LA GUERRA DEL ASIENTO

 

 

Al iniciarse el año 1740, Vernon fondea a unas dos leguas de tierra, muy lejos del alcance de los cañones, y pretende comprobar la situación en que se encontraba la ciudad y sus defensas de una manera un poco inocente y algo ridícula: para obtener información envió embarcados en un buque a un teniente inglés con dos españoles prisioneros con el pretexto de dar en mano dos cartas, una al entonces gobernador Pedro Hidalgo y otra al comandante de la plaza, Blas de Lezo. ¿La treta? Introducir al teniente inglés dentro de la ciudad en plan ojeador.

 

Pero no funcionó porque el gobernador prohibió la entrada del barco a la bahía cartagenera.

 

¡Estos spaniards!

 

De Port Royal zarpó la escuadra, con el propio Vernon a bordo, el día 7 de marzo del año 1740 para ofender Cartagena de Indias. La escuadra estaba compuesta de 8 navíos de línea, 2 brulotes, 3 bombardas y 1 paquebote. Aparece frente a Cartagena de Indias el 13 de marzo. Fondean en Playa Grande, a unas dos leguas de la ciudad. Desembarcan botes para reconocer la costa, los fondos, las mareas, el terreno, observar las defensas, buscar zonas adecuadas para desembarcos, y sondear el paso hacia el interior de la bahía. Los navíos recorren, desde una distancia fuera del alcance de los cañones, toda la costa desde La Boquilla hasta Bocachica.

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

Un inciso: los navíos de línea eran poderosos barcos de guerra, reyes del mar en el siglo XVIII, muy nombrados y populares, a los que supongo habituado el lector, pero para quienes que desconozcan qué clase de barcos eran las bombardas, los paquebotes o los brulotes indicaré que los brulotes eran barcos que se usaban contra navíos o escuadras enemigas para destruirlos por el fuego o por explosión de sus santabárbaras; los paquebotes hacían labores fundamentalmente de transporte y apoyo, mientras que las bombardas eran barcos que se usaban como plataforma de piezas de tiro curvo cuyos proyectiles alcanzan gran altura (por ello se emplean contra objetivos ocultos a la vista o para las acciones de sitio).

 

Las bombardas habían sido inventadas en Francia en el último tercio del siglo XVII, adoptandónse la idea en otros países con variados tamaños y formas para el buque. En el siglo XVIII se hizo habitual la bombarda de porte parecido al bergantín con dos palos, aunque más ancha, normalmente con dos morteros, reforzándose las zonas donde se instalaban las piezas. Estos barcos no eran adecuados en el combate naval donde los objetivos estarían en movimiento, pero sí eran adecuados para bombardear posiciones fijas de tierra.

 

Prosigamos.

 

Después del reconocimiento, que duró cinco días, el día 18 los buques ingleses abren fuego sobre la ciudad desde una distancia prudente, al mismo tiempo que las bombardas se acercan un poco más a la plaza. Así Vernon expone al fuego enemigo a buques secundarios en lugar de a sus grandes navíos de línea. 

 

ARRIBA, modelo de bombarda francesa de un solo palo de finales del siglo XVII, donde observamos el mortero instalado en el centro de la nave cerca del palo.

ABAJO, modelo de mortero de placa español para uso naval del siglo XVIII (Museo Naval de Madrid)

 


La intención de Vernon era quemar la ciudad y todo lo que en ella podía contenerse ya que las bombas que lanzaron los buques ingleses eran incendiarias. También quería que las baterías de costa respondiesen a su cañoneo para así descubrir su potencia y posición. Pero lo hicieron torpemente pues solo lograron incendiar tres casas. Es sabido que las condiciones del mar hacen que el frente marítimo de la ciudad sea una defensa natural.

 

Vernon establece un bloqueo naval en el acceso a la bahía, pero no se atreve a forzar el paso al interior. Lo que pretende es provocar a Blas de Lezo   --quien en esos días, en ausencia del nuevo virrey que estaba por llegar y la reciente muerte del gobernador de la ciudad, Lezo ostentaba de facto el mando único, pues el gobernador interino tenía plena confianza en él y seguía en todas sus recomendaciones--   para que salga con sus barcos a enfrentarse en mar abierto. MIentras, continua Vernon con su agresión arrojando bombas y, finalmenbte, sus bombardas causan daños considerables en edificios emblemáticos como el Convento de La Merced y la catedral.

 

Un viejo cañón en la muralla de Cartagena de Indias apunta a mar abierto.

 

 

Los cañones de las defensas españolas que estaban orientados hacia la costa no alcanzaban a las bombardas inglesas, quedando cortos sus tiros para desesperación de Lezo. No todos los cañones estaban dotados de cureñas con las rampas ingeniadas por Lezo, pues don Blas había dispuesto este ingenio sobre todo en los lugares críticos, como era Bocachica.

 

Don Blas era listo y no iba a caer, como pretendía Vernon, en la trampa de salir prematuramente de la bahía a enfrentarse a una escuadra que le esperaba a barlovento, exponiendo su escasa fuerza naval que debía mantener para mejor ocasión. Pero al impulsivo don Blas, persona a la que la actitud pasiva le remordía, incapaz de mantenerse inactivo, no le faltaban ideas y no tarda en sacar a relucir su gran iniciativa: el día 18 de marzo ordenó desmontar algunos cañones de 18 libras de sus navíos  (que tenían mayor alcance que los cañones de los castillos), transportarlos hasta una posición en tierra desde donde calculó que alcanzarían a las bombardas enemigas, y volverlos a montar en la posición elegida, ocultos entre la abundante vegetación del lugar.

