LA GUERRA DEL ASIENTO

 

 

El Almirantazgo británico, continuando con sus ambiciosos planes, y aunque la guerra aún no había comenzado, discutía las acciones a realizar. Como se ha indicado en el CAPÍTULO 1 y en el CAPÍTULO 3, en una guerra planteada para conseguir tanto el control de comercio americano como hacerse con las posesiones españolas el desarrollo general de las operaciones debía consistir en hacerse dueños del Caribe y, simultáneamente, estrangular el comercio español, lo que obligaba a hacerse con el istmo de Panamá, dividiendo así la América española. Al controlar el istmo de Panamá simultáneamente con el Caribe, con tan efectivo golpe de mano, la Centroamérica española quedaría aislada. Con esta idea se organizaron dos líneas principales, una al mando de Vernon en el Caribe, la línea principal, y otra escuadra al mando de Anson iría al Pacífico. Enviar a Anson al Pacífico, como ya se señala en otras ocasiones en este estudio, era una decisión que estaba tomada antes de iniciarse la guerra con España, como un elemento más en la planificación global de asalto a las posesiones españolas.

 

En el Caribe se desechó La Habana como primer objetivo, a pesar de que era el puerto español más importante en la zona, porque el Almirantazgo pensó que era imposible conquistar la plaza por mar a pesar de la superioridad naval británica. Por tanto las operaciones simultáneas para estrangular el comercio y rutas españolas debía hacerse dominando el istmo de Panamá por el Pacífico y conquistando Cartagena de Indias en primer lugar. Conseguido este objetivo, las posesiones españolas caerían como fichas de dominó, incluida La Habana. Había una cuestión importante: para que el ataque tuviera éxito era imprescindible la coordinación en los golpes a un lado y otro del istmo de Panamá. Establecido el contacto de las fuerzas presentes a ambos lados del istmo, se procedería a realizar la expedición que haría caer Perú.

 

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Idea esquemática del plan inglés para el estrangulamiento de América en el istmo de Panamá. Mapa de elaboración propia.

Así, el 18 de septiembre de 1740 zarpó la escuadra del comodoro George Anson.

 

Como sabemos, Inglaterra tuvo dificultades para completar las dotaciones de tantos buques como tenían previsto armar y enviar contra España en esta guerra, y la escuadra de Anson no fue una excepción.

 

Ante la falta de personal se recurrió, por un lado, a sacar enfermos internados en el hospital de Chelsea, muchos gente mayor de 60 años, y por otro lado se reclutaron jóvenes que nunca habían navegado ni disparado un mosquete.

 

Añádase el retraso en conseguir provisiones (aguada, galleta, tocino, etc.) y pertrechos para un viaje tan largo y durante tanto tiempo. Todo esto, además de suponer una mala logística, retrasó la fecha de salida prevista, lo que dificultaba la coordinación con las acciones previstas en el Caribe.

 

El retraso, la logística y otras circunstancias, acabarían por desbaratar la misión.


Esta escuadra, mal equipada, constaba de los siguientes buques:

 

 

(Anson)                          Centurion (60)

Gloucester (50)

Severn (50)

Pearl (42)

Wager (24)

Tryal (14)

 

 


Le acompañaban dos cargueros de apoyo que, una vez cumplida su misión de aprovisionar en mitad del Atlántico regresaron a Inglaterra.

 

Anson llega el 25 de octubre a Madeira, donde descansa durante una semana, y se reaprovisiona de vino y alimentos frescos. Aprovecha también la estancia para mejorar la instrucción de los hombres bajo su mando. Tras desembarcar enfermos y moribundos, vuelve a zarpar y navega hasta llegar, el 18 de diciembre, a las inmediaciones de Santa Catalina, en la costa brasileña. Deja en este puerto nuevas bajas debidas a enfermedades.

 

España temió en un principio que esta escuadra atacase Montevideo o Buenos Aires, por lo que despachó avisos a los gobernadores para que tuviesen preparadas las milicias. Asombrosamente, no se tomó la decisión de enviar barcos y tropas. Y no se tomó esa decisión porque, una vez más, los servicios de espionaje español funcionaron a la perfección: se informó puntualmente a Madrid de la salida, destino y objetivo de Anson en el Pacífico. Se supo que su destino no era el Mar del Plata. De modo que de El Ferrol sale 7 de octubre de 1740 una escuadra al mando de José Pizarro, que debe dirigirse a puertos del Cantábrico debido, por un lado, al mal tiempo con fuertes vientos contrarios y, por otro lado, para completar abastecimientos. La escuadra está compuesta de los buques:

 

 

(Pizarro)                                    Asia (64)

Guipúzcoa (64)

Hermiona (54)

Esperanza (50)

San Esteban (50)

 

 


Como tropa, esta escuadra embarcaba un batallón de infantería (500 soldados).

