UN SÍMBLO BICOLOR

 

 

España posee un símbolo nacional visible en edificios del Estado, pero nada frecuente de ver en calles, parques  u otros emplazamientos de ciudades y pueblos, tanto en edificios públicos como privados. Menos aún en balcones u otros lugares de haciendas particulares, viviendas o sedes empresariales, excepto cuando coincide su multiplicada exhibición con acontecimientos deportivos (en esto último no somos originales, obviamente).

 

Pero a todos los españoles nos resulta conocida la bandera que en la imagen junto a estas líneas ondea  calmosa y solemne sobre un fondo de cielo claro y azul.

 

Este símbolo, fácilmente reconocible, es a veces contestado por algunos. Por algunos otros es históricamente mal conocido.

La bandera nacional queda establecida en la Constitución Española de 1978 que dice en su artículo 4.1:

 

La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas.

 

El diseño de la bandera española definido en 1978 es en realidad muy antiguo, uno de los más antiguos de entre los pabellones nacionales existentes en el mundo. También tiene su punto de distinción si consideramos que en la mayoría de banderas nacionales las franjas, verticales u horizontales, suelen presentar la misma anchura.

 

La dicha antigüedad del pabellón español se debe al mar. Fue la Real Armada quien vio ondear por primera vez la bandera ya avanzado el siglo XVIII, en el lejano año de 1785. El origen y la concepción de la bandera se debe a razones humildes y pragmáticas. O, si queremos decirlo así, su nacimiento lo impulsó la practicidad y la utilidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ORIGEN DE LA BANDERA ESPAÑOLA

 

 

Durante el reinado de Carlos III (1759-1788) coexistían en España tres tipos de banderas: el estandarte real, las banderas militares y el pabellón de Marina.

 

A lo largo del siglo XVIII, en los pabellones navales de muchos países predominaba el color blanco, a los que se solía añadir el escudo real. El escudo, en España, había sido sucesivamente el de Felipe V (el primer rey Borbón), Luis I, Fernando VI y Carlos III.

 

Otras dinastías de la casa Borbón reinaban, además de en España, en Francia, Nápoles, Toscana, Parma y Sicilia. Todas usaban el color blanco propio de los Borbones con el escudo real. Los escudos, además, presentaban diseños muy recargados y barrocos, difícilmente identificables en lejanía. Sólo en España se utilizaron los siguientes ejemplos de banderas :


Pabellón Real de Felipe V (1701-1746)

Instalaciones y Fortificaciones de Marina (siglo XVIII)


 

 

 


Bandera de Costas (desde 1700 hasta 1771)

Departamento Marítimo de Cádiz (desde 1732)


 

 

 


Bandera de la Armada en 1746. Lleva cintas azules y rojas, que simbolizan al Espíritu Santo y al Toisón, respectivamente.

Pabellón naval de gala (de 1701 a 1760)


 

 

 


Pabellón naval sencillo (1701-1785)

Bandera naval de gala (1748-1785)


 

 

 

Como ejemplo de bandera borbónica no española durante el siglo XVIII podemos observar a la izquierda un pabellón del Reino de las Dos Sicilias.

 

 

 

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Y, finalmente, tratemos de imaginar la multiplicación del problema de reconocimiento de banderas con sus escudos correspondientes, dada la variedad de ellas, si tenemos en cuenta las diferentes ramas de la familia Borbón en Europa en el siglo XVIII, lo que observamos en un árbol borbónico con los escudos que representan las ramas de la familia.

 

Lo cual lo podemos comprobar en la imagen de la derecha, que es una lámina titulada Corona borbónica reynante en España, Franzia y Nápoles 1734 (Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación).


 

Así pues, no es de extrañar que la bandera española, blanca de los Borbones con el escudo de España, fuese fácilmente confundida con las banderas de otros países de monarquías borbónicas. Era inevitable cometer errores de identificación de los navíos, lo que a veces podía traer fatales consecuencias. En el mar no se podía distinguir fácilmente a los amigos de los enemigos hasta que podían verse los escudos, lo cual daba lugar a muchas equivocaciones, a veces embazarosas, así como incidentes diplomáticos y riesgos políticos. De hecho, las diferentes ramas de la familia Borbón no se llevaban muy bien desde mediados del siglo XVIII y las relaciones familiares no eran nada cordiales en el último tercio del siglo cuando ya guerreaban a veces entre ellas.

 

Si se quiere, se puede mirar la cosa hasta con cachondeo, pues por muy buen vigía que fuera un marino habría que ver cómo se las ingeniaba para distinguir, a tres millas, si el escudo que llevaba el puñetero barco que escoraba a babor con sus cañones relucientes y en posición de ataque, era propio o francés, napolitano, toscano, de Parma o de Sicilia. La cosa era un auténtico problema y como el marino no las tenía todas consigo pues a dar la voz de alarma y esperar acontecimientos. No fuera que el barco aquel de los cañones relucientes no fuera español y te pillara en bragas.

 

Pensemos, también, en la limitada claridad visual que podía proporcionar un catalejo naval de los usados en la época. Para aumentar más y más el problema, imaginemos esas banderas, todas blancas con escudos difíciles de distinguir, enarboladas en navíos en situación de falta de viento.

 

 

 

 

 

"Los inconvenientes que en los ejércitos de tierra no se echaban de ver pronto aparecieron por la mar, no ya en las mil ocasiones del complicado ceremonial marítimo, sino en achaques guerreros, en los que, avistados los barcos o las escuadras, carecían de medio tan adecuado para reconocerse amigos o enemigos como es la bandera, pues dicho se está que casi todas eran idénticas y poco se diferenciaban unas de otras a la distancia que el cañón debiera comenzar a intervenir"

 

(Texto literal extraído de la página web oficial de la Armada Española, Ministerio de Defensa)

 

 

 


 

Antes de los Borbones, la cosa era mucho más simple: si eras enemigo de España y desde la cubierta de tu barco veías acercarse un bajel que enarbolaba una enseña blanca con una X … ya sabías que te había tocado el gordo. O lo que es lo mismo: esos tipos con cara de pocos amigos que se dirigían contra tí directos al abordaje te iban a meter la pica por donde no te daba el sol aunque en el imperio no se pusiera. La bandera de la Cruz de Borgoña flameaba alrededor del mundo por tierra y por mar.

Cruz de Borgoña

Bandera, utilizada tanto en tierra como en el mar, 

que ondeaba alrededor del mundo

desde Felipe El Hermoso, yerno de los Reyes Católicos.

Pabellón del Imperio Español en los siglos XVI y XVII

 

Pero volvamos al siglo XVIII con los Borbones.

 

Harto y cansado de todos los inconvenientes de las banderas blancas con escudos reales, el rey Carlos III quiso terminar de una vez por todas con el problema y encargó al ministro de Marina que presentase propuestas de banderas con una única condición: ser visibles e identificables a grandes distancias. Cuestión práctica. De hecho, según el propio rey, su elección final la realizaría desechando "todo perecedero signo de linaje".

 

Y así, a propuesta del Secretario de Estado y Despacho Universal de Marina, Antonio Valdés y Fernández Bazán, se decidió elegir nueva bandera para la Real Armada mediante un concurso de diseños. Se deduce claramente que la nueva bandera no pretendía sustituir a la Cruz de Borgoña usada en tierra ni a otras cualesquiera banderas, ni tampoco erigirse en emblema del Reino, sino únicamente obtener un nuevo pabellón naval de uso exclusivo para la Real Armada.

 

Los diseños finalistas del concurso fueron doce, los cuales se presentaron al rey Carlos III para que eligiera uno de ellos.

