LA GUERRA DEL ASIENTO

 

 

El núcleo urbano de Cartagena de Indias fue establecido en el antiguo lugar del poblado calamarí, como ya se ha indicado en el capítulo correspondiente a la historia de la ciudad (ver CAPÍTULO 14).

 

En nuestro sistema de coordenadas actual, la ciudad vieja, aquella que fundó Pedro de Heredia en 1533, está situada en los 10º 26’ de latitud norte y 75º 33’ de longitud oeste.

 

Las condiciones que reunía este lugar hicieron que la elección del mismo por parte de los españoles no tuviera nada de casual.  El frente costero de la  isla sobre la que se asienta la antigua ciudad tiene poca profundidad y es una defensa natural al estar repleto de arrecifes y rocas, además de ser zona de fuerte oleaje, lo que hace impracticable un asalto frontal e impide a los atacantes acercarse mucho a esta fachada marítima.

 

Mapa de elaboración propia


El ataque directo a la ciudad desde el océano es imposible incluso para un desembarco porque los botes serían presa fácil desde los baluartes de la ciudad. Ya dejó dicho Luis XIV, el Rey Sol francés, que “en la costa de Cartagena el mar es un señor invencible”. Insistiremos en ello más adelante.

 

El terreno a todo alrededor es completamente llano y sólo presenta algunas elevaciones muy pequeñas. Cartagena de Indias, asentada sobre una isla, está rodeada de canales y ciénagas, aguas poco profundas, lo que también es muy de provecho para la defensa pues combinando todas estas barreras naturales con construcciones adecuadas como murallas y fortines, la ciudad podía ser una plaza con buenas posibilidades defensivas. Calamarí, la isla sobre la que se asienta el núcleo urbano, está separada de la isla de Getsemaní por uno de esos canales, llamado Caño de San Anastasio. Este caño no es sino la prolongación de otro, llamado Caño del Ahorcado, que conduce a la Ciénaga de Tesca.

 

A su vez, Getsemaní está separado del continente por otra prolongación del Caño del Ahorcado, llamado Caño de Gracia, que también separa la isla de Manga. Este último caño corre al pie mismo del cerro de San Lázaro. Este cerro se revela así fundamental y estratégico pues un castillo instalado en su altura domina el único acceso terrestre continental a Getsemaní, y de ahí a la ciudad. Un poco más al interior está el cerro de La Popa, que se levanta, dominante, por encima de todos los promontorios existentes en la zona.

 

El punto débil era la existencia de playas cercanas a ambos lados de la ciudad, las de Bocagrande y La Boquilla. Especialmente La Boquilla, a unos 13 kilómetros hacia el noreste de la ciudad, donde los atacantes podían hacer desembarcos, lo cual indica nuevamente la necesidad de amurallar la ciudad. Rodear la ciudad por tierra era la gran amenaza latente.

 

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Bahía de Cartagena de Indias, ciudad que se asentaría donde existió el poblado indio Calamarí. Elaboración propia.

 

En cuanto al acceso por mar y su puerto, Cartagena de Indias posee una bahía de alrededor de 9 millas náuticas de longitud (aproximadamente 18 kilómetros), y unas 4 de anchura máxima (aprox. 7 kms). Es segura, amplia, y con algunas características destacables que iremos viendo a continuación.

 

Ya a primera vista observamos que la amplia rada, dividida en dos zonas a las que denominamos bahía exterior y bahía interior. De esta última, su parte más próxima a la ciudad acoge un pequeño puerto y es llamada bahía de las Ánimas. Los 18 kilómetros de bahía quedan cerrados por dos islas, Tierra Bomba e Isla de Barú, que dejan sólo dos accesos o bocas a dicha rada: Bocagrande, hacia el norte, y Bocachica, hacia el sur. En general, toda la bahía está salpicada de manglares y pequeñas islas.