Plano de Santa Cruz de Tenerife, sus castillos y baterías, muelle, costa y sondeo. Por ingenieros militares.

Levantado en 1740.

Museo Militar Regional de Canarias.

Imagen actual de Santa Cruz de Tenerife


La salida fue en falso dados los vientos contrarios y los temporales, por lo que tuvo que volver a puerto y zarpar de nuevo el 22 de octubre de 1740. El paso de los días apremiaba a Pizarro porque tenía orden, nada menos, que de adelantar a Anson, pasar el Cabo de Hornos antes que él y combatirle en el Pacífico sur, donde los ingleses no tendrían capacidad de recibir refuerzos ni escapar. En las fechas de la salida de Pizarro, Anson estaba a punto de alcanzar Madeira. Es decir: el inglés llevaba ya un mes de ventaja. La navegación de la escuadra de Pizarro no fue nada fácil pues al hacer aguada y reponer provisiones en Santa Cruz de Tenerife la tripulación ya se encontraba mermada en 31 muertos y más de 300 enfermos. Y para cumplir su misión no podían entretenerse mucho en ninguna escala. Pizarro abandona Canarias el 17 de noviembre de 1740.

 

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Informe manuscrito de José Pizarro, a bordo del navío Asia, en el que detalla el número de fallecidos en cada buque durante el trayecto de Canarias a Montevideo.

El documento se conserva en el Archivo General de Simancas.

 

Extraido de: La Guerra de la Oreja de Jenkins: un conflicto colonial (1739-1748).Tesis doctoral, Jorge Cerdá Crespo, Universidad de Alicante, 2008.

 

Pizarro llega a la ensenada de Maldonado, en Mar del Plata, a principios de enero de 1741, intentando dar caza a la escuadra inglesa. A su llegada a Mar del Plata la expedición española había sufrido 137 muertos en su navegación desde Canarias. Necesita reparar y reabastecer los navíos. También es preciso dar tiempo de descanso a las tripulaciones. Asímismo, conviene esperar a que los enfermos se recuperen, si no mueren antes.

 

Pizarro quiere reaprovisionarse para dos meses y medio, pues su próxima escala prevista es La Concepción, costa chilena, ya en el Océano Pacífico.

 

Estando en Montevideo,  a Pizarro le informan de que Anson se encontraba en la posesión portuguesa de Santa Catalina (en el sur del actual Brasil) desde el 21 de diciembre. Impresionante Pizarro: el inglés (que zarpó un mes antes que la escuadra española) está más al norte que él.


Luego, más avanzado el mes, se entera de que Anson ha zarpado de Santa Catalina el 18 de enero, rumbo a Patagonia. Con esta información, Pizarro se da cuenta de que al inglés le ha comido su ventaja inicial, pero también de que en estos momentos Anson ya habría sobrepasado ampliamente la latitud de Montevideo. Cabía la posibilidad de que llegase al Pacífico antes que Anson. O incluso, si los vientos y la fortuna le son benefactores, quizás lo alcanzase antes de llegar al Cabo de Hornos. Para dar caza al inglés no había tiempo que perder. Pizarro decide zarpar con urgencia el 1 de febrero rumbo a Tierra de Fuego, sin haber conseguido reaprovisionarse por completo en Mar del Plata.

Retrato de José Alonso Pizarro como virrey de Nueva Granada

Museo Colonial de Bogotá

Anson fondea nuevamente en un lugar llamado Puerto San Julián, entonces sin presencia europea, con la intención de reaprovisionarse de nuevo, especialmente de sal. Pero allí no había casi nada. Se encuentra  ahora al norte del Estrecho de Magallanes, cerca de este. Al hacerse nuevamente a la mar avistan un grupo de cinco buques. Anson queda consternado: son españoles. De inmediato, los ingleses arrojan por la borda todo lo que no es imprescindible e izan todas las velas posibles.

 

Asombrosamente --lo que también nos hace entrever el gran esfuerzo realizado y las cualidades marineras de Pizarro-- los españoles llegan casi al mismo tiempo que los ingleses a la zona de Tierra de Fuego y, en medio de tormentas y temporales, empujados los hacia la Isla de los Estados, con mar gruesa y nieve, el Asia de Pizarro casi llega a apresar al Pearl el 19 de febrero, pero el temporal dispersa los barcos y por la noche, aprovechando la oscuridad, el buque inglés consigue escapar.