 

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IZQUIERDA, los diseños presentados al rey Carlos III. Lámina del Museo Naval de Madrid.

 

ARRIBA, otra visión de los diseños finalistas.


 

 

El diseño ganador del concurso, o lo que es lo mismo, la elección de Carlos III de nueva bandera para la Real Armada, fue el primero de todos ellos, aquel que presentaba tres franjas horizontales roja, amarilla y roja, por ese orden.

El amarillo unido al rojo crea una combinación muy bien identificable en el mar. Son colores primarios muy vivos que destacan fácilmente sobre fondos blancos, grises o azulados, colores de fondo dominantes en el cielo y en el mar. Además, la bandera elegida se distinguía perfectamente de las usadas por otras fuerzas navales de la época. Y esa era justamente la finalidad que se buscaba.

 

La Real Armada tenía, por fin, una enseña totalmente diferente y diferenciables de las enseñas de las demás fuerzas navales de otros países.

 

Es posible que en el ánimo del monarca estuviese presente el recuerdo a colores asociados a los antiguos reinos hispánicos. De hecho, el viejo color de Castila era el rojo. El mismo color, juntamente al amarillo, configura la antigua bandera del reino medieval de Aragón. La bandera de Navarra también presenta el rojo. Incluso la bandera de la Cruz de Borgoña representa la aspas en rojo. No obstante, aunque posible, todo eso no deja de ser una suposición, muy subjetiva, pues no iremos más allá de imaginar qué pudo pensar el rey en un momento determinado.

En realidad Carlos III no eligió una bandera, sino dos. La primera sería para los buques de la Armada y la otra la que debían enarbolar los buques mercantes españoles. Se decidió, al mismo tiempo, el uso de un gallardete, basado en el diseño de la bandera de los buques de guerra, que debía usarse a tope de palo mayor.

 

Los diseños ganadores del concurso fueron modificados por decisión del propio rey. En efecto, como puede observarse en el diseño del concurso, las tres bandas son de igual anchura y el escudo presenta cuatro cuarteles. Carlos III decidió que el ancho de la banda central amarilla fuese de doble ancho que las bandas rojas, ocupando así la mitad de la bandera.


El escudo fue minimizado asímismo por decisión del rey. La versión sencilla del escudo de España de cuatro cuarteles que vemos encima de estas líneas apareció por primera con Felipe V (1700-1759), el primer rey Borbón, y su diseño demostraría, pasando los siglos, ser la base sobre la que se asentó cualquier diseño de escudo español posterior.

 

El escudo decidido por Carlos III presentaría solo dos cuarteles, uno con un castillo y el otro con un león. El único adorno sería la corona real.

 

En la bandera mercante no habría escudo alguno.

 

 

Banderas decididas por el rey Carlos III.

A la izquierda, bandera que debían enarbolar los buques de guerra

y gallardete que debía usarsea tope de palo mayor.

A la derecha, bandera para los buques mercantes.

Lámina del Museo Naval de Madrid

 

Todo ello iba a quedar plasmado en el Decreto del 28 de mayo de 1785, cuyo inicio del texto indica claramente y  sin lugar a dudas las razones, sencillas y prácticas, por las que se decide un nuevo pabellón naval:

 

 

Decreto del Rey del 28 de mayo de 1785.

Museo Naval de Madrid

 

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas) 

 

 

A la derecha, el texto del Decreto, en el cual he resaltado en negrita la parte donde se decide la nueva bandera naval para los buques de la Armada.

Para evitar los inconvenientes y perjuicios que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la bandera nacional de que usa Mi Armada Naval y demás Embarcaciones Españolas, equivocándose a largas distancias ó con vientos calmosos con la de otras Naciones, he resuelto que en adelante usen mis Buques de guerra de Bandera dividida a lo largo en tres listas, de las cuales la alta y la baja sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total, y la de enmedio, amarilla, colocándose en ésta el Escudo de mis Reales Armas, reducido a los dos quarteles de Castilla y León, con la Corona Real encima; y el Gallardete en las mismas tres listas y el Escudo a lo largo, sobre Quadrado amarillo en la parte superior. Y que las demás Embarcaciones usen, sin Escudo, los mismo colores, debiendo ser la lista de enmedio amarilla y del ancho de la tercera parte de la bandera, y cada una de las partes dividida en dos partes iguales encarnada y amarilla alternativamente, todo con arreglo al adjunto diseño. No podrá usarse de otros Pavellones en los Mares del Norte por lo respectivo a Europa hasta el paralelo de Tenerife en el Oceáno, y en el Mediterráneo desde el primero de año de mil setecientos ochenta y seis; en la América Septentrional desde principio de julio siguiente; y en los demás Mares desde primero del año mil setecientos ochenta y siete. Tendréislo entendido para su cumplimiento.
Señalado de mano de S.M. en Aranjuez, a veinte y ocho de Mayo de mil setecientos ochenta y cinco.
A. D. Antonio Valdés. Es copia del Decreto original. Valdés


 

 

Retrato de Carlos III, por Anton Raphael Mengs, obra fechada en 1761. Museo del Prado, Madrid.

 

 

La nueva bandera para la Real Armada desde 1785

Don Antonio Valdés y Fernández Bazán. Óleo de autor desconocido. Museo Naval de Madrid.


 

De este modo, a partir del Decreto de 1785, la bandera rojigualda fue la bandera de la Real Armada, para la que sería de uso exclusivo, quedando  la blanca como la "oficial"  --por así decirlo--  de España. Hay que indicar lo erróneo de muchos pintores nacionales y extranjeros, que en sus cuadros navales de antes de 1785 pintaban en los barcos españoles la bandera rojigualda, cuando debería ser blanca. Y una puntualización: en el mar el color blanco no significaba rendición; si un barco se rendía ante un enemigo arriaba su bandera nacional, no sacaba trapos blancos.

 

 

 

 

 

 

 

 


EL CAMINO HACIA LA ADOPCIÓN COMO BANDERA NACIONAL

 

Cuando se inicia el proceso para dotar a la Armada de una nueva bandera el ministro de Marina, Antonio Valdés, solicitó en febrero de 1785  --poco antes de la fecha del Decreto, en previsión de tener suficiente material para fabricar las nuevas banderas--  un informe a la Comisión de Acopios de Granada sobre el estado de las fábricas allí asentadas y las posibilidades que tendrían de tejer la nueva bandera que estaba próxima a decretarse. Este dato es indicativo de otra preocupación del rey: en su decisión parece que influyó el conocimiento previo de la calidad y coste de las lanillas que se emplearían en la confección de las futuras banderas.

 

Desde Granada respondieron ensalzando el buen estado de sus fábricas de tejer y la industria de hilados, disculpándose únicamente de no poder tejer escudos de armas ni poder estamparlos porque no existían allí esta clase de fábricas. Pero mostraron su absoluta disposición a suministrar la materia prima por tener sobrado cantidad de lana para abastecer los arsenales de Cartagena, El Ferrol y Cádiz.

 

Posteriormente, Valdés indicó a los Departamentos Marítimos que solicitasen a las fábricas granadinas las lanillas que necesitasen, y de los talleres granadinos salió entre agosto y diciembre de 1785 el material necesario para los nuevos pabellones navales.

 

Del cosido y estampado se encargó, por concurso, el taller mallorquín de Joan Nicolau.

 

Disponibles tras su fabricación, las nuevas banderas comenzaron a verse enarboladas en los buques en 1786.

 

Al año siguiente, los laneros de Granada consiguieron mediante concurso un nuevo contrato para proveer de todas las lanillas que se necesitasen para la Real Armada durante cinco años, es decir, hasta 1792.

