LA GUERRA DEL ASIENTO

 

 

Mientras Vernon insulta La Guaira, La Habana, Portobelo, Chagres, y Cartagena de Indias (sucesos que el lector conocerá por los CAPÍTULOS 7, 8, 9, y 17), España hace esfuerzos apresurados para armar los navíos que pudiesen armarse, que en comparación con los ingleses ascendían a un número muy inferior, así como para completar sus dotaciones. A principios de 1740 en el puerto gallego de El Ferrol se va organizando una escuadra al mando del teniente general Rodrigo de Torres y Morales, Primer Marqués de Matallana, reputadísimo marino y uno de los miembros del Almirantazgo español.

 

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Vernon temía que España enviara refuerzos al Caribe. Así que no le agradan las noticias que le hacen llegar en mayo según las cuales una escuadra española de 9 navíos había partido de Cádiz en marzo. Y poco después, en abril, había zarpado de El Ferrol otra escuadra española. No obstante, le tranquiliza saber que Inglaterra está preparando a su vez otra escuadra para contrarrestar los envíos de refuerzo españoles. En realidad ninguna de las dos escuadras españolas se dirigía a América porque fueron movimientos para trata de despistar a los ingleses. Aún no estaba operativo el refuerzo español. Mientras se completaba la escuadra, algunos barcos españoles salían de El Ferrol para realizar patrulla y adiestramiento. En una de estas salidas (CAPÍTULO 5) se perdió el navío Princesa (de 70 cañones) al tener que combatir contra tres navíos ingleses (de 70 cañones los tres), después de seis horas de combate, con los ingleses al límite, porque el Princesa había puesto en fuga a uno y desarbolado a otro. Finalmente, no pudo con el tercero.

Fachada de la casa de los marqueses de Matallana en Madrid (calle San Mateo nº 13), mandada construir por Rodrigo de Torres y Morales.

El edificio, adquirido por el Estado en 1927, fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1962.

Hoy es la sede del Museo del Romanticismo.


Mientras tanto, en el Caribe, Vernon hace un nuevo intento, el segundo, en Cartagena de Indias (CAPÍTULO 18). El 3 de mayo de 1740 se presenta ante la ciudad defendida por Lezo con mayor fuerza de lo que lo hizo la primera vez: 13 buques de guerra y una bombarda. Inspecciona la zona de Barú y comprueba que Lezo tiene bien apostada la defensa y que ha colocado sus buques de manera conveniente en defensa de la entrada a la bahía. Viendo los preparativos de los españoles y que estos no estaban dormidos como en Portobelo, Vernon se retira nuevamente hacia Jamaica. Una cosa sacó en claro: Cartagena de Indias no iba a ser ni Portobelo ni Chagre, sino un hueso duro de roer.

 

Curiosa la coincidencia de las presencias de Vernon con el número 3: su primera presencia ante Cartagena de Indias ocurrió el 13-marzo-1740, la segunda ocurre el 3-mayo-1740, y la 3ª tendrá lugar, lo veremos más adelante, el 13-marzo-1741. A Cartagena la atacó 3 veces. Dejémoslo en coincidencia aunque quizás los supersticiosos tengan alguna explicación.

Volvamos a los problemas de España en esta guerra. Ya preparada la escuadra de El Ferrol, cuyo objetivo es frenar la ofensiva inglesa en el Caribe, zarpa de dicho puerto el 31 de julio de 1740. Rodrigo de Torres, que ante la urgencia del momento tiene que salir precipitadamente de Madrid hacia El Ferrol, tiene bajo su mando los siguientes navíos:

 

 

(Torres)                       San Felipe (80)

Príncipe (70)

Santa Ana (70)

Reina (70)

Nueva España (64)

San Luis (64)

Real Familia (60)

Fuerte (60)

Andalucía (60)

Castilla (60)

San Antonio (60)

Santiago (60)

 

 


Son 12 navíos a los que no acompañan ninguna fragata pero sí 3 goletas (o bergantines, según las fuentes): Isabela, Pingüe y Hermoso, de 14 cañones cada una. Embarcaban también 2.200 hombres para reforzar las posiciones españolas. La salida de Torres de El Ferrol se hizo con tanta maestría que los ingleses no lo supieron nada hasta casi un mes después. España conseguía, por una vez, enviar una potente escuadra al Caribe. De poder sumarse a los buques por allí dispersos (Veracruz, La Habana, etc), especialmente a los de Blas de Lezo en Cartagena de Indias, España tendría una escuadra suficiente para expulsar a Vernon del Caribe.

