LA GUERRA DEL ASIENTO

 

 

Ha transcurrido más de mes y medio desde el primer insulto a Cartagena de Indias (marzo de 1740) y Edward Vernon decide realizar una nueva visita. Aumenta la fuerza ofensiva que se presentará ante la ciudad y para este nuevo intento lleva 13 buques de guerra y 1 bombarda. Hace menos de dos semanas que a la plaza española ha llegado el nuevo virrey, don Sebastián de Eslava, con los navíos Galicia (70) y San Carlos (60).

 

Los barcos ingleses se dedicaron a reconocer la ensenada de Barú, por lo que desde el principio parece que nuevamente van a posponer el verdadero ataque. Lezo, por su parte, se dirige a Bocachica y forma con dos barcos una línea defensiva en la misma entrada, en una posición que resulta fácilmente visible por el enemigo. Allí esperó un tiempo, hasta que los barcos ingleses asoman al otro lado de Bocachica. Observan y ven a los barcos españoles perfectamente situados y en posición de combate, pero algo alejados.

 

Pronto se irán, rumbo norte. Pero antes de irse se tomaron su tiempo para reconocer la zona y realizar un ataque, quizás creyendo que podría tener éxito, como los realizados anteriormente en otras plazas españolas con defensas débiles.

 

O sea, iban a intentar forzar el paso de Bocachica y así comprobar sus defensas.

 

Esto fue un error de Vernon: teniendo Lezo la responsabilidad de la defensa   --Eslava acababa de llegar y aún no le había dado tiempo a hacer algo más que una primera inspección--   no cabía la posibilidad de que fuese factible el cruce del canal por sorpresa ni que la guarnición no estuviese instruida y alertada.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

Reconstrucción virtual de la entrada al canal de Bocachica.  La imagen, cortesía del Museo Naval de Madrid, es un fotograma del video Blas de Lezo. Las fortificaciones de Cartagena de Indias, propiedad de la Fundación Museo Naval. Todos los derechos reservados.

 

 

Venon lanza sus barcos a la mayor velocidad posible con los navíos más potentes en vanguardia (aquí, en movimiento, no sirven las bombardas) para romper las defensas por la acumulación de fuego en cabeza. Es una acción impetuosa y valiente. Y cuando menos lo espera comienza a recibir fuego de la artillería española desde todos los lados: desde el castillo de San Luis, desde la batería de San José y desde los navíos de Lezo.

 

Y, de pronto, el navío en cabeza comprueba que hay una cadena tendida a lo ancho del canal.

 

 

 

Don Blas de Lezo, el hombre que defendió un imperio.

 

 

Llega este navío inglés al abordaje de la cadena que impedía el paso, la cual no consigue romper ni sobrepasar por tener los anclajes firmemente sujetos. El british se encuentra en una grave contrariedad ante la cadena pues está situado a tiro de toda la artillería española.

 

Para colmo, le falta espacio para maniobrar: el primer navío trataba de liberarse del obstáculo que había intentado sobrepasar pero mientras lo hace recibe el fuego de los navíos de Lezo, fuego que el navío inglés no puede contestar debido a que se encuentra de proa.

 

El resto de la columna inglesa está detrás, detenida. A causa de los disparos españoles, uno de los navíos ingleses giró como un trompo, otro fue desarbolado del mastelero de gavia y, al final, los ingleses se zafaron de allí como pudieron. El navío inglés de vanguardia, atascado, tuvo que emplear sus botes y los del navío que le seguía para ser remolcado fuera de la zona de peligro.

 

Así que tras comprobar cómo se las gastaban los españoles en el canal, a los british les faltó tiempo para huir tan velozmente como pudieron, cagando leches, que diría Don Arturo Pérez Reverte, tras verse envueltos en fuegos cruzados de tierra y de los navíos de Lezo que, astutamente, había dejado acercarse a los barcos ingleses a la entrada de Bocachica. Y, también, debido a la capacidad técnica de Don Blas, que había dado la tensión adecuada a la cadena.

 

Tal como había previsto Lezo, la acción de este día bastó para ahuyentar a los enemigos.

 

Vernon, nuevamente sorprendido como en su primera visita ocurrida mes y medio antes, ordena el regreso a la acogedora Jamaica con la misión inconclusa. Eran las sorpresas que le deparaba, insistente, alguien que ya le desconcertó en el lejano año de 1706, que lo volvió a hacer mes y medio antes, y así, nuevamente, quizás lo volviera a mascullar el inglés:

 

God damned, it’s the same bastard

 

Los españoles demuestran que no están dormidos en Cartagena de Indias. La ciudad podría ser derrotada, pero no sorprendida. Era la segunda vez que hacían fracasar los planes del inglés. Vernon tampoco consigue mucha información esta vez y, como en la visita anterior, tampoco se atreve a atacar decididamente yendo a por todas.

 

Pero aprende la lección. Había tenido bastante en Bocachica y esa fue la información que pudo sacar. Ante la posibilidad de que Rodrigo de Torres se presente con su escuadra (la cual, en realidad, no era posible dado que aún no había zarpado de El Ferrol, pero Vernon todavía no tenía clara información sobre ello), e igual pudieran hacer los aliados franceses (Vernon sabía que Francia había decidido enviar una escuadra al Caribe, aunque no tenía información del paradero de esa escuadra), cree mejor esperar grandes y enormes refuerzos que deben llegarle desde Gran Bretaña, así que decide aguardar mejor ocasión para volver a Cartagena. Si las intenciones del inglés eran asestar duros golpes a la ciudad no lo consiguió. Lo que sí consiguió fue poner sobre aviso a los españoles.

