LA GUERRA DEL ASIENTO

 

 

El plan de defensa de Cartagena de Indias era, en realidad, el plan de defensa del Imperio Español en América. Era allí adonde se iba a decidir la suerte de todas las posesiones de ultramar en aquella parte del mundo.

El día que España derrotó a Inglaterra. Pablo Victoria. Editorial Áltera, 2005.

 

Si esta plaza de Cartagena de Indias, hubiera caído en poder de los Ingleses, España hubiera perdido el dominio de la América.

 

Historia de España. P. Mariana. Madrid, 1828.

 

 

La empresa en la que mayor empeño pusieron los británicos en esta guerra fue la conquista de Cartagena de Indias, puerto de recalada de la Flota de Tierra Firme, ciudad más importante de la costa sur caribeña y llave que abría la puerta del imperio español. Que los británicos preparaban una gran ofensiva contra la plaza era algo más que probable desde la declaración de guerra y una noticia que desde principios de 1740 se había ido confirmando una y otra vez tanto por las informaciones que los espías hacían llegar como por los interrogatorios de las capturas que los barcos españoles hacían por el Caribe. En Jamaica los ingleses acumulaban una gran fuerza naval. Era preciso tomar precauciones extraordinarias y reforzar la plaza.

 

En 1736 había sido nombrado gobernador de la plaza Pedro José Fidalgo. Don Blas de Lezo llegó a Cartagena en marzo del año siguiente, 1737. Para entonces, un informe de Jorge Juan y de Antonio de Ulloa indicaba que Cartagena, como otras muchas plazas americanas, estaba en una situación de grave abandono. Al realizar una inspección sobre el estado de las defensas, y a pesar de que la ciudad estaba dotada de fortificaciones, encuentran que sólo hay 150 soldados, 600 fusiles de los que la mayoría estaban en mal estado, 90 cañones la mayor parte inservibles y con cureñas podridas, pólvora anticuada e insuficiente (unas 3.000 libras) y 14.000 balas oxidadas.

Plano de Cartagena de Indias en 1730,

por Juan de Herrra y Sotomayor.

Servicio Geográfico del Ejército, Madrid.

 

Puede distinguirse claramente el revellín, de construcción reciente, por el que se accede a Getsemaní y, frente a él, el castillo de San Felipe de Barajas. Al lado del castillo se ven una zona de construcciones rectangulares: es un hospital de leprosos que vivían allí aislados de la ciudad. Pueden apreciarse también las murallas y baluartes de la ciudad y, entre esta y su barrio de Getsemaní, unas cadenas a ambos lados para impedir el paso de embarcaciones.

Todas estas actividades daban empleo a un gran número de obreros, algunos muy especializados como eran los calafates y los buzos, aunque en contrapartida se generaban unas altas necesidades económicas. No obstante, como se ha indicado antes, todo fue insuficiente a pesar de los esfuerzos del competente gobernador.

La amenaza de una próxima guerra con Gran Bretaña hizo que se mejoraran las cosas, aunque aún de forma insuficiente. Fidalgo consiguió que la guarnición asciendiera a 503 hombres así como reconstruir las milicias hasta cerca de 900 hombres. Los pertrechos que llegaron desde España con la escuadra del propio Blas de Lezo mejoraron algo más las cosas.

 

Fidalgo, a diferencia de otros gobernadores anteriores, como Diego de los Ríos o como Antonio de Salas, era un hombre competente que se implicó en la labor de poner al día el mal estado de las defensas de la plaza y los abastecimientos a la ciudad.

 

Se preocupó del mantenimiento del material militar existente en la plaza y promovió la fabricación de cureñas para conseguir que la mayor parte de la artillería estuviera montada y en estado operativo, mejorando en lo que pudo la situación en que la dejó el incompetente gobernador anterior. Asímismo cuidó, dentro de lo posible, dada la lejanía y el abandono de la metrópoli, de la base naval y su arsenal, donde se almacenaban, además del material específico militar, materias primas, repuestos, maderas, lonas, jarcias, remos, clavos, velas, y otros abastecimientos, y en sus factorías se confeccionaban cordelería, herrajes, velas, etc. Y, por último, se preocupó de mantener la actividad en el astillero y en sus instalaciones, que debían ser capaces de efectuar reparaciones de los barcos que allí recalasen y del carenado de los mismos, para lo cual usaban la abundante y buena madera de la zona.

Cañón de una fortificación. La rueda se ha desprendido de la cureña al pudrirse la madera de su eje.


Contrasta el trabajo de este gobernador con otros gobernadores contempráneos suyos, como el de Portobelo (al respecto, puede dirigirse el lector al CAPÍTULO 9).

 

Fidalgo cayó gravemente enfermo y fallecería en febrero de 1740. Melchor de Navarrete lo sustituyó como gobernador interino y sus decisiones fueron asesoradas por Blas de Lezo, que se hizo cargo realmente de organizar la defensa y preparar la ciudad para los difíciles tiempos que se avecinaban. Navarrete tenía plena confianza en Lezo y seguía todas sus recomendaciones. Los dos trataron de profundizar en la labor impulsada por Fidalgo. La prioridad, en estos momentos, no podía ser otra que el abastecimiento de la plaza, el cuidado del material almacenado en el arsenal, y la fortificación de la bahía. Pero todo ello era una lucha contra el tiempo y la escasez. Parte de la artillería, bombas, armas y  pólvora de sus navíos fue destinada por orden de Lezo a las fortificaciones de tierra. La labor de Fidalgo, continuada por Navarrete y Lezo, y a pesar de las limitaciones, da su resultado cuando se conseguirá rechazar con éxitos las dos primeras apariciones de Vernon ante la plaza (estos dos primeros ataques se detallan en el CAPÍTULO 17 y en el CAPÍTULO 18).

 

Pero no había que dejarse engañar por estos primeros éxitos ante el british, pues las defensas de la plaza seguían estando por debajo de lo necesario. El propio Lezo, en su calidad de comandante del apostadero, nada más llegar en marzo de 1737 se había puesto a inspeccionar las defensas, y su conclusión fue del mismo tenor: había poca artillería, faltaban municiones y escaseaba la pólvora, siendo necesario abastecer la ciudad y reforzar los baluartes. Don Blas ordenó a dos de sus condestables que determinaran con detalle las posibilidades de defensa real de la plaza. El resultado fue un pésimo diagnóstico: la artillería no podría realizar más de diez disparos por pieza debido a la escasez de pólvora y a la falta de repuestos y provisiones.

 

En resumen, aunque Cartagena de Indias era, teóricamente, la plaza más fortificada de toda América, el estado de los castillos era lamentable y la situación en cuanto a pertrechos y avituallamiento era desesperada.

