LA GUERRA DEL ASIENTO

 

 

En Gran Bretaña muy pocos llegaron a conocer la magnitud del desastre. El fracaso de la Royal Navy dejaba pequeño el interesadamente exagerado y cacareado fracaso de la Empresa de Inglaterra de los tiempos del rey Felipe II. Era demasiado bochornoso.

 

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Tras abandonar Vernon la bahía de Cartagena de Indias, el 20 de mayo de 1741, las noticias no llegaron a Londres hasta el mes de julio, pero ya en las primeras de ellas se ocultaban los hechos omitiendo las circunstancias en que fue realizado el regreso a Jamaica y el gran número de bajas sufridas. Dado el mutismo y la falta de información, con el tiempo empezaron a circular sospechas y rumores sobre el verdadero alcance de la acción ante la plaza española. La opinión pública empezó a dudar de las explicaciones del Parlamento y de la Corona, instituciones que trataron de recordar, y resaltar, la “gran victoria” en Portobelo con el fin de correr una cortina y así hacer olvidar Cartagena de Indias.El vicealmirante Vernon y el general Wentworth fueron llamados en octubre de 1742 a Inglaterra junto con gran parte de las fuerzas movilizadas y navíos que integraban la gran escuadra jamaicana.

 

El Almirantazgo inglés envió a la fragata Gibraltar a Jamaica para comunicarles que debían regresar y que eran relevados del mando. El precio de los fallidos intentos de apoderarse de las posesiones españolas había resultado demasiado alto en hombres y navíos. Además el gobierno inglés, teniendo desplazada en el Caribe tanta fuerza naval, estaba preocupado por la seguridad de sus comerciantes y sus costas ante el éxito de la actividad corsaria española. Vernon fue sustituido por el almirante Ogle, que quedó en el Caribe al mando de una escuadra reducida a unas veinte embarcaciones para proteger Jamaica y su comercio.

 

Cuando Edward Vernon llegó a Inglaterra fue recibido como gran héroe de la patria, como desde tiempo atrás atestiguaban las medallas conmemorativas de su “gran victoria”. Recibió el altivo vicealmirante muchos honores, lo cual se debe, muy posiblemente, a que tenía poderosos aliados y amigos políticos. Intentó salvar su prestigio y lo consiguió hasta que se publicaron folletines o se corrieron las opiniones y testimonios de los propios ingleses. Poco a poco fueron apareciendo detalles que en nada favorecían la imagen de Vernon como héroe victorioso. Por ejemplo, era muy sospechoso que en los informes sobre las tropas no aparecieran la mitad de los hombres enlistados. Las voces discordantes daban otra versión de lo ocurrido, muy distinta a la “gran victoria” de Vernon.

 

Una de la voces que se alzaron en contra de ocultar la verdad fue la de John Pembroke, un rico propietario de plantaciones de azúcar en Jamaica y miembro del Parlamento, con su “True Account of Admiral Vernon’s conduit of Cartagena” (Verdadera narración de la conducta del almirante Vernon en Cartagena), donde eleva las bajas británicas a 18.000 hombres, la mitad producidas en los combates. Pembroke fue testigo presencial de los hechos, es posible que la cifra final sea un poco exagerada, pero Pembroke no deja de señalar la falsedad de las explicaciones que se daban favorables a Vernon.

 

 

ARRIBA, portada del número de febrero de 1742 de The Gentleman's Magazine, uno de los informativos ingleses de la época.

 

ABAJO, página de un número del magazine con una lista de bajas inglesas en 1741. Como se puede apreciar, los ingleses perdieron en tierra americana a buena parte de la flor y nata de la oficialidad. Los oficiales muertos están clasificados según el regimiento al que pertenecían.

 

 


Indica Pembroke, en especial, que es absolutamente falso que la derrota se deba a las enfermedades pues la mitad de las bajas, contadas en miles, fue causada por los disparos españoles, es decir, por las acciones de combate en defensa de la ciudad, cosa en la que es difícil desacreditarlo porque el propio Vernon había elogiado el comportamiento valiente y heroico de Pembroke. Este explicó, señalando que debía ser honesto, que el “almirante Una Pierna”, como llamaba a Don Blas de Lezo, había demostrado excelente mando y que los certeros fuegos españoles habían matado a 9.000 ingleses. En uno de los párrafos dice:

 

When I last saw the harbor of Cartagena, its surface was gray with the rotting bodies of our men, who died so rapidly that we could not bury them. The poor, weak farmers from our North American colonies died four men in five. (La última vez que vi el puerto de Cartagena, su superficie era gris con la putrefacción de los cuerpos de nuestros hombres, que murieron tan rápidamente que no hemos podido enterrarlos. Los granjeros pobres y débiles de nuestras colonias norteamericanas murieron cuatro hombres de cada cinco).

Desde que surgieron las críticas hasta su muerte,  Vernon siempre señaló como culpable de lo ocurrido en Cartagena de Indias a las tropas terrestres a las órdenes del general Wentworth y para salvar su imagen le vino muy bien la publicación de una serie de relatos titulados An account of the expedition to Carthagena, with explanatory notes and observations.. La autoría de los textos se atribuye a Charles Knowles. El lector recordará (ver otros capítulos anteriores) que Knowles era el capitán del navío Weymouth (70) de la flota de Vernon en el Caribe. Knowles, actuando por orden de Vernon, fue el responsable de dinamitar el Castillo Grande o de Santa Cruz, una de las fortificaciones de Cartagena de Indias que los ingleses se dedicaron a destruir cuando ya tenían la batalla perdida. Knowles fue quien realizó el segundo ataque a La Guaira y el ataque a Puerto Cabello, ya bajo órdenes de Ogle. Y Knowles era hombre fiel a Vernon.

 

Así que, como actor de los hechos y testigo de las recriminaciones mutuas entre Vernon y los mandos de tropas inglesas, las publicaciones las redactó en tono crítico hacia el ejército y hacia Wentworth, salvando la actuación de la marina. Hacer públicas las recriminaciones de unos a otros, echando más leña al fuego, tampoco fue muy del agrado del gobierno inglés, para el que resultaban inoportunos tales relatos en aquellos momentos.

 

Las aventuras de Roderick Random, una de las novelas de Tobias George Smollett.

La imagen corresponde a la segunda edición, de 1748.

 

 

Otra de las voces que se alzaron y que coincidieron con las apreciaciones de Pembroke fue la de Tobias Smollett, escritor favorito de George Washington (el primer presidente de EE.UU.) y testigo de los hechos. En sus escritos, Smollett presenta a Cartagena de Indias como un terrible desastre inglés. Y da detalles sobrecogedores, como cuando explica que en algunos buques ingleses se ordenaba tirar los muertos al agua y los veían ser devorados por los tiburones.

 

Conforme se va sabiendo la verdad, el gobierno inglés trata de justificar la derrota incluso falseando la realidad, como fue el intento de convencer a la población de que Cartagena estaba defendida por 40.000 españoles, fuerzas que, según el gobierno inglés, eran muy superiores a las fuerzas británicas allí desplazadas. Pero a estas alturas ya es difícil de creer cualquier explicación. Europa, a donde había saltado la noticia, se asombra por la magnitud de la derrota.

 

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Fue entonces cuando el rey Jorge II prohibió todo tipo de publicaciones, testimonios,  crónicas o comentarios sobre el asalto a Cartagena de Indias de 1741. La prensa fue acallada. Gran Bretaña silenció sus enormes pérdidas en Cartagena de Indias. Se quiso enterrar así la verdad de lo ocurrido salvando al mismo tiempo la moral y el honor de la Royal Navy.

 

A pesar del intento inglés de ocultar la verdad, las noticias se extendían por Europa, donde se interpretó la derrota no ya como vergonzosa sino como realmente humillante. Ante esto, el rey Jorge II prohibió hablar del asunto y parece ser que, además, amenazó con la horca a quien lo hiciera. Se impuso, en definitiva, un silencio sepulcral.

 

( ... ) esta otra Armada Invencible, puesta en la mar contra España, también había sido derrotada. Es sabido que la única de la cual la Historia da cuenta es la española, la de Felipe II, el odiado rey en torno al cual se había tejido la Leyenda Negra. Y era, precisamente, por lo que no convenía divulgar la derrota de esa otra grande Armada, más poderosa aún, que pudiera eclipsar aquellos episodios del Siglo de Oro en que España poseía el mayor poderío naval y militar que nación alguna pudiese ostentar. Con la estrella inglesa rumbo a su cenit, era inapropiado que un acontecimiento de estos pudiera hacerle sombra y, menos aún, que fuera ampliamente conocido por las generaciones futuras.

