidades que se habían cometido. Wiebbe Hayes explicó que él tenía a Cornelisz como prisionero.


Sin mucho esfuerzo, cuando trataban de embarcar en el Sardam, toda la banda de asesinos fue apresada.

 

El 17 de septiembre. por la mañana, con el alba, se levantó el ancla de nuevo, el viento era del norte ... Antes del mediodía, acercándose a la isla, vimos humo en una isla larga ... todos estábamos muy contentos, con la esperanza de encontrar un gran número, o si no todas las personas, vivas. Por lo tanto, tan pronto como el ancla se lanzó, se navegó con el bote a la isla más alta, que estaba más cerca, llevando conmigo un barril de agua, el pan lo mismo, y un barril de vino, llegando allí, no vi a nadie ...  Salté a tierra, y al mismo tiempo, vimos un bote muy pequeño, con cuatro palas de remo ... uno de ellos, llamado Wiebbe Hayes, saltó a tierra y corrió hacia mí que me llamaba desde lejos, "Bienvenido, pero id de nuevo a bordo de inmediato, porque  hay un grupo de sinvergüenzas en las islas cerca de los restos del naufragio, con dos lanchas, que tienen la intención de aprovechar el barco"                         (Diario de Pelsaert)

Se inició entonces un proceso judicial. El tribunal estaba compuesto por Pelsaert y la plana mayor del Sardam. Algunos confesaron sus crímenes de inmediato pero la mayoría de los sicarios fueron sometidos a torturas para obtener confesiones completas. A las atrocidades criminales les siguieron así las atrocidades legales.

 

“ … un tal Jan Hendrix de Bremen, soldado, quien de inmediato confesó que había asesinado y ayudó al asesinato de 17 a 20 personas, bajo el orden de Jeronimus. Le pregunté el origen y las circunstancias, ¿por qué habían practicado tales crueldades? Quiso explicar cómo lo habían intentado al principio, diciendo que el capitán (Ariaen Jacobsz), Jeronimus Cornelisz, Jan Evertsz y otros todavía más, tenían en mente apoderarse del Batavia antes de que fuera destruido, para matar al sobrecargo (Pelsaert) y a todas las personas, excepto los más inclinados al motín, y echar por la borda a los muertos en el mar y luego ir a la piratería con el barco.                                                   (Diario de Pelsaert)

 

En su interrogatorio, Jeronimus culpó de los crímenes a todos, excepto a sí mismo. Trató de desviar la atención hacia sus lugares conocidos de la “filosofía Torrentius” en un intento de usar nuevamente su poder de persuasión. Finalmente confesó tras ser torturado.

 

Cornelisz y seis de sus más fanáticos seguidores fueron condenados a morir ahorcados. El tribunal decidió además que a Cornelisz se le cortaran las dos manos antes de subir a la horca. A otros cuatro condenados se les cortaría una. Dos serían ahorcados sin habérsele cortado ninguna mano. Otros matones serían condenados a castigos corporales, normalmente 100 latigazos. Se decidió no llevar a los asesinos más peligrosos en el Sardam de regreso a Java y, por tanto, no poner en peligro la nave y la tripulación.


Las ejecuciones tuvieron lugar el día 2 de octubre en la Isla de las Focas. Cornelisz trató de suicidarse ingiriendo veneno, pero sólo consiguió infligirse un espantoso cólico y pasó su última noche presa de diarreas y vómitos.

 

Jeronimo Cornelisz, de Haarlem, el boticario, y más tarde mercader en el Batavia, el lunes, siendo el primero de octubre ... a la Isla de las Focas, a un lugar preparado para ello para el ejercicio de la justicia, y en primer lugar, para cortar las dos manos, y después será castigado en la horca ... hasta que la muerte le llegue, con la confiscación de todo su dinero, los salarios de oro, plata, mensuales, y todas las reclamaciones que aquí en la India pueda tener a cargo de los beneficios de la Sociedad General de las Indias Orientales ... 

 

(Diario de Pelsaert)


 

A petición de sus cómplices, Cornelisz fue ahorcado el primero. Pelsaert sintió quitarse un gran peso de encima, pues de no haber sido ajusticiado hubiera tenido que pasar un mes en el mar con el diabólico boticario a bordo del Sardam de regreso a Java.

 

Ahorcamientos en la Isla de las Focas.

 

Ilustración del libro Ongeluckige Voyagie van't Schip Batavia (El desafortunado viaje del barco Batavia), de Jan Jansz, publicado en 1647.


 

Solucionado el asunto de las condenas y ahorcamientos, se pasó a rescatar lo que fuese posible del naufragio. Lo más valioso que consiguieron recuperar fueron nueve cofres llenos de monedas de plata.