 

Pero Don Blas, con muchos años de profesión y experiencia a sus espaldas, ultimaba los detalles de la defensa de la ciudad aceptando  -y sacando partido-  de toda la ayuda que le llegaba, ya fuera en forma de embarcaciones o de otro tipo. Y aplicaba todo su ingenio para sacar el máximo partido de aquellos recursos tan escasos e inadecuados. A donde no llegaba el ingenio llegaba el empleo de métodos expeditivos para obtener los recursos que necesitaba, lo que le generó no pocas enemistades.

 

Lezo no dejó de informar y avisar a las autoridades españolas sobre la mala situación de las plazas americanas. En febrero de 1740, informaba a la península de la situación desesperada de la mayoría de las colonias por la falta de provisiones. El 18 de marzo de 1740 escribió al rey de España poniendo en su conocimiento los problemas y las necesidades que tenía la ciudad, advirtiendo además que si no se tomaban urgentes e imprescindibles medidas de ayuda y socorro podía experimentarse en Cartagena de Indias lo mismo que había ocurrido en Portobelo:

 

Si Vuestra Majestad no se digna a dar prontas providencias para el reparo y seguridad de estos dominios, remitiendo armas, artillería, municiones, pólvora y gente, sucederá a esta ciudad y demás puertos de estas costas lo mismo que se ha experimentado en Portobello; pero con la diferencia de que, por la bondad y ventajosa situación de este puerto, mejor temperamento y más abundancia de víveres y utilidades que produciría a cualquier nación que lo invadiese, sería más dificultosa su recuperación sin que con los navíos que tengo me halle en estado de llamar ni divertir a los enemigos ni impedir sus operaciones en otras partes que en este puerto, respecto que para su defensa ha sido preciso echar la artillería, municiones, pólvora y gente de los navíos en tierra, sin lo cual con dos fragatas de cincuenta cañones estaba tomado todo esto.

 

Pidió toda clase de géneros al virrey de Méjico durante meses pero denunció que aún no había recibido nada. Don Blas se ve imposibilitado de prestar ayuda a Portobelo y a La Habana, no solo por la falta de provisiones sino también por la falta de pertrechos y repuestos para sus propios barcos. No sería hasta mayo de 1740 cuando se ordenaría a los virreyes de Nueva España y Perú que enviasen provisiones para resguardar Cartagena. Melchor de Navarrete solicitó a la península que intentara el envío de víveres a la ciudad, aunque fuese comprándolos en colonias extranjeras.

 

Algunas pequeñas embarcaciones de diferentes naciones que llegaron a Cartagena paliaron en parte la situación al llevar suministros, y sobre todo la escuadra de Rodrigo de Torres, que estuvo en la plaza hasta principios de febrero de 1741, facilitó más pertrechos, desembarcó soldados de refuerzo, y dejó un navío para reforzar la pequeña escuadra de Don Blas. Durante la estancia de esa escuadra se repararon en lo posible los navíos Reina (70) (uno de sus problemas era el palo mayor que estaba podrido) y Príncipe (70), al menos para que pudieran navegar hasta Santa Marta (y luego La Habana), pues estaban bastante dañados.

PLANO DE CARTAJENA, SU PUERTO Y Península de tierra bomba hasta boca chica en estado de ofensa y defensa por Disposición del excmo. S. D. Blas de Lezo, Comandante General de los presentes Navíos Galeones de S.M. Catholica.

Archivo General de Indias

Este plano es de finales de 1739 cuando Vernon había atacado ya Portobelo. Por eso Lezo, estratega experto, previó la posibilidad de un ataque a Cartagena, estudió la situación, tomó medidas al respecto y  redactó también una carta sobre la toma de esa ciudad y las labores de defensa realizadas en Cartagena por el propio Lezo ante el peligro inglés (la carta fue fechada en Cartagena el 24 de diciembre de 1739).  La leyenda de la izquierda es la denominación de los diferentes puntos marcados en el mapa. La del centro es el título. Y la leyenda de la derecha es una explicación sobre lo que se ha dispuesto en Tierra Bomba. Obsérvese que Lezo, que dispone de pocos navíos) ha dispuesto su mayor fuerza naval en Bocachica, mientras que ha dejado otro navío en Bocagrande, canal cerrado pero que presenta una peligrosa apertura que amenaza con volverse a abrir a la navegación. En resumen, Lezo ha colocado los barcos en posiciones adecuadas para oponerse a cualquier ataque sorpresivo. También ha colocado cañones en tierra y dispuesto la mayoría de los soldados en Tierra Bomba, donde sospecha que los ingleses intentarían un desembarco para rodear el castillo de San Luis de Bocachica. Hay una serie de líneas que parten de los navíos, baterías y murallas, señalando que la artillería está cubriendo toda la costa de la bahía, desde la ciudad amurallada hasta Bocachica. Junto a estas medidas se tomaron otras decisiones como retirar el ganado de las costas para dificultar el aprovisionamiento de los ingleses en caso de desembarco.

 

Dado que no había duda de que se produciría un ataque de Vernon, la gran pregunta era: ¿cómo pretendería el inglés tomar la ciudad?

 

Vernon y los altos mandos ingleses conocía la anterior experiencia del ataque de Pointis, no tanto la de Drake y, aun así, calibraron las posibilidades de un ataque frontal desde la fachada marítima que sería apoyado por un desembarco en La Boquilla el cual, tras superar las baterías de Crespo y Mas (que serían acalladas con el apoyo naval), progresarían rápidamente por tierra; de inmediato atacarían el castillo de San Felipe de Barajas y La Popa en acción combinada de fuegos masivos de la flota inglesa, que habría pasado desde Bocachica al interior de la bahía. El resultado de esta acción combinada, de pinza, es que los ingleses establecerían una base de operaciones en San Felipe de Barajas desde la cual asaltar, con masivo apoyo artillero naval, primero Getsemaní y luego la ciudad amurallada. Por añadidura, con esta estrategia se esperaba conseguir una batalla corta que limitase la aparición de enfermedades que diezmasen las fuerzas inglesas. Esta era la idea general.

Mapa de elaboración propia.

 

IDEA INICIAL DE ATAQUE INGLÉS PARA LA CONQUISTA DE CARTAGENA DE INDIAS EN MARZO DE 1741

 

1) Bombardeo naval intensivo desde el frente marítimo de la ciudad.  2) Bombardeo a las defensas costeras de La Boquilla para despejar la zona y desembarcar. 3) Ataque y rendición del castillo de San Luis de Bocachica y avance rápido de la flota inglesa al interior de la bahía. 4) y 5) Desembarcos de tropas y artillería. 6) y 7) Penetración veloz de las tropas ocupando La Popa y el castillo de San Felipe de Barajas, mientras que  8) los navíos ingleses que se han introducido en la bahía se suma al bombardeo de Cartagena de Indias, la cual está completamente rodeada y bombardeada por todos lados, hasta conseguir su rendición. Obsérvese que la ocupación del castillo de San Felipe de Barajas es clave para las tropas inglesas si desean acceder por tierra al barrio de Getsemaní y de ahí a la ciudad.