El día que España derrotó a Inglaterra. Pablo Victoria, Editorial Áltera. 2005

 

Pero las medallas ordenadas acuñar por el Parlamento inglés son testimonio de la falsa “victoria” que se quiso difundir en Inglaterra y, para escarnio inglés y en especial del arrogante Vernon (un cantamañanas, en palabras de Arturo Pérez-Reverte), con el paso del tiempo se han convertido en un trofeo de los auténticos vencedores, los españoles. Incluso en objeto de burla. Y es que es esta ocasión se había puesto en evidencia a los pedantes pomposos y engolados, cuya bravuconada en Cartagena de Indias no había sido al uso, sino golden size, finest blended. Las medallas fueron retiradas del comercio por el gobierno inglés, pero no consiguieron su completa desaparición.

Retrato de Jorge II de Gran Bretaña

Por Thomas Hudson, 1744.

National Portrait Gallery, Londres.

 

Nacido en Alemania, miembro de la casa Hannover, el rey Jorge II nunca habló inglés correctamente, tuvo múltiples amantes y murió en 1760 víctima de un ataque cardíaco mientras defecaba en el inodoro. 

Durante su reinado vió la luz la canción patriótica God save the King (Dios salve al Rey), convertida con el tiempo en un himno británico.


En una de las medallas se representa a don Blas de Lezo con ambas piernas, aunque era cojo, arrodillado ante Vernon, entregándole su espada. Puede verse la leyenda The pride of Spain humbled by Ad. Vernon (El orgullo de España humillado por el almirante Vernon).

 

En otra acuñación puede verse a Vernon sosteniendo su bastón de mando con el que señala la ciudad, con la flota inglesa a sus espaldas, y dice la leyenda: Admiral Vernon Vhinning the Town of Carthagena (El Almirante Vernon tomando la villa de Cartagena).

 

Otras medallas tienen leyendas por el estilo:

 

Adm. Vernon and Sr Chaloner Ogle took Carthagena (El almirante Vernon y Sir Chaloner Ogle tomaron Cartagena), Spanish insolence corrected by english bravery (La insolencia española corregida por la bravura inglesa), The forts of Carthagena destroyd by admiral Vernon 1741 (Los fuertes de Cartagena destruídos por el almirante Vernon 1741). En otras la leyenda ensalza a Vernon hasta extremos bochornosos: I came I saw I conquered (Yo vine Yo ví Yo conquisté), None more ready non more brave april 1741 (Ninguno más listo ninguno más bravo abril 1741), Admiral Vernon, the preserver of his country (El almirante Vernon, conservador de su país). En fin, en otras se ensalza a “los verdaderos héroes británicos” los cuales “tomaron Cartagena”, y a continuación se pone fecha de la conquista, “abril 1, 1741”. Todas por el estilo.

 

Los ingleses acuñaron bastantes tipos de esas medallas conmemorativas y si usted, amable lector, ha pasado por las salas del Museo Naval de Madrid habrá podido ver con sus propios ojos una buena colección de ellas expuestas primorosamente dentro de unas vitrinas en la sala correspondiente. Hay treinta y nueve ejemplares distintos, si no me equivoco. Pero si usted aún no ha visitado este Museo le ruego encarecidamente que no tarde en hacerlo pues no sabe lo que se está perdiendo.

 



ARRIBA: diferentes medallas conmemorativas de la falsa victoria inglesa en Cartagena de Indias.

ABAJO: dos medallas en manos de los conservadores del Museo Naval de Madrid; una de las fotos tiene el incomparable fondo del retrato de Don Blas de Lezo. La última de las tres fotos es una vitrina donde las medallas se exhiben al público en una sala del Museo Naval de Madrid.


Sin embargo, Vernon cayó en desgracia, fue relevado y expulsado de la Royal Navy en 1746. Para salvar el prestigio y ocultar la vergüenza en la marina británica se le consideró un vencedor, como igualmente se consideraba él a sí mismo.  Vive, sin estrecheces, hasta el año 1757, es decir, hasta 16 años después de los hechos ocurridos en Cartagena de Indias. Por iniciativa de un sobrino suyo, el orgullo inglés le edificó un monumento nada menos que en la Abadía de Westminster, panteón de los héroes británicos. En su monumento se redacta un epitafio en términos elogiosos por los servicios prestados, haciendo constar que “sometió Charges, y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria”, lo cual es una humillante y retórica forma de silenciar la vergonzosa derrota (ver CAPÍTULO 10, dedicado a la biografía del almirante Edward Vernon).

 

Gran Bretaña ha logrado ocultar este hecho para el gran público. O casi. Pasando de puntillas por él en sus historias y disfrazándolo, desviando la atención hacia el incidente de la oreja de Jenkins acaecido años antes de 1741, se ha tratado de ocultar que la gran victoria española había sido realmente soberbia y excepcional entre los hechos militares del siglo XVIII. Por lo general, incluso aún hoy en día, podemos encontrar relatos curiosos entre historiadores british, léase por ejemplo al incomparable Henry Kamen. Vea un ejemplo, querido lector, cuando refiriéndose al ataque a Cartagena de Indias dice Mr. Kamen:

 

[ … ] en enero de 1741, Vernon reunió en Port Royal lo que algunos llamaron la más formidable armada que se vio en el Caribe. Esta flota totalizaba treinta buques de guerra y cien transportes con más de once mil soldados. La flota puso sitio a Cartagena en la primavera de 1741, pero (atentos, amigos) se retiró ante el temor de que llegasen refuerzos a socorrer la ciudad.

 

Esto, amigos, lo escribe Kamen en la página 543 de su obra Imperio: la forja de España como potencia mundial, editorial Aguilar, 2003.

 

Vista las cosas con el estilo y el prisma de Mr. Kamen, hasta sería la única opción lógica posible para los británicos el haber disfrazado durante siglos (y disfrazar aún hoy) su desastre en la Guerra del Asiento. Pero aunque exista historiografía británica que quiera seguir ignorándolo, hoy sabemos que en una sola batalla, la de Cartagena de Indias, Inglaterra perdió la oportunidad de hacerse en América con un sólido bastión y que allí, en 1741, languideció el proyecto británico, largamente acariciado, de enseñorearse del Caribe, de las colonias españolas y de todos los mares del mundo en el siglo XVIII.

 

Así que una buena pregunta sería :  ¿por qué en España es tan desconocida  la Guerra del Asiento?

 

Independientemente de ocultar la verdad o no según los casos, o de tratar de no mentar la palabra derrota, o de enmascarar un desastre propio, hay que reconocer que los ingleses saben cuidar de su historia, sus personajes y sus héroes. Los británicos no tienen duda alguna de que en el legado histórico reside buena parte de su propio ser, su cultura, la herencia y testamento de sus antepasados, siendo también el depósito de sus virtudes y grandeza como nación.

 

Pero nosotros no. No hemos sabido hacer eso.

Palacio Real de La Granja de San Idelfonso, residencia del rey Felipe V

En España hay que frotarse los ojos al comprobar que si algo hemos hecho como los ingleses respecto a la Guerra del Asiento ha sido, precisamente, no hacer nada durante decenas de años y pasar de puntillas sobre el episodio de Cartagena de Indias. La mayoría de los libros de historia apenas mencionan aquellos sucesos y durante décadas y más décadas prácticamente no ha existido bibliografía alguna sobre Don Blas de Lezo.

 

Y, en su tiempo, ¿qué se hizo en la Corte española? Nada, no se hizo nada. Por no hacer, se hizo como los británicos: no hablar del tema.


El trato que se le ha dado durante siglos a Don Blas de Lezo es el opuesto al trato dado a Edward Vernon, el reverso de la moneda. Lezo, vencedor en Cartagena de Indias, es víctima de las opiniones y juicios del virrey, quien se atribuye a sí mismo todos los méritos. Don Blas vive solamente tres meses y dieciséis días tras la victoria. Fallece tras padecer en cuerpo y alma, siendo enterrado gracias a los favores de unos pocos amigos, y en su tumba, cuya localización desconocemos a día de hoy, no se coloca ninguna lápida. Mientras que sus adversarios fueron encumbrados, Lezo fue olvidado. Y su familia se encontró en apuros y estrecheces. Hay héroes que han pasado toda su vida sirviendo fielmente el interés general por encima del propio, luchando por su nación, por sus compatriotas, por sus ideales ... y no tienen una tumba donde recordarles. Hay héroes que mueren por su patria y son engrandecidos. Otros mueren dos veces: por su patria y en el olvido.