 

La isla de Barú, además, está separada por un canal estrecho y de escasa profundidad (apenas un metro), navegable para pequeñas embarcaciones. La zona de la desembocadura de este canal recibe el nombre de Pasacaballos (respecto a este Canal del Dique ver CAPÍTULO 14). Los alrededores de la ciudad y de la bahía son tierra plana, existiendo sólo con algunos pequeños promontorios: en las islas, hay colinas de unas decenas de metros en la de Barú y Tierra Bomba;  en tierras cercanas a la ciudad, el cerro de San Lázaro y las elevaciones de La Popa, siendo esta última la elevación más destacable.

 

La entrada de Bocagrande era amplia aunque no muy profunda. Hasta mitad del siglo XVII era el acceso a la bahía utilizado por todas las embarcaciones mientras que Bocachica, debido a su muy escasa produnfidad, no era un canal navegable. Pero en 1640 se produjo un accidente: justo en la entrada de Bocagrande: naufragaron dos galeones. Estos barcos actuaron primero como peligrosa barrera para el paso de navíos y luego provocaron el nacimiento de un arrecife al formarse una línea de fondo elevado de manera natural. Bocachica entonces se abrió mientras que Bocagrande quedó cerrada por una barra (aunque posteriormente se fue abriendo y era posible el paso de pequeñas embarcaciones de poco calado, acabando por amenazar con su reapertura, por lo que poco antes del ataque de Vernon durante la guerra del Asiento se construyó por orden de Blas de Lezo una escollera para evitar el paso de navíos).

 

Por tanto, entrar a la bahía en la época de la Guerra del Asiento suponía, necesariamente, hacerlo por Bocachica, un canal con una anchura aproximada de una milla náutica, más o menos 1’8 kms. en medida terrestre. Bastante anchura. Parece. Pero no se deje engañar el lector: la entrada de Bocachica no era lo que puede parecer a primera vista.

 

Bocachica, durante aquella guerra, era impracticable en la mayor parte de su anchura debido a la existencia de islotes (isla Abanico e isla Draga)  y arrecifes, lo cual hace que la amplitud de una milla del canal quede reducida en la práctica a menos de 200 metros. La estrechez del canal obliga a los buques a formar una fila india para acceder a la bahía, así que solo podían pasar de uno en uno. No sólo eso: en este canal los vientos suelen ser flojos. Y, además de los vientos, los barcos han de luchar contra otra dificultad añadida: el reflujo de las corrientes marítimas de salida. Naturalmente, al ser el único acceso posible a la bahía, los españoles acabarían estableciendo defensas artilleras en Bocachica. La consecuencia es que el buque que quisiera entrar por allí lo haría generalmente con lentitud y dificultad, siempre próximo a las baterías de cañones de tierra, exponiéndose al fuego que, debido a la proximidad de las baterías, podía ser muy certero.

ARRIBA: imagen actual (Google Earth) de Bocachica. Las fortificaciones que se observan en esta fotografía áerea no son exactamente las mismas que existían en la Guerra del Asiento, pero el paso se hacía igualmente por el estrecho canal existente entre Isla Draga y Tierra Bomba. Los navíos que pretendían pasar al interior de la bahía cartagenera debían hacerlo entre fortificaciones que cruzaban fuegos.

DERECHA: dibujo del canal de Bocachica hacia 1790. Obsérvese la gran superficie de bajíos y arrecifes que obligan a pasar por un estrecho canal entre Isla Draga y Tierra Bomba. El dibujo, publicado en la web Todoababor, es de José María Silos Rodríguez, profesor de la Universidad de Cádiz, extraído de su artículo La defensa de Cartagena de Indias .


Conocidas ya las características generales de la bahía de Cartagena de Indias, a continuación incidiremos en el cierre de Bocagrande y sus importantes consecuencias sobre la evolución de las defensas de la ciudad. Detallaremos esas líneas generales e iremos viendo que con el paso de los años se realizarían fortificaciones dependiendo de las concepciones defensivas del momento, de la necesidad de combinar la defensa por tierra y por mar y, sobre todo, por la experiencia adquirida con el paso del tiempo en la defensa contra los ataques piratas.