 

 

A sus generales Vernon objeta dos cosas para él primordiales. Astutamente, Vernon los convence de ambas, y en las dos sale él beneficiado.

 

En primer lugar, que avanzar desde La Boquilla hacia San Felipe de Barajas será una acción exclusivamente terrestre. El astuto Vernon conseguía así no exponer sus barcos acercándolos al frente marítimo de la ciudad para darles a las tropas apoyo artillero naval. Esta era una lección aprendida de su primer intento contra la ciudad realizado un año antes, en marzo de 1740, cuando Lezo alejó las bombardas inglesas que bombardeaban Cartagena con certeros disparos de artillería naval montada en tierra (ver CAPÍTULO 17)

 

Y, en segundo lugar, que para dominar Bocachica era preciso realizar desde tierra el asalto al castillo de San Luis, para lo cual era necesario realizar un desembarco previo en Tierra Bomba, llevando a tierra potente artillería de sitio. Cuidaba así de exponer al mínimo posible sus navíos visto lo que había visto cuando intentó forzar la cadena en Bocachica, lección aprendida en mayo de 1740 durante su segundo intento fallido frente a esa cadena que Lezo había ordenado tender y que protegía el paso del canal (ver CAPÍTULO 18). Con los cañones de San Luis en silencio, la enorme flota de Vernon no debería tener problemas para eliminar la resistencia que pudieran ofrecer la escasa fuerza naval de Lezo con sus barcos situados en Bocahica al otro lado de la cadena.

 

Al convecer a sus generales de estas cuestiones Vernon hacía que los problemas los sufrieran las tropas de tierra mientras que preservaba sus navíos, con los que podría entrar en la bahía con gran vencedor. Si se produción fallos o retrasos en los asaltos la culpa sería de las tropas desembarcadas. Vernon aparecería así como el héroe victorioso que, al mando de una poderosa Marina, consigue forzar el paso al interior de la bahía con su invencible flota; desde allí se dirigiría hacia Getsemaní, completando el cerco a la ciudad y sus defensas.

 

Pero es más: el astuto Vernon sabe que cuando sus barcos llegasen al interior de la bahía lo harían habiéndose expuesto al mínimo (ya estarían acallados por la infantería los cañones de Bocachica, mientras que los de San Felipe de Barajas se acallarían por el bombardeo combinado de la artillería de tierra y la de sus navíos) mientras que las tropas de tierra posiblemente habrían sufrido un importante desgaste. Pero la rapidez de la acción, pues esperaba que fuese una acción rápida debido a la gran cantidad de soldados y artillería de sitio bajo su mando, le harían aparecer con toda su flota casi intacta frente a Cartagena de Indias, y serían sus barcos quienes acabasen con la resistencia de la ciudad.

 

Él, Edward Vernon, sería el gran vencedor. Parecería que la fuerza terrestre tan sólo había colaborado.

 

El punto débil que Vernon veía en su plan de ataque era la posible aparición de la escuadra de Rodrigo de Torres en combinación con la del francés d’Antin. Esta posible escuadra conjunta suponía una fuerza naval considerable (se ha detallado en el CAPÍTULO 12).

 

La escuadra franco-española podía atacar sus barcos por la espalda mientras estaban ocupados en llevar a cabo su asalto a Cartagena de Indias. Eso exponía gravemente sus navíos. Por tanto, no se decidió a llevar a cabo su plan hasta que no estuviera seguro de que Torres y d’Antin estaban lejos de Cartagena de Indias. Si la escuadra española queda fondeada en La Habana, calculaba Vernon, habría plazo de  tiempo suficiente para tomar la ciudad, pues cuando Torres fuese informado del ataque y llevase su escuadra en apoyo de la plaza esta ya habría sido tomada por las fuerzas inglesas.

 

En resumen: un plan, teóricamente, redondo. Sobre todo para el propio Vernon. Incluso, hasta podría parecer fácil.

 

Plano de la Ciudad de Cartagena de las Indias en 10 Gs 25 Mins 48 Segs de latitud Boreal, y en 301 Gs 19 Mins 36 Segs de longitud. Contada del Meridiano de Tenerife, y su situación es en la Costa del Norte de América Meridional; Levantado por Odn. del Rey Nro Sr. Año de 1735.

 

Este mapa es de Antonio de Ulloa y fue publicado en Madrid en 1748 en la obra conjunta con Jorge Juan titulada Relación histórica del viage a la América Meridional hecho por orden de S. Mag. para medir algunos grados de meridiano terrestre y venir por ellos en conocimiento de la verdadera figura y magnitud de la tierra, con otras observaciones astronómicas y phísicas. Es el primer mapa que muestra la disposición exacta de la ciudad y constituye un documento importantísimo al haberse realizado con poca antelación a la ofensiva de Vernon contra Cartagena de Indias y, por tanto, nos permite ver cómo era la plaza poco antes del ataque inglés. Se muestran detalles y lugares que aún hoy existen en Cartagena de Indias.

 

 

Pero Cartagena de Indias no era ni Portobelo ni Chagres, ofensas anteriores de Vernon. Además, aquí había gente como Eslava y Lezo. Y estos, aunque el inglés consiguiera llevar a cabo su plan, no le iban a dejar proceder ni tan fácil ni tan rápido.

 

Previendo el futuro ataque inglés, Lezo tomó tiempo atrás (el virrey Eslava aun no estaba en la ciudad) la muy adecuada decisión de construir una escollera en Bocagrande, para asegurar la imposibilidad de una penetración enemiga por ese canal. Recuérdese que los dos galeones hundidos cien años antes habían provocado la formación de una barra natural. La escollera artificial mandada construir por Lezo cerró este acceso definitivamente. Así, para acceder a la bahía sólo quedaba el paso por Bocachica. Lezo obligaría así a Vernon a pasar por el lugar de más difícil acceso, lugar especialmente reforzado. No obstante, según se refleja en los mapas de la época, había en Bocagrande un canalillo por el que posiblemente podrían pasar pequeños botes. En un Consejo celebrado en noviembre de 1740 durante la estancia de Torres en Cartagena se decidió que a la entrada de Bocagrande fuesen destinados dos navíos, y tres fuesen destinados a defender Bocachica. Torres, finalmente, ante la desaparición del escenario de la escuadra aliada francesa --que pone rumbo de regreso a Europa--, y el temor a que los ingleses atacaran La Habana, decide abandonar Cartagena de Indias creyéndola posible de defender con los medios existentes. El navío San Felipe (80) que dejaría Torres como refuerzo fue añadido por Lezo a la defensa de Bocachica.