 

Pizarro entonces intenta el 28 de febrero pasar de un océano a otro, pero se desencadena otra fortísima tormenta con vientos contrarios que dispersa y empuja los barcos nuevamente hacia el Atlántico. Se produce la trágica pérdida del Hermiona, con toda la gente en embarcada, entre los glaciares del cabo de Hornos. 


Anson se encuentra el 7 de marzo en el Estrecho de Le Marie. El tiempo ahora es inusualmente bueno. Pizarro intenta aprovechar también el momento, continuando la persecución del inglés, tratando así de doblar el Cabo de Hornos. Pero este lugar del mundo es duro, fiero y traicionero; el viento vuelve a rolar y el tiempo cambia nuevamente trayendo un nuevo y violento vendaval del sur. La escuadra inglesa evita, milagrosamente, ser arrastrados hacia la Isla de los Estados. El rumbo desde aquí al Cabo de Hornos es la lotería de la muerte: los barcos, entre la tormenta, con la cubierta siempre mojada y resbaladiza, han de vigilar la posible aproximación de placas de hielo mientras el vendaval va provocando daños en los aparejos.

 

La escuadra de Pizarro, por su parte, se ve envuelta en la misma tormenta y empujada con vientos contrarios. Pizarro, con la pérdida de 300 hombres, en medio de un frío terrible, con los cabos de maniobra rígidos cual si fueran de hierro, escasez de víveres, los navíos muy dañados por los temporales y muchos enfermos, se ve obligado a regresar a Mar del Plata.

 

[ … ] la embarcación de Pizarro, el Asia, sufrió varios accidentes, que tuvieron como resultado la rotura de la gavia, el palo de trinquete, la vela mayor y sobremesana y el mastelero mayor. Además, debido al frío, las enfermedades y a las muertes de la tripulación, se complicó de forma definitiva el paso al Pacífico [ … ]

La Guerra de la Oreja de Jenkins: un conflicto colonial (1739-1748). Tesis doctoral, Jorge Cerdá Crespo, Universidad de Alicante, 2008.


ARRIBA A LA IZQUIERDA: espuma de mar alrededor del Cabo de Hornos. Imagen de Gordon Wiltsie publicada en National Geographic.

ARRIBA A LA DERECHA: espectacular fotografía, publicada en el e-magazin Fondear. Está tomada desde el Santa María Australis, barco del navegante murciano Sem Taboada, durante su paso del Cabo de Hornos en enero de 2008, que le supuso un reto que rozó la temeridad. Taboada confiesa que pasó las peores horas de su vida entre olas de hasta 11 metros, heladas aguas negras, un frío terrible y rachas de viento de 65 nudos. Imagínese el lector los barcos de madera y vela de Anson y Pizarro entre estas aguas que constituyen el mar más peligroso y salvaje del planeta donde a veces no es posible identificar las olas entre el caos de la superficie del agua.

 

DERECHA: ruta de Anson para el paso de un océano a otro. Tras conseguir doblar el Cabo de Hornos los barcos debian vigilar la posible cercanía de placas de hielo mientras eran azotados por vientos cambiantes que los empujaron durante días en todas direcciones, por lo que hicieron derrotas inciertas y variables mientras trataban de reagruparse. Finalmente, lograron poner rumbo al noroeste, proa al Pacífico.

 

Elaboración propia sobre imagen de Google Maps.


Al regresar a Mar del Plata el panorama de la escuadra española era desolador. El navío Guipúzcoa se anegaba. Afanosamente se intentó salvar pero, muy dañado, sin palos, prácticamente sin gobierno, no pudo entrar en Mar del Plata, tras arrojar al agua toda la artillería, y se pierde el 25 de abril cerca de la isla de Santa Catalina, treinta millas al sur de esta, frente a las costas brasileñas. Habían fallecido 250 hombres embarcados. El San Esteban, enormemente dañado, llegó a Mar del Plata, encalló, se intentó reparar pero, tras infructuosos intentos, se calificó de inútil. Del Asia se salvaron solo 58 hombres de una tripulación de 700, pero consiguió arribar a puerto para ser sometido a reparaciones. El Esperanza quedó con sólo 100 hombres de los 450 que embarcaba, pero hechas las reparaciones necesarias, nuevamente fue enviado por Pizarro hacia el Pacífico y esta vez, en solitario, consiguió pasar de océano, único navío de la escuadra que lo consiguió, llegando al puerto de Valparaíso, donde pudo esperar a Pizarro y efectuar nuevas reparaciones.