 

Dado que la primitiva preocupación era proteger la carga y descarga de galeones en la bahía de las Ánimas (zona de la bahía interior más próxima a la ciudad, en las puertas de ella), en 1566 se inició la construcción de un pequeño y modesto fuerte en la isla de Manga, en principio nombrado San Felipe, pero conocido como El Boquerón (no confundir con la posterior fortaleza de San Felipe de Barajas, que se construiría en una colina). Este fuerte, de planta redonda, parecía un torreón medieval, pero para ser el primero estaba muy bien situado para ejercer su función, que no era otra que proteger la bahía de las Ánimas. Posteriormente El Boquerón sería ampliado. Fue construido por el ingeniero y gobernador Antón Dávalos de Luna. La fortificación protegía un paso estrecho con una cadena unida a troncos la cual se levantaba cada noche, impidiendo así el paso hacia la Bahía de las Ánimas.

 

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Reconstrucción virtual de El Boquerón, primera fortificación de Cartagena de Indias. En la época de su construcción la ciudad aún no estaba amurallada (la imagen refleja la posterior fortificación completa de la ciudad). Próxima a El Boquerón vemos la barriada de Getsemaní, y detrás la primitiva ciudad. Al fondo a la derecha, perdiéndose en el horizonte, se intuyen las playas de La Boquilla. La imagen, cortesía del Museo Naval de Madrid, es un fotograma del video Blas de Lezo. Las fortificaciones de Cartagena de Indias, propiedad de la Fundación Museo Naval. Todos los derechos reservados.

 

En 1567 se instala un pequeño fuerte en punta Icacos llamado fuerte Vargas, apellido del entonces gobernador. Luego el fuerte pasaría a llamarse San Matías. Lamentablemente, la calidad constructiva no era buena y el terreno donde se asentaba era movedizo.

 

No fue hasta 1585 cuando se toma muy en serio la fortificación de la ciudad, para la que hubo varios proyectos. Desde su fundación en 1533 hasta finales del siglo XVI, debido a su importancia geoestratégica y a su importante puerto natural, base de la Flota de Galeones, Cartagena de Indias se convirtió en preciado objeto de deseo de los enemigos de España y de los piratas. Sufrió los ataques del francés Roberto Baal en 1544,  de los franceses Martin Cote y Jean de Beautemps en 1559, y del inglés John Hawkins en 1568 (detallados en el CAPÍTULO 14). Muy pronto, coincidiendo con los primeros estudios para la fortificación de la ciudad, se produciría un nuevo ataque, el del inglés Francis Drake en 1586.

Proyecto de Antonelli, fechado en 1595, de fortificación de Cartagena.

Archivo General de Indias, Sevilla.

El rey Felipe II envió como comisionados al general Juan de Tejada y al ingeniero Bautista Antonelli, con el encargo de estudiar la defensa de la ciudad y proyectar un sistema de fortificaciones que incluiría murallas, fosos y baluartes. Antonelli era un italiano al servicio del rey español.

 

El apellido Antonelli es toda una saga de ingenieros, pues también sirvieron como tales, además de Bautista, su hermano y su hijo.

 

No sería hasta 1595 cuando se materializa el primer diseño de recinto amurallado, obra del mentado ingeniero Bautista Antonelli, cuya labor complementaría el ingeniero Cristóbal de Roda. Se trataba de realizar una defensa perimetral dentro de la cual quedaría encerrada toda la ciudad.


Las murallas de Cartagena se harían en principio de madera y fajina, razón por la cual los temporales acabaron con ellas.  En líneas generales el acertado trazado de Antonelli se conservó en los proyectos posteriores, que serían ejecutados en piedra sustituyendo las fajinas. En su diseño, Antonelli no incluyó Getsemaní porque entonces era una isla prácticamente despoblada pues solo existían allí el matadero y el convento de San Francisco.