Relación de navíos que debian componer la escuadra de Torres, fechada el 15 de julio de 1740 en El Ferrol. Archivo General de Simancas.

Extraído de La Guerra de la Oreja de Jenkins: un conflicto colonial (1739-1748). Tesis doctoral, Jorge Cerdá Crespo, Universidad de Alicante, 2008.

 

Sin embargo la mala logística y las enfermedades causan estragos en esta escuadra.  A comienzos de septiembre, próximo Torres a alcanzar el Caribe, ya cuenta con 60 muertos y más de 700 enfermos por consumir alimentos en mal estado. El día 15 de septiembre llega a Santo Domingo, en la isla La Española (actualmente, República Dominicana). Allí se hacen reparaciones y se recupera buena parte de los enfermos. Antes de abandonar la isla, Torres deja en Santo Domingo, como refuerzos, 250 hombres, pólvora, fusiles y otras provisiones.

Mapa del siglo XVIII de la isla La Española (Santo Domingo) y Puerto Rico. Archivo General de Indias.


Las órdenes de Rodrigo de Torres consistían en dirigirse a Puerto Rico para unirse, si aún estaban allí, a los dos navíos con que había navegado previamente el nuevo virrey de Nueva Granada, Sebastián de Eslava. De Puerto Rico debían dirigirse a Cartagena de Indias, donde debían celebrar un Consejo de Guerra en el que se decidiría la mejor forma de defender las plazas españolas, para las que transportaba refuerzos y, si fuera posible, buscar a la escuadra de Vernon y batirla (actitud activa), pero si la escuadra de Vernon seguía estando en superioridad, entonces tomar decisiones para reforzar defensivamente las plazas españolas (actitud pasiva) y después dirigirse a La Habana. Además de todo ello, Torres también llevaba pliegos de instrucciones para los gobernadores y virreyes, así como se le indicaba que intercambiase con Blas de Lezo lo que más necesitasen.

 

Al zarpar de Santo Domingo el 16 de octubre, Torres no se dirige directamente a Cartagena de Indias, sino a Santa Marta, previendo que Vernon estuviese por aquella zona, lo que en realidad no ocurría. Sufre un temporal que hace naufragar al navío Andalucía y deja muy dañado al navío Fuerte, que ha de regresar a puerto para efectuar reparaciones. Así que, finalmente, llega a Cartagena de Indias el 23 de octubre de 1740. La ciudad hacía meses que había sufrido ya la segunda tentativa de Vernon.

 

Retrato de Chaloner Ogle.

Autor anónimo. Pintado hacia 1745.

National Maritime Museum, Londres.

El Almirantazgo británico, cuando supo de la salida de esta escuadra, modifica y acelera los planes para enviar mayores fuerzas navales al teatro de operaciones caribeño.

 

Así, durante el verano de 1740, en Inglaterra se ha ido organizado una potente escuadra, pero que con los cambios de planes, sumados al mal tiempo, debe posponer su salida hasta el 6 de noviembre (seguramente ante la desesperación de Vernon). Lo hace desde Portsmouth y se pone al mando del contralmirante Chaloner Ogle. Como se ha repetido desde el principio de este relato, Inglaterra puso toda la carne en el asador, y esta escuadra que envía al Caribe es una prueba clarísima de su afán, más allá de proteger sus intereses comerciales,  por derribar el imperio español, apropiarse de sus territorios y, corolario de todo ello, ejercer un único y absoluto control del mar. Porque la suma de las escuadra y soldados que está enviando a América, tanto hacia el Caribe como al Pacífico  --y sin querer contar las escuadras que destina a bloquear puertos españoles y franceses --  no es, amigo lector, una fuerza de ataque y combate, sino un auténtico ejército de ocupación. Gran Breteña pretende ocupar la América española.