 

En el castillo de San Felipe de Barajas, punto clave para defender la entrada a la ciudad, ordenó que se levantara en la cara norte un hornabeque, fortificación exterior sencilla, consistente en dos medios baluartes y muralla entre ellos. Para retrasar un posible avance enemigo en caso de desembarco en el interior de la bahía y apoyar al castillo de San Felipe frente a ese avance desde el sur, creyó importante reforzar y añadir cañones al fuerte Manzanillo. Y, con el mismo propósito de frenar o retrasar al máximo un posible desembarco pero esta vez desde el norte, desde la Boquilla, ordenó construir parapetos en el Caño del Ahorcado. En La Boquilla, posible punto de desembarco, reforzó las baterías allí existentes. Eran baterías de costa sin fortificar, a las que se les guarneció con un destacamento de tropa. Don Blas, gran estratega, parecía haberle leído el pensamiento a Vernon.

Reconstrucción virtual del castillo de San Felipe de Barajas con una batería y hornabeque añadido.  La imagen, cortesía del Museo Naval de Madrid, es un fotograma del video Blas de Lezo. Las fortificaciones de Cartagena de Indias, propiedad de la Fundación Museo Naval. Todos los derechos reservados.

 

 

En Bocachica, Don Blas ordenó tender doble cadena anclada en ambos extremos en tierra para impedir el paso de navíos y brulotes mientras que reforzó el castillo de San Luis, así como distribuyó los hombres disponibles poniendo en estado de defensa dicho castillo y las baterías. Las cadenas estaban unidas a cada orilla a un enorme tambor cilíndrico, donde se enrollaban, y se clavaban al terreno o al fondo marino con anclas. Un mecanismo que recuerda a los cabrestantes de los navíos. Según el grado de rigidez que se les diese se hundían en el agua a una profundidad diferente, permitiendo pasar a los navíos o hacer que chocaran contra ellas.

 

Como ya sabemos (ver CAPÍTULO 15), la entrada por Bocachica obliga a los buques a pasar de uno en uno, en fila india, con escasa capacidad para  maniobrar, y ese canal de paso era bien conocido por los españoles dado que continuamente medían las profundidades de toda la bahía cartagenera para conocer todos sus recovecos. Una ventaja para los defensores del canal consistía en que buena parte de la tripulación enemiga no podía prestar toda su atención a un combate, embebida como estaba en seguir la única ruta posible y salvar los obstáculos naturales. El sistema se reforzaba con la artillería de los fuertes allí existentes. El cruce de Bocachica era, pues, un problema para cualquier atacante.

 

Finalmente, don Blas colocó sus navíos al otro lado de la cadena, con lo cual se situaban ante la boca un gran número de cañones, completando así todo un sistema defensivo donde se apoyaban unos elementos con otros. Quizás don Blas perfeccionase la idea y el propio mecanismo de las cadenas que se colocaban en muchos puertos que había podido ver en su vida, o aquellas que tiempo atrás existían en la propia bahía cartagenera junto al fuerte de El Boquerón, a la entrada de la Bahía de las Ánimas, o en las que existieron en Bocachica, durante el ataque de Pointis en 1697, o incluso, ¿por qué no?, en aquellas que recordaba en la entrada a la bahía de Pasajes, su pueblo natal, donde existía una cadena que se levantaba para defender dicha entrada de los ataques de piratas y corsarios, que desde niño pudo ver de cerca.

IZQUIERDA: Plano de la Bahía de Cartagena de Yndias, de Juan de Herrera y Sotomayor. Manuscrito de 1721. Biblioteca Nacional de España.

 

ARRIBA: detalle del mismo plano, en el que podemos observar la estrechez del canal de Bocachica, cuyo paso enfrentaría a los navíos atacantes a los fuegos cruzados del castillo de San Luis y la batería de San José.


Otros aspectos de los que se preocupó fueron los inventarios de munición, el almacenamiento en lo posible de cureñas de repuesto en caso de que fuesen destruidas por el enemigo y la administración de polvorines.

 

Finalmente, Lezo fue quien distribuyó la artillería en los baluartes y murallas de la ciudad, distribución que, para irritación de Don Blas, el virrey Eslava modificó a su llegada. También en la forma de apuntar los cañones puso Lezo buena parte de su ingenio.

 

Por aquel entonces la balística, ciencia de la artillería, no estaba todavía muy desarrollada y muchos de los cañones emplazados en una cureña de madera carecían de la inclinación adecuada y, por lo tanto, padecían de un relativo bajo alcance de tiro. Pero los artilleros experimentados de aquel entonces, por la práctica y no por la teoría, sabían que la inclinación del cañón, su pendiente respecto del blanco, era vital para lograr un mayor alcance y efectividad. El problema era la rigidez del aparato en el que estaban montados, o lo dispendioso que resultaba ajustarles la inclinación, desencajándolos y volviéndolos a encajar unos peldaños más abajo. Blas de Lezo, curtido en mil combates artilleros, conocía los rudimentos de tales secretos y se dispuso a inventar un simple pero eficaz mecanismo para suplir la deficiencia y ganar en rapidez y eficacia; consistía aquel en una especie de rampa de madera en cuya parte superior había una hendidura para encajar las ruedas de la cureña, pero que permitiera el retroceso del cañón con cada disparo; ello permitía alzarlo a la altura deseada y, con ello, alargar su tiro sin alterar el calibre o la carga de pólvora; permitía también usar la misma pieza para tiros largos o cortos. Los artilleros de entonces a veces suplían esta deficiencia sobrecargando de pólvora la cámara del cañón para darle más impulso al proyectil, pero esta operación era riesgosa, pues si no se hacía con cuidado, se corría el riesgo de que el cañón explotara en manos del artillero. Por eso, el general Lezo dispuso que para la defensa de Cartagena se emplazaran cañones con distinta elevación para acortar o alargar los tiros contra los buques enemigos de manera rápida y flexible, dotados de granadas explosivas, bolaños de piedra y bolas de hierro macizo, que eran los proyectiles más usuales de la época.

 El día que España derrotó a Inglaterra. Pablo Victoria. Editorial Áltera, 2005.

 

 

 

 

PLAN DEFENSIVO DE SEBASTIÁN DE ESLAVA

 

El nuevo virrey, Sebastián de Eslava, que llegó el 21 de abril de 1740 cuando los ingleses ya habían realizado su primer ataque a Cartagena de Indias (marzo de 1740, ver CAPÍTULO 17) y estaban a punto de realizar el segundo (mayo de 1740, ver CAPÍTULO 18), tenía una concepción propia de la defensa de la ciudad. Además, menospreciaba las informaciones que los espías hacían llegar a Blas de Lezo.

 

Recordemos, una vez más, que los servicios de espionaje españoles prestaron un buen servicio en este conflicto. Respecto a los espías de Lezo, a uno le apodaban “Paisano” del que no se conoce su nombre real pero prestó a Lezo información especialmente importante dado que estaba en Jamaica y observaba todos los movimientos ingleses. Al parecer, “Paisano” daba tantos detalles que Eslava llegó a pensar que no podía ser cierta tanta información. Sin embargo, Lezo siempre confió en “Paisano”.