 

Pero antes de todo ello, en 1585 como se ha indicado anteriormente, cuando las defensas aún eran endebles, aparece por Cartagena el british Drake.  Fue precisamente a consecuencia de este ataque por lo que el se acelerarían los trabajos para realizar los proyectos de Antonelli y Roda.

 

 

 

 

 

 

EL ATAQUE DE FRANCIS DRAKE  (1586)

 

En febrero de 1586 la ciudad sufrió un nuevo y desastroso asalto: otro british, Francis Drake, pirata, corsario y luego vicealmirante de la Royal Navy, atacó Cartagena de Indias, ocupándola entre febrero y abril de dicho año durante cien días. Venía de atacar Santo Domingo y se acercó a Cartagena con una potente flota de 20 buques, en los que embarcaban 1000 hombres, un ejército bien preparado, con el objetivo de conquistar la plaza a nombre de Su Graciosa.

 

Cuando Drake atacó Cartagena de Indias, día 19 de febrero, la ciudad contaba con defensas muy débiles: aún no ha desarrollado suficientemente sus fortificaciones pues solo existía un pequeño fuerte, el del Boquerón, que contaba con pocas piezas de artillería, 8 para ser más precisos (que habían sido adquiridas por los habitantes y a su costa), y el fuerte de San Matías, en Punta Icacos. Lo demás eran empalizadas y alguna trinchera de piedra a medio construir.

 

Ataque de Francis Drake en 1586. Elaboración propia.

 

La guarnición era muy escasa: 37 hombres y algunos esclavos negros en el Boquerón, y 30 arcabuceros acompañados de unos 50 indios flecheros en las empalizadas. Muy poco que oponer a los 20 buques y 1.000 hombres de Drake, que tras desembarcar en la playa de la Caleta penetra en la ciudad rápidamente mientras los vecinos huían despavoridos hacia el interior, al poblado de Turbaco.

 

A la ciudad hacía un par de semanas que había llegado un aviso procedente de Santo Domingo dando la alarma a las autoridades cartageneras. La ciudad se encontraba a cargo del gobernador Pedro Fernández Bustos, que no era militar, tenía 65 años, era un incompetente no habiéndose preocupado de solicitar a la metrópoli mayores inversiones en construcciones defensivas y suministros de armamento. El general que estaba al mando de la saetía y las dos galeras surtas en la bahía era Pedro Vich Manrique, otro incompetente, que durante el ataque de Drake no llegó a embarcar en ninguna. Las galeras contaban con 10 cañones cada una y los remeros eran cautivos turcos llevados allí que aprovecharon la primera ocasión para desertar.

 

Lamentablemente, no es la primera ni la última ocasión en la historia española que encontramos gobernantes incompetentes, una maldición que nos persigue en nuestra historia. Fíjense:

 

Un año antes, los oficiales de la Casa de la Contratación, en Sevilla, habían propuesto que se preparase y se enviase hacia la zona una flota de 30 galeones, artillería, buques auxiliares, un nivel de abastecimientos para 15 meses y unos 7.500 hombres que pusiesen fin en la zona a los constantes ataques de Drake y la piratería. La propuesta no fue aceptada.

La batalla de Cartagena de Indias. Francisco Javier Membrillo Becerra. Publidisa, 2011.

 

El gobernador de Cartagena de Indias creyó que los ingleses atacarían simultáneamente por el puerto interior y por la costa, así que distribuyó sus escasos efectivos por diferentes lugares.

 

Aparecen los ingleses. Sus barcos se dividen en dos grupos. Uno de ellos, al mando de Frobister, penetrando durante la noche por Bocagrande hasta llegar a Punta del Judío (que en la actualidad es el Club Naval de Cartagena de Indias), navega sin oposición por el interior de la bahía hacia el puerto de la ciudad. Otro grupo, al mando de un tal Carleill, desde el exterior desembarca 600 hombres a solo un kilómetro de la ciudad.