 

La potente fuerza naval organizada y comandada por el contralmirante Ogle, sin contar fragatas y buques menores, la componen los navíos:


 

 

Boyne (80)

Torbay (80)

Norfolk (80)

(Ogle )                          Russell (80)

Chichester (80)

Shrewsbury (80)

Cumberland (80)

Princess Amelia (80)

Princess Caroline (80)

Oxford (70)

Weymouth (70)

Buckingham (70)

Prince of Orange (70)

Suffolk (64)

Augusta (64)

Defiance (64)

Prince Frederick (64)

Jersey (60)

Tilbury (60)

Rippon (60)

Superb (60)

Montague (52)

Experiment (50)

 

 


El general Cathcart embarca en el Torbay.

 

Añadiendo los demás barcos de menor porte, el total de buques de guerra asciende a 40, a los que hay que añadir entre 120 y 160 barcos de transporte (en otras fuentes se indican casi 200). Las tropas embarcadas son unos 9.000 hombres al mando del experimentado general Cathcart. Esta impresionante escuadra, compuesta de navíos de línea, fragatas, bergantines, brulotes, bombardas, paquebotes, buques hospital, etc., no llegará al Caribe hasta finales de diciembre.

 

Hay que repetir, una vez más, que las salidas de las escuadras inglesas eran puntualmente informadas a Madrid por los servicios de espionaje, que siempre funcionaron bien durante esta guerra. Desde España, el ministro Quintana hizo llegar a Cartagena de Indias la información sobre los movimientos ingleses. En esta ocasión, la preparación de la escuadra de Ogle era imposible mantenerla en secreto por parte de los ingleses: la impresionante operación de carga, la costosa organización y la complicada logística eran evidentes hasta para los turistas, si los hubiere.

 

Importe incidir en algo importante: la logística. Los planes logísticos, al igual que los estratégicos, necesitan planificación, pero en este caso muy concreta. La logística ha de basarse y las necesidades calcularse según realidades objetivas exigidas por aquello que se pretende llevar a cabo, y estas realidades son cosas tangibles como agua, alimentos, municiones, vestuario, medicinas, etc. La logística, asimismo, imponía servidumbres importantes, como el almacenamiento de víveres (lógicamente, en aquellos tiempos no se podía contar con cámaras frigoríficas para conservar los alimentos) lo que lleva a otra servidumbre: la necesidad de realizar escalas oceánicas para reabastecerse, necesidad que no todos los puertos pueden satisfacer. También es una servidumbre logística el hacinamiento de hombres en el interior de los buques en malas condiciones higiénicas, lo que en una expedición de larga duración puede provocar alta mortandad por la proliferación de enfermedades y contagios. Piénsese en la cantidad de barcos y hombres enviados con Ogle al teatro de operaciones con el fin de hacerse una idea de la cantidad de víveres y abastecimientos de toda clase que serían precisos para cubrir las necesidades de miles de hombres allí desplazados; y piénsese también en que para mantener una numerosa escuadra en estado operativo es preciso surtirla de pertrechos y repuestos. Un sinfín de géneros y productos que requiere llevarse al lugar oportuno para su empleo en el momento adecuado. Todo esas necesidades no era posible cubrirlas en su totalidad en las colonias americanas.

 

El lector habra entendido que el abastecimiento de los navíos, en un teatro de operaciones tan lejano a los puertos de base europeos, termina por ser decisivo y la falta de provisiones condiciona negativamente cualquier tipo de operación naval a gran escala. Este problema le ocurría tanto a España como a Gran Bretaña. Es absolutamente imprescindible el suministro de los productos necesarios tanto para los hombres como para los navíos. Por eso la logística era muy importante en esta guerra que se libraba en el escenario americano, muy lejano de Europa.