 

Mientras que el espionaje español facilitaba suficiente información sobre los planes ingleses la viceversa no se cumplía, pues los british no parecían tener mucha información sobre los movimientos españoles o las defensas planteadas en Cartagena de Indias. Como se demostraría después, la información de que disponía Vernon le hacía desconocedor de la situación de las defensas cartageneras, limitándose sus conocimientos iniciales poco más que a los del ataque de Pointis realizado 40 años antes. De hecho, en las dos primeras apariciones inglesas ante Cartagena de Indias Vernon dedicó mucho tiempo a estudiar el terreno para recabar una información de la que no disponía. No hay duda de que el espionaje español superó con creces al inglés en esta guerra.

 

El plan del virrey constaba de dos fases: 1ª contención del ataque inglés y 2ª contraataque. Concebía líneas de defensa escalonadas, de manera que si cedía la primera aún existiría refugio en la segunda, y luego en la tercera. Este plan quizás era adecuado si hubieran existido fortificaciones apropiadas y artilladas en los diferentes anillos defensivos, pero no era así, porque en La Boquilla no había castillos, ni tampoco en el caño del Ahorcado: entre La Boquilla y Cartagena sólo estaba San Felipe de Barajas, a las puertas de la ciudad. Eslava distribuía gente en diferentes puntos finalizando la auténtica resistencia en el Cerro de San Lázaro.

 

El virrey creía que los ingleses realizarían un desembarco en La Boquilla para desde allí, cruzando el Caño del Ahorcado, dirigirse a dominar las alturas de la Popa y cerro de San Lázaro, con lo que la caída de la ciudad sería inevitable al dominar la entrada a la misma. Asímismo cree que habrá un ataque en Bocachica, pero sería complementario al principal de La Boquilla. Piensa que Vernon, dado el fracaso del ataque realizado anteriormente en Bocachica de donde tuvo que salir apresuradamente ante las defensas españolas (en la que fue su segunda tentativa, ver CAPÍTULO 18) debe haber aprendido la lección y, por tanto, el ataque en Bocachica será básicamente de distracción.

 

ATAQUE INGLÉS Y CONTENCIÓN DEL MISMO EN EL PLAN DEL VIRREY SEBASTIÁN DE ESLAVA.

En Bocachica cree el Virrey que la disposición defensiva es suficiente pero, si cediera la línea, se establecería una segunda en Castillo Grande y Manzanillo. Pero el ataque principal sería en La Boquilla donde las posiciones costeras, aún mostrando resistencia, previsiblemente no contendrían el desembarco y posterior avance inglés, el cual sí sería contenido con posiciones atrincheradas con artillería situadas tras el Caño del Ahorcado y cerca de la fortificación de San Felipe de Barajas. En La Popa, aprovechando la altura, se instalarían baterías. Si aún así el ataque inglés aún no hubiera podido ser contenido quedaba una tercera línea que debía resistir a toda costa, lo que consideraba muy probable dado que para entonces los ingleses estarían desgastados.

Mapa de elaboración propia.

 

 

Como Eslava pone el acento en la defensa de La Boquilla, su opción es establecer una línea defensiva que dificulte el desembarco inglés, línea que se haría más fuerte en el momento en que se acercasen a la ciudad, estableciendo una posición atrincherada con artillería en las cercanías de San Felipe de Barajas y La Popa, a donde necesariamente habrían de llegar, pero donde podrían ser completamente rodeados y no podrían contar con apoyo naval.

 

Que su plan era buena defensa ante el ataque inglés lo apoyaba Eslava en el hecho de que forzar el paso a la bahía por Bocachica, donde existían fortificaciones como el castillo de San Luis, la batería de San José y otras baterías, además de los barcos de Lezo, supondría para el agresor una carnicería y, por tanto, seguro que Vernon se decidiría por un ataque más rápido y con menor desgaste de sus tropas. Convencido de que el inglés haría su ataque por La Boquilla, serían retenidos por la artillería que se instalaría en La Popa y la del Castillo de San Felipe de Barajas, por un lado, por los 600 hombres que pensaba destinar a trincheras situadas en las proximidades del castillo y que esperarían parapetados. A continuación, y en último lugar, por la elevación del Cerro de San Lázaro que era una ventaja aprovechable y complicada de superar por los ingleses, sin olvidar la ayuda del foso existente alrededor del castillo, y por tanto los defensores tendrían oportunidad a lo largo de este tiempo de dar cuenta de los ingleses.

 

Hay que admitir que el pensamiento de Eslava no era del todo equivocado pues precisamente el ataque rápido y directo desde La Boquilla era parte del plan que originariamente había pensado Vernon.

 

Eslava idea las cosas de ese modo porque cuenta con que la escuadra de Rodrigo de Torres vendría en ayuda de la ciudad y cogería a Vernon por la espalda. Por eso no le importaba hacer escalones en la defensa hasta refugiarse, ahora sí con firmeza, en el último escalón. Ese sería el momento de un contraataque español desde el Cerro de San Lázaro y La Popa que expulsase a los ingleses hacia donde habían venido, hacia La Boquilla. Este contraataque se vería reforzado con los hombres frescos que saldrían desde la ciudad y los destinados a los diferentes fuertes como Manzanillo, y por último, reforzado también con la escuadra que Lezo, que debía salir del interior de la bahía para apoyar a la escuadra de Rodrigo de Torres, atacando a Vernon por un flanco. Finalmente, los ingleses acabarían rodeados por tierra y mar. El contraataque español por tierra contaría, en total, con unos 1200 hombres. Este número parece escaso, pero contaba con que, para cuando el contrataque se produjera, la artillería española que rodeaba a las fuerzas inglesas habría cumplido su labor haciendo un escabeche entre los ingleses que, además, en la trampa tendrían muy limitada su capacidad de maniobra.

CONTRAATAQUE EN EL PLAN DEL VIRREY ESLAVA

Las tropas inglesas desembarcadas habrían caído en la trampa al verse rodeadas en tierra sin apoyo naval. La escuadra de Rodrigo de Torres atacaría por la espalda a los barcos ingleses de La Boquilla, mientras que los navíos de Blas de Lezo saldrían a mar abierto y atacarían por un flanco. Al final serían los ingleses los que acabarían rodeados.

Mapa de elaboración propia.

 

 

El plan incluso podía tener cierta efectividad añadida: aún en el caso de que Bocachica y los navíos de Lezo cediesen en el sur (para lo que Vernon tendría que estar usando buena parte de su fuerza naval en lugar de usarla en La Boquilla), el golpe dado en el norte por el contrataque combinado de las fuerzas terrestres y las fuerzas navales de Torres podía ser definitivo.

 

No obstante, Eslava tiene en cuenta la posibilidad de una caída prematura de Bocachica. La respuesta a ello es establecer la segunda línea defensiva en la entrada a la bahía interior utilizando Castillo Grande y el fuerte de Manzanillo para frenar a los ingleses en el sur, mientras se hace el trabajo previsto en el norte (el contrataque terrestre y el apoyo naval de Torres). Y aún más: si fracasa todo el plan previsto hasta ese momento, incluido el hecho de que Torres no viniera en apoyo de Cartagena de Indias, entonces se resistiría fuertemente parapetados tras las murallas de la ciudad, que había que defender a toda costa hasta que llegara la época de lluvias porque se estima que en esas condiciones los ingleses no podrían mantener mucho tiempo su ataque.