 

Un conjunto de penalidades inenarrables.

 

Durante el tiempo que duraron las reparaciones en Mar del Plata, Pizarro se entera de que dos buques ingleses habían regresado a Río de Janeiro muy maltratados y con muchas bajas. El resto de la escuadra de Anson habría, seguramente, conseguido doblar el Cabo de Hornos, aunque lo dudaba, porque se habían encontrado con las mismas tormentas que él. No obstante, envía aviso por tierra a las autoridades en Perú, alertando de la posible presencia de barcos ingleses en las costas chilenas.

En efecto: aunque los elementos parecian haberse aliado con la pérfida Albión, la escuadra inglesa sufrió también gravísimas pérdidas. Al escorbuto, que estaba extendido entre las tripulaciones, añádase que los navíos ingleses Severn y Pearl fueron incapaces de doblar el Cabo. Rotas todas las vergas y masteleros, muerta la mayor parte de la gente, navegando lenta y penosamente entre el hambre y la sed, se dirigieron a Río de Janeiro, fondeando en este puerto el 30 de junio. Desde allí regresarían más tarde a Inglaterra. Los otros cuatro barcos a que se había reducido la escuadra de Anson consiguieron pasar al Pacífico perose dispersaban navegando con dificultades, cercanos a una costa toda española. Acordaron puntos de reunión para no perderse de vista unos a otros. El Wager, el más dañado, se hizo pedazos al sur de la isla de Chiloé, en la costa chilena, en un naufragio en el que pereció casi toda su tripulación (se salvaron sólo 4 hombres). Los supervivientes fueron hechos prisioneros por las autoridades españolas.

Vista desde el este de la isla del archipiélago Juan Fernández a la que arribaron los ingleses. La ilustración procede del libro A Voyage Round the World in the Years 1740-1744, escrito por Richard Walter y publicado en 1748.

Con los barcos muy dañados, incapaces de navegar juntos, acordaron un nuevo punto de reunión: el archipiélago Juan Fernández, aquel lugar donde trancurrió la soledad del náufrago Robinson Crusoe (en esta web hay un artículo al respecto: Robinson Crusoe, ese español). Cada barco, individualmente, debía intentar llegar. Algo parecido a "sálvese quien pueda". Para llegar allí debían cruzar los dedos porque los navíos que quedaban (ya solo tres) se desguazaban por instantes, con riesgo de zozobrar en cualquier momento. 

 

El Tryal, muy dañadoquedó con sólo su capitán, su segundo y tres hombres. Pasado un tiempo, cuando capturaron mercantes españoles, lo echaron a pique. 


El Centurion, navío de Anson, tenía reventado el costado de estribor y navegaba tumbado, de milagro, con balances desmedidos, además de haberse quedado prácticamente sin velas. Cuando el 9 de junio de 1741 avistó en solitario al archipiélago sólo llevaba 40 hombres, todos agotados o enfermos. El Gloucester consiguió acercarse semanas después al archipiélago, también muy dañado. Los hombres de Anson enviaron botes para intentar acercarlo a tierra, pero fueron incapaces de llevarlo a fondeadero, de manera que el Gloucester no pudo echar ancla en el fondeadero y lo hizo un poco mar adentro. Embarcaba sólo 92 hombres llevados a la isla para recuperarse. Luego trabajaron para salvar el navío haciendo reparaciones como buenamente pudieron.

Lo que quedaba de la escuadra de Anson se mantuvo en la isla alrededor de dos meses. Tuvieron fortuna, pues las islas disponen de agua dulce y suficientes recursos. Con los alimentos frescos, los hombres se fueron recuperando.

 

Pizarro vuelve a intentar nuevamente el paso al Pacífico entre diciembre de 1741 y enero de 1742 con el navío Asia, con resultado negativo, regresando de nuevo a Mar del Plata. Ante las dificultades y las penalidades, hubo un intento de rebelión de parte de la tripulación, que pudo ser controlada tras ejecutar a dos sediciosos y enviar a prisión a otros siete. Entonces deja en reparaciones el navío Asia y se dirige a Chile por tierra, un viaje muy largo que llevaría mucho tiempo. Allí consigue rehabilitar comnpletamente el Esperanza. A este barco se unieron otras embarcaciones menores (dos mercantes, que fueron armados) con las que patrullar y proteger las costas españolas del Pacífico.