 

Y el olvido se produce a pesar de que esta victoria de 1741 supuso para España retener durante varias décadas su influencia en el continente americano, el debilitamiento de los británicos, que deben asumir un papel marginal en el Golfo de Méjico, el mantenimiento del control español sobre las colonias de mayor importancia estratégica, incluyendo el puerto más fortificado del Caribe, lo que significa asegurar la defensa de la América española, continuar el comercio transatlántico con España y, en definitiva, conservar el imperio durante varias décadas más. Nada menos.

 

En lugar de formar parte de la historia de las grandes victorias españolas, la estrepitosa derrota inglesa se amortizó por la HIstoria a título de inventario, restando la gloria a aquellos que realmente la conquistaron.

 

Debe ser una tradición hispana tratar de acabar con nuestros héroes y nuestros propios méritos. El que esto escribe cree que el no reconocer y no valorar lo nuestro es y ha sido uno de los males de nuestra nación.

 

Triste realidad. En paralelo a que los ingleses intenten enmascarar derrotas   ---Don Arturo Pérez-Reverte, lector empedernido de historia naval dice, refiriéndose a Cartagena de Indias en 1741 y las medallas de Vernon, que está "acostumbrado a que los ingleses oculten sus derrotas ante los españoles, como la del vicealmirante Mathews en aguas de Tolón o la de Nelson cuando perdió el brazo en Tenerife, pero no a que, además, se inventen victorias”---   nosotros mismos somos culpables de que la mayoría de españoles no sepamos nada de nada de nuestras victorias. O muy poco.

 

En la misma línea, Jesús María Ruíz Vidondo, doctor en Historia y colaborador del Grupo de Estudios Estratégicos, declaró a el diario ABC en una entrevista publicada el 18 de enero de 2013 que "Los ingleses están orgullosos de su historia, y a los españoles, que tenemos una historia mucho más rica que la británica, no nos interesa nuestro pasado, solamente lo utilizamos para tergiversarlo o utilizarlo políticamente".

 

Así no es de extrañar que mientras que Vernon fue inmortalizado en Westminster, Lezo fue enterrado sin honores y cayera en el olvido.

 

Pero volvamos a 1741.

Para don Blas lo peor vino cuando Vernon ya se había marchado. Tras la victoria, los cartageneros le demostraron admiración y devoción, pero la alegría le duró muy poco al contrastar las muestras de afecto de la población con la indiferencia absoluta que le mostraba el virrey. Don Blas no podía imaginar que el popular reconocimiento inicial fuera a caer en un olvido atroz, perpetrado por el virrey Eslava, que rumiaba rencores por los enfrentamientos habidos con Lezo.

 

Después de la retirada británica, el virrey Sebastián de Eslava escribió el 1 de junio de 1741 al secretario de Indias, José de la Quintana, atribuyéndose todo el mérito mientras ponía en solfa a Lezo. Se había guardado, rencorosamente, todas las desavenencias con Lezo y las críticas de este a sus decisiones. Como igualmente se indica en el capítulo dedicado a la biografía de Blas de Lezo (CAPÍTULO 13), Eslava encomendó la confección de dos informes a Carlos Desnaux, conteniendo falsedades y acusaciones contra Lezo. Los envió a España mediante un navío de aviso al mando del capitán Campuzano donde no sólo se atribuyen los éxitos a Eslava sino que se exalta el desvelo del virrey en la defensa de la Plaza. También hizo redactar un Diario de los hechos acaecidos en Cartagena de Indias, que lleva la firma de su ayudante, Pedro Mur, aunque lo dictó el propio virrey tratándose a sí mismo en tercera persona para dar la impresión de que lo escribe alguien distinto. El Diario tiene un redacción formal y moderada, pero iba acompañando una carta dirigida al ministro José de la Quintana, en la cual acusa a Lezo de cobardía y detalla todos los errores que, según él, había cometido el marino.

 

Informes y Diario con apariencia de haber sido escritos por personas distintas, serían enviados a España. También escribió el 28 de junio al rey solicitándole que Lezo fuese castigado.

 

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Portada del Diario (verídico) del virrey Sebastián de Eslava, nueva y oficial redacción a instancias del ministro José de la Quintana.

Biblioteca Nacional de España.

¿Qué razón principal tendría Eslava para, justo cuando los ingleses están a punto de desaparecer de la bahía cartagenera, pergeñar la idea de escribir esos relatos? Nunca podremos leer su mente pero adivinamos los motivos: trata de curarse en salud ante una futura y más que previsible investigación o consejo de guerra para explicar lo acontecido a la Corte; también es un motivo que, a sabiendas de que Lezo había ido llevando un Diario real y auténtico donde anotó día a día los hechos y algunas cuestiones que podían poner en cuestión la competencia del virrey, Eslava no podía permitir que Lezo fuese el único que tuviera un Diario y creyera conveniente contrarrestarlo así con su versión; y, finalmente, que creyese que sus relatos serían su legado para la Historia.

 

Al encargar su versión y redactarse en sus escritos las cosas de la forma en que se redactaron, se solapaban los tres motivos anteriores. Tres pájaros de un solo tiro. Además, si conseguía la destitución de Lezo se quitaba de encima a un competente general capaz de criticar sus decisiones.

 

Eslava buscó hundir a Lezo, incluso económicamente (se le debían meses de atrasos), y solicitó castigo para el marino por insubordinación e incompetencia. Los documentos fueron llevados en mano por el ayudante del virrey, Pedro de Mur, quien además tenía la orden de visitar al ministro, marqués de Villarias, para hacerle saber personalmente los criterios del virrey Eslava y el incumplimiento de sus deberes por parte de Lezo.


Eslava le transmitió al secretario de Indias, José de la Quintana, que había que destituir a Lezo y enviarlo a la península si no lo sacaban a él mismo de Cartagena de Indias. Acusa al marino de haber puesto en peligro el desarrollo de las operaciones defensivas. También lo tildaba de cobarde y desobediente a sus órdenes. Daba a entender que Lezo presentaba cierto desequilibrio mental a consecuencia de su obsesión literaria manifestada por una desmesurada inclinación a la escritura. Es decir, daba de Lezo una imagen de persona en vías de locura. Añadía que no fue capaz de volar el polvorín del fuerte de San José antes de que cayera en manos enemigas, que su aportación se reducía poco más que a prestar los cañones de sus barcos, que Lezo bajó los brazos pues estaba seguro de la derrota española, que sus barcos estaban mal preparados y que Lezo tiene “achaques de escritor tan lleno de apariencias como solícito de coloridos para ostentar servicios”.

 

¿Qué? ¿Cómo se queda el cuerpo?

 

Es lamentable que Eslava ennegreciese de esta forma su paso a la Historia y ensuciase así su propio nombre intentando ensuciar el de Don Blas, habiendo sido el virrey un militar de cierto prestigio, habiendo actuado de forma valiente sin esconderse en la lejana Santa Fe de Bogotá, participado activamente en la defensa de la plaza como máxima autoridad, habiendo tenido la responsabilidad de éxitos como contener a los ingleses desembarcados en La Boquilla y, en definitiva, habiendo sido, sin lugar a dudas, uno de los artífices de la victoria sobre Gran Bretaña. Además, tras morir Lezo, fue quien organizó la primera y urgente reconstrucción de las fortificaciones. Pero el trato dado a Lezo le deshonra. De hecho, cuatro años después del ataque inglés hubo una sublevación del Regimiento Fijo de Cartagena y este hecho, unido a su reprochable comportamiento hacia Lezo, hicieron que el rey no concediera a Eslava la gran aspiración de este, el virreinato del Perú.

 

La defensa española fue un éxito de todos: desde el virrey al último combatiente, incluso de toda la población civil que aguantó un brutal asedio y colaboró en lo que pudo. Al frente de todos, como máximos responsables, hubo un grupo de hombres capacitados, valientes y plenamente decididos a defender la ciudad: el virrey Eslava, máxima autoridad, Blas de Lezo, comandante del cuerpo de marina, Melchor de Navarrete, gobernador de la plaza y coronel, y Carlos Desnaux, coronel ingeniero y castellano de las dos fortificaciones más importantes. Eslava y Lezo no serían personas de trato fácil, pero ambos tenían la misma graduación, teniente general, y Lezo siempre demostró su espíritu servicial y una preocupación constante por la defensa de la plaza, por lo que Eslava debía, al menos, haber escuchado las sugerencias del marino, como estratega y organizador de la defensa de la plaza que fue mucho antes de que llegara Eslava, y no despreciarle de continuo. 

 

La victoria en Cartagena de Indias y, en consecuencia, el enorme éxito que suponía el mantenimiento del imperio americano, debió haber sido en su momento la razón para el abrazo de los dos máximos responsables de la defensa de la plaza y un motivo para el reconocimiento de la gesta conseguida por todos, incluído Lezo. Pero, por un lado, Eslava quiso llevarse todos los honores y, por otro lado, parece ser que nunca le perdonó al marino que cuestionase su plan de defensa y algunas de sus decisiones. La inquina española, amigos. Es del todo injusto que a uno de los máximos responsables del éxito se le tratase de castigar después de la gran victoria obtenida.