 

Sobre el papel, el plan de Eslava no parece un plan malo. Pero con él había que arriesgarse gravemente en tres aspectos: 1º) todas las posiciones, excepto San Felipe de Barajas, no eran lo fuertes que debían ser cada una de ellas individualmente, al repartir esfuerzos y estar las defensas escalonadas; 2º) había que confiar en que Torres viniese a tiempo a cumplir su papel fundamental, sin el cual no era posible la victoria; y 3º) esperar a que Vernon cayese en la trampa, para lo cual había que dejar especialmente débiles las baterías que defendían la Boquilla, e incluso no mostrar demasiada resistencia en el Caño del Ahorcado, dejando rápido paso así a los ingleses para que se dirigieran hacia el interior, lo cual era un importante riesgo si tenemos en cuenta que la tropa inglesa era numerosísima.

Soldados españoles del siglo XVIII sirviendo un cañón de bronce de pequeño calibre. Recreación histórica realizada en Tenerife en julio de 2012.

Un inconveniente de este plan: concedía a Vernon el beneficio de la rapidez, aminorando al inglés el desgaste y las más que posibles consecuencias de la aparición, por otra parte inevitable, de las enfermedades que diezmaban a todos los recién llegados a la zona. Riesgo importante del plan: dado el convencimiento de que Vernon no expondría a sus hombres a una carnicería en Bocachica, se dejaba esta posición con lo imprescindible para que resistiera y no cediera, concentrando así los esfuerzos en la zona de La Popa y San Felipe de Barajas. En el castillo de San Luis pensó que eran suficientes unos 100 hombres, y sumados todos los de las diferentes posiciones de la zona no serían más que unos 700. Pero … ¿y si los ingleses cambiaban de idea y decidían introducirse en la bahía por el canal de Bocachica?


El más grave problema del plan de Eslava: Torres se había alejado de Santa Marta y estaba en La Habana, como ya sabemos, pues en Santa Marta no había viveres y suministros suficientes para su escuadra. Y además, Torres pensaba que los ingleses atacarían la capital cubana, a la que había que defender, responsabilidad contenida en las órdenes que había recibido en la península antes de su partida.

 

Por tanto, había que avisar a Torres en el momento oportuno para que se dirigiera desde La Habana a Cartagena de Indias. Para poder avisarle había que enviar una embarcación ligera, que era inevitable que corriera el riesgo de ser capturada por los ingleses. Para colmo, la entrada a La Habana podía ser bloqueada por barcos ingleses reteniendo a Torres en el interior del puerto, de manera que si salía de él tenía que enfrentarse a los barcos ingleses antes de ir a Cartagena de Indias.

La Habana con fortificaciones en el siglo XVIII.

Biblioteca Central de Barcelona


No obstante, el plan de Eslava se ajustaba en parte a lo que Vernon quería realizar, que era en realidad una maniobra doble ligeramente diferente a lo que pensó Eslava: un combate en Bocachica tomando las fortificaciones existentes para que los españoles desviaran fuerzas hacia ese lugar alejado de la ciudad y así desembarcar una considerable fuerza de invasión en La Boquilla para llegar prontamente al cerro de San Lázaro y tomar rápidamente la ciudad cercándola por el sur con sus navíos que ya habrían forzado Bocachica. Es decir, hacer una maniobra de pinza en Bocachica y La Boquilla. La concepción de la defensa por parte del virrey pretendía, por tanto, concentrar las fuerzas en La Boquilla para impedir ese rápido avance de Vernon hacia la ciudad, como hemos visto, pero dejaba frágil Bocachica.

 

Para terminar, y resumiendo los grandes inconvenientes de este plan defensivo de Eslava: se intenta impedir un desembarco por el norte (La Boquilla), se debilitaba el sur (Bocachica), no se tenía en cuenta todo lo que las experiencias anteriores en ataques enemigos, especialmente el ataque de Pointis, habían demostrado (siempre era importante para el atacante dominar la bahía interior), y no se valoraba correctamente ni la dificultad de un desembarco y avance enemigo desde La Boquilla, un  terreno que era difícil, pantanoso, ni que los atacantes debían atravesar barreras naturales, como el Caño del Ahorcado, barrera susceptible de aprovechar mejor para impedir la continuación de su avance. Por último, e importente, su dependencia de lo que hiciera la escuadra de Torres.

 

 

 

 

PLAN DEFENSIVO DE BLAS DE LEZO

 

Por el contrario, Lezo, sin negar que los ingleses realizaran un desembarco en La Boquilla, pensaba que este sería de entidad menor. Su opinión era que Vernon no realizaría un desembarco importante en La Boquilla mientras la escuadra de Torres se hallase por aquellas aguas. Como además conocía al vicealmiente inglés, estaba seguro de que ese importante desembarco tampoco lo iba a realizar porque la escuadra inglesa estaría expuesta tanto a los peligrosos bajíos y mareas del frente marítimo cartagenero como a la artillería de la ciudad, con el riesgo añadido de que se presentase Torres y pillara encajonados a los por Vernon sus muy apreciados navíos ingleses entre la costa y los navíos españoles.

 

Lezo estaba convencido de que el verdadero ataque se realizaría por Bocachica, único punto de acceso a la bahía para los navíos. Y ese lugar lo conocía bastante bien. Recuérdese, una vez más, la experiencia que se había obtenido en los ataques anteriores de Drake y Pointis: el enemigo siempre se veía obligado, necesariamente, a dominar la bahía si deseaba dominar la ciudad, y por eso la concepción estratégica de la defensa de la plaza se había inspirado en la defensa de aquel canal y se habían construido allí el castillo de San Luis y la batería de San José, además de haber reforzado aquel lugar con algunas baterías costeras. Don Blas tenía en cuenta las enseñanzas de las experiencias anteriores.

 

Por tanto, para Lezo era fundamental reforzar las defensas de Bocachica para impedir el paso a los ingleses, más aún a consecuencia del enorme número de atacantes que esperaba, según las informaciones de sus espías. Don Blas creía lógico que los ingleses realizaran una maniobra envolvente por dos flancos al mismo tiempo, aprovechando así su superioridad numérica. Pero una línea de ataque muy posiblemente actuaría de diversión, y era La Boquilla, la otra, la importante, la fundamental, no podía ser más que Bocachica.

El canal de Bocachica en la actualidad.

 

Imagen de Google Earth sobre la que he añadido los textos.