 

La nueva bandera naval empezó a utilizarse solamente en buques, extendiéndose de los buques a los arsenales, fuertes y baterías costeras. Paso a paso, iría ampliándose su uso.

 

Así se dispone en la Real Orden de 10 de enero de 1786:

 

Con motivo de preguntar el Capitán General del Departamento del Ferrol si deve arbolarse el nuevo Pavellón nacional de Guerra de Marina en aquel Arsenal pues aunque se gradua el Navio armado duda si para ese caso es lo mismo considerarlo como tal que serlo en realidad, ha resuelto el Rey que en los Arsenales de Marina se arbole la citada Vandera y lo prevengo a V.E. para su inteligencia y observancia en todos los Departamentos, Arsenales y Astilleros de La Habana.

 

El 25 de marzo de 1786, la Junta de Sanidad de Cádiz solicitó para sus embarcaciones el uso de la bandera de guerra con ligeras modificaciones, expresado todo ello en el siguiente escrito:

 

La Junta de Sanidad de esta Ciudad ha usado siempre en sus embarcaciones las Banderas que han tenido las de la Armada, cuya práctica ha seguido sin contradicción ni oposición alguna. Esta práctica se funda en ser un tribunal de S.M. cuyas funciones exigen esta distinción, atendiendo a el importante objeto a que se dirigen; y siendo necesario para verificarlo visitar y reconocer todas las embarcaciones así de guerra como mercantes que entran en el puerto, es debido para la consideración de las unas y respeto de las otras, use del mismo Pavellón que tiene la Marina Real que es el que conocen los marítimos, poniendo a los lados del Escudo de S.M. las dos columnas con el Plus Ultra que es la divisa de esta Ciudad y de cuyo modo ha usado la Bandera Blanca.

 

El 24 de mayo de 1786 recibió contestación favorable :

 

S.M. ha resuelto que usen la Bandera de la Armada no solo los botes de los Castillos y falues de Sanidad, Presidente de Contratación, Capitanes Generales en Provincia y otros que las tengan concedidas sino también las plazas marítimas para que no haya diferencia de Pavellón en mar y tierra.

 

Durante el reinado de Carlos IV el uso se amplió, por las Ordenanzas Generales de la Armada Naval de 1793, a las Plazas Marítimas, Castillos y defensas de las costas. Asímismo se extendió el uso a otros establecimientos de la Armada, como arsenales, astilleros, cuarteles, observatorios o Escuelas de Guardiamarinas.

De ahí a utilizarla en tierra solo había un paso.

No está claro el momento en que por primera vez se enarboló en tierra la bandera de la Armada, lo cual, en todo caso, se habría hecho espontáneamente (la bandera seguía siendo, única y oficialmente, la bandera para la Marina). Al parecer, ese primer paso se dio durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) cuando algunas unidades enarbolaron en tierra la bandera rojigualda. Lo cual hemos de considerarlo absolutamente normal porque, dadas las especiales circunstancias del momento, durante esa guerra se produjo un fenómeno de proliferación de banderas no reglamentarias. Téngase en cuenta, además, que unidades de la Marina tomaron parte en acciones terrestres y, sencillamente, enarbolaban la bandera del cuerpo del que provenían.

 

Lo que es seguro es que en 1812 se utilizó la rojigualda en tierra, concretamente en Cádiz, cosa muy lógica si se tiene en cuenta que Cádiz tenía izada la bandera de la Armada porque la ciudad era una plaza marítima. La plaza gaditana fue sede de las primeras Cortes liberales que proclamaron la soberanía nacional. Así, el símbolo de la Armada empezó a fundirse con la nación. Sin embargo, la primera Constitución Española, la de las Cortes de Cádiz de 1812, no define ninguna bandera nacional.

Bandera rojigualda usada en el sitio de Gerona.

Museo de Ejército.


Como al comenzar guerra las tropas del rey José Bonaparte llevaban banderas blancas, es posible que debido a ello empezase a popularizarse entre las tropas terrestres leales a Fernando VII la bandera bicolor, como la enarbolada durante el sitio de Gerona, hoy conservada en el Museo del Ejército.

 

Durante todo este tiempo, y décadas después, las modificaciones en la bandera de la Armada se centraron únicamente en distintivos particulares para Correos, Hacienda u otros.

 

Paso a paso, la bandera bicolor iba tomando impulso.

Los constitucionalistas de Riego llevaron banderas rojas y amarillas en Cabezas de San Juan y la Milicia Nacional, por Decreto de 31 de agosto de 1820, artículo 71, usó bandera de tafetán formado por dos fajas rojas y una amarilla, intermedia, todas de igual anchura.

 

Durante el Trienio Liberal (1820-1823) la bandera para el mar continuaba popularizándose en tierra. Por ejemplo, el diputado Muñoz Torrero regaló a la Milicia Nacional de Cabeza de Buey (Badajoz) una bandera rojigualda, que oficialmente aún era de uso exclusivo de la Armada. Regaló también el diputado una a las Cortes de Cádiz, que estas tomaron como bandera propia. Es la bandera de las Cortes de Cádiz de 1812 que vemos a la derecha de estas líneas.

 

En 1820, las Cortes dieron a la bandera de la Marina cierto carácter de pabellón nacional pero sin llegar a declararla como bandera de España.

 

Sólo a partir de 1843 , mediante Decreto del 13 de octubre, siendo ministro de Guerra el general Francisco Serrano y Domínguez, presidente del Gobierno el vasco Salustiano de Olózaga,  y bajo el reinado de Isabel II, la bandera rojigualda fue la bandera nacional, abandonando la blanca, al igual que hiciera su bisabuelo Carlos III. La reina tuvo en cuenta que el pabellón nacional había de ser el verdadero símbolo de España y, deseando uniformar la variedad de colores existentes en las banderas de los cuerpos del Ejército, en el Decreto se define a la bandera bicolor como el verdadero símbolo de la monarquía española. Su uso, por tanto, se hace extensivo a todas la fuerzas armadas, terrestres y navales.

 

Hay que entender el sentido de "símbolo de la monarquía española": esta frase se refiere a la nación, no a la Corona en sí. En realidad no es que se hiciera un símbolo monárquico de la nueva bandera, pues a estas alturas, la rojigualda ya estaba extendida y popularizada en toda España, sino que se realizó la adopcón al acoger la bandera popular como símbolo de Estado cuya forma, tal como sucede en nuestros días, era la monarquía. Además, la reina se reservó para sí otro color-símbolo identitario de la Corona, que es el color morado de su pendón Real. En resumen, los colores de la nación son los de la bandera rojigualda, mientras que el color reservado para la Corona será el morado.

 

 

 

Salustiano de Olózaga Almandoz, presidente del Gobierno.

Obra de Antonio Gisbert, 1872.

Congreso de los Diputados, Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

 

Isabel II de España. Detalle del

Retrato de la reina Isabel y su hija,

obra de Franz Winterhalter, 1852.

Palacio Real de Madrid


 

 

Por el citado Real Decreto, en adelante las banderas debían ser todas rojigualdas. Entre otros detalles, se establecía que todas tendrían el escudo circular con las armas reales reducidas al cuartelado de Castilla y León.  Era, ni más ni menos, el diseño del escudo decidido en 1785 por Carlos III, el bisabuelo de Isabel II.

 

La bandera de la Armada se había convertido, ahora sí, en bandera de España.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EVOLUCIÓN DE LA BANDERA ESPAÑOLA

 

 

 

 

 

Una Real Orden de 28 de diciembre de 1843 dispuso que el escudo de armas reales se formara con los cuatro cuarteles de Castilla y León y en punta al de Granada, con el escudete de la Casa de Borbón, y que debajo del escudo debería ponerse la Cruz de Borgoña, asomando sólo los cuatro extremos. A la derecha de estas líneas vemos un ejemplo de una bandera de Artillería en 1844.