 

A continuación, se les incorpora a las piezas el mecanismo ingeniado por Lezo. Las rampas de madera que dispuso para utilizar con los cañones modificaban la elevación, alargaban el tiro y aumentaban la eficacia de la pieza, realizando el disparo con mayor ángulo. Con este sistema disminuía la velocidad del proyectil, pero podía compensarse esta pérdida con una carga un poco mayor de pólvora, mientras que se incrementaba el alcance, que era lo que se pretendía.

 

Los británicos desembarcan 400 hombres, tratando de conocer las defensas de Bocagrande y la zona de Castillo Grande, también llamado Santa Cruz, lo que fue un fallido intento, fracasando completamente el desembarco. La mayoría de los ingleses quedaron prisioneros.

 

El día 20 las bombardas inglesas se acercan otra vez a la costa a la distancia de seguridad que ya conocían para continuar su bombardeo, y de pronto se ven recibiendo el fuego de los proyectiles que lanzaban los cañones navales instalados en tierra. Los disparos fueron tan certeros que alcanzaron y ahuyentaron a las bombardas. Cinco de los buques ingleses fueron alcanzados. No podían identificar el origen exacto del fuego ni el tipo de artefacto que los lanzaba. La artillería española, con sus tiros cruzados sorprendieron de tal modo a los ingleses que estos se vieron obligados a desistir en su empeño porque corrían el riesgo de acabar seriamente dañados incluso los navíos. Vernon no daba crédito a lo que veía y sin evaluar con detalle lo que estaba pasando ordena alejarse para no exponer sus medios navales.

 

Recordando el episodio frente a Barcelona en 1706 cuando el inglés se enfrentó a la astucia y al ingenio de Lezo, Vernon, igual de asombrado que entonces, recordó al marino vasco y bramó ante Cartagena de Indias:

 

God damned, it’s the same bastard!

 

Y es que Vernon no sabía con quién se estaba jugando los cuartos.

 

Después de casi tres días de bombardeo, durante los que los ingleses habían arrojado unas 350 bombas sobre la ciudad, la escuadra británica levó anclas y se retira el mismo día 20, situándose cerca de Portobelo para hacer renovar agua, provisiones y reparar los daños ocasionados por los disparos españoles. Vernon deja dos navíos, el  Windsor Castle (60) y el Greenwich (50), patrullando las aguas cercanas a Cartagena de Indias con la misión de informar de los movimientos españoles. Poco después se decide a atacar una posición mucho más débil, el castillo de Chagres (ver CAPÍTULO 11).

 

Había minusvalorado las defensas españolas de Cartagena de Indias. No obstante, el arrogante british  interpretó que había conseguido su objetivo, siendo este conocer tales defensas. Francamente, no parece que llegara a conocer demasiado. Lo que debió sacar en claro es que Cartagena de Indias no era un objetivo tan fácil como Portobelo, a la que había atacado tiempo atrás, o Chagres, que atacó inmediatamente después. Además, en Cartagena los españoles tenían un buen mando.

 

El engreído vicealmirante escribe a Gran Bretaña, adonde notifica que hubiera tomado fácilmente Cartagena de Indias de haber contado con más buques de guerra y 3.000 hombres de desembarco. Posteriormente explicaría que “la plaza se hallaba en tan buen estado de defensa que podría resistir el embate de 40.000 hombres”.

 

Volverá a acercarse a Cartagena de Indias algún tiempo después.

 

Tras esta primera aparición inglesa llegó a la plaza con dos navíos de línea el nuevo virrey, Sebastián de Eslava y Lazaga. En los dos navíos llegan algunos refuerzos y suministros. La sede virreinal era Santa Fe de Bogotá, pero Eslava decide quedarse en Cartagena de Indias. En principio, Eslava da su aprobación a todos los preparativos que hasta el momento había realizado Blas de Lezo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Comentarios: 2
  • #1

    MISANDRO (domingo, 11 mayo 2014 19:25)

    APASIONANTE RELACIÓN DE AQUELLOS HECHO GLORIOSOS, DON JOSÉ. AUNQUE SEA UN MANIDO TÓPICO, QUÉ GRAN PELÍCULA PODRÍA SALIR DE LO QUE CONTÁIS. PERO, ¿QUIÉN PODRÍA INTERPRETAR HOY DÍA A ALGUIEN COMO LEZO? UNÍA A SU VALOR Y CARISMA UNA ASTUCIA ENORME. LÁSTIMA QUE YA NO HAYA HOMBRES ASÍ.
    UN FUERTE ABRAZO. CONTINÚO LA SINGLADURA.
    M..

  • #2

    singladuras (lunes, 12 mayo 2014 10:22)

    Pues no tengo duda que un personaje histórico como Blas de Lezo merecería una gran película histórica, con alto presupuesto y elaborado guión construido con rigor (aunque, por las características propias del medio cinematográfico, deban concederse algunas licencias, porque de lo contrario no sería una película sino un documental).

    Puestos a especular con la posibilidad de una película, opino que el actor que podría interpretarlo podría ser Antonio Banderas, un actor con una "jartá" de talento. También veo adecuado a Rodolfo Sancho, que trabaja muy bien en la televisiva serie histórica Isabel. Otro que me gusta para el papel es Lluis Homar, que creo aportaría mucho carácter al personaje, al igual que Segi López.

    No me imagino a Lezo interpretado por Luis Merlo, Luis Tosar, Paco León o Fernando Tejero, por decir algunos. Mejor que no. Incluso en algún caso me desagradaría bastante.

    Un abrazo.

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