 

Desde España, a pesar de la escasez de embarcaciones menores, se envió al teatro de operaciones todo aquello que fue posible desde diferentes puertos: víveres, balas, maderas, vinagre, herramientas, medicinas, aceites, lonas, betún, harinas, jarcia, armas, cuerdas, tocino, herrajes… Un enorme esfuerzo que demuestra que a pesar de no contar durante esta guerra con una marina poderosa, España, aunque nunca llegó a dotar a sus plazas caribeñas de todo lo necesario, demostró que incluso en momentos de penuria fue capaz de hacer frente a los ingleses. Y estos invirtieron cantidades desorbitadas de dinero y esfuerzo logístico en intentar derribar el imperio español. Sin conseguirlo.

Esta fuerza expedicionaria, por su entidad y equipamiento, debería tener capacidad para llevar a cabo operaciones autónomas e independientes en el Caribe con garantía de éxito.

La batalla de Cartagena de Indias. Francisco Javier Membrillo Becerra. Publidisa, 2011.

A nadie se le escapa que si Vernon, tras sus fracasadas primera (13 de marzo de 1740) y segunda (3 de mayo de 1740) tentativas contra Cartagena de Indias esperaba mejor momento para hacerse con esta ciudad, cuando llegara semejante fuerza de invasión a las aguas caribeñas no habría duda de que tendría en sus manos la ocasión que esperaba.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

Y, en efecto, nada más llegar esta escuadra al Caribe la unirá a sus barcos existentes en la zona, trasladará su insignia al navío Princess Caroline (80), y empezará a organizar un nuevo ataque a Cartagena de Indias, que, con los refuerzos, se le antojará definitivo.

 

Sin embargo a Vernon, a pesar de contar con una gran fuerza naval, le preocupa la presencia de la escuadra de Torres en el teatro de operaciones. Sabe que Torres es un marino reputado y posee una escuadra respetable. Llega a creer que el objetivo del almirante español es la conquista de Jamaica. Además, las epidemias habían causado gran mortandad entre sus hombres. Por todo ello, decide fondear todos sus barcos en esa isla.

 

Pero Torres no es la única preocupación de Vernon.

 

Pues … ¿qué pasa con Francia?

 

Francia, aliada de España por el Pacto de Familia, había decidido tiempo atrás apoyar a España enviando fuerzas navales al Caribe. Nuestro país vecino tiene en América posesiones e intereses, por lo que en principio no se siente ajeno al conflicto.

Retrato del rey Luis XV de Francia (1710-1774), por Maurice Quentin de la Tour, obra fechada en 1748.

Museo de Louvre


Conociendo las salidas de escuadras inglesas hacia el Caribe, Francia envía dos escuadras desde dos puertos diferentes, que finalmente se unirán en aguas americanas. Si estas fuerzas se unen a las españolas (escuadras de Rodrigo de Torres y Blas de Lezo) Francia y España dispondrán de una poderosa y voluminosa fuerza naval capaz de derrotar al inglés.

Puerto y base naval de Tolon en la actualidad

Baterias del puerto de Brest en el siglo XVIII, por Louis Nicolas Van Vlarenbergue. Museo de Louvre.


El 25 de agosto de 1740 zarpó de Tolón una escuadra de 11 navíos y 1 fragata al mando del jefe de escuadra  Rochalart.

 

Y el 2 de septiembre de 1740 partió otra escuadra desde el puerto de Brest comandada por el vicealmirante Antoine-François de Pardaillan de Gondrin, Marqués de Antin (Marquis d’Antin, en francés), compuesta de 13 buques de entre 76 y 54 cañones, 4 buques de 46 cañones, 1 de 30 y dos embarcaciones menores. El vicealmirante d’Antin asumirá el mando de todos los barcos franceses cuando se reunan las dos escuadras.

 

En su salida, ambas escuadras habían burlado la vigilancia inglesa de las costas europeas.

 

Y ambas fuerzas estaban ya en el Caribe a finales de octubre de 1740. En esos momentos, Vernon aún esperaba la escuadra de refuerzo del contralmirante Ogle. Mientras esta no llega, se refugia en Jamaica y ordena patrullar las aguas caribeñas, haciendo algunas capturas de pequeñas embarcaciones.