 

 

 

La Armada continuo incluyendo en su bandera el acuartelado sencillo de Castilla y León.


Periodo anterior a 1868

Tanto el Gobierno Provisional (1868 – 1871) surgido de la revolución de 1868 ("La Gloriosa") como la monarquía de Amadeo de Saboya (1871-1873), mantendrán la bandera bicolor.

 

Las únicas variaciones se centraron en el escudo. El Gobierno Provisional, bajo dictamen de la Real Academia de la Historia,  diseña el escudo con los símbolos de Aragón, Navarra y Granada añadidos a los ya existentes de Castilla y León.  Asímismo, se introdujeron las columnas de Hércules y se sustituyó la corona real por una mural. Las columnas de Hércules, con la leyenda Plus Ultra, habían aparecido por primera vez en un escudo español a principios del siglos XVI, con Carlos I, de la dinastía Austria.


 

 

 

El rey Amadeo de Saboya introdujo el símbolo de su apellido, dado que él no era Borbón.  Así se disponía, por ejemplo, en la Real Orden de 23 de mayo de 1871... en consonancia con lo dispuesto en el Real Decreto de 19 de marzo último para las Banderas de los Cuerpos de Ejército, que en lo sucesivo, el Escudo de la Bandera de guerra española será el mismo que se ha usado hasta aquí, sin más variación que la de colocar en el óvalo del centro la Cruz de Saboya en vez de las flores de lis.

Escudo de España con Amadeo I de Saboya


I República (1873-1874)

Reunidos en Asamblea Nacional congresistas y senadores el 11 de febrero de 1873, resolvieron lo siguiente:

 

La Asamblea nacional resume todos los poderes y declara como forma de gobierno la República, dejando a las Cortes constituyentes la organización de esta forma de gobierno

 

Tras ser proclamada la I República (1873-1874) ese 11 de febrero, el nuevo gobierno también continuó con la misma bandera, la rojigualda, pero volviendo a escudo primigenio y eliminando en él la corona monárquica. Así se estableció por Órdenes de 2 de octubre de 1873 y de 20 de enero de 1874. 

 

Proclamada la República por las Cortes Soberanas de la Nación, como forma de gobierno que ha de regir al país, es una consecuencia inmediata de esta alteración tan radical en las instituciones, la desaparición de todos los signos exteriores que representen los atributos de la Monarquía; en esta virtud, el Gobierno de la República ha resuelto se supriman las coronas que hasta ahora han venido usándose en las gorras, así como el escudo de las banderas.


 

 

 

En esta etapa republicana algunos defendieron la idea de cambiar la banda inferior roja por otra azul, pero la idea no fue aceptada. La bicolor estaba arraigada en la nación, identificada con ella.

 

Como ocurriría con la II República mucho después, la I  República tuvo su alegoría, a la que se conoció como La Niña Bonita. Es la que podemos ver a la derecha de estas líneas y que fue publicada por la revista La Flaca, revista liberal del siglo XIX. Obsérvese que el arco iris es la representación de la bandera rojigualda.


Entre 1874 y 1931

Tras la efímera I República, manteniéndose la bandera bicolor, se volvió al escudo con corona real. En 1876, durante el reinado de Alfonso XII (1874-1885) se reintegró el escudo que había existido hasta 1868.

 

Proclamado Rey de España D. Alfonso XII por el voto unánime de la Nación y del Ejército, natural es que se restablezca el Escudo Real en las banderas y estandartes de mar y tierra, en la moneda, en los timbres y donde quiera que se ostentase por ley o costumbre sus gloriosos blasones, antes que en parte los hicieran desaparecer las pasadas discordias. Inútil sería detenerse a justificar una disposición tan claramente reclamada por las nuevas circunstancias en que el país se encuentra, y tan de acuerdo sin duda con los votos de los españoles, deseosos de devolver a la institución monárquica su antiguo y necesario prestigio y sus símbolos históricos.

 

El restablecimiento del antiguo escudo de la Monarquía española es consecuencia indeclinable de la proclamación del Rey D. Alfonso; y por tanto, el Ministerio-Regencia ha tenido a bien declarar lo siguiente:


ARTÍCULO 1°.- La corona Real y el escudo de armas de la Monarquía española, en la forma y con los emblemas que tuvo hasta el 29 de septiembre de 1868, se restablecerá desde las fecha del presente decreto en las banderas y estandartes del Ejército y la Armada, así como en la moneda, en los sellos y documentos oficiales, y en todos los casos anteriormente sancionados por ley o costumbre.


ARTÍCULO 2°.- Los diversos Ministerios cuidarán del puntual cumplimiento del presente decreto.


Firmado: Antonio Cánovas del Castillo.

 

Se publicó una Instrucción, con fecha 10 de diciembre de 1878, en la que se confirma la bandera bicolor como bandera nacional, estableciendo al mismo tiempo detalles identificativos diferentes para banderas de Hacienda, buques mercantes y embarcaciones deportivas. El estandarte de los ministros de la Corona usaría el viejo escudo de solo dos cuarteles.

 

Alfonso XIII (1886-1931) y la Dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) mantuvieron asimismo la rojigualda.

 

Es durante esta época, en 1908, cuando se decreta la obligatoriedad de su uso distintivo tanto en los edificios militares como en las dependencias civiles

 

En 1927 la bandera mercante, aquella de cinco franjas que había elegido Carlos III para esos buques en 1785, fue sustituída por la bandera nacional española pero sin escudo, para satisfacción de los marinos y residentes españoles en Ultramar que deseaban ver la bandera nacional española en sus barcos. Así se dispone en el Real Decreto de 19 de julio de 1927.


Señor: Desde hace tiempo las aspiraciones de la Marina Mercante eran tener una bandera igual a la Nacional, que sustituyera a la que ahora usa, la cual difiere bastante de la anterior; estos mismos deseos han sido significados varias veces por los españoles residentes en Ultramar, que al ver a los buques mercantes, no veían en ellos la verdadera bandera de su patria.

 

En vista de ello, la Dirección General de Navegación propuso, con el apoyo unánime de su Junta consultiva, que la bandera de los buques mercantes fuera la misma que la de los de guerra, con la supresión del escudo nacional, propuesta que fue aprobada por el Consejo de Ministros.

 

En consideración a lo expuesto, el Ministro que suscribe tiene el honro de someter a la aprobación de V.M. el siguiente proyecto de Decreto.


REAL DECRETO

A propuesta del Ministro de Marina, y de acuerdo con Mi Consejo de Ministros, vengo en decretar lo siguiente:


ARTÍCULO 1°.- La bandera nacional de la Marina Mercante estará compuesta de tres bandas horizontales, de las cuales la superior y la inferior tendrán el mismo ancho y serán de color rojo; la banda central será de color amarillo y tendrá doble ancho que las rojas.


ARTÍCULO 2°.- Este Decreto empezará a regir el 1° de enero de 1928.


II República (1931-1939)

La II República cambió el escudo: la corona real fue sustituída por una mural y aparecieron las columnas con la divisa Plus Ultra.

 

Este había sido también el escudo de España adoptado por el Gobierno Provisional de 1868. Se suprimen las tres flores de lis de la Casa de Borbón.

 

El Frente Popular, de motu propio, añadió ramos de roble debajo del escudo nacional. Porque sí.

Escudo nacional con la II República


 

 

 

 

Pero el cambio más importante en la bandera durante la II República ocurrió al sustituirse la banda roja inferior por otra de color morado, en representación de Castilla, “región ilustre, nervio de la comunidad”, dice el Decreto de 27 de abril de 1931.