 

Los navíos ingleses habrían de pasar por un estrecho canal defendido por el castillo de San Luis (en rojo, a la derecha) y la batería de San José (en rojo, a la izquierda). No se han señalado las demás baterías existentes en Tierra Bomba e Isla Barú, las cuales tendrán un importante papel en el desarrollo de la batalla de Cartagena. En el plan defensivo de Blas de Lezo la prioridad era defender Bocachica e impedir el paso del canal. A la izquierda de la imagen se encuentra Pasacaballos, lugar donde desemboca el Canal del Dique, cuyo arrastre de arena y limos es perfectamente visible en las aguas de la bahía.

 

 

Como el punto fuerte de Bocachica era el castillo de San Luis, lo principal era que impedir que los ingleses lo tomaran, obviamente. Para ello, había que prever la posibilidad de que, con esa intención de tomarlo, realizasen los british un desembarco en Tierra Bomba que les permitiese rodear el castillo por tierra y mar y así bombardearlo hasta su rendición. Para luchar contra este desembarco había que reforzar no sólo la dotación del castillo sino también las posiciones artilleras que le daban apoyo y se habían construido precisamente para evitar ese desembarco, es decir, las baterías de Chamba, San Felipe y Santiago. Lo mismo había que hacer al otro lado del canal, donde estaba la batería de San José apoyada por las baterías de Varadero y Punta Abanicos.

 

Para Lezo, por tanto, en La Boquilla debía, sencillamente, impedirse el desembarco destacando allí las fuerzas necesarias en lugar de tenerlas acantonadas tras las murallas de la ciudad en espera de un contraataque. En el caso extremo de ceder estas defensas, había que parapetarse utilizando la defensa natural del Caño de Ahorcado, punto del cual no podía retrocederse ni un palmo. En la idea de Lezo,  el hecho de impedir el avance inglés hacia La Popa  (aunque, insistamos, debía haberse impedido antes el desembarco en La Boquilla), obligaba a los ingleses a dirigirse a Bocachica, donde tenía que darse una feroz resistencia y se contaba con fortificaciones. Si esta puerta de entrada a la bahía era forzada la defensa se la ciudad se complicaría mucho.

 

Un primer aspecto de la idea defensiva de don Blas se podría sintetizar, en pocas palabras, en que no debía permitirse, de ninguna manera, ningún desembarco enemigo, lo que a primera vista parece una estrategia poco elaborada. Así de sencillo: había que mantener a los ingleses siempre en el agua el mayor tiempo posible, lo cual, a la larga, los debilitaría. Cuando no pudiera mantenerse más tiempo a los ingleses en el mar, entonces sería el momento de combatirlos en tierra en una posición más atrasada. Contaba para ello con que para entonces los atacantes no serían ni tantos ni tan fuertes, amén de que sufrirían falta de víveres y las inevitables enfermedades de la zona. Don Blas jugaba con todas las cartas.


PLAN DEFENSIVO DE BLAS DE LEZO

En La Boquilla los ingleses harían un ataque de diversión debiendo impedirse un desembarco, sin más, y esperar al inglés en Bocachica, donde se daría el verdadero ataque. En el canal debía impedirse la penetración en la bahía con el sistema de baterías, navíos y la cadena entre la batería de San José y el castillo de San Luis. Para impedir que este último cayera, había que evitar un desembarco inglés que lo rodease. Negándole el dominio de la bahía era imposible que Vernon tomase Cartagena de Indias. En resumen, lo principal era impedir al inglés tomar tierra (mapa de la IZQUIERDA).

En el caso de que la lucha no consiguiera impedir el paso de los atacantes (mapa de la DERECHA), se volvería a montar un sistema parecido apoyándose en Manzanillo, Castillo Grande y los navíos que habrían retrocedido desde Bocachica. Como Lezo estaba convencido de que el inglés no tendría más remedio que volver a realizar un desembarco, puesto que sólo había una entrada posible por tierra a Cartagena de Indias, nuevamente hay que colocar estratégicamen tropas y artillería para impedirle desembarcar, no resguardar las propias fuerzas inactivas detrás de las murallas de la ciudad. Sin embargo, Lezo opinaba que a estas alturas los british estarían bastante mermados por diversas causas (muertos en combates, heridos, enfermos), además de escasos de víveres, y sería posible rechazarlos. Si aún así consiguen desembarcar y avanzar, la nueva línea de contención sería San Felipe de Barajas y las propias murallas. 

 

 

 

Pero otros aspectos de su idea defensiva nos hacen ver que la idea de Don Blas es mucho más inteligente de lo que parece. Para empezar, estaba proponiendo algo muy de sentido común: esperar a ver los movimientos ingleses y actuar en consecuencia allá donde lo intentasen, adecuando sus planes defensivos a los planes de ataque inglés, reforzando en consecuencia aquel punto a donde se dirigieran. Para él, el punto a donde se iban a diigir (el tiempo acabaría dándole la razón) era Bocachica. A partir de ahí, resistir palmo a palmo.

 

También consideraba, según su concepción defensiva, que había que combatir al enemigo en primera línea, en lugar de refugiarse en una segunda y en una tercera línea. Había que luchar a pie de playa. El plan del virrey, no queriendo ser débil en ninguna parte, acabaría por serlo en todas, y con ello marcaba el destino de la primera línea de defensa. En cambio Lezo, con su manera de concebir la defensa no inmovilizaba tropas donde no correspondía, como era el caso de las diferentes líneas defensivas propuesta por Eslava que reservaban bastantes hombres dentro de las murallas de la ciudad. Al contrario, Lezo quería sacarlos de allí donde no combatían y estaban inactivos. Asímismo, creía Lezo que dejando débil Bocachica se introducirían irremediablemente los barcos ingleses en la bahía y pillarían a los españoles por la espalda cuando avanzaran hacia la plaza, lo que invalidaba el plan del virrey.

 

Para el caso de que los ingleses forzasen Bocachica y consiguieran penetrar en la bahía, Lezo proponía la organización de una reserva móvil de infantería, mezclando sus marineros con soldados que debían retraerse de otras posiciones que no estuvieran en lucha, con el fin de contrarrestar a los ingleses allá donde desembarcasen (la idea de fondo sigue siendo la misma en Lezo: defender palmo a palmo, batallar a pie de playa, manteniendo a los ingleses en el agua el mayor tiempo posible). En consecuencia, una vez más se señala que no era oportuno tener soldados inactivos destinados en diferentes fortificaciones, como tampoco en La Popa, como proponía el virrey.

Entre Eslava y Lezo las diferencias en la concepción de las defensas alcanzaba incluso a cómo debía defenderse el castillo de San Felipe de Barajas en el caso de que los ingleses se acercasen a él.

 

El virrey había mandado excavar trincheras en la cara norte, la que mira hacia La Boquilla, porque según su idea los ingleses se acercarían por ese lado, mientras que Lezo insistía en que había que atrincherar las tropas en el lado sur, el que mira hacia Bocachica, porque era previsible que si caía Bocachica, punto del no tenía duda de que tratarían de forzar los ingleses, estos penetrarían por la bahía y desembarcarían por Manzanillo para atacar el castillo San Felipe de Barajas por ese lado sur.