El temor de Vernon aumentaba por momentos al imaginar que esas dos escuadras francesas, unidas en una sola al mando de d’Antin, pudieran unirse a la española de Torres, conformando una considerable y poderosa fuerza naval en el Caribe, como se ha apuntado anteriormente.

 

Llegaron los franceses. También Torres, que llegó después.

 

Para colmo, Vernon no sabía dónde estaba d’Antin. Pero nosotros, lector, sí debemos saberlo: el vicealmirante d’Antin se encontraba fondeado en Port-Louis, isla de Guadalupe.

 

En el teatro de operaciones.

Localización de Port Louis (isla de Guadalupe). Mapa de elaboración propia.


No eran descabellados los temores de Vernon, pues podían hacerse realidad. Ocurrió que desde Francia se reciben instrucciones mediante las cuales el embajador español en París, Luis Reggio y Branciforte, Príncipe de Campoflorido, comunica que los reyes de España y Francia, Felipe V y Luis XV han llegado a un nuevo pacto por el cual las escuadras española y francesa deben colaborar atacando a Vernon en la propia Jamaica aprovechando que el inglés aún no había recibido el refuerzo de la escuadra de Ogle, que estaba en camino.

 

Es, por tanto, una ventana de tiempo en el que la suma de fuerzas hispano-francesas es muy superior a las fuerzas inglesas desplegadas en el Caribe. Mientras no llegara el contralmirante Ogle, Vernon corría el riesgo de ser expulsado del teatro de operaciones.

 

Blas de Lezo se entera de la presencia de los barcos franceses el 22 de noviembre de 1740. Los franceses le hacen saber que sus dos escuadras, por sí mismas, no son fuerzas superiores a las inglesas. El virrey Eslava, reunido con Lezo, Torres y Navarrete (gobernador de Cartagena de Indias) los días 12 y 13 de diciembre en el Cabildo de Cartagena, decidió establecer contacto con d’Antin para estudiara la posibilidad de llevar a cabo una estrategia conjunta contra Vernon. La reunión debía producirse en fechas próximas en la plaza española de Santa Marta. Para Torres, de hacerse una acción ofensiva contra Vernon debía hacerse de inmediato, antes de que le llegase el refuerzo de la escuadra de Ogle. Se discutió si el futuro gran ataque de Vernon se produciría sobre La Habana o sobre Cartagena. Torres accedió a defender con su escuadra un posible ataque a Cartagena y por eso se decidió a fondear esta fuerza naval en la cercana Santa Marta.

Aparece en la reunión otro de los motivos de disputa entre Eslava y Lezo: las atribuciones de cada mando, dado que las instrucciones recibidas (traídas por Torres desde la península) son confusas y no aclaran nada al respecto. No se reciben normas concretas. Se indica que Eslava es, como virrey, el máximo responsable, pero solo para Cartagena de Indias y, por tanto, a Melchor de Navarrete, como Gobernador de la plaza, se le instruye en que a pesar de ser responsable de las fuerzas terrestres ha de acatar al virrey en las visitas que haga a las fuerzas y fortificaciones, mientras que se faculta a  Lezo como comandante militar del apostadero y las fuerzas de marina para la defensa de la bahía (y, por tanto, de la ciudad) , dejando a Torres como único mando capaz de realizar misiones sobre toda la zona de operaciones y no solo en Cartagena de Indias.

Localización de Santa Marta, cercana a Cartagena de Indias. Elaboración propia.


Son atribuciones generales que no establecen claramente ningún procedimiento u organigrama definido. Hasta pueden interpretarse contradictoriamente, como es el caso de Navarrete al que por un lado se le dice que es responsable de las fuerzas terrestres, pero por otro se le está diciendo que el máximo mando es Eslava y debe acatar sus órdenes.

 

La ambigüedad no es nada bueno teniendo en cuenta las fuertes personalidades de Eslava y Lezo.

 

Torres recelaba desde el principio de las verdaderas ordenes que tenia d’Antin, sin acabar de creerse que la escuadra francesa fuera realmente a colaborar con la escuadra española. Dada la superioridad naval momentánea de las fuerzas hispanofrancesas sobre las de Vernon, que aún no había recibido el refuerzo de la escuadra de Ogle, es normal que se albergasen algunas esperanzas de devolver a Vernon las afrentas recibidas en Portobelo y Chagres. 