 

En los documentos se asignan a Eslava  --es decir, a sí mismo--  los éxitos de Lezo, se hace la menor alusión posible a los aciertos del marino, y no se tiene en cuenta la permanente preocupación de Don Blas de impedir los desembarcos ingleses en las playas de Chamba como tampoco el éxito que alcanzó el alférez de navío Loayzaga con su fuego, que forzó el retroceso de los ingleses, acción decidida y ordenada por Lezo.

 

Por si fuera poco, también indicaba Eslava que los barcos españoles no dispararon los suficiente, acusa a Lezo de que los barcos fueran tan mal hundidos, no solo los suyos sino también los mercantes que había en el puerto, que no sirvió  de nada semejante ruina pues no estorbaron la entrada de los navíos de Vernon el cual pudo llegar hasta la mismísima bahía de las Ánimas, y de que al no hundir bien el Galicia a los ingleses les dio tiempo de apropiarse del mejor navío español desde el cual bombardearon la ciudad causando graves daños en la catedral, casas y conventos.

En cambio, en lo que respecta al Diario (versión reescrita por Pedro Mur a instancias del ministro), se dice que “…para resistir a tantas fuerzas sólo había en la ciudad y sus fuertes la acreditada experiencia del Virrey de Santa Fe, D. Sebastián de Eslava…”, antes de pasar a relacionar de forma general las fuerzas existentes y mencionar, finalmente, a Blas de Lezo al quien, en principio, atribuye la defensa de Bocachica y cuya actuación tilda de "acertada conducta" para, más adelante, tan sólo admitir que al mucho acierto de la batería de la Media Luna había ayudado "la asistencia de Don Blas de Lezo".

 

 

 

 

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(Diario redactado por Pedro Mur a instancias del ministro José de la Quintana, para ser considerado oficial)


El virrey se atribuye acciones que en realidad no habían sido ideadas por él (y que tanto se resistió a permitir), sino por Lezo en su desvelo y preocupación por el desembarco inglés en Bocachica : “ … y el Virrey, que desvelado acudía (a Bocachica) repetidamente  [ … ] dispuso que saliese el capitán D. Miguel Pedrol [ … ] a reconocer las operaciones de los enemigos …”  No se menciona el error del propio virrey en la decisión de hundir los mercantes junto a los navíos Dragón y Conquistador sin ni siquiera hacerlos luchar, como hubiera querido Lezo (decisión que a la postre no sirvió, como había advertido Don Blas). En resumen, Eslava, hablando de sí mismo en tercera persona por boca de Pedro Mur, era alguien que estaba en todas partes, construía defensas y trincheras, dirigía operaciones de comando, situaba puestos de avanzada, daba indicaciones para el fuego artillero y ordenaba minuciosamente a todos los hombres disponibles a lo largo y ancho de la bahía cartagenera. O, dicho en plata, Lezo estaba de visita.

 

El ministro José de la Quintana instó a Pedro Mur a que, con todos los informes recibidos enviados desde Cartagena de Indias, redactase un único texto con más visos de veracidad, que sería oficial, que honrase para la posteridad la victoria española, y también que fuese menos denigrante para Lezo. O sea, que pudiese publicarse. Y Mur redactó un texto que no dejó de mostrar al virrey como fundamental defensor de Cartagena y en el cual no se ultrajaba gravemente a Lezo pero tampco se le daba importancia mostrándole como personaje, aunque cumplidor y eficaz, poco trascendente en conjunto. Es el Diario de todo lo ocurrido en la expugnación de los fuertes de Bocachica y sitio de la ciudad de Cartagena de Indias.

 

Enterado Don Blas de la inquina del virrey, intentó preservar su honradez y conservar su prestigio labrado tras 40 años de servicio a los intereses españoles (ver su biografía en el CAPÍTULO 13 con el cual se complementa el capítulo presente).

 

Lezo quedó así desmoralizado y al borde de la depresión. Quería irse de Cartagena de Indias, ser relevado para ser enviado a un nuevo destino. Decidió remitir a la península su Diario donde había ido detallando lo ocurrido y solicitó ayuda a sus amigos en la península para contrarrestar la malediciencia de Eslava. Tuvo que enviar el Diario a escondidas pues el virrey permanecía al acecho: había establecido una especie de censura alrededor de todo lo que tuviese que ver con Lezo y bloqueaba al marino los conductos de comunicación ordinarios.


Primera y última hoja de la carta remitida por Don Blas de Lezo al Marqués de Villarias.

Archivo Histórico Nacional.

Ese Diario lo remitió Don Blas con una carta al ministro de Marina, Sebastián de la Quadra Llarena y Medrano, Marqués de Villarías. En esta carta Lezo muestra apoyo incondicional a sus marineros, tanto como éstos siempre le habían tenido por admirado y respetado comandante. Tristemente, en esa carta tuvo que escribir penosas palabras como estas: 

 

[ ... ] He sabido [ ... ] que D. Sebastián de Eslava ha forjado en nombre de D. Carlos Desnaux, o para disculpar sus omisiones o para vestirse de mis trabajos, que no es nuevo en la emulación quererse atribuir por propios ajenos lucimientos [ … ]  y que el que se remitirá por D. Sebastián de Eslava en nombre del ingeniero, lleva la nota de sobornado con la esperanza que le ha dado de sus adelantamiento (se refiere a un ascenso), porque sólo ha tirado contra mi estimación y el cuerpo de Marina para oscurecer el desempeño con que se portó, llevando casi todo el peso en el combate y porque no logre la gloria de que llegue a los reales oídos ser quien sostuvo los intentos enemigos en la entrada del puerto, ciudad y fuera de ella, como a todos es notorio [ … ]

Carta de Blas de Lezo al ministro.pdf
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Para entonces Don Blas ya estaba muy enfermo.

 

Las enfermedades debidas a la putrefacción de los cuerpos insepultos propagadas en un clima caluroso acabaron contagiándose gravemente en él. Era el tifus el enemigo que estaba consumiendo su fatigado cuerpo. La fatal enfermedad resultó ser para Lezo el enemigo invisible que consiguió lo que no había conseguido nunca un enemigo visible, fuese bereber, francés, holandés o inglés: derrotarle.

 

La maledicencia de Eslava, su conspiración ante las más altas instancias de la nación, aquello que sembró en la Corte, había dado sus frutos produciendo vergonzosa novedad: se emitió una Real Orden el 21 de octubre de 1741 que relevaba a Lezo de todos sus cargos. Destituído, se le ordenaba presentarse en la península donde debía ser juzgada su actitud estando acusado de no haber cumplido con su deber.

 

Don Blas de Lezo, marino invicto toda su vida, gran estratega defensor de Bocachica, uno de los responsables de la gran victoria, era ahora castigado. Un hombre de carácter y con valores como la humildad, la paciencia y el sacrificio, es castigado a pesar de haber demostrado siempre su fidelidad y plena disposición al servicio. Él mismo lo expresó claramente:

 

Mi amor al real servicio y bien del estado no necesita ningún estímulo para procurar todo lo que es conveniente a su mayor gloria.

 

Para los defensores de Cartagena de Indias hubo parabienes, ascensos, reconocimientos. A Eslava se le concedió el título de marqués de la Real Defensa. El coronel de ingenieros Carlos Desnaux fue ascendido a brigadier.

 

Para Don Blas, el silencio.

 

Los últimos momentos del marino se enmarcan dentro de la ingratitud y la soledad, padeciendo en un camastro, desconsolado por el trato recibido y asediado de dolores físicos y morales. Asistido por algún sirviente. Sin el consuelo de acabar rodeado de su familia.

 

Pero esa Orden llegó tarde: Don Blas había muerto a las ocho de la mañana del 7 de septiembre de 1741 a la edad de 52 años.

 

Casi nadie se atrevía a visitar la casa por miedo a las represalias del virrey.

 

Y en la península, tuvo que ser una situación durísima y cruel para su mujer, Doña Josefa, así como para la apenada familia del marino a la que el virrey había obligado al ostracismo y condenado al progresivo empobrecimiento. Desde la península, en Cádiz, Doña Josefa ni siquiera pudo enterrar a su marido, muerto tan lejos, en tierra americana.

 

Don Blas queda sumido en el olvido.