 

Quienes idearon el cambio se basaron en que durante el levantamiento de los Comuneros contra el emperador Carlos I aquellos enarbolaban pendones morados. Dicho levantamiento ocurrió entre 1520 y 1522. De paso, se hacían a la imaginaria ilusión de emular la existencia de tres colores tal como ocurre en la bandera francesa, recordando así las tres virtudes de libertad, igualdad y fraternidad.

 

Aunque bien es cierto que todas las banderas de repúblicas actuales no llevan tres colores, la idea en los tiempos de la II República era que poner tres colores en la bandera era cosa obligatoria para cualquier bandera republicana que se preciase desde los tiempos de la Revolución Francesa.

 

Y, finalmente, otra de las ideas que impulsaron el tercer color fue la de romper con el pasado, al que se asoció con la monarquía y no con la nación.

 

La Constitución de la II República, de 19 de diciembre de 1931, confirmó la franja de color morado decretada anteriormente por el Gobierno Provisional.

 

La lectura del Decreto de 1931 no deja lugar a dudas:

 

El alzamiento nacional contra la tiranía, victorioso desde el 14 de abril, ha enarbolado una enseña investida por el sentir del pueblo con la doble representación de una esperanza de libertad y de su triunfo irrevocable. Durante más de medio siglo la enseña tricolor ha designado la idea de la emancipación española mediante la República.

 

En pocas horas, el pueblo libre, que al tomar las riendas de su propio gobierno proclamaba pacíficamente el nuevo régimen, izó por todo el territorio aquella bandera, manifestando con este acto simbólico su advenimiento al ejercicio de la soberanía.Una era comienza en la vida española. Es justo, es necesario, que otros emblemas declaren y publiquen perpetuamente a nuestros ojos la renovación del Estado. El Gobierno provisional acoge la espontánea demostración de la voluntad popular, que ya no es deseo, sino hecho consumado, y la sanciona. En todos los edificios públicos ondea la bandera tricolor. La han saludado las fuerzas de mar y tierra de la República; ha recibido de ellas los honores pertenecientes al jirón de la Patria.

 

[...] Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España.

 

Fundado en tales consideraciones y de acuerdo con el Gobierno provisional, vengo en decretar lo siguiente:

 

Artículo 1º.- Se adopta como bandera nacional para todos los fines oficiales de representación del Estado dentro y fuera del territorio español y en todos los servicios públicos, así civiles como militares, la bandera tricolor que se describe en el art. 2º de este Decreto.

 

Artículo 2º.- Tanto las banderas y estandartes de los Cuerpos como las de servicios en fortalezas y edificios militares, serán de la misma forma y dimensiones que las usadas hasta ahora como reglamentarias. Unas y otras estarán formadas por tres bandas horizontales de igual ancho, siendo roja la superior, amarilla la central y morada oscura la inferior. En el centro de la banda amarilla figurará el escudo de España, adoptándose por tal el que figura en el reverso de las monedas de cinco pesetas  acuñadas por el Gobierno provisional en 1869 y 1870. [...]

 

Dado en Madrid, a veintisiete de abril de mil novecientos treinta y uno.= El Presidente del Gobierno provisional de la República.= Niceto Alcalá-Zamora y Torres.

 

El Decreto dice que la bandera tricolor republicana había precedido en más de medio siglo al advenimiento de la II República. Es una completa falsedad, una absoluta mentira, pues la bandera bicolor, como ya vimos anteriormente, pasó de mar a tierra, fue acogida paulatinamente por el pueblo y arraigó en la nación, siendo bandera nacional de todos los gobiernos desde Isabel II. Todos, como el Gobierno Provisional, centraban sus variaciones en el escudo, pero no en el pañol. Todos, incluída la I República, usaron la rojigualda. La I República se limitó a quitar la corona real del escudo conservando intactos los colores de la bandera.

 

El color del pendón de Castilla nunca fue morado, sino rojo. El decreto dice textualmente que se trae por la “tradición” dado que lo define como color distintivo de Castilla. Si los padres de la II República pretendían volver los ojos hacia la Historia trayendo un antiguo color-símbolo para el nuevo régimen republicano se equivocaron completamente. Los comuneros del siglo XVI nunca usaron pendones morados. La franja morada no representa ni a Castilla ni al levantamiento de los Comuneros y es un completo y absoluto error histórico.

 

Dicho de otra forma: el añadido morado se hizo sin ningún rigor histórico y está totalmente infundado.

 

El color “nacional” (por llamarlo así), tradicional de Castilla, es el rojo carmesí. Ocurre algo muy sencillo, simple y elemental, que los exaltados del color morado no tuvieron en cuenta: el componente ligeramente azul del carmesí, por uso, incuria o simple desgaste causado por el paso del tiempo, se va destiñendo y puede que el color rojo original acabe pareciendo morado. Los viejos pendones de Castilla, los pocos que pudieran aún conservarse desde el siglo XVI, desvaídos y descoloridos, dejados de la mano de Dios en algunas iglesias y capillas, en oscuros y mal aislados rincones de un sótano de algún viejo museo de la época, olvidados y desconocidos por la mayoría de la gente, maltratados por el tiempo y la dejadez, pudieron parecer morados, pero ese no era su aspecto original sino el advenido por el paso del tiempo y la labor destructora de la humedad y el polvo.

 

Por otra parte, si los próceres republicanos lo que pretendían era asociar la idea de monarquía con la bicolor, es otra falsedad. La vieja bandera de Carlos III había saltado del mar a tierra, había sido adoptada popularmente y estaba asociada desde mucho tiempo atrás primero a la Real Armada y luego a la nación, no a la monarquía. Y así ocurría desde 1812 en los tiempos de las Cortes de Cádiz, reducto español frente a la invasión napoleónica. Es decir, la bandera rojigualda era la bandera nacional, no la monárquica.

 

Es más, lo que son las cosas: recordemos que Isabel II, la reina que mucho tiempo atrás la había adoptado la rojigualda como bandera nacional en su definitivo salto del mar a tierra, se reservó para sí, como color distintivo de la monarquía, el morado, que lucía en su pendón.

 

El pendón morado era privativo de la reina, al igual que hoy el pendón azul oscuro es el identificativo del rey Juan Carlos I.

 

Y  ...  fíjense por donde  ...  el color morado se había usado por diversas unidades del Ejército español como distintivos particulares de grupos o cuerpos en diversas ocasiones ... ¡bajo las monarquías!

 

Así, por ejemplo, durante el reinado de Carlos IV (1788-1808) la bandera coronela del Cuerpo de Batallones de Infantería de Marina (1802-1843) era de color morado.  O, por ejemplo, durante el reinado de Alfonso XII algunas unidades tales como Veteranos de la Milicia Nacional, Carabineros, o el 14º Tercio de la Guardia Civil, usaban pendones morados.

 

En lo que sí lleva razón el Decreto de 1931 es en que la adopción de la tricolor republicana fue imposición de hechos consumados. No quiero hacer comentarios.

 

Otros argumentos, tratando de justificar con terquedad o como sea el color morado republicano, se inclinan pura y llanamente o bien hacia la especulación o bien hacia la absoluta confusión que demuestra tener los ideólogos y defensores del dicho color morado en la bandera republicana. Por ejemplo, se dice que el pendón morado con un castillo de plata en el centro, era el distintivo de "Los Comuneros", logia masónica que así se autodenominó y que desarrolló su influencia hacia el año 1820. De ser cierto esto, no dejaría de ser una bochornosa, patética y absurda confusión por parte de los próceres republicanos. Esa logia masónica de principios del siglo XIX no tiene nada que ver con aquellos comuneros que se habían levantado contra Carlos I cuatro siglos antes y enarbolaban su pendón rojo carmesí, que no morado, en la batalla de Villalar.