 

El grupo naval de Frobister llega a las cercanías de la Bahía de las Ánimas, donde se encuentra una cadena con barriles flotantes que cerraba el paso a la altura del fuerte del Boquerón. Se entabla una lucha hasta que el gobernador, Pedro Fernández Bustos, ordena al capitán a cargo del fuerte, Pedro Mejías, que se rinda. A continuación, el gobernador delega la defensa en el jefe de las galeras, Pedro Vich (curioso que todos se llamasen Pedro) y acto seguido huye hacia Turbaco, gesto del gobernador que es imitado por la mayoría de la población y los defensores.

Las galeras, manejadas torpemente,  acaban varadas en Getsemaní sin poder combatir. Desde tierra, Vich ordena que sean quemadas para evitar que caigan en poder de los ingleses.

 

El otro grupo inglés, el de Carleill, avanza de madrugada contra una trinchera de piedra a medio construir donde se protegían los pocos defensores que aun no habían desertado. Ridícula oposición para los ingleses. Superan el obstáculo y a mediodía ya se encuentran en el interior de la ciudad, habiendo penetrado por el oeste. En este señalado lugar se construiría años después el impresionante baluarte de Santo Domingo para evitar nuevas incursiones enemigas al interior de la ciudad.

 

Algunos esforzados defensores continuaron la lucha, como el maestre de campo Álvaro de Mendoza, que a la sazón tenía 80 años, que es herido gravemente. También ofreció resistencia el capitán Martín Polo, cuando ya prácticamente estaba solo pues no quedaban defensores después de tantas deserciones. De escaso número de defensores que se batieron y no desertaron habla por sí solo el número de bajas: 8 muertos y 20 heridos. Sin embargo, y a pesar de la victoria, Drake se enfadó mucho porque no esperaba tener un número tan elevado de bajas: 150 muertos.

 

Detalle del grabado de Theodore de Bry titulado Franciscvs Draco Carthagenam civitatem expvgnat, que muestra el ataque del inglés a Cartagena de Indias. Fue publicado en la obra Americae Pars VIII, de Matthias Becker, publicada en Frankfurt en 1599.

Se observa claramente la ciudad sin amurallar. No hay otra defensa que una trinchera tras la cual algunos defensores tratan infructuosamente de parar el ataque de batallones ingleses desembarcados en las cercanías. Al fondo se aprecia el fuerte de El Boquerón y la cadena con la que se pretendía impedir el paso a las embarcaciones enemigas a la Bahía de las Ánimas.


Los ingleses se dedican durante cinco días a rapiñar y destrozar la ciudad. Drake se instaló en la sede de la gobernación, aunque la mayoría de sus hombres acamparon fuera del recinto en un intento de no contagiarse de las temidas enfermedades tropicales. Durante cinco días, los ingleses se dedicaron a provocar numerosos incendios, destrucción, rapiña y saqueos por doquier. Tras ello, Drake se pone en contacto con las autoridades españolas escondidas en Turbaco exigiéndoles un rescate de 400.000 ducados para devolverles la ciudad. Para presionarles, quema 100 casas.

 

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Francis Drake a la edad de 30 años  (nació en 1640).

Pintura de Isaac Oliver.

Victoria and Albert Museum

Londres.

No contento con el destrozo y la expoliación a que sometió la ciudad y sus habitantes, la emprende a cañonazos contra la catedral, al hallar unos documentos de aviso que se referían a “la inminente incursión del pirata Drake”. Leer estas palabras debió causar pésima impresión en Sir Drake.

 

Imaginen: ojos como platos, rostro enrojecido ( Oh my God!  I’m a Sir, gentleman of His Majesty ! ), destrócese la ciudad.

 

El inglés realizó este destrozo seguramente llevado por cierta impaciente inquietud: pasaban los días y quería llevarse de allí la máxima rapiña posible forzando un rápido acuerdo antes de que llegaran los galeones españoles, pues sospechaba que habían sido avisados.