 

Fue enterrado sin honores. No hubo cortejo fúnebre con la presencia de sus marineros. Es posible que el entierro se realizase con prisas para evitar la putrefacción del cuerpo y el contagio de la enfermedad que había matado al marino. Es posible también que así se realizase por la inquina de Eslava, que estrechaba la vigilancia contra quienes podían estar inclinados a honrar a un hombre para el que había pedido castigo. Puede que casi nadie asistiera a despedir para siempre a Don Blas, como si dar el último adiós a un hombre como Lezo fuese algo vergonzoso.

 

En sus últimas voluntades había pedido don Blas que le enterrasen en el barrio de Getsemaní, el barrio de los pobres. Solo y lejos de su familia, posiblemente sin dinero por debérsele pagas atrasadas, ¿quién le pagaría una sepultura digna de sus méritos? Entre sus amigos se cuentan el Obispo de la ciudad y el Marqués de Valdehoyos. ¿Dónde depositaron el cadáver? Hay quienes dicen que lo hicieron, a espaldas del virrey Eslava, en una capilla anexa a la Iglesia del Convento de San Francisco, muy cerca del muelle de la bahía de las Ánimas. El templo se llama Capilla de la Veracruz de los Militares, pues perteneció a una cofradía de gentes de armas.

 

Siendo así, en su última morada Don Blas estaría tan cerca del mar como de las murallas que defendió. Porque ese lugar, dicho está, se encuentra junto al muelle. Quizás por todos esos motivos lo eligió Don Blas con un postrer anhelo de que desde allí su maltrecho cuerpo de militar pudiera eternamente contemplar sus últimos navios muertos con él en Cartagena de Indias.

 

Ese lugar es un conjunto religioso que estaba integrado por el Convento de San Francisco, la Iglesia del convento o Iglesia de San Francisco, la Capilla de la Veracruz y la Capilla de la Orden Tercera. Respecto de esta última (en la cual está enterrado el ingeniero Juan Bautista Mac Evan, constructor de las fortificaciones tras el ataque de Vernon) sabemos que "Su construcción se realizó entre los años 1730 y 1735, gracias al empeño del gobernador Antonio de Salas, y hacía parte del complejo religioso del convento de San Francisco, compuesto por la iglesia de San Francisco (hoy teatro), el claustro (muy bien conservado) y este sencillo templo. Hacia el año 1954 su interior fue restaurado, con gran acierto, al decir de los expertos". (Centro Virtual Cervantes, web oficial).

 

Otra interesante información sobre la historia de la Capìlla de la Veracruz nos la ofrece el diario colombiano El Universal, en su edición dominical de 29 de agosto de 2010:

 

La Capilla estuvo ubicada en Getsemaní, ya veremos los cambios a través de los años. Para iniciar, en época de conquista se sabe que propietario de estos terrenos y de gran parte de Getsemaní fue Juan Durán, Contador de la Real Hacienda quien las recibe como parte del reparto de tierras.

 

Luego hereda su esposa Beatriz de Cogollo Durán quien regala solo estos terrenos para edificar una Iglesia y se hace el San Francisco bajo la advocación de Nuestra Señora de Loreto a petición de la donante, seguido su Iglesia, y luego la pequeña Veracruz, más tarde le sigue la Tercera Orden. Esta Capilla de la Veracruz es una fundación religiosa agregada como filial en 1606 a San Francisco. La Capilla tenía comunicación, por un arco heroico con la iglesia de San Francisco (hasta algunos años Teatro Colón).

 

En excavaciones realizadas a principios del S. XX, se encontraron enterramientos bajo los pisos de la capilla, se supone correspondían a militares, pues esta capilla perteneció a una cofradía de gentes de armas que originalmente existió en la Catedral y fue trasladada a San Francisco en 1606. Se piensa que no todos los militares radicados en Cartagena pertenecían a la cofradía de la Veracruz y esto explica la presencia de sepulcros de ellos en zonas de civiles y religiosos. En la tercera orden también hay, como Juan Bautista Mc Evan. Se encontraron tumbas fuera del perímetro de la Veracruz, como el primer cementerio de San Francisco ocupando el espacio donde está el Pasaje Porto.

 

Años más tarde con la Ley de Desamortización de Bienes de Manos Muertas del Presidente Tomás Cipriano de Mosquera, los grandes edificios religiosos por tener pocos frailes, debían prestar uso de utilidad pública. Tal vez es cuando se destina la Veracruz a local de escuela primaria, ya en 1869 funcionaba la escuela segunda de varones, luego ese 19 de Diciembre es vendida en subasta pública, con exclusión de la parte que ocupaba la escuela. La remató el Sr. Carlos A. Merlano quien la vende al año siguiente a la Sra. Josefa González de Porto.

 

La parte de la Veracruz no vendida fue después depósito, agencia mortuoria, caballeriza, teatro y finalmente desde 1929 es utilizada la parte exterior como cocina municipal y bautizada por el pueblo que lo visitaba como “La Cueva”, la otrora capilla se encontraba en estado de ruina y con descuido de las autoridades.


Solo a inicio de 1940 se construye sobre el solar de la antigua Capilla, el nuevo Teatro Cartagena, diseñado por el arquitecto Cubano Manuel Carrera y el ingeniero Austriaco Enrique Zeisel, este se estrena el 8 de Marzo del año siguiente. Administrado por Cine Colombia (empresa originalmente Antioqueña de 1931), suspende funciones a fines de la centuria pasada esperando resucite de sus cenizas como ave fénix. Amanecerá y veremos que sorpresa vendrá para este sector.

 

 

¿Podría estar Don Blas en algún lugar del venerable suelo de la Capilla de la Veracruz?

 

Todos los historiadores apuntan a la Capilla de la Veracruz o a la de Orden Tercera. Hasta hoy, cuando aún no se sabe dónde está exactamente la sepultura del marino guipuzcoano Más de 270 años después, ni colombianos ni españoles pueden honrar su memoria frente a un pequeño pozo bajo la hierba, o ante un sarcófago, ni llevarle flores, ni presentar sus respetos, ni leer su lápida, ni rezar por él ante su tumba ni, simplemente, visitar por interés cultural el definitivo lugar que ocupa para siempre en la tierra uno de los marinos más grandes de toda la historia naval.

 

Sin embargo, hay esperanzas de que pronto puedan encontrarse los restos de Don Blas: en la actualidad se está buscando la tumba del marino y parece ser que los investigadores están a un paso de encontrarla. El trabajo lo llevan a cabo un grupo de historiadores y arqueólogos colombianos, estando al frente de dicho grupo Sabas Pretelt, un político y diplomático de aquel país y  confeso admirador de Lezo, en unión con la Corporación Centro Histórico de Cartagena. Colaboran otras instituciones colombianas y españolas, como el Archivo General de Indias (Sevilla).

 

El esperanzador trabajo no es nada fácil para los investigadores. Según se ha publicado en los medios de comunicación escritos, el nivel de alteraciones del sitio en cuestión es tremendo, según los arqueólogos, lo cual lo explican por variadas razones: la reconstrucción de edificios a partir de sus ruinas después del ataque de Vernon en 1741, la tremenda humedad y el clima tropical, los cambiantes avatares históricos ocurridos en épocas posteriores, y el hecho de que Lezo fuese enterrado sin honores en pobres condiciones. Añádase que su lápida desapareció al abandonarse las iglesias que fueron convertidas en teatros. Añádase también que los documentos que pudieron existir sobre su inhumación los barrió la humedad y la historia. Los documentos de las capillas de la Veracruz y Orden Tercera es posible que tuvieran copia en Santa Fé de Bogotá, pero al llegar la independencia colombiana, serían embarcados rumbo al Archivo Genral de Indias, en Sevilla.

 

Los investigadores han usado modernas técnicas de georradar para tratar de localizar la tumba. Hasta ahora parece que los resultados son contradictorios pues creen que han dado con una fosa común donde podría haber restos de varios militares españoles. Por eso están estudiando documentos históricos españoles inéditos (del Archivo de Indias, de Cádiz y del Archivo de Simancas) para tratar de encontrar un documento que señale el lugar exacto del enterramiento de Blas de Lezo, labor en la que tienen depositadas muchas esperanzas.

 

Posteriormente a todo este trabajo de investigación, vendrá otra dura tarea: los permisos administrativos, el papeleo para conseguir autorización y poder excavar donde la investigación indique a los expertos que está enterrado Don Blas.

 

 

 

Ahora nos corresponde a nosotros rescatar su memoria y encontrar su tumba. Después de muchas lecturas y con el apoyo de historiadores, ya hemos detectado el posible lugar donde, sin ningún agradecimiento, yacen sus restos mortales. Estamos a la espera de documentos adicionales solicitados al Archivo de Sevilla para iniciar, con el respaldo de los propietarios del inmueble actual, la arqueología y excavación profesional para recordarle al mundo "el día que Cartagena derrotó a Inglaterra” y quién fue el almirante Blas de Lezo y Olavarrieta.