Grundriss von der Bay Cartagena in Indien ... Plan de la Bahie de Carthagène des Indes ... levé par ordre du roi en 1735.

Biblioteca Nacional de Francia.

 

Sí que debió Vernon reafirmarse en algo que ya debió entender en su primer visita mes y medio antes: esto no era Portobelo. Ni Chagres, donde había atacado anteriormente. Cartagena de Indias eran palabras mayores.

 

Porque, ¡oh, contrariedad!, Oh, disgruntled! what an downside and uncomfortable surprise, las ciudades de verdad tienen murallas de verdad. Y alguien como el experimentado e inteligente Lezo le esperaba prevenido y en guardia.

 

Hay que recordar que Don Blas tenía sus propios espías. A uno de ellos le apodaban “el paisano” cuya información era muy valiosa pues provenía de la mismísima base de operaciones inglesa, Jamaica. Por eso Lezo tenía de los ingleses más información de la que estos tenían de los españoles. Lezo sabía que esta segunda visita de Vernon no era el gran ataque que se temía. Para Don Blas lo peor estaba por llegar.

 

Por los mismos motivos e informaciones, Lezo se convenció de que la siguiente visita ya no sería una incursión de reconocimiento o un ataque tratando de pillar desprevenidas las defensas españolas. Las informaciones le hablaban de una leva de colonos norteamericanos y de que se esperaba en Jamaica un próximo gran acopio de hombres y barcos que vendrían de Europa. Don Blas estaba seguro de que por muy equivocados que hubiesen sido los cálculos enemigos respecto a las defensas de la ciudad, Gran Bretaña se precipitaría con mucha mayor fuerza contra la fundamental plaza española.

En consecuencia, Don Blas no tenía duda de que la calma que había en Cartagena tras esta segunda visita de Vernon era una calma falsa. La próxima vez las cosas irían muy en serio. Sin embargo, el virrey, máxima autoridad, no daba crédito a las informaciones de los espías y era de la opinión de que los británicos cambiarían de objetivo y se dirigirían, antes que a Cartagena de Indias, a otras plazas como Veracruz o La Habana. La credibilidad de las informaciones de los espías de Lezo fue uno de los motivos de disputa entre el virrey y Don Blas.

 

A finales de 1740 llegó a Cartagena de Indias la escuadra del almirante Rodrigo de Torres pero a finales de enero de 1741 abandonó la plaza y se dirigió a La Habana tras realizar brevísima estancia en Santa Marta, dejando uno de sus navíos (el San Felipe) como refuerzo para la pequeña escuadra de Blas de Lezo.

 

Esta información sobre el alejamiento de Torres de la zona de operaciones, llegada a conocimiento de Vernon, supuso para este la ocasión propicia que esperaba.

 

Decidió volcar sobre Cartagena de Indias, ahora sí, una enorme fuerza ofensiva.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Escribir comentario

Comentarios: 2
  • #1

    MISANDRO (domingo, 11 mayo 2014 19:34)

    OBSTINADO ESTE VERNON, Y ES DIGNO DE ENCOMIO QUE QUISIERA PERSEVERAR PESE A TENER A TAN FORMIDABLE ENEMIGO COMO LEZO. SI LA TRAZA DE LOS CAÑONES QUE LEÍAMOS EN LA ANTERIOR ENTREGA FUE PARA NO CONTADA, QUÉ DECIR DE LA DE LA CADENA. SE LAS SABÍA TODAS DON BLAS.
    PERDONE QUE INSISTA EN MI TEMA, PERO, QUÉ NOVELA SE PODRÍA HACER CON LAS ANDANZAS DE "EL PAISANO". SE LA JUGÓ EL HOMBRE Y NADA SABEMOS DE ÉL. YO ME HE ENTERADO POR USTED DE SU EXISTENCIA.
    UN FUERTE BRAZO. SIEMPRE SUYO,
    M..

  • #2

    singladuras (lunes, 12 mayo 2014 10:48)

    Dicen que a la tercera va la vencida.

    Pues eso fue lo que comprobó Edward Vernon cuando por tercera vez apareció frente a Cartagena de Indias. En efecto, llegó la vencida. Se detalla en el siguiente CAPÍTULO 19.

    Gracias, Sr. Misandro. Es muy reconfortante tener lectores tan atentos.

ENTRADA MÁS RECIENTE :

TABLA DE CONTENIDOS

INICIO

Bienvenidos

LA GUERRA DEL ASIENTO

ÍNDICE

( Esta sección contiene

20 capítulos y una

tabla cronológica )

ENTRADAS MÁS POPULARES :

1 - Casco. Partes y estructura

2 - Aparejo. Velas

3 - El pabellón de la Armada

 

EL AUTOR

PARA CONTACTAR

 

HISTORIA NAVAL

MEMORIA SECULAR ESPAÑOLA

 

RECOMENDAR

O SEGUIR EN : 



 

 

¿TE GUSTA ESTA WEB? 

VÓTALA Y ME AYUDARÁS

 A IMPULSARLA 

 

Pulsa aquí

 

 

 

 

RELOJ Y CALENDARIO

 

CONSULTA EL DICCIONARIO :

 

         CONTADOR DE VISITAS

Web Analytics