 

Poco antes de abandonar Houtman Abrolhos, y por la insistencia que le habían hecho las autoridades de la VOC , dando muestras de celo en sus deberes profesionales, Pelsaert envió un día , sin importarle mucho las malas condiciones del viento y del mar, al capitán del Sardam, Jacob Jacobsz, y otras cuatro personas en un bote para buscar en las islas cualquiera de los tesoros de la Batavia que aún pudieran recatarse. Nunca se les volvió a ver, probablemente fueron víctimas de las inclemencias del tiempo.

 

El 13 de noviembre de 1629, el Sardam abandonó definitivamente Houtman Abrolhos. Pelsaert volvía a Batavia con 70 supervivientes, 16 de ellos criminales con grilletes. Durante la travesía abandonó a dos de estos en la costa del continente australiano: eran el sucesor de Cornelisz que había parado las matanzas y aquel adolescente que lloraba para que le dejasen matar a alguien. Los dos fueron dejados en una playa desierta, en Wittecarra Creek, cerca de la desembocadura del río Murchison.

 

Estos dos asesinos fueron, así, los primeros colonos europeos que se establecieron en Australia. Se les dejó con unos pequeños juguetes de madera para facilitar su eventual confraternización con los indígenas, si los encontraban (se les despidió diciéndoles que “se dieran a conocer a la gente de esta tierra”). Se ignora qué fue de ellos: se los tragó la inmensidad de la maleza y nunca nadie los volvió a ver. Los hombres se llamaban Wouter Loos y Jan Pelgrom. Algunos afirman que a Pelgrom lo mataron unos aborígenes porque era pelirrojo y, por lo visto, eso constituía algo indeseable y nefasto para alguna tribu del lugar, mientras que Loos pudo confraternizar con los aborígenes. Hoy, el lugar donde fueron abandonados forma parte del Parque Nacional Kalbarri, un espacio ecológico protegido.

 

Lugar de la costa australiana llamado Wittecarra Creek donde Wouter Loos y Jan Pelgrom fueron abandonados por Pelsaert de regreso a Batavia. En la foto de la derecha se aprecia al fondo la playa, integrada actualmente dentro de una reserva natural (Parque Nacional Kalbarri). Junto al camino, justo a la izquierda de donde se ven los primeros postes de madera que señalan la linde del camino, hay una piedra plana, grande y vertical, de mármol, con una placa que recuerda el acontecimiento, que es la que se puede ver en la foto de la izquierda.


 

El 5 de diciembre de 1629 , llegados a Batavia, de los 14 asesinos restantes 5 fueron ahorcados y el resto sometido a torturas. Resultó que las autoridades no se mostraron satisfechas con la justicia impartida por Pelsaert en primera instancia y los asesinos fueron acusados de nuevo. Incluso Lucretia fue acusada de incitación a cometer actos malvados, aunque sin consecuencias para ella. Algunos fueron condenados a flagelación, trabajos forzados o al exilio. A uno de ellos llamado Jacob Pietersz, el último que fue ajusticiado, confeso de haber matado a 17 personas, se le condenó a ser despedazado en una rueda. Después exhibieron su cuerpo desmembrado.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

Arriba, torturas en Batavia.

 

Ilustración del libro Ongeluckige Voyagie van't Schip Batavia (El desafortunado viaje del barco Batavia), de Jan Jansz, publicado en 1647. 

 

A la izquierda, suplicio en la rueda.


 

Wiebbe Hayes, único héroe de esta historia, ascendido a sargento por Pelsaert, fue nuevamente ascendido a teniente.

 

Dos de los hombres de Hayes, Otto Smit y Albert Jansz, fueron ascendidos a cabos.

 

Lucretia, tras ser sucesivamente víctima de una obscena agresión, náufraga, violada,  forzada a convertirse en concubina de un psicópata sanguinario y acusada de incitar a los actos perversos, descubrió que en el ínterin se había convertido en viuda, pues su marido había muerto de fiebres tropicales dos meses antes. Se volvió a casar un año después con un militar, Jacob Corneliszoon Cuick, sargento del ejército de la VOC en Batavia. Volvió a Holanda cinco años más tarde, muriendo en su tierra natal a una avanzada edad.

Francisco Pelsaert también fue culpado por lo que pasó. Se le acusó de falta de autoridad, y todas sus finanzas y sus pertenencias fueron confiscadas. Sin embargo, fue reconsiderado su caso, siendo rehabilitado, aunque no pudo disfrutar mucho de su nueva vida como miembro del Consejo de Gobierno de Batavia pues murió en 1630 a los 35 años de edad, un año después de la masacre de Houtman Abrolhos.