La tumba de Blas de Lezo. Sabas Pretelt de la Vega, 29 de marzo de 2013, Eltiempo.com (web colombiana)

 

 

 

 



ARRIBA A LA IZQUIERDA, estado ruinoso del lugar de la Capilla de la Veracruz. Llamado Teatro Variedades en 1923. Fotografía de la Fototeca Histórica de Cartagena.

ARRIBA A LA DERECHA, vista del lugar en la actualidad. Los investigadores señalan el subsuelo del Teatro Cartagena como lugar de la tumba de Lezo (al lado, el Teatro Colón).

SOBRE ESTAS LÍNEAS, Capilla de la Veracruz y Convento de San Francisco en 1910.

IZQUIERDA, mapa turístico de Cartagena de Indias donde he señalado la situación de este lugar con una estrella roja.

 

Es interesante la vista en Google. Por favor, haga click en el enlace:

 

GOOGLE STREET VIEW

 

 


Diecinueve años después de su muerte, Blas Fernando de Lezo, hijo del marino, defendió el honor de su padre y sus gestiones en la Corte, el apoyo de algunos amigos de su padre que le ayudaron y los buenos oficios del entonces primer ministro Ricardo Wall, consiguieron que fuese revisada la condena que se había hecho caer sobre el marino y se procurase reponerle su honor. El empeño de Blas Fernando de Lezo rehabilitó la figura de su padre. El rey Carlos III, queriendo que fuese apreciado por su gesta en Cartagena de Indias, concedió en 1760 al hijo primogénito de Don Blas, llamado Blas Fernando de Lezo y Pacheco, el título de Marqués de Ovieco, en reconocimiento a los méritos de su padre. Al nuevo Marqués de Ovieco, además, le concedería un empleo en la Corte: fue investido por el rey Carlos III, en diciembre de 1771, maestro de ceremonias de la Orden de los Caballeros de las Grandes Cruces de Carlos III. Gracias a este nombramiento la familia Lezo se recuperó económicamente  y obtuvo privilegios.

 

Y aún así España, tantas veces ingrata con sus hijos, dejó caer a Don Blas en el olvido. Se oscureció su evocación, se arrinconó su memoria, se aparcó su gesta. A pesar de que la defensa de Cartagena de Indias, como aquí mismo se ha insistido, significó el mantenimiento del imperio español durante décadas porque la derrota de Vernon supuso el fracaso de la estrategia inglesa consistente en forzar a España a una situación en la que hubiera tenido que ceder sus puertos y posesiones americanas más importantes, lo que habría convertido el Caribe en un mar inglés, cambiando la historia de toda esta región del mundo.

 

La victoria española en Cartagena de Indias incluso tiene mucho que ver con el hecho de que hoy España e Hispanoamérica compartan la misma lengua. Lo que significa que los defensores de aquella plaza en 1741 son responsables, incluído por supuesto Don Blas, de que la lengua española haya persistido en América. Pero, seguramente, ninguno de los defensores alcanzó a comprender la magnitud de la victoria que habían obtenido.

 

España olvidó al vasco Blas de Lezo, sin saber que había salvado su Imperio 

(Pablo Victoria Wilches, autor de El día que España derrotó a Inglaterra)

 

Cuánta razón llevan las palabras del escritor colombiano Pablo Victoria. A Lezo sólo se le recordó en Colombia y en la Armada española. En Cartagena de Indias es un héroe de la nación de quien puede admirarse una estatua en su honor colocada con toda justicia a los pies de la fortaleza de San Felipe de Barajas. En ella el marino porta una espada en alto que indica la dirección por la que apareció la flota inglesa en la bahía cartagenera.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

 

Tres imágenes del monumento a Blas de Lezo en Cartagena de Indias. De este monumento con el castillo al fondo, que es lo más fotografiado de la ciudad, el lector pordrá encontrar centenares de imágenes en Intenet.


 

 

 

La marina de guerra colombiana tuvo un buque llamado ARC Blas de Lezo (BT-62), ex USS Kalamazoo AOG-30  (fotografía a la izquierda de estas líneas).  Era un buque petrolero de reaprovisionamiento botado en 1944 que, acabada la II Guerra Mundial, el gobierno estadounidense transfirió a Colombia en 1947.

En la Armada española se mantuvo viva la llama de su recuerdo, y no podía ser de otra manera. El primero de los buques de nuestra marina de guerra en llevar su nombre fue un vapor de ruedas que se construyó en 1852 y fue bautizado como General Lezo. Un medio modelo de este buque puede verse actualmente en el Museo Marítimo Torre del Oro, en Sevilla.

 

El segundo buque de la Armada llamado General Lezo fue un cañonero construído en Cartagena (Murcia) en 1885. Tenía 48 metros de eslora, desplazaba 524 toneladas y su dotación era de 95 hombres. Se hundió en la Bahía de Bakor, Filipinas, cerca de Manila, en 1898.

 

Hubo también un crucero de 4.500 toneladas, artillado con 6 cañones, construído en El Ferrol y botado en 1922. Tenía más de 140 metros de eslora. Este crucero Blas de Lezo se hundió en 1932 debido a un accidente ocurrido en el cabo Finisterre durante unos ejercicios que ejecutaba junto a otros buques, aunque se salvó toda su tripulación. De este crucero existe un modelo en el Museo Naval de Madrid.

Vapor de ruedas General Lezo

Crucero Blas de Lezo


Después del malogrado crucero el siguiente buque que llevó el nombre del marino vasco fue el destructor Blas de Lezo D-65, de la clase Churruca, que estuvo en servicio entre 1973 y 1991. El buque había pertenecido previamente a la marina de EE.UU. con el nombre de USS Noa (DD-841) y había servido en Vietnam.

 

Hoy día, uno de las más modernas fragatas de guerra del mundo lleva el nombre del marino vasco. Es el mayor homenaje que la Armada Española puede dar al marino vasco, dando su nombre a uno de sus mejores buques. Se trata de la fragata F-103 Blas de Lezo. Fue construída en El Ferrol y entregada a la Armada en el año 2004. Esta fragata puede que sea conocida por el lector pues su actividad ha sido noticia en más de una ocasión, como su reciente participación en la lucha contra la piratería en aguas de Somalia. Participó también en la conmemoración del bicentenario de la batalla de Trafalgar, ocasión en la que por aguas inglesas paseó el nombre de Blas de Lezo.

Fragata F-103 Blas de Lezo, de la clase Alvaro de Bazán. Esta moderna fragata cuenta con sofisticados sistemas de navegación, combate y radar. Está dotada, entre otros ingenios, con lanzadores de misiles Harpoon, lanzadores de torpedos, lanzadores verticales y helicóptero Seahawk. 

 

La Armada cuenta hoy con un buque de los más modernos del mundo, que lleva el nombre de este heroico marino en su popa, así como la dotación lo lleva en la cinta del lepanto. Esto es un motivo de orgullo para todos los que pertenecemos a la Armada.

El teniente general de la Armada Don Blas de Lezo y Olavarrieta (olvido y muerte de un héroe). Vicealmirante José Luis Torres Fernández. Revista General de Marina, marzo 2008.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En memoria de Don Blas

 

Poco más hubo para recordar a Blas de Lezo. Hasta hace algunos años, cuando se han multiplicado los libros y artículos en diarios y en revistas especializadas o de divulgación histórica general (páginas culturales de ABC, El Mundo, Revista General de Marina, Revista de Historia Naval, La Aventura de la HIstoria, etc.), blogs, artículos de investigación histórica especializada, páginas webs, homenajes y otros actos, con el resultado de un sensible aumento del interés hacia la figura del marino. También la Guerra del Asiento, o aspectos específicos de su época relacionados tanto con la propia guerra como con la vida de Don Blas (el asiento de negros, la actividad corsaria española, fortificaciones españolas, repercusiones económicas, etc), ha sido objeto de estudio para tesis doctoral o artículos científicos. En reconocimiento de Blas de Lezo también se han producido conferencias, cenas de homenaje o se ha creado una asociación cultural con su nombre. Asímismo, algunos pintores y escultores han querido rendir homenaje al marino con alguna de sus obras. Hasta hace pocos años no había documentales menciones, estudios, lo que afortunadamente se va corrigiendo recuperando la figura Lezo. De lo que dudo que haya voluntad de corregir es el hecho de que Don Blas no existe en los libros escolares, amén de que en los institutos la historia naval de España no se estudia en la profundidad deseable en bachillerato sino más bien sólo lo imprescindible de cara a la selectividad. En fin, para la inmensa mayoría de españoles la decisiva victoria ante Gran Bretaña y el nombre del marino vasco han sido completamente desconocidos pero ya es hora de que Lezo ocupe un justo lugar en la memoria histórica española.