 

También los hay que sostienen que el color morado se debe a la sana intención de ser ecuánimes añadiendo el color castellano al aragonés, sumándolos. Este ... ¿argumento? ... propio de pazguatos, no tiene ni pies ni cabeza, porque al sumar el rojo con el amarillo el resultado es un color naranja, no morado. Para conseguir el morado habría que añadir componente azul.

Inevitablemente, en la II República cundió la especie de que la bandera roja y gualda servía a modo de distintivo personal de la dinastía destronada, como ya se apuntó anteriormente. En consecuencia, había que desterrarla, sustituyéndola por la de los Comuneros. Se trataba de una estupidez que se llevó adelante a pesar de lo que ya había prevenido el gran don Manuel Azaña sobre los peligros de dejarlas sueltas por Madrid, dado que arraigan mejor que las acacias.

 

Y así fue como, haciendo gala de una brutal ignorancia, se arrojó de los edificios oficiales a la bandera tradicional de España, la arraigada en la Historia recordando los colores de los antiguos reinos medievales, la que se había adoptado popular y espontáneamente en tierra, la que se había enarbolado frente los ejércitos napoleónicos, a la que las Cortes de Cádiz habían otorgado carácter nacional, la bandera que habían conservado todos los gobiernos anteriores a la II República y que había sido en su origen el humilde y sencillo pabellón de la Marina de Carlos III.

 

En los tiempos de la muerte de Francisco Franco, la consecuente desaparición de su régimen dictatorial y la construcción del nuevo estado español democrático y constitucional, se quiso identificar una bandera tricolor con la democracia.

 

Lo cual podría ocurrir  ...  si a lo mejor quizas se diese la casualidad   ...  que deseáramos creer tal idea si la acogemos con ciega fe en la razón histórica falsa que se esgrimió por los republicanos, de forma forzada, y siempre que obviemos tanto el origen como el simbolismo que se quiso dar a dicho color morado. Es decir: siempre que olvidemos la única razón (errónea) que se esgrimió para incluir el color morado en la bandera española. O dicho de otra forma: poniéndonos una venda en los ojos.

 

Sin embargo, hay que hacer constar que desde la muerte de Franco ya ha llovido lo bastante para que hoy se confirme que no es otra que la bandera rojigualda, aquella del concurso de Carlos III, la que identifica y simboliza a nuestra actual España democrática.


Primer periodo del franquismo

En julio de 1936 se produjo la sublevación militar contra la II República. Muchos de los sublevados se alzaron enarbolando la bandera republicana de tres colores, hasta que un Decreto del general Cabanellas, dado en Burgos el 29 de agosto de 1936, abrió paso a la bicolor.

 

Poco después, el 19 de septiembre, se ratificaba en el bando sublevado que la bandera debía ser la bicolor, pero se señalaba que el escudo en el centro debía ser el republicano.

 

El cambio más llamativo en la primera bandera del franquismo fue, mediante Decreto de 2 de febrero de 1938, la introducción del águila de San Juan (1938-1945). También se cambió el resto del escudo, abandonando tanto el sencillo decretado por Carlos III como el republicano que se lucía hasta el momento, adoptándose la simbología de los Reyes Católicos, incluídos el yugo y las flechas. Así lo expresaba dicho Decreto:

 

El escudo de España se constituye con la heráldica de los Reyes Católicos, sustituyendo las armas de Sicilia por las del antiguo reino de Navarra, con la que se integran los blasones de las agrupaciones de estados medievales que constituyen la España actual.

 

En virtud del artículo 2 del mismo Decreto, se añadió la famosa divisa "Una, Grande, Libre":

 

El todo sobre águila de San Juan pasmada, de sable, nimbada de oro, con el pico y las garras de gules; éstas armadas en oro. A la derecha de la cola del águila, un yugo de gules con sus cintas de lo mismo, y a la izquierda, un haz de flechas de gules, cons sus cintas de los mismo.

En la divisa, las palabras: "Una", "Grande", "Libre".


El todo flanqueado por dos columnas de plata, sobre ondas de azur, surmontadas por corona de oro. En la del lado derecho se enrosca una cinta con la palabra "Plus"; en la del lado izquierdo, otra con la palabra "Ultra".


Dado en Burgos, a dos de febrero de mil novecientos treinta y ocho.- Segundo año triunfal.- Francisco Franco.- El Ministro del Interior, R. Serrano Suñer.

 


Segundo periodo del franquismo

Por Decreto del 11 de octubre de 1945, varios años después de terminada la atroz Guerra Civil Española (1936-1939), se amplió considerablemente el tamaño del águila , manteniéndose los demás símbolos (columnas, yugo, haz de flechas, etc). Esta bandera fue la vigente desde 1945 hasta 1977.

 

Hubo algunos Reglamentos para el uso de banderas, insignias y distintivos. Una Orden, tan extraña como curiosa, que solo estuvo vigente desde 1961 hasta 1968, sustituyó la tradicional bandera de combate, que ofrecían a los buques de guerra las diputaciones, municipios y otras corporaciones, por un símbolo constituido por un banderín con los colores y escudo nacionales. En mayo de 1968 se restableció la bandera de combate tradicional de la Armada.

 

Francisco Franco murió el 20 de noviembre de 1975, pero antes de su muerte España ya había empezado a cambiar. En poco tiempo desaparecería su régimen y la bandera con el águila de San Juan.


Periodo de la Transición

(1977-1981)

 

Durante el periodo de la Transición se modificó el diseño del escudo con el águila de San Juan: las alas del águila se abren y acogen las columnas de Hércules.

 

Tal modificación quedó establecida mediante Real Decreto n° 1511, de 21 de enero de 1977, por el que se aprobó el Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos (B.O.E. 156, de 1 de julio de 1977).

 

Otra modificación que se dispone en cuanto a escudo, en relación con el anterior, es la colocación de la divisa "Una", "Grande", "Libre".

 

Esta bandera tendría una corta vida pues la Constitución Española había sido aprobada en 1978 y solo era cuestión de tiempo la desaparición del escudo franquista.


Desde 1981

En la Constitución Española de 1978 se definió la bandera nacional, que sería la secular bandera española bicolor con la franja central amarilla de doble anchura que cada una de las rojas.

 

Sin embargo el artículo 4.1 sólo indica el diseño del paño pero no dice nada respecto al escudo. Este quedaría regulado posteriormente por ley.

 

En efecto, el 5 de octubre de 1981, en la Ley 33/1981, (BOE nº 250, de 19 de octubre de 1981) queda definitivamente regulado y definido el escudo oficial de España.


 

 

 

El escudo actual tiene un aspecto general similar al que fue utilizado en otros momentos históricos; como ejemplos, por el Gobierno Provisional (1868), por la II República y por los sublevados franquistas en los primeros momentos de la sublevación militar.

 

En la Ley 33/1981 se establecen excepciones de uso para monumentos o edificios históricos. Esta disposición dice así:


 

 

 

Se mantendrán los escudos existentes en aquellos edificios declarados monumentos histórico-artísticos. Igualmente se mantendrán en aquellos monumentos, edificios o construcciones de cuya ornamentación formen parte sustancial o cuya estructura pudiera dañarse al separar los escudos.