 

Se puede consultar la lista de amotinados y las condenas impuestas. También otros listados complementarios en el siguiente anexo de esta web :

 

LISTAS DE AMOTINADOS Y PERSONAJES EN LA HISTORIA DEL BATAVIA

 

La noticia de los horrores del Batavia tuvo gran repercusión en Europa y la historia se publicó en un librito con el título de “El infortunado viaje del barco Batavia"  (Ongeluckige voyagie van‘t schip Batavia)  en 1647, básicamente una transcripción del diario que había dejado escrito Pelsaert .

 

En 1962, 334 años después de tan luctuosos hechos, fue descubierto el pecio de Batavia. Al año siguiente se iniciaron excavaciones en Beacon Island. Los hallazgos confirmaron la sospecha de que el islote había sido el Cementerio del Batavia. Más tarde un equipo de buzos civiles y militares llevó a cabo la excavación submarina detallada de los restos del naufragio. Asímismo se descubrieron esqueletos enterrados en la arena a poca profundidad y restos de los campamentos de los náufragos; paralelamente, se llevó a cabo un estudio de las partes del buque y su carga.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)


Izquierda y centro, arqueólogos de la expedición de 1963 examinan los restos encontrados en Houtman Abrolhos. Las fotografías fueron publicadas en el diario West Australian Newspaper ese mismo año. A la derecha, fotografía de uno de los esqueletos (Western Australian Maritime Museum)


 

Nuevas expediciones arqueológicas tuvieron lugar en 1972 y 1976, constituyendo uno de los más grandes y ambiciosos proyectos arqueológicos marítimos llevados a cabo por el Departamento de Arqueología Marítima del gobierno australiano. La sección de popa del barco fue excavada completamente, dejando una pequeña sección de la zona de proa sin excavar, para su estudio en algún momento en el futuro. El espejo de popa y el codaste también fueron extraídos del lugar del naufragio. Actualmente se pueden admirar estos restos en el Shipwreck Galleries de Fremantle, del Western Autralian Museum.

 

Este hallazgo que puede observarse en la imagen de la derecha quizá sea el más impresionante de todos las realizados en el islote Cementerio del Batavia. Se trata de una fosa donde hay esqueletos de seis personas enterradas, entre ellas un niño de  5 ó 6 años y un bebé de menos de 1 año. Fotografía de Shipwreck Galleries.



IZQUIERDA: ancla del Batavia, uno de los primeros hallazgos de las expediciones de la década de los 70 (Fotografía de Shipwreck Galleries).

DERECHA: un buzo etiqueta maderas "in situ"  (Fotografía de Shipwreck Galleries).

CENTRO: entrada al museo dedicado al Batavia en Fremantle. El Shipwreck Galleries (del Western Australian Museum, con sede en Perth) ocupa unas antiguas naves industriales.

 

Con los restos del pecio se exhiben parte de los bloques de piedra arenisca destinados a la fachada porticada que las bodegas del barco transportaban para ser montados en Batavia. De un total de 149 bloques se conservan 97. También puede verse allí, entre otros atractivos, la reconstrucción de la cabina del capitán, un esqueleto de los encontrados en los arrecifes de la masacre y diversos objetos como cerámica o botones de ropa extraídos durante las excavaciones.



IZQUIERDA: vista parcial de la seccion de popa del Batavia. Shipwreck Galleries.

CENTRO: parte reconstruída del buque, un cañón y, al fondo, una réplica del pórtico que se iba a construir con las piedras que transportaban las bodegas del barco. Shipwreck Galleries.

DERECHA: vista del pórtico que se proyectaba construir en Batavia. Este pórtico expuesto en Shipwreck Galleries es una réplica. El construído con las piedra originales se encuentra en la ciudad de Geraldton.

 

Si se desea visitar el arrecife donde tuvieron lugar los terribles hechos, desde Geraldton es posible hacer turismo, sin estancia, en pequeños vuelos de ida y vuelta.

 

Las islas del archipélago Houtman Abrolhos siguen deshabitadas hoy día, aunque se han establecido campamentos y fondeaderos para barcos, especialmente pesqueros de langosta, aquellas que alimentaban a Hayes y sus hombres. Algunas de las chabolas de chapa prefabricada están instaladas en el Cementerio del Batavia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Nos ha producido algo singular la historia del Batavia?

¿A usted no le ha parecido sentir el extraño estremecimiento que produce la disección de la miseria humana?

 

Hay algo muy inquietante en la historia del Batavia . Quizás sea porque nos recuerda donde estamos, pero también el estado general de terror en el que al menor descuido podríamos caer . Quizá sea por el hecho de darnos cuenta de que la determinación desesperada se apodera a veces de la gente, incluso honrada. Quizá sea el percatarnos de que, tras un momento crítico, a veces puede encontrarse al otro lado de la puerta algo aún más infame: el tiempo del horror.

 

 

 

O podría ser que alguien, respecto a lo ocurrido en Houtman Abrolhos, se haya hecho una pregunta :

"¿Por qué?"