 

En el terreno literario, durante los últimos años se han publicado varios libros. Cabe citar, entre otros, El día que España derrotó a Inglaterra, de Pablo Victoria, publicado por Editorial Áltera en 2005. Al libro de Pablo Victoria le siguieron La conjura de la mentira, de Ramiro Ribas Narváez, publicado en 2008 por Editorial Akrón; El vasco que salvó al imperio español, de José Manuel Rodríguez, del año 2008 editado por Editorial Áltera; Mediohombre, de Alber Vázquez, editado por Ed. Inédita en 2009; La Guerra del Asiento, de Rubén Sáez Abad, Editorial Almena 2010; La batalla de Cartagena de Indias, de Fco. Javier Membrillo Becerra, Publidsa 2011; El héroe del Caribe, publicado por Ed. LibrosLibres en 2012, y Almirante en Tierra Firme, de José Vicente Pascual, editado por Áltera en 2013. 

Los amantes de la lectura en libros electrónicos tienen una novedad reciente: está disponible (desde febrero-2014) la edición para Kindle del libro Morirás por Cartagena, de Víctor San Juan, editado por Punto de Vista Editores. Si algún lector tiene interés, lo puede encontrar haciendo click en el siguiente enlace:

 

Morirás por Cartagena (versión e-book)

 

Entre el mundillo de las competiciones de vela es sabido que el Club de Mar Puerto Sherry organiza una regata nocturna que lleva el nombre del marino.

 

En Pasajes, pueblo natal de Lezo, se ha bautizado con su nombre la Escuela Marítimo Pesquera, que consta de modernas instalaciones. En la fachada de la que fue casa natal de Lezo en Pasajes hay una placa de piedra con el escudo de armas de la familia y otra en homenaje al marino colocada en 1955 (fotografía insertada en el CAPÍTULO 13)

 

En el Museo de San Telmo, en San Sebatián, se guarda una talla en madera que representa el escudo de armas del apellido Lezo, encargada por Blas Fernando de Lezo y Pacheco en 1774 para la lápìda sepulcral en la actual Iglesía parroquial de San Pedro de Pasajes, honrando así la memoria de su padre y de otros familiares ilustres cuyos nombres aparecen también en la talla.

Hay un busto en la Diputación Foral de Guipúzcoa, en San Sebastián.

A la izquierda, fachada de la Diputación Foral de Guipúzcoa situada en la Plaza de Guipúzcoa. El busto de Lezo (imagen superior) es el segundo por la derecha, realizado en piedra por Marcial Aguirre Lazcano en 1885.


En el Panteón de Marinos Ilustres, en San Fernando, Cádiz, se colocó en 2005 una placa conmemorativa (fotografía de la izquierda, facilitada por mi amigo Manuel León, a quien desde aquí agradezco este y todos sus detalles). Otra placa fue colocada el 9 de septiembre de 2011 en la Puerta del Reloj de Cartagena de Indias (fotografía de la derecha extraída del blog El Guarida de Goyix). En la ciudad colombina existe otra placa colocada en noviembre de 2009 por iniciativa española, concretamente del Colegio de Ingenieros Superiores de la Comunidad Valenciana, cuya fotografía puede ver el lector en el CAPÍTULO 13 (2ª PARTE, biografía de Don Blas).


En Puerto de Santa María, Cádiz, se descubrió con honores el 21 de noviembre de 2009, en solemne acto de homenaje, una placa en la casa donde vivió Lezo antes de partir hacia su último destino en Cartagena de Indias. El acto fue presidido por el alcalde de la ciudad, Enrique Moresco, el almirante de Flota de la base gaditana, Juan Carlos Muñoz-Delgado, el comandante del Grupo de Unidades de Proyección de la Flota, contralmirante Juan Rodríguez Carat, y la presidenta del Club de Mar Puerto Sherry, Elena Colomer.

 

Se contó con la participación de la Banda del Tercio Sur de la Armada, que interpretó la marcha militar Almirante Blas de Lezo, compuesta por Joaquín Drake (apellido ironía de la Historia), quien también estuvo presente en el acto.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

Placa descubierta en Puerto de Sta. María, Cádiz.

Banda del Tercio Sur de la Armada.

Imagen nocturna de la placa colocada


En la capital de España no hubo una calle con su nombre hasta el año 2010 cuando el Ayuntamiento madrileño decidió denominar Avenida Blas de Lezo a un vial de nueva creación situado en Vicálvaro, junto a la M-45 (marcada en color azul en la imagen de la derecha). Otras poblaciones españolas, pocas, tienen una calle dedicada a su memoria: Valencia, Málaga, Las Palmas de Gran Canaria, Alicante, San Sebastián, Huelva, Rentería, Fuengirola y Pasajes (pueblo natal de Lezo). La de Valencia, por ejemplo, se denomina calle Marino Blas de Lezo.

 

 

Se ha realizado un sello de Correos conmemorativo del 325º aniversario del nacimiento de Blas de Lezo dentro de la emisión Efemérides. Esta emisión es del 14 de febrero de 2014.

 

 

En marzo de 2014 el Museo de Cera de Madrid anuncia que próximamente Lezo también estará en su Museo.

Es preciso hacer mención especilísima a la exposición Blas de Lezo. El valor de Mediohombre, realizada en el Museo Naval de Madrid. Abierta al público el 18 de septiembre de 2013 tenía prevista su duración hasta enero de 2014 pero el éxito de público favoreció su prórroga hasta el 3 de marzo de 2014.

 

Dicho éxito, de hecho la exposición más visitada del Museo Naval de las realizadas hasta la fecha, recompensa el afán de las comisarias, Mariela Beltrán y Carolina Aguado, y de todos cuantos trabajaron por ofrecer al público una exposición apropìada y honrosa para Don Blas de Lezo. 

 

En ella se expusieron 80 piezas procedentes del patrimonio de la Armada, 10 museos, archivos o instituciones españolas, además de un museo colombiano y colecciones particulares. La exposición no sólo nos da a conocer al marino vasco sino que también trata de situarnos en el momento histórico y mostrar cómo era la marina española de la época. Se quiso contar para esta exposición con uno de los retratos del almirante Edward Vernon, pero los ingleses se negaron a ceder temporalmente uno de los varios retratos que del almirante inglés existen en los museos británicos. Se reconstruyó el traje de Lezo, se mostraron las medallas de la falsa victoria británica, planos de un navío del siglo XVIII, y otras muchas cosas entre las que hay que destacar un audiovisual fantástico que reconstruye el paisaje y las fortificaciones existentes en Cartagena de Indias en 1741. Hay que señalar que para este audiovisual se ha desarrollado desde su origen un trabajo riguroso donde se mostrasen edificaciones, geografía y paisaje. Para reconstruir el territorio, por ejemplo, se contó con la tecnología más moderna y la colaboración de entidades como el Jet Propulsion Laboratory (California Institut of Technology). Se trabajó con la cartografía española de la época digitalizando patrimonio documental. Se reconstruyó la ciudad de Cartagena de Indias, la bahía, y lo más importante del documental: murallas y fortificaciones. El modelado de todo ello se realizó a partir de planos originales de los ingenieros españoles que construyeron todas aquellas fortalezas, castillos y baterías. Finalmente, se transformó la topografía digital y los modelos arquitectónicos de tres dimensiones en escenarios en los que, además, se transmite la realidad de la naturaleza caribeña de la época mostrando una vegetación acorde con la existente en 1741: manglares, cocoteros, caobas, etc. El software que se empleó es el que fue usado en películas como El día después o Elysium.

Así recibía al visitante la entrada a la sala de la exposición Blas de Lezo. El valor de Mediohombre, Museo Naval de Madrid, celebrada entre septiembre de 2013 y marzo de 2014.

La alcaldesa y el embajador de Colombia en la inauguración de la misma exposición en Cádiz (estará abierta hasta el 12 de mayo). La alcaldesa parece mirar con cierto asombro el retrato de Antonio de Gaztañeta.


Casi al mismo tiempo en que termino estas últimas líneas de este capítulo me llega una grata noticia: en la tarde del día 12 de marzo de 2014, a las 19:30 horas, se inaguró en Cádiz el primer monumento de España dedicado a Blas de Lezo. Al acto acudieron Teófila Martínez, alcaldesa de Cádiz, Santiago Bolívar, almirante de la Flota, y Fernando Carrillo, embajador de Colombia en España. Tras este acto, y sólo una hora después, se inaugura en Cádiz la exposición Blas de Lezo. El valor de Mediohombre, que tras el éxito obtenido en Madrid (80.000 visitantes) ha viajado a la ciudad andaluza donde estará abierta al público hasta el 12 de mayo de 2014. Animo a cualquier lector que pueda visitarla  a que lo haga.