 

En cuanto a la bandera, su utilización oficial queda establecida por la Ley 39 de 1981, de 28 de octubre, (Boletín Oficial del Estado, número 271, de 12 de noviembre). Entre otras disposiciones, esta Ley establece que :

 

La bandera de España deberá ondear en el exterior y ocupar el lugar preferente en el interior de todos los edificios y establecimientos de la Administración central, institucional, autonómica, provincial o insular y municipal del Estado.

 

Al parecer, para algunos no estaban esas líneas lo bastante claras, así que una sentencia del Tribunal Supremo del 24 de julio de 2007 aclara:

 

La bandera debe ondear diariamente con carácter de permanencia, no de coyuntura, no de excepcionalidad sino de generalidad y en todo momento.

 

Dejo al lector la opción de comprobar si se cumplen la Ley y la sentencia del Tribunal Supremo. Por ejemplo, en algún edificio universitario, dado que las universidades son administración institucional.

 

Complementando lo dicho y resumiendo la legislación sobre la bandera española actual y el escudo oficial que en ella figura, se expone a continuación el marco legal de ambos.

 

MARCO LEGAL DE LA BANDERA

 

  • Constitución Española (artículo 4.1)
  • Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la bandera de España y el de otras banderas y enseñas (BOE núm. 271, de 12 de noviembre)
  • Real Decreto 441/1981, de 27 de febrero, por el que se especifican técnicamente los colores de la Bandera de España (BOE núm. 64, de 16 de marzo)
  • Artículos 18, 19 y 20 de la Ley 85/1978, de 28 de diciembre, de Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas (BOE núm. 11, de 1979)
  • Real Decreto 1511/1977, de 21 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos  (BOE núm. 156, de 1 de julio de 1977)

 

MARCO LEGAL DEL ESCUDO

 

  • Ley 33/1981, de 5 de octubre, del Escudo de España (BOE núm. 250, de 19 de octubre de 1981)
  • Real Decreto 2964/1981, de 18 de diciembre, por el que se hace público el modelo oficial de Escudo de España (BOE núm. 221, de 15 de septiembre)
  • Real Decreto 2267/1982, de 3 de septiembre, por los que se especifican técnicamente los colores del escudo de España (BOE núm. 221, de 15 de septiembre)

 

Así pues, hemos comprobado que la bandera rojigualda, desde su nacimiento como pabellón para la Real Armada, tiene una secular historia. Desde su paso a bandera nacional, ha sido utilizada por todos los gobiernos españoles que han existido, fuesen del signo que fuesen, con la única excepción de la versión tricolor de la II República. Se identificó con la nación desde los tiempos en que Cádiz era, como plaza marítima, el único lugar de la España peninsular al que no llegó la invasión napoleónica. Fue adoptada por el pueblo, y este se identificó con ella en cualquier lugar de la geografía española. Fue la bandera de España con la monarquía borbónica a partir de Isabel II, como lo fue con la monarquía de Saboya, Gobierno Provisional, régimen republicano del siglo XIX, restauración borbónica, franquismo y democracia.

 

En esta página web se ha intentado hacer un apunte histórico sobre el origen y evolución de una bandera que es símbolo nacional. Es posible que a ojos del lector este apunte histórico parezca dirigido a los que sin razón para ello reniegan de la bicolor alegando peregrinas razones, tales como acusarla de bandera "franquista", "antidemocrática" u otras lindezas por el estilo. No le faltará razón al lector, aunque no era esa la idea que impulsó la composición de este artículo :   la principal y genuina idea es ayudar a conocer el origen histórico de la bandera española. De alguna forma, la perviviencia de esta bandera nos indica que, aunque la Historia la escriben los vencedores, al final la verdad histórica acaba saliendo a la luz con el tiempo. Que por mucho que haya facciones e ideologías que traten de apropiarse de los símbolos del pueblo, no son estos los que se los arrebatan, sino el propio pueblo el que se los deja arrebatar.

 

Cabe también preguntarse qué hubiera pasado si hubiéramos mantenido la bandera que durante mucho tiempo, y a lo largo y ancho de todo el mundo,  representó a España como nación  -e Imperio-  (sobre todo en el exterior):  la antes mencionada bandera con la Cruz de Borgoña, herencia de Felipe El Hermoso (junto con Flandes). No fue sino por una mera cuestión práctica (evitar su confusión en el mar con la de otras naciones), por un mero accidente de la Historia, que se produjo el cambio, realizado desde la humildad y sencillez. Quizás hoy día no pensaríamos que aquel noble símbolo (la Cruz de Borgoña) es simplemente parte de la simbología carlista (otro triste caso de apoderamiento de símbolos comunes), sino una seña de nuestro pasado común. De nuestra Historia.

 

La rojigualda, como símbolo nacional histórico y popular, no debe ser propiedad de una ideología o grupo social y/o político, sino de todos los españoles, aislando a quienes intentan apropiársela, o por el contrario rechazándola, para sus intereses políticos particulares, confirmándola así como símbolo de España contra quienes insistiendo en un error histórico, defienden la bandera tricolor.

 

El autor de estas líneas ha podido comprobar otras páginas web donde algunos políticos, en un ejercicio supino de ignorancia y demagogia, defienden la tricolor y su color morado con el argumento de que  --atentos--  la bandera española rojigualda y constitucional tan solo es "una simple cuestión de heráldica".  Tales políticos, además de no sonrojarse por expresar tamaña estupidez, demuestran no distinguir la heráldica de la vexilología. Tampoco les vendrían mal unas nociones sobre Historia de España. Eso sí: suelen salir muy contentos y sonrientes en alguna fotografía a la sombra de una bandera republicana.

 

Por todo ello, el conocimiento de dónde procede nuestra bandera y el estudio de su permanencia histórica, su contenido histórico, el hecho de asegurarse de que sus colores y escudos recogen y resumen tanto siglos de historia española como su aceptación popular, son razones que significan la normalidad de uso de la bandera como símbolo común por todos los españoles. Cosa que, al igual que ver a todos unirse bajo el mismo símbolo común, identificados con él, es una manera de haber superado algunos viejos fantasmas. O ignorancias históricas.

 

 

 

 

Este artículo se ha dedicado a dos de los tres

símbolos de  España:  la bandera y el escudo.

 

El tercer símbolo es el himno nacional.  Pero esto  ...  es otra historia.

 

 

 

 

 

 

Escribir comentario

Comentarios: 14
  • #1

    Carlos J. Gallardo (martes, 25 septiembre 2012 19:00)

    Fenomenal y exhaustivo estudio de nuestra bandera. Mi agradecimiento por el trabajo y tiempo empleado.

  • #2

    Crivi (martes, 25 septiembre 2012 20:06)

    Magnífico trabajo. Sólo eché de menos la evolución del escudo, pero entiendo que forma parte de otro estudio.

  • #3

    singladuras (miércoles, 26 septiembre 2012 15:15)

    Muchas gracias a tí, Carlos J. Gallardo, por tus satisfactorias palabras que son obsequiosas y agradables para mí. Los relatos de esta página web llevan su trabajo y su tiempo, pero los visitantes me dais ánimos para continuar.


    Crivi, gracias a tí también, que has visitado esta página web y te has tomado tu tiempo en leer y dejar un comentario. En efecto, el estudio es, fundamentalmente, sobre la bandera. Al escudo era necesario referirise pero no era el objeto principal de este estudio.

  • #4

    José (miércoles, 02 enero 2013 14:25)

    Muy, pero que muy buen artículo. Muchas gracias por compartirlo.

  • #5

    singladuras (viernes, 04 enero 2013 01:02)

    Muchas gracias a tí, José, por tu visita e interés.