 

Pero mientras que esta llegada no ocurría, Sir Francis estaba dispuesto a castigar la displicencia caribeña que de un solo plumazo osaba arrebatarle el nobilísimo título, Sir, con que Su Graciosa le había distinguido en razón a “los servicios prestados a su Majestad inglesa allende los mares”. Estos servicios consistían en la expedición al Caribe asaltando plazas españolas y a continuación hacer lo mismo con plazas francesas en el Pacífico, tras lo cual volvió a Inglaterra bordeando África, lo que supone también el servicio añadido de darle la vuelta al mundo por mar.


Lo que en Inglaterra se suele olvidar (y es que a los british a veces hay que refrescarles la memoria) es que para dar esa vuelta al mundo Drake había conseguido las cartas de navegación en 1570 después de, ¡como no!, asaltar una embarcación española. Sin esas cartas, Drake no hubiera podido realizar su circunnavegación. Por lo visto a los british les molestaba sobremanera que la vuelta al mundo la hubiera dado el español Juan Sebastián Elcano muchos años antes, así que al detalle de las cartas no se le dio mucha publicidad (¡bah!, minucias). Por cierto, en su vuelta al mundo, Drake pasó por California, a la que colocó el nombre de Nueva Albión. No se puede decir que haya prosperado mucho la denominación drakesperiana.

 

Con el obispo a la cabeza, las autoridades españolas acceden al desembolso el 2 de abril de 1586. El documento de pago es firmado por Drake como Capitán General de la Armada de la Serenísima Reina de Inglaterra.

 

Pero Sir Drake aún permanecerá más días en la plaza, tiempo durante el cual, y a pesar de haber firmado el rescate, se dedica a arramblar hacia sus barcos con las campanas de las iglesias, las piezas de artillería, las existencias de pólvora, todo el oro y todas las joyas que encontró en iglesias y casas particulares, aceite, vino, y cualquier otra cosa de valor que pudo saquear de los vecinos. Al final se llevó un millón de ducados.

 

El día 24 de abril abandona definitivamente aquellas aguas sin dejar en la ciudad ninguna guarnición permanente ni haberla convertido en una colonia inglesa. Quizás fue el “servicio” que le faltó a Sir Drake, pues en la Corte inglesa se le criticó precisamente por no haber proporcionado a Inglaterra una posesión estratégica y sumamente importante en la costa caribeña. Bah … minucias … el saqueo es el saqueo.

 

 

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El ataque de Drake demostró definitivamente que había que tomarse muy en serio la defensa de tan importante plaza caribeña.

 

Puestos a estudiar la forma de defender la ciudad, ocurre que todos los proyectos defensivos desde finales del siglo XVI a finales del siglo XVIII (incluido el primero de Bautista Antonelli) parten de una premisa: un ataque por el frente marítimo, la fachada de la ciudad al mar, no era posible de ninguna manera, pues debido a los arrecifes y corrientes de resaca ningún buque podía acercarse frontalmente a la ciudad para batirla hasta conseguir su rendición. Esta convicción la confirmó plenamente la experiencia. Aunque la poca profundidad y la resaca permitía, peligrosamente, acercarse a los botes desembarco enemigos hasta las murallas, sin el apoyo naval a esos botes las baterías y los fusiles apostados por los defensores darían, inevitablemente, buena cuenta de quienes lo intentaran. En resumen, la situación de la ciudad era ya, de por sí, una defensa natural.

 

A lo largo del dilatado espacio de tiempo en que se fue fortificando la ciudad (desde inicios del siglo XVI hasta los últimos años del siglo XVIII), los ingenieros militares acabaron convencidos de otra premisa: un asalto terrestre a la ciudad desde La Boquilla era muy difícil no solo por la inseguridad de las aguas de esa zona sino también porque el terreno, blando y pantanoso, dificultaba los movimientos y era poco propicio para poder desplegar artillería de sitio. Añádase que el avance hacia la ciudad era muy dificultoso y debía desarrollarse en un terreno estrecho (lo experimentaron Pointis en 1697 y Vernon en 1741).