Inauguración del monumento a Blas de Lezo situado en Paseo de Canalejas, Cádiz, 12 de marzo de 2014

La estatua es obra del escultor José Antonio Barberá Briones.

Mención especial a la Asociación Monumento a Blas de Lezo, asociación civil sin ánimo de lucro inscrita legalmente y constituída en 2013 cuyos objetivos son recuperar y honrar la memoria de Blas de Lezo y promover la erección al marino vasco de un monumento en Madrid. En diciembre de 2013 se creó el grupo de trabajo que impulsa el proyecto de monumento. Este grupo de trabajo está formado por representantes de la Real Academia de Bellas Artes, Real Academia de la Lengua, Real Academia de la Historia, Armada Española, la Casa de América, el Instituto de Estudios Madrileños y la propia Asociación Monumento a Blas de Lezo.

 

El presidente de esta asociación es Iñigo Paredes Camuñas, a quien desde aquí quiero hacerle llegar, una vez más, mi amistad y admiración por el esfuerzo que lleva a cabo.

 

El grupo de trabajo, en reunión del 4 de febrero de 2014 celebrada en el Cuartel General de la Armada y presidida por la alcaldesa de Madrid, decidió la ubicación del futuro monumento: se erigirá en los jardines de la Plaza del Descubrimiento, un lugar relevante en el corazón de Madrid. Se pretende que el monumento sea erigido por suscripción popular, en la cual no se exigen cantidades mínimas o máximas porque lo que importa es que sean muchos los españoles que voluntariamente hayan aportando su grano de arena al monumento, y no que sea erigido por la generosidad económica de unos pocos. Que sean miles los españoles partícipes y responsables del monumento. Y así muchos españoles puedan sentirse orgullosos de ver  SU  estatua cada vez que pasen por el centro de Madrid. Suya, de Don Blas y suya, de usted, lector. De los españoles. De uno de nosotros.

 

Así cuando alguien pregunte quién es el personaje del monumento podremos simplemente decir "es un español".

Palabras de Iñigo Paredes, 16 de diciembre de 2013, en su discurso de presentación del grupo de trabajo celebrado en el Museo Naval de Madrid.

 

A la hora de escribir estas líneas aún está abierta la suscripción popular. Si usted, lector, desea participar, no tiene más que ir al enlace que la facilito a continuación:

 

 

ASOCIACIÓN MUNUMENTO A BLAS DE LEZO

 

 

Uno de los reconocimientos más sentidos a Blas de Lezo es el de quien le homenajea íntimamente. Es una forma muy personal y permanente de honrar al marino. Se realiza teniendo un pequeño y propio monumento, de manera que para su poseedor siempre habrá un recuerdo al marino vasco pues sólo tendrá que acercarse a la pequeña vitrina, a la vista en el salón o en algún lugar del despacho de su propia casa, para recordar a Lezo. Es el caso de mi amigo Antonio Serrano, de cuya cortesía obtuve las fotos de la estatuilla de Don Blas que encargó personalmente al artista Miguel Ángel Díaz Galeote. Ambos, asesorados por el uniformólogo Paco Vela, dieron vida al marino vasco en febrero de 2013. La figura tiene una altura de 25 centímetros, a los que hay que añadir 5 centímetros del pedestal.


Estatuilla de Blas de Lezo propiedad de Antonio Serrano. En el traje se ha seguido con fidelidad el que viste el marino en el retrato del Museo Naval de Madrid y la reconstrucción del mismo realizada por dicho Museo para la reciente exposición Blas de Lezo. El valor de Mediohombre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todas las iniciativas que se han producido recientemente suman en pro de la recuperación de la figura de Blas de Lezo. Es de justicia que su figura sea recuperada, que ya era hora, y reconocida por los españoles. Debemos honrar a nuestros mejores y reconciliarnos con nuestro pasado, sin complejos.

 

Nos ayudará a ello no olvidar las preguntas que tantas veces deberíamos habernos hecho: ¿por qué aquel olvido generalizado de Don Blas, guipuzcoano, de Pasajes? ¿Por qué se produjo tan larga injusticia hacia su figura? ¿Por qué ocultar y enmudecer la importancia de lo ocurrido en Cartagena de Indias? ¿Acaso debemos avergonzarnos de nuestra historia? ¿Qué nos ha impedido despojar a Lezo de la oscuridad y colocar en lo más alto y a plena luz al mejor marino de su tiempo, al hombre talentoso, capaz, ingenioso, servicial, valiente, inteligente y leal?

 

Cuesta creerlo pero ha sido la realidad: mientras Inglaterra ocultó su peor derrota militar ante España,  nuestro país el nombre de su artífice.

 

Es difícil encontrar en la historia española un héroe de mayor calibre. Pero en este país, cuyas características son la ingratitud y la envidia, Lezo lo tuvo muy crudo. Parece una constante histórica que los españoles seamos tan capaces de menospreciar a aquellos que más falta nos hacían en su momento.

 

Nadie como los españoles para ser ingratos con los suyos.

Quizás porque el enemigo perpetuo, tanto como la pérfida Albión, hemos sido

los propios españoles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 


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Comentarios: 13
  • #1

    Antonio Serrano (viernes, 28 marzo 2014 20:47)

    Increible, que documentotan imprescindible. Felicidades por este magnífico trabajo y sobre todo muchas gracias.

  • #2

    Manuel (martes, 01 abril 2014 15:45)

    mi enhorabuena, un trabajo precioso, muchas gracias por compartirlo, me ha encantado.

  • #3

    singladuras (miércoles, 02 abril 2014 09:01)

    Gracias a vosotros, Antonio y Manuel, soy yo el que está encantado con que haya sido de agrado para vosotros.

  • #4

    miguel (martes, 26 agosto 2014 00:19)

    Qué compendio de exageraciones, falsificaciones y tonterías. Menos complejo de inferioridad, menos victimismo y menos bobadas.

  • #5

    Javier Garcia Perez-Llantada (domingo, 02 noviembre 2014 22:02)

    Solo puedo decir: GRACIAS,MUCHAS GRACIAS. Magnífico trabajo y muy bien documentado.

  • #6

    Miguel de Avendaño (jueves, 30 abril 2015 00:00)

    John Pembroke es un personaje de ficción de la novela de James Michener "Caribbean". Lamentable.

  • #7

    joseluis spath corena (domingo, 06 septiembre 2015 00:59)

    buena informacion

  • #8

    Jose Rodriguez (viernes, 24 junio 2016 14:39)

    Grandisimo documento, gracias.

  • #9

    joseluis spath corena (miércoles, 05 abril 2017 19:17)

    mi nombre es joseluis spath corena soy de cartagena de indias trabajo en el castillo de sanfelipe de barajas y soy quia de turismo coreo josespath26@hotmail.com

  • #10

    martin martes (miércoles, 08 agosto 2018 16:31)

    la historia de blas de lezo es la típica historia de todas la Españas, o sea hay algo malo en nuestra cultura hispana dicho de otro modo los tontos virreyes eslavas abundan en nuestra cultura en todos los ámbitos antier, ayer y hoy es parte de nuestra herencia cultural y que hasta hoy hemos llegado asi, pero tambien hay algo macabramente místicos en los vernut ingleses y no es que saben ocultar la verdad, es que hasta la verdad conspira y hace que todo se acople en favor de que su mentira en todos los ámbitos se haga verdad; siempre ha sido ha si hasta el dia de hoy

  • #11

    Blezo1741 (lunes, 08 abril 2019 02:26)

    Gran trabajo, saludos

  • #12

    Carmoneti (miércoles, 01 mayo 2019 16:40)

    Magnífica entrada, me he divertido mucho leyendo. Muchas gracias.
    Desde que vi por primera vez, hace unos 50 años, los sellos Edifil 1375 Y 1379 de Blas de Lezo ( 1961. Forjadores de América ) me llamó la atención este héroe vasco.

  • #13

    Ulises Mastrascusa (miércoles, 22 mayo 2019 09:09)

    Magnifica obra de gran valor. felicito a los autores de este maravilloso material historico. Soy ciudadano Colombiano, nacido en la ciudad de Cartagena de Indias. Para los Cartageneros el almirante Don Blas de lezo siempre ha sido considerado un heroe, lamentablemente tomo mucho tiempo para que Espana hiciera lo propio y justo con la memoria de este gigante de los mares. lamentablemente muchas veces los verdaderos heroes no son reconocidos.

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