Grabado que representa una escuadra francesa dando cañonazos de saludo mientras realiza una virada. Royal Museums Greenwich

Pero Torres duda de la actitud francesa.

 

Dudas a las que se unía se unía el pesimismo de Torres respecto a las dificultades para reparar sus barcos en Cartagena de Indias debido tanto a los problemas de abastecimiento que padecía la plaza como a la falta de dinero. No obstante, los aliados franceses, conociendo las dificultades de aprovisionamiento de la escuadra de Torres, enviaron a Cartagena un buque con géneros para ayudar en dicho aprovisionamiento (enviaban harinas, lonas, jarcias y otros artículos). Por ultimo, las enfermedades se habían cebado en su escuadra, que cada día perdía al menos 10 hombres, lo que suponía un grave problema pues la falta de tripulación convertía en inoperantes a los navíos.


Así las cosas, Vernon se encuentra refugiado en Jamaica sin atreverse a atacar ni siquiera por separado a ninguna de las escuadras existentes (la de Lezo, la de Torres y la de d’Antin), y mucho menos en el caso hipotético de que se unieran. Mientras que los españoles esperan respuesta positiva de d’Antin respecto a la futura reunión en Santa Marta, el contralmirante Chaloner Ogle se está acercando con su escuadra al teatro de operaciones. Vernon teme la fuerza conjunta de las escuadras española y francesa. No hará planes hasta que no reciba los refuerzos de Ogle. 

A finales de diciembre de 1740, Ogle llega a la Dominica con buena parte de la gente embarcada padeciendo disentería y escorbuto. Al día siguiente de su llegada muere el general Cathcart.

 

Asume el mando de las tropas embarcadas en general Wentworth, pero el mando conjunto de mar y tierra lo asumirá Vernon ante la ausencia de Carhcart. Durante varios días se hacen reparaciones en los buques. También se abastecen de agua, leña y otros productos.

 

A continuación, Ogle pone rumbo a Jamaica, adonde llega el 9 de enero de 1741, uniéndose así a Vernon.

 

Por esas fechas de principios de enero de 1741, d’Antin comunica a Torres la inquietante noticia de la llegada a la zona de una impresionante escuadra británica. Era la de Ogle, la que esperaba Vernon.

 

Ciertamente, existió un plazo de tiempo en el cual una hipotética escuadra conjunta hispanofrancesa pudo dar buena cuenta de la escuadra de Vernon mientras que este no tuvo los refuerzos de Ogle. Pero, lamentablemente, no se aprovechó la ocasión.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

Retrato de Charles Cathcart, por John Faber.

National Portrait Gallery, Londres.


Un capitán de navío francés desembarca con su uniforme de gala para asistir a una recepción.

A la hora de la verdad Francia reculó. Traicionó a España porque, en realidad, estaba haciendo el paripé en el Caribe: desde tiempo atrás ya había decidido retirar sus fuerzas navales de América y llevarlas a Europa dada la situación creada por la muerte del emperador Carlos VI.

 

Desde octubre de 1740, meses antes de enero de 1741, d’Antin solo daba largas y evasivas cumpliendo las instrucciones de su gobierno. La retirada de la escuadra francesa se hizo a espaldas del gobierno español, sin conocimiento de este, incumpliendo el rey Luis XV el pacto al que había llegado con el rey español Felipe V y que, como vimos anteriormente, había sido comunicado a través del embajador español en París.


Para justificar la retirada, Francia dio explicaciones sobre la situación en Europa, las tensiones en Austria, la posibilidad de atacar a los ingleses en otros lugares inesperados como India o Escocia, pillándolos por sorpresa y obligándoles a traer escuadras del Caribe, etc. Obviamente, no convencieron a nadie. Sólo eran excusas para no arriesgar sus barcos.

 

La desconfianza de Torres era clara, y escribía el Almirante que, “si desde su llegada a Puerto Luis hubieran tenido tal resolución no les habrían faltado motivos para romper con los ingleses, y más estando aquel puerto en tan buena situación”.