"Para esto no hay un por qué", decían los oficiales de las SS en Auschwitz .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Comentarios: 11
  • #1

    Best Juicer (lunes, 29 abril 2013)

    I shared this on Twitter! My buddies will really enjoy it!

  • #2

    Alberto Camacho (lunes, 12 mayo 2014 06:46)

    Excelente artículo, detallado y con fuentes para verificar los datos. :D

  • #3

    singladuras (lunes, 12 mayo 2014 09:20)

    Muchas gracias, Sr. Alberto Camacho. Celebro que haya sido tan de su agrado.

  • #4

    EDO (miércoles, 03 septiembre 2014 10:07)

    Vivo cerca del museo donde estan los restros del BATAVIA cada rato lo visito, la primera vez que lo vi quede impactado, MUCHAS GRACIAS por tan completa investigacion, quede mudo leyendo todo......EL BATAVIA.

  • #5

    Teodoro Viteri (sábado, 25 octubre 2014 23:38)

    Excelente articulo. Estoy terminando un curso de Historia Global con el Prof. Jeremy Adelman (Universidad de Princeton y NovoEd) y me siento fascinado con este relato porque esta relacionado con el tema de las consecuencias de la Administración de la VOC en las Indias Orientales. Quiero agradecer por haber contado con la oportunidad de aprender mucho sobre el hecho histórico del naufragio del Batavia.

  • #6

    vicente (jueves, 18 diciembre 2014 00:36)

    fantástico trabajo.......

  • #7

    Federico Edgardo Cavada Kuhlmann (lunes, 09 febrero 2015 17:04)

    Lo más importante de este artículo es que nos muestra dos aspectos importantes de los valores culturales de quienes "conquistaron" las tierras lejanas. En autor pone de manifiesto cuales eran las condiciones que debían enfrentar los navegantes, oficiales y marineros. Eso nos dice o no muestra con cierta claridad las condiciones personales que debían reunir. Al decir condiciones personales, no me refiero a valor o espíritu de aventura, me refiero a pobreza, marginación, difícil formación infantil, grado de psicopatía, etc. que cada uno necesitaba poseer para aceptar esos empleos. En esto no entran los pasajeros que eran colonos que viajaban esperanzados en nuevas perspectivas de vida.
    El otro aspecto que se destaca de su lectura es la búsqueda desesperada de la riqueza y el poder. Quien no podía ser rico en su “casa” podía enriquecer en las conquistas, quien no podía ser rey en su tierra, podía ser gobernador o virrey en las conquistadas.
    Finalmente hay, en el contexto, una resultante que es: El ser humano es intrínsecamente perverso. Por eso han sido y siguen siendo necesaria la dictación de leyes que penan drásticamente esa perversidad.

  • #8

    Ricardo Clemente (miércoles, 04 marzo 2015 01:22)

    Un artículo sensacional. Un lujo.

  • #9

    madam rose (domingo, 05 abril 2015 04:50)

    Es Dr.EBHOSE usted puede email él si necesita ayuda en su relación ebhodaghespell@gmail.com
    Te prometo que sus problemas se resuelven de inmediato. Después de estar en
    relación con él durante siete años, me dejó, yo hice todo
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    Pruébalo, enviado al taumaturgo, dije no hay problema
    todo estará bien dentro de tres días, mis ex vuelven a mí
    dentro de los tres días, el hechizo fue lanzado y, sorprendentemente, en el segundo día,
    que fue alrededor de las 4:00 pm. Mi ex me llamó, yo estaba tan sorprendido, respondió el
    llaman y todo lo que dijo fue que estaba tan mal por todo lo que pasó,
    quería volver a mí, que me encanta tanto. Yo estaba tan feliz y
    sorprendido. Desde entonces, he hecho la promesa de que todos los que conocemos la voluntad
    nunca tienen un problema de relación, que me voy a referir al hechizo
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    13) Cómo ganar su LOTERÍA
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    Póngase en contacto con él hoy en: ebhodaghespell@gmail.com

  • #10

    Hayes (lunes, 11 mayo 2015 14:28)

    Sensacional articulo, le estoy muy agradecido.

    Creo que no hay que reducir lo acontecido en ese lugar al contexto de la época eso es un error, somos el mismo ser. Cuando todo el poder reside un un solo lugar, persona o organización la barbarie cruza el estrecho, esto sucedió en la isla sucedió y sucede en cualquier país que se ejerza el poder a modo de isla en medio del mar, ya sea un dictador venezolano o norcoreano. Cuando el poder se ejerce con hegemonía o pugna por ella lleva a la maldad y la violencia.


    Un saludo, y le estoy muy agradecido por la lección que me ha mostrado.

  • #11

    Libardo Valdivieso. (viernes, 10 marzo 2017 12:38)

    Este es un relato histórico muy bien concebido, y muy bien documentado. He disfrutado su lectura.

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