 

Pero hemos de volver con Anson, al que habíamos dejado reponiéndose en el verano de 1741. Para entonces ya de nada servía la expedición de Anson porque Vernon, con cuyas fuerzas debía combinar la acción de estrangulamiento en el istmo de Panamá, había sido derrotado en Cartagena de Indias el mes anterior y se había retirado a Jamaica con graves pérdidas. Se mantuvo Anson en las islas hasta septiembre. De haber actuado convenientemente las autoridades españolas seguramente se hubiera interceptado allí mismo lo que quedaba de la escuadra de Anson, pero se le dejó escapar. Cuando en Centurion volvió a estar en disposición de navegar, en el otoño de 1741, capturó algunos mercantes españoles. Supo, entonces que sus compatriotas habían fracasado en el Caribe.

 

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Vista actual de Paita, al norte de Perú, hoy localidad portuaria y turística.

Localización de Paita e islas de Juan Fernández. Elaboración propia sobre Google Maps.


La misión de Anson ya no tenía sentido. Ya ningún objetivo tenía en el Pacífico al haber fracasado el plan estratégico inglés pero no obstante, entre el 13 y el 15 de noviembre de 1741, sus hombres saquearon el pequeño e indefenso puerto peruano de Paita, apoderándose del fuerte sin resistencia porque estaba abandonado. En el viaje desde las islas de Juan Fernández hasta Paita habían capturado algunas embarcaciones mercantes. Del desabastecido puerto de Paita, Anson se apoderó de un poco de harina, de botijas de vino y de todo aquello que le pareció de valor en un pequeño pueblo de pescadores. Pero … oh , sorpresa … en Paita había iglesias … así que decidió saquearlas también y se llevó todo el ornamento y la plata que encontró.

Ocurriéndole apropiárselos, hizo rumbo hacia el puerto y se antuvo mar afuera para no ser descubierto hasta la noche, durante la que destacó 50 hombres en los botes. Llegados al pueblo, lo entraron disparando fusiles y tocando cajas, que pusieron en gran temor y confusión a los habitantes, espoleándoles para correr hacia el interior los gritos de "¡Ingleses, ingleses!". El siguiente día se aproximó Anson con los bajeles; saqueó la ciudad a su sabor, y al abandonarla puso fuego a las casas. Ellos apreciaron el botín en 30.000 libras esterlinas; para el vecindario fue la pérdida de mucha más consideración por los tejidos y efectos reducidos a cenizas en los almacenes y edificios.

Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y de Aragón. Cesáreo Fernández Duro. Tomo VI. Ed. Sucesores de Rivadeneyra, Madrid, 1900.

Puso Anson rumbo hacia el istmo de Panamá, en cuya navegación recabó noticias a los buques que iba encontrando, las cuales sólo le confirmaban el fracaso de Vernon en el Caribe. Decidió alejarse de las costas españolas. Volvió a a acercarse a las costa, al sur de Acapulco, pero con este puerto no se atrevió (tenía defensas, no como Paita), y desde allí pensó coger los vientos que le empujarían hacia el este. Sufrió una fuerte tormenta que dañó su escuadra y otra vez las enfermedades hicieron mella en las tripulaciones británicas. Pasado un tiempo, Anson tuvo que abandonar el Gloucester y el Tryal para sumar todos los supervivientes de su expedición al único barco que le quedaba disponible, el Centurion. Era una nueva oportunidad para las autoridades españoles de capturar a los british, pero nuevamente se desaprovechó la oportunidad. Anson se adentró en el Pacífico.

 

Vista de la ciudad amurallada de Montevideo a finales del siglo XVIII

Hemos de referirnos aquí, por última vez, a José Pizarro, llegado por tierra desde Mar del Plata, donde dejó maltrecho el navío Asia. Su pequeña escuadra, compuesta ahora por el Esperanza y dos mercantes armados, llega a las islas de Juan Fernández los primeros días de marzo de 1742 y recorre las costas de Chile y Perú intentando encontrar a la escuadra de Anson, pero  los ingleses no estaban en por allí.

 

Pizarro, en medio de las escaseces, aún estuvo más de dos años patrullando aquellas aguas, de un lado para otro, tratando de proteger la costa chilena e intentando capturar cuantos buques  ingleses consiguiera avistar, hasta que en 1745, habiendo regresado a Mar del Plata, vuelve a España con un único navío, el ya reparado Asia. Pizarro llegó a Corcubión el 20 de enero de 1746. José Ovando quedó como nuevo jefe de la escuadra española en el Pacífico.