La Guerra de la Oreja de Jenkins: un conflicto colonial. Tesis doctoral, Jorge Cerdá Crespo, Universidad de Alicante, 2008.

 

España se encontró sola y  abandonada a su suerte por la Francia que supuestamente era su aliada.

 

Francia no entraría en guerra con Inglaterra hasta 1744. Para entonces, en la América española ya se había dicho casi todo lo que tenía que decirse.

 

Pero sigamos en el Caribe, con el almirante Torres, que ante la "estampida" francesa duda sobre la actitud a tomar con su escuadra ya que tiene que atender no solo a los cartageneros sino también al resto de las plazas caribeñas, en especial a La Habana, plaza que aún no había recibido refuerzos desde la península.

 

Por parte inglesa se siguen acumulando fuerzas: a Jamaica llega el mismo mes de enero el contingente de colonos americanos (principalmente de la actual Virginia, en EE.UU.) quienes, junto a los hombres de Ogle entran en contacto con el ambiente y el clima caribeño, disponiéndose a pasar el periodo de adaptación a las enfermedades locales, fase que ya tenía superada los hombres de Vernon porque llevaban allí más un año. Al mismo tiempo, se reclutan en Jamaica más de 1000 esclavos negros, que se emplearán como portadores, arqueros y tropa auxiliar.

 

Y allí, en Jamaica, se estudian las acciones a realizar. Se discuten las propuestas entre el gobernador de la isla, los altos mandos de mar y tierra del contingente inglés y el propio Vernon. Saltan nombres de objetivos a atacar: Cartagena de Indias, La Habana, Veracruz … Pero la decisión final corresponde al vicealmirante Vernon, que impondrá su punto de vista. Hizo oídos sordos al general Wentworth, quien solicitaba prudencia y, con tal virtud, pedía que se enviasen previamente fuerzas navales y terrestres para reconocer a fondo la zona en la que se operaría, pues Vernon no había completado adecuadamente los reconocimientos ni en su primera ni en su segunda tentativa ante Cartagena de Indias. Daba igual que se le reprochase a Vernon que llevando más de un año en el Caribe tan sólo hubiera sido capaz de realizar acciones en objetivos secundarios, sin prestar ninguna atención a Veracruz y La Habana, lo que hacía sospechar a algunos mandos ingleses sobre las capacidades de su jefe. Para Edward Vernon, Blas de Lezo era su verdadera obsesión. Parecía que el inglés se había tomado el objetivo de conseguir Cartagena de Indias como algo personal. Con la enorme fuerza que tenía bajo su mando se sentía seguro de obtener la victoria y, así, conseguiría pasar a la historia como uno de los más grandes patriotas británicos.

Vista aérea de Port Louis en la actualidad, en la isla de Guadalupe (Departamento francés de Guadeloupe)

Ahora, por tanto,  Vernon se siente orgulloso y fuerte, gracias a los refuerzos traídos por Ogle. Como no podía permitir la formación de una gran fuerza naval franco-española, comienza a hacer salidas de Jamaica enviando grupos de navíos a diferentes zonas caribeñas para encontrar el lugar donde se esconde d’Antin. Vernon aún no sabe que la decisión francesa de retirarse ya está tomada tiempo atrás.

 

Uno de los barcos ingleses de patrulla, la goleta Wolf, le informa de que ha descubierto a la escuadra francesa fondeada en Port Louis. Son los últimos días de enero de 1741. Vernon decide poner su escuadra rumbo a Port-Louis pero cuando llega sólo ve algunos buques mercantes.


La escuadra francesa ya había abandonado poco antes ese puerto y, ya lejos de allí, navegaba rumbo a Europa, dejando en las Antillas tan solo algunos buques para proteger sus propias posesiones.