 

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Imágenes de La Boquilla y alrededores en la actualidad

 

 

Comprendieron también que el avance terrestre desde Bocagrande planteaba similares dificultades, era de mucho esfuerzo y los atacantes, si alcanzaban la ciudad, solo podrían hacerlo en un lugar estrecho, donde no podrían desplegarse, frente las murallas y baluartes dotados de cañones y fusiles. Seguramente esos atacantes, para colmo, tendrían que avanzar sin apoyo artillero, pues el terreno era arenoso y movedizo, lo que dificultaba sobre manera el transporte y despliegue de la artillería. O sea, casi un suicidio frente a baluartes y murallas que estuvieran bien dotados y defendidos.

 

Todo ello explica que un asalto a la plaza debía venir, necesariamente, desde la bahía. Dominada la bahía, a continuación desembarcar para ocupar la zona de La Popa y, por tanto, la única entrada terrestre a la ciudad. De ahí que las fortificaciones de Cartagena de Indias se avanzaron hacia los puntos estratégicos desde los cuales se debía negar al enemigo el acceso a la bahía e impedir el acceso de los barcos de vela. Esto tenía una ventaja añadida para los defensores: al obligar al enemigo a dar un rodeo para penetrar en la bahía y forzar las defensas de la misma se retardaba durante un tiempo que pudiera acercarse a las murallas, lo que podía desgastar las fuerzas atacantes.

 

Desde las primeras obras los constructores de las defensas cartageneras hubieron de enfrentarse a tres importantes dificultades. En primer lugar, la escasez de canteras y hornos de cal. Las piedras había que traerlas desde la costa e islas cercanas, y la cal desde la cantera de Tierra Bomba, cercana a Bocachica. En segundo lugar, la ausencia de la tecnología más adecuada para la fabricación de hormigones sumergidos, que eran necesarios debido a la realización de obras muy próximas a la costa y a una capa freática muy superficial. En tercer lugar, la financiación, pues se recibían escasos fondos desde la metrópoli. A pesar de tan grandes dificultades, con el tiempo se conseguiría fortificar toda la plaza.

 

Mapa de elaboración propia.

 

Concepción de las defensas de la ciudad tras el ataque de Drake. Se consideraba muy dificultoso un desembarco en La Boquilla y el consiguiente avance desde allí a la ciudad pero, no obstante, se cerraría el estrecho paso con muralla y los baluartes de Santa Catalina (núm. 4 en el mapa) y San Lucas (núm. 5). El enemigo tendría que realizar su ataque por Bocagrande. La bahía se decidió controlarla con diferentes fortificaciones, de manera que los atacantes deberían desembarcar en Manzanillo para dirigirse a la ciudad entrando a ella por el único paso terrestre posible, el cual se protegía con el castillo de San Felipe de Barajas.

 

Por último, para evitar un nuevo ataque terrestre procedente de Bocagrande (como había hecho Drake) se cerraba la ciudad con muralla y los baluartes de Santo Domingo (núm. 1 en el mapa), Santiago (núm. 2) y Santa Cruz (núm. 3). El de Santo Domingo es el primer baluarte que se construyó.

 

Para cerrar completamente la ciudad se continuarían construyendo murallas y baluartes, como el de San Ignacio (núm. 6). Posteriormente, sería necesario fortificar el acceso continental a la ciudad mediante un castillo (el futuro San Felipe de Barajas).

 

 

Para que no se volviera a repetir la historia del ataque de Drake, la primera edificación de las murallas que se llevó a cabo siguiendo el diseño de Bautista Antonelli fueron los baluartes de Santo Domingo (1614), Santa Cruz y Santiago, para cerrar la brecha por la que Drake había penetrado en la ciudad, a la que se había dirigido por tierra desde Bocagrande. El baluarte de Santo Domingo tiene una característica forma de flecha cuyos cañones apuntan a dos direcciones. Se edificó así para proteger justamente el espacio exacto por donde había penetrado Drake en la ciudad, en una dirección y, en la otra, los cañones apuntaban al mar para repeler un posible ataque naval.