Explicaban Jorge Juan y Antonio de Ulloa en su informe secreto que “si los enemigos de España hubiesen sabido como se hallaban aquellas plazas y arsenales, podrían haberse apoderado de toda la costa del mar del Pacífico en cualquier tiempo pasado  ( … )  si el Almirante Anson hubiera sabido la importancia de Guayaquil, y el indefenso estado en que se hallaba, podría haberla tomado sin pérdida de un hombre, y hubiera quedado hecho dueño de todo el Mar del Sur. Y si el Almirante Vernon, después de haber ocupado a Portobelo, hubiera marchado pronto contra Panamá, el istmo habría quedado bajo el poder de Inglaterra”. Las “Noticias Secretas de América”, publicadas en 1826 por David Barry, ilustran con suficiente claridad las deficiencias que padecían los dominios españoles del Pacífico. Sirve este documento como antesala de la situación que encontró José Pizarro cuando llegó a América en su misión de impedir que la escuadra del Almirante Anson llegase al Mar del Sur y, a poder ser, una vez remontado el Cabo de Hornos, patrullar e impedir el establecimiento de potencias enemigas en alguna de aquellas plazas, de las que cabe destacar las siguientes:  [ … ] Guayaquil  [ … ] Paita [ … ] El Callao [ … ] Valparaíso [ … ] La Concepción [ … ]


El testimonio que ofrecen Jorge Juan y Antonio de Ulloa es una relación continua de desabastecimiento, desorganización y corruptela de los funcionarios, además de una total desidia de los pocos militares que se encontraban destinados en la zona. Falta de embarcaciones, artillería, fortalezas y municiones, y también de hombres capaces de guarnecer una gran amplitud de costas [ … ]

La Guerra de la Oreja de Jenkins: un conflicto colonial (1739-1748). Tesis doctoral, Jorge Cerdá Crespo, Universidad de Alicante, 2008

Volvamos con Anson, al que habíamos dejado adentrándose en el Pacífico.

 

Tras fracasar la misión encomendada en el istmo de Panamá, como quedó dicho, con un solo navío, sin objetivo claro y estando derrotado Vernon en Cartagena de Indias desde tiempo atrás, al otro lado de Panamá y, en resumen, habiendo fracasado el plan estratégico inglés … ¿qué hacer en medio del enorme Océano Pacífico aparte de pensar en asaltar algún pequeño e indefenso puerto español dedicado poco más que a la pesca, como Paita?, se preguntaría Anson. La respuesta, quizá inspirada en el recuerdo de Thomas Cavendish, histórico compatriota suyo del siglo XVI y navegante del Pacífico como él, la encontró Anson en la vuelta a lo básico, a lo arraigado, a lo genuino: apropiarse de las riquezas españolas que se transportan en los galeones.

 

¡Ah! … ¡por el Pacífico navega el galeón de Manila! Y un pesado mercante mal ceñidor no es rival para un moderno navío de línea de 60 cañones. Elemental, querido Watson.

 

A finales de noviembre Anson se dirige a los mares de China y Filipinas buscando el buque español que, partiendo de Manila (Filipinas) transporta hacia Acapulco (Méjico) las ganancias del comercio asiático con las colonias españolas en América, y viceversa.

 

No lo tuvo fácil, porque muchas de las embarcaciones chinas le mostraron hostilidad porque consideraban a Anson un pirata intruso.   Je .

 

Cof … Ejem.  Perdón.

 

Total, que el comodoro Anson se encuentra en Macao entre noviembre de 1742 y abril de 1743, donde repone víveres, da descanso a la tripulación y recluta marineros para completar la dotación. Deambula por aquellos mares durante ese tiempo ... cuando un día de abril de 1743 le llegan noticias de que se aproxima el llamado galeón de Manila. Se pone a la mar y, ya alejado de tierra, informa a la tripulación, que quedó encantada con la noticia e iluminados por la futua recompensa. Se apostó en las proximidades del Cabo Espíritu Santo, por donde se esperaba que apareciera el buque español cargado de riquezas. Recoge velas para evitar ser visto desde tierra y se inicia para la dotación una rutina diaria de práctica de disparos de artillería.