 

Batería de cañones con sus cureñas en una fortificación. En Cartagena de Indias se trabajaba para que todo estuviese preparado ante el previsible ataque inglés.


No obstante, a pesar de las diferencias entre Eslava y Lezo, puntualmente muy serias como hemos visto, ambos hubieron de colaborar necesariamente una vez que empezó el ataque de Vernon, y aun así no se evitó el enfrentamiento personal entre ellos, ambos de fuerte carácter. Las discrepancias en materia estratégica también surgieron con otros mandos subordinados, pero era obligado sumar esfuerzos para resistir el embate inglés. Lezo supo amoldarse a las disposiciones del virrey, que al fin y al cabo era la máxima autoridad por su cargo, se ocupó de mantener en alto la moral de su gente, las provisiones de sus navíos abastecieron a las unidades de tierra en todo lo posible, y sus marineros llevaron el peso de la batalla en los momentos críticos.

 

Lezo estaba convencido de que los ingleses atacarían por Bocachica. Eslava pensaba que lo harían por La Boquilla (por donde nunca había sido atacada la plaza). El desarrollo de los combates demostraría cuál llevaba razón, el virrey Eslava o Don Blas Lezo, aunque sospecho que el lector ya imagina quién.

 

 

 

 

 

 

Fuerzas disponibles

 

En cuanto a tropa disponible, tanto Lezo como Eslava sabían que eran su limitado número era un gran problema, por lo que debían ser utilizados con inteligencia y la mayor eficacia posible. En la plaza tan solo había 2.600 defensores  (la cifra habitual y aceptada del número total de defensores oscila entre 2.400 y 3.200 hombres según las fuentes), que se especifican a continuación en la siguiente tabla:

SOLDADOS del Batallón Fijo de Cartagena

350

SOLDADOS de refuerzo, traídos por la escuadra de Rodrigo de Torres, pertenecientes a los Regimientos de Aragón, Granada, Lisboa, Toledo, Navarra y España

1.150

MILICIAS

300 - 500

INDIOS flecheros (también había algunos negros y mulatos)

600

 

 

TOTAL

2.400 - 2.600

 

De los 1.500 soldados en total, la tercera parte eran novatos. Había unos 400 infantes de marina.

 

Pues bien, esta tropa debía hacer frente a una cifra que ronda los 30.000 británicos. Una proporción aproximada de 10 a 1.

 

Pero el pequeño contingente español estaba formado por hombres decididos a defenderse hasta morir. Tenientes de artillería, capitanes de infantería, de navío, de fragata, marineros y soldados. Y estaban dirigidos por hombres con igual disposición:

 

Sebastián de Eslava y Lazaga, natural de Navarra, virrey, persona de fuerte carácter, teniente general del Ejército, militar con experiencia y brillante trayectoria. Máxima autoridad tanto en Cartagena de Indias como en todo el Virreinato de Nueva Granada.

 

Blas de Lezo y Olavarrieta, guipuzcoano, comandante del apostadero y teniente general de marina. Hombre curtido en muchas batallas, marino que se las sabe todas, militar experimentado, nunca vencido. Su vida de servicio anterior a Cartagena de Indias ya lo acreditaba como uno de los grandes marinos españoles de siempre, pero sería por este episodio de la Guerra del Asiento por el que pasaría a la Historia.

 

Melchor de Navarrete, coronel y gobernador interino de la ciudad tras la muerte del gobernador titular Pedro Fidalgo. Al asumir Eslava el mando Navarrete quedó relegado a tareas secundarias intramuros, pese a su disposición a la batalla. Se hizo cargo de coordinar administración, controlar suministros y llevar contabilidad de todo aquello que sucediera en la ciudad.

 

Carlos Suillars de Desnaux, coronel e ingeniero militar. Castellano (director del castillo) de San Luis de Bocachica y después castellano de San Felipe de Barajas. Amigo del virrey Eslava. Primer ingeniero que tras la batalla trabajó en la reconstrucción de las defensas.

 

Ellos eran los responsables de hacer efectivo el trabajo de los hombres bajo su mando, de mantener la disposición de la tropa a la lucha y a la resistencia. Debían mantener alta la moral desde el primer hasta el último día.

 

Con respecto a la artillería disponible, su distribución en 1739 era la que se indica en la siguiente tabla:

 

 

 

 

BOCACHICA

Castillo de San Luis

42

 

 

Batería de San José

13

 

 

Resto (3 baterías)

18

 

 

 

Total

73

 

 

 

 

BAHÍA INTERIOR

Fuerte El Boquerón

21

 

 

Castillo Grande

27

 

 

Fuerte Manzanillo

4

 

 

Castillo San Felipe de Barajas

21

 

 

 

Total

73

 

 

 

 

MURALLAS

Ciudad vieja

60

 

 

Barrio Getsemaní

30

 

 

 

Total

90

 

 

 

 

TOTAL

 

 

236

 

 

NOTA

 

Esta tabla está basada en los datos publicados en la obra La Batalla de Cartagena de Indias, de Francisco Javier Membrillo Becerra (Publidisa, año 2011), que a su vez maneja una amplia bibligrafía. 

 

Como se puede observar, sólo se indican 3 baterías en Bocachica, que son las de Chamba, San Felipe y Santiago, existentes en la isla de Tierra Bomba. A ellas hay que añadir las dos existentes al otro lado del canal, en la isla de Barú (las baterías de Punta Abanicos y Varadero) y las que defendían La Boquilla (baterías Crespo, Mas y Cruz Grande. Todas ellas añadirían unos 15 - 20 cañones.

 

Los datos corresponden al año 1739, mientras que el asedio a Cartagena de Indias ocurrió en la primavera de 1741. En el ínterin llegaron refuerzos en la escuadra de Rodrigo de Torres y se trabajó por mejorar las defensas. Por todo ello, hay que conjeturar con lógica que la artillería disponible en 1741 presentará un número algo superior, incluso llegando en algunas monografías a indicarse cifras cercanas a 600 bocas de fuego, la mitad de ellas en el recinto amurallado y el resto repartidas en castillos, fuertes y baterías.

 

En cualquier caso, la mayoría de los cañones eran de hierro. Es decir, sólo el 17% de la artillería era de bronce.

 

 


La artillería se completaba con la de los navíos de Blas de Lezo: 6 navíos, San Felipe, Galicia, África, Conquistador, Dragón y San Carlos, con una artillería total de 398 cañones.

 

Edward Vernon y su potente flota asomaron por la plaza española el 13 de marzo de 1741. Pero antes, como ya se ha indicado con anterioridad, había realizados dos primeras agresiones a la ciudad. Así que, antes de pasar a la definitiva batalla de Cartagena de Indias nos referiremos a ellas.

 

Por eso Invito al lector a continuar con los capítulos en los que se tratan, el CAPÍTULO 17 y el CAPÍTULO 18, primer y segundo ataque de Vernon respectivamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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