  • #6

    Susana (jueves, 10 enero 2013 20:59)

    Excelente. Gracias a gente como tú podemos salvarnos de la ignorancia, suponiendo que has intentado ser lo más objetiva posible.
    Hoy en día hay bastante gente ignorante que tal y como están las cosas en España detestan la democracia y se declinan por el fascismo (algo que veo bastante absurdo) o por la república.
    No quisiera hablar sin argumentos y sin haber constatado las cosas antes, pero observo bastante la inmensa cantidad de ignorantes que rechazan la democracia por lo anteriormente citado [ bajo mi humilde opinión creo que un "bache" (la crisis), es decir, un solo argumento no es suficiente ni justifica el rechazo de ningún sistema] y quieren una república por el mero hecho de la publicidad de los actos de gobierno, aboliendo así el secreto de Estado.
    Muchas gracias por el blog, y digo gracias porque es de agradecer la difusión de cultura, sobre todo cuando se es un ignorante como yo que pretende salir de ello, pero todas las opiniones de la gente de mi entorno son muy subjetivas y hasta ahora tampoco he encontrado gran cosa en internet.
    Por último, pido disculpas si he dicho algo errado en mi explicación de la situación actual (o por lo menos en mi entorno), porque como ya te he dicho, a mis 17 años y viviendo en un pequeño pueblo rodeada de bastante gente que su única aspiración en la vida es ser albañil, pastor/a, o peluquero/a no es fácil encontrar información.
    Y vuelvo a repetir, de verdad, que muchas gracias por tu iniciativa, trabajo que requiere y el tiempo empleado en esta web.
    Muchos ánimos, espero que sigas adelante con esta excelente web.

  • #7

    román (jueves, 28 febrero 2013 13:45)

    Estando gobernada España y Francia por borbones en el siglo XVIII, los buques de sus armadas así como sus ejércitos enarbolaban la misma enseña, la blanca de su dinastía. Esto daba lugar a infinidad de confusiones entre los buques de guerra, sobre todo con los ingleses en épocas de guerra.
    En 1875 y cerca de las islas Canarias tuvo lugar un grave incidente marítimo con Inglaterra, estando ésta en paz con España pero en guerra con Francia. La armada inglesa hundió dos buques españoles al confundirlos por culpa de la bandera blanca de los borbones por navíos franceses.
    A partir de este suceso el rey Carlos III mandó adoptar una bandera diferente para la armada española. Como antes de ser rey de España lo había sido de Nápoles y Sicilia, reinos cuyos buques habían enarbolado la misma enseña que la de la Corona de Aragón, adoptó los colores rojigualdos de los gallardetes de la armada napolitana, que por razones de visualidad en el mar eran horizontales y más fáciles de identificar por la viveza de su color.
    Má tarde, en 1843, Iasabel II adoptó la bandera rojigualda también para sus ejércitos y más tarde para España.
    Se puede decir por tanto que las tradionales barras rojas y amarillas de la enseña de la Corona de Aragón son la madre de la española.

  • #8

    Tiburcio de Redín y Cruzat (lunes, 25 marzo 2013 10:16)

    El articulo, como todos los de este blog, esta magníficamente documentado y brillantemente escrito.

    Pero me permito señalar un pero.
    Los términos de "completa falsedad", "una absoluta mentira", etc... con los que se califica la actuación de los líderes republicanos en el momento de la aprobación de la constitución de 1931, me parecen a todas luces exagerados y deslucen el conjunto del articulo.

    Sin negar la incorrección histórica en la que se basan los argumentos republicanos , y que tan documentadamente expone el autor del artículo, hay que situar los hechos en su contexto histórico.

    Intentare explicarme brevemente:
    Los líderes republicanos habían sido perseguidos, torturados y encarcelados por un sistema político monárquico que tenía como símbolo la bandera bicolor. Un sistema político monárquico basado en la corrupción, y que tenía como pilares de su sustento la dictadura militar y el caciquismo.
    Con esos antecedentes es natural y humanamente entendible que por parte de los próceres republicanos se pretendiera enterrar cualquier vestigio del pasado y entre ellos la bandera que lo simbolizaba.

    ¿Qué ello se hizo cometiendo graves incongruencias históricas? Si

    ¿Qué es algo perfectamente entendible y hasta defendible si se sitúa en el contexto político –social? También.

    Por último animar al autor del blog a que continúe con su labor de aportar su granito para recuperar la memoria de la brillante historia naval española.

    Yo por mi parte espero impaciente su próximo articulo.

  • #9

    Juicers Reviews (martes, 16 abril 2013 07:38)

    This is an excellent article! Thanks for sharing with us!

  • #10

    Gabi (martes, 08 octubre 2013 20:35)

    Estoy de acuerdo en el núcleo de las argumentaciones y creo que el artículo es muy instructivo y veraz, pero observo un poso de agresividad, seguramente justificado sentimentalmente, contra la tricolor de la II República Española, forma oficial de nuestro Estado de 1931 a 1939. Por este motivo, aunque solo sea por este motivo (España fue conocida en todo el mundo en ese periodo con ese simbolo) aún demostrando el error imperdonable de las argumentaciones sobre el color morado, creo que todos los españoles deberiamos querer y respetar también, junto a nuestra actual bandera, aquel simbolo republicano, tan español como el actual, aunque sus promotores estuvieran equivocados, pues se diseñò y utilizó como máximo emblema de nuestro amado país España. Ese simbolo no lo es anti España, sino otra forma de ser España. Y hariamos bien en respetarla tanto como a la actual, pues solo así los partidarios de ella podrian correspondernos con su reespeto. No he oido palabras más grandes que las de Santiago Carrillo (con todos su defectos) cuando les dijo a sus correligionarios que le criticaban por poner la rojigualda en sus actos aficiales internos, que "No hay color morado que valga una sola vida".
    Saludos.

  • #11

    autodidacta empedernido de la historia de España (miércoles, 13 agosto 2014 05:12)

    Te felicito y agradezco por tu esfuerzo. Increíble. Muy fácil y paso a paso. De nuevo, increíble.
    Conocer lo que has publicado es a día de hoy muy importante, con tantas medias verdades regaladas como se pueden encontrar por ahí. Me quito el sombrero.

  • #12

    Filomena Maturano (sábado, 21 febrero 2015 19:14)

    Me ha resultado un documento muy interesante, a la par que fácil de interpretar, ya que se ha ido al "meollo" de la cuestión, dejando de lado los cuarterones y cuarteles. Lo dicho. Muy interesante.

  • #13

    Español de España (miércoles, 11 marzo 2015 13:31)

    Gracias por esta magnifica recopilacion de hechos historicos.
    Como mencionan algunos de los comentaristas e incluso usted, el escudo no es el tema principal. Escudos de España que tambien tienen capacidad para otro tema, que tratado con la brillantez de este, puede ser tambien interesantisimo.
    Mis felicitaciones por su trabajo.

  • #14

    Alejandro (viernes, 12 agosto 2016 00:44)

    Magnifico trabajo de investigación, no podemos permitírnos el lujo de olvidar la historia de nuestro Pabellón que gobernó los mares durante siglos.
    Con todo lo explicado en el artículo me surge una duda, ¿tenemos en España una distinción para el Pabellón de guerra? Los británicos mantienen la bandera con la cruz de San Jorge y la Unión Jack en el extremo como bandera de guerra de la Royal Navy y con fondo rojo y el extremo con la Unión Jack para el resto de barcos "no de guerra". Nosotros tenemos la rojigualda con la corona para barcos de recreo y la misma pero sin escudo para marina mercante (creo). ¿Se reserva la bandera con el escudo nacional solo para buques de la Armada o también para otros barcos del Estado?
    Muchísimas gracias por el trabajo, esta página me ha enseñado muchas cosas de nuestra historia que desconocía.

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