 

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Localización de la isla de Guam. Los navíos que venían de Acapulco solían hacer escala en esta isla una vez que habían recorrido la mayor parte del viaje. De allí se dirigían a Filipinas entrando en las islas cercanos al paralelo 10ºN

Maqueta del navío Nuestra Señora de Covadonga durante su proceso de construcción en taller estando ya en el tramo final del trabajo.

Obra del maquetista valenciano José Luis Pérez. 


En efecto, se aproximaba el navío Nuestra Señora de Covadonga, buque que había sido construído en Cavite (Filipinas) y botado en 1730. Los viajes (conocidos también por el nombre de Carrera de Filipinas) entre Acapulco y Manila de estos buques solían ser largos y duros, con fuertes temporales unas veces y grandes encalmadas otras. Hacían una sola escala, que normalmente era Guam. El buque español, que había zarpado de Acapulco con cierto retraso el 15 de abril de 1743 (normalmente zarpaban en marzo) y estaba cerca del final de su viaje y venía cargado con 1.313.843 pesos y 35.682 onzas de plata.

Salió de Acapulco el galeón Nuestra Señora de Covadonga, al mando de D. Jerónimo Montero, en 15 de Abril de 1743, fecha en que, con diferencia de dos días, partió también de Macao el comodoro Anson para cruzar sobre la boca del estrecho de San Bernardino á la espera. Se encontraron el 30 de Junio á vista del Cabo del Espíritu Santo, siendo inevitable el combate [ ... ]

Historia de la Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Tomo 6. Cesáreo Fernández Duro. Armada Española, 1895-1903.

Desde meses atrás corrían rumores sobre la presencia de ingleses por la zona. En la escala de Guam hubo reunión de oficiales del Nra. Sra. de Covadonga y aunque el comandante era de la opinión que debían tomar una ruta por el norte bordeando la isla de Luzón, finalmente decidieron seguir la ruta habitual pasando por el estrecho de San Bernardino. 

El 20 de junio de 1743, cerca del cabo Espíritu Santo y a unas 30 millas de la costa, Anson, que llevaba más de un mes esperando, avista el barco español. El navío Nuestra Señora de Covadonga, que aunque teóricamente debía portar 50 cañones, iba armado con solo 13, y de pequeño calibre. A pesar de las prácticamente nulas posibilidades ante un enemigo muy superior, el navío español siguió su rumbo previsto y no maniobró para huir (para lo cual también tenía reducidas posibilidades) sino que se dispuso a combatir. 

A mediodía el Centurion se cruza en el rumbo del Covadonga para poder acercarse por detrás, desde donde comienza a disparar a media milla de distancia, dirigiéndose a continuación a la banda de babor del español y evitar así que pudiera huir hacia la costa. A la una de la tarde el Centurion se había situado ya a babor del español a una distancia de tiro de pistola.

Ilustración del libro A Voyage Round the World in the Years 1740-1744 escrito por R. Walter en 1748. El grabado se debe a Peircy Brett. Representa el combate del Centurion (buque situado a la izquierda) con el Nra. Sra. de Covadonga (situado a la derecha). El Centurion se colocó en la banda de babor del español, cañoneándole con sus piezas de grueso calibre de la 1ª batería.

El grabado servirá de modelo a pinturas posteriores, como se puede apreciar en el ejemplo de la derecha.

Captura del galeón español Covadonga por el navío británico Centurion, comandado por George Anson, el 20 de junio de 1743, pintado en 1772, obra de Samuel Scott. Este cuado y la ilustración en que se basa, imagen que vemos a la izquierda,  falsean los tamaños de los buques, haciendo parecer mucho más grande y poderoso al español, para mayor mérito de Anson.


Comienza el inglés a disparar andanadas con sus cañones de grueso calibre (24 cañones de 24 libras en la primera batería), destrozando el casco del Covadonga. Nada menos que una hora y media resistió el español en tan desigual combate, al cabo del cual Anson de apropió del Covadonga y de su preciosa carga de cerca de 1.400.000 pesos, una cantidad de dinero descomunal para una sola captura en su época, de manera que es posible que este sea el mayor de los saqueos navales de la Historia. La suma de dinero, además de los productos de comercio de los que se apropió, era tal que estuvieron varios días para poder trasvasarlo todo de un buque a otro. Mientras hacían el trasvase alojaron a los prisioneros españoles en la bodega apuntándoles con cuatro cañones giratorios apostados en las esquinas.

 

De la desigualdad de fuerzas entre un navío de guerra y un navío mercante pobremente armado hablan por sí solas las cifras: el barco español tuvo 67 muertos y 84 heridos (entre ellos el comandante), mientras que el inglés tuvo 3 muertos y 17 heridos.