 

Mientras tanto, la escuadra de Torres --tras pensar mucho las dudas sobre la decisión a tomar--  había abandonado Cartagena de Indias, llevándose los galeones. Su destino final será La Habana, donde entrará el 24 de febrero de 1741 tras previamente haber fondeado por un tiempo en Santa Marta (cuando se inició el asedio a Cartagena de Indias, Lezo creía que Torres aún estaba en Santa Marta y, por tanto, podía socorrerles; el hecho de que Torres se había ido a La Habana lo sabía el virrey Eslava, pero el virrey le había ocultado esta información a don Blas, lo veremos en el CAPÍTULO 19).

El motivo por el que Torres abandona pronto Santa Marta es triple. En primer lugar, porque el aprovisionamiento de su flota se hacía demasiado oneroso para la pequeña ciudad de Santa Marta, incapaz de abastecer su escuadra. En segundo lugar, porque recibe noticias de que ha salido de la península una flota de diez embarcaciones con abastecimientos (que llegaría a La Habana en abril de 1741 cuando ya estaba teniendo lugar la batalla por Cartagena de Indias), la cual fondearía en la capital cubana y Torres comprende que, gracias a este abastecimiento, tendrá, por fin, la autonomía logística adecuada para poder llevar a cabo acciones ofensivas contra la escuadra inglesa. En tercer lugar, porque Torres creyó que los ingleses darían el próximo golpe en la capital cubana, lo que sería gravísimo para los intereses españoles, pues La Habana era fundamental mantenerla no solo como centro de abastecimiento, sino como puerto importante para las flotas americanas, almacén de caudales y astillero más importante en América.

Hermosa vista con luz de anochecer del monumento erigido en la ciudad de Santa Marta (actual Colombia) a Rodrigo de Bastidas, sevillano y fundador de la ciudad en 1524. El monumento está junto al bahía y en un lugar de honor del distrito turístico y cultural de la ciudad.


En resumen, la imposibilidad logística de Santa Marta, la imperiosa necesidad de abastecimientos para poder entrar en acción con garantías y el temor a que La Habana fuese atacada. Aprovisionar sus barcos y conseguir víveres para sus hombres tampoco podía Torres conseguirlo plenamente en Cartagena de Indias. Finalmente, desde La Habana, caso de ser necesaria su actuación, podría retornar a Cartagena si los ingleses no dividían su contingente para actuar contra ambas plazas.

 

Cree Torres que con los dos navíos que habían llegado con Eslava y las tropas desembarcadas  --en realidad, por las enfermedades tropicales murieron muchos de los hombres que había llevado Torres y debían reforzar la defensa de Cartagena-- , además de los suministros que han llegaron con Eslava y con él mismo, la plaza está suficientemente defendida. Dejaría un nuevo refuerzo: el navío San Felipe, que tenía averías, con la orden de que tras ser reparado se incorporase a la escuadra de Lezo.

 

Esos son los motivos por los que Torres se alejó de Cartagena de Indias.

 

Lezo y Eslava se habían quedado solos frente a Vernon.

Tras buscar a la escuadra francesa infructuosamente y con la permisividad de las autoridades francesas, Vernon hace acopio de víveres y agua en Port-Louis y seguidamente regresa a Jamaica, donde convoca una nueva reunión de mandos. En poco tiempo, las noticias que le llegan le confirman que los franceses han abandonado el Caribe y que Torres está en La Habana. Por tanto el camino de Jamaica a Cartagena está despejado, sin ningún rival español o francés. El inglés vio los cielos abiertos al asegurarse de que d’Antin y Torres estaban lejos de su ansiado objetivo, mientras que él, por su parte, se sentía muy reforzado con la llegada de Ogle y su ego estaba por las nubes.

 

Todo estaba a su favor. La ocasión la pintan calva, dicen. Hacía mucho tiempo que aguardaba la oportunidad de hacerse con la perla caribeña. Anhelaba esa oportunidad. ¡Sí, cómo ansiaba ese momento! En verdad lo estaba esperando. Y, por fin, por fin,  había llegado. Pero esta vez, la tercera ocasión frente a Cartagena de Indias, sería diferente. Determinante. Rotunda. Definitiva.

 

Seguidamente, Vernon pone sus ojos sobre Cartagena de Indias.

 

 

 

 


 

 

"Casaca roja", infantería inglesa de 1742

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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