 

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DE IZQUIERDA A DERECHA:

Proyecto firmado por Cristóbal de Roda para el baluarte de Santo Domingo (que originalmente se denominó San Felipe), flanqueado por los baluartes de Santiago y Santa Cruz. Obsérvese que la forma de flecha consigue apuntar una batería hacia la estrecha franja de tierra por la que había penetrado Francis Drake. 

Fotografía áerea donde he señalado los baluartes que protegían el acceso terrestre desde Bocagrande. Si se compara con el proyecto de Cristóbal de Roda (imagen anterior) se puede apreciar claramente la modificación de la línea de costa (aún hoy se intuye en la fotografía áerea debido a las rompientes y los fondos marinos).

Dos imágenes del baluarte de Santo Domingo en la actualidad.

 

 

Siguiendo con aquello que la experiencia vivida con Drake indicaba, se reconstruyó en Punta Icacos el primer pequeño fuerte, el de San Matías, para protección de la bahía y defensa de la entrada a la misma por Bocagrande, el cual acabaría acompañado por una batería situada en el otro extremo de Bocagrande, la plataforma de Santangel,  construída en 1617. Antes, en 1602, se reconstruyó de nuevo San Matías, pero se demostraría que era un fuerte inapropiado. 

 

Paralelamente se continua amurallando la ciudad: se construyen los baluartes de Santa Catalina, por el borde del mar, y San Lucas, por el caño que unía la ciudad a la ciénaga de Cabrero, flanqueando la muralla que cierra el paso por el noreste. La situación de ambos baluartes no está tomada al azar: ocupan la zona estrecha entre el mar y la ciénaga a pesar de que así se ampliaba el recinto amurallado bastante más de lo necesario en la época porque la ciudad no llegaba entonces hasta ese lugar. La construcción se terminó en 1638. El proyecto de estos baluartes, encuadrados dentro del proyecto general de amurallar la ciudad, recordemos, se debe al ingeniero Bautista Antonelli. En su construcción trabajaron a lo largo del tiempo los ingenieros Cristóbal de Roda y Francisco de Murga (también Juan de Herrera y Sotomayor, pero un siglo después, para reconstruirlos o reformarlos).

 

También Cristóbal de Roda construye en 1630 el baluarte de San Pedro Mártir, en el que también trabajó Francisco de Murga. Posteriormente, hacía 1730, sería modificado por Juan de Herrera y Sotomayor.

 

Como vemos, la preocupación del momento, además de abaluartar la ciudad, en especial la defensa de la bahía interior y el acceso por Bocagrande.

ARRIBA: imagen actual (Google Maps) de los baluartes que protegían la ciudad de ataques enemigos procedentes de La Boquilla. Obsérvese la estrecha franja de tierra, lo que hacía muy improbable un ataque a la ciudad por ese lado. Las denominaciones están puestas por mí. DERECHA: plano de Castillo Grande o de Santa Cruz (Centro Virtual Cervantes).


La plataforma de Santangel y el fuerte de San Matías se desmantelarían en 1626 y con parte de sus materiales se construiría Castillo Grande, también conocido con los nombres de Cruz Grande y Santa Cruz, en Punta Judío, obra del ingeniero Cristóbal de Roda, labor continuada posteriormente por el gobernador e ingeniero Francisco de Murga. Los trabajos comenzaron en 1608 siendo terminado en 1631. Dos años después se mejora con una tenaza y un foso.  Se consideraba que un castillo en Punta Judío, situado en un lugar más sólido, más accesible, y protegiendo un canal más estrecho (justo donde se edificó Castillo Grande) podía suplir con mayor provecho la función defensiva de la punta de Icacos hasta entonces encomendada al fuerte de San Matías.

 

En apoyo del nuevo castillo de Santa Cruz se construyó en 1631 el fuerte de San Juan de Manzanillo, obra de Francisco de Murga y Cristóbal de Roda. La idea era proteger el acceso marítimo a la ciudad cruzando fuegos con el castillo de Santa Cruz. El castillo y el fuerte, sumados al Boquerón, hacían que la bahía interior estuviese defendida por fuegos cruzados y