Debido al mal estado en que el Covadonga acabó el combate, el Centurion tuvo que remolcarlo hasta Macao, donde vendieron todo aquello que el barco transportaba que no fuesen monedas. Desde Macao se dirigieron a Canton, donde vendieron el agujereado casco del navío a un comerciante portugués por 6.000 pesos.

George Anson, 1st Baron Anson

Fechado en 1755

National Portrait Gallery, Londres.

Finalmente, en diciembre de 1743, iniciaron el regreso a Inglaterra, doblando el cabo de Buena Esperanza, llegando a Spithead el 15 de junio de 1744.

 

Al llegar a Inglaterra, Anson fue aclamado como gran héroe británico, uno de los más grandes, insuperable, y el tesoro fue paseado por las calles de Londres. De inmediato fue ascendido a contralmirante. Se hicieron loas a su gran e inaudita hazaña de dar la vuelta al mundo y, por supuesto, a su muy valiente y feroz combate contra el galeón de Manila. No tardó en publicarse un libro, en 1748, relatando el viaje pero también fijando historiografía, para mayor gloria y alabanza de la circunnavegación de Anson, de las empresas acometidas, de las aventuras vividas, de los peligros que habían sido, y de sus proezas con su Centurion, titulado A Voyage Round the World in the Years 1740-1744, escrito por Richard Walter.

 

Walter era el capitán del Centurion.

 

Gracias a la enorme riqueza de la que se apropió, Anson se convirtió en una persona enormemente rica el resto de sus días. Fue nominado primer barón Anson y luego fue primer lord del Almirantazgo en 1751. Una de las personas más ricas de la historia de Inglaterra.


Y así, un plan de ataque fracasado que no consigue su objetivo y que a punto estuvo de hacer perder todos los barcos y tripulación se transforma en un saqueo ventajoso para enriquecimiento personal (iglesias de Paita incluidas) y en una loa a la asombrosa, admirable, pasmosa, sensacional, extraordinaria y gran hazaña de dar al planeta la vuelta en barco. A lo mejor desde el más allá, Juan Sebastián Elcano también se asombró.

 

A ojos british, todo es posible, como en Granada.

Para no perder la costumbre, en esta ocasión la historiografía británica suele ser ciega con el fracaso del objetivo de Anson en el contexto de la Guerra del Asiento, que no era otro que el estrangulamiento del comercio español en el istmo de Panamá colaborando así en la caída del imperio americano español. En otras palabras, el fracaso del plan estratégico inglés. Pasan por encima del fracasado objetivo, lo ignoran, como si no hubiera existido, y se dedican a ensalzar la brillantez y heroicidad de la captura de un lento y mal armado navío mercante español. Vea el lector este ejemplo:

 

 

On the 18th September 1740, on board Centurion, he set sail for his arduous voyage in the Pacific. During the voyage over 700 men died due to unhealthy conditions and diet. On 20 June 1743, Anson captured a superior Spanish galleon due to its being heavily laden with merchandise and its crew, being three times the number on Centurion, were untrained in armed combat. Anson returned to Spithead on the 15th June 1744 with £500,000 of treasure. Anson was promoted to Rear Admiral in acknowledgement of his good service and good fortune.

Biography: George Anson

The National Museum of The Royal Navy, Portsmouth. Official Website.

 

 


Ni una palabra sobre el auténtico objetivo de su viaje. Ni una palabra sobre los desastrosos resultados ingleses en esta guerra. Se hace un tremendo salto mortal con doble tirabuzón desde la partida de Anson de Inglaterra en 1740 para pasar directamente al apresamiento del navío español en 1743 en el Pacífico. Para no desmerecer la "hazaña" de Anson, el barco español es tildado de “superior”. Y, para desmerecer aún menos, se indica que la tripulación del barco español triplicaba la del Centurion, cosa que es falsa porque el Nra. Sra. de Covadonga sólo llevaba 223 tripulantes y 43 soldados, el resto hasta 530 embarcados, eran pasaje o sirvientes. Eso sí: no deja de señalarse que los enemigos (o sea, esos spaniards, chusma inútil) no estaban entrenados en el combate artillero. Claro, claro ... es que Anson se había pasado más de un mes sin hacer otra cosa que esperar el navío español entrenando a su gente en los disparos para no fallar en la caza del tesoro.

 

Pero, amigos, todos sabemos quién ha escrito la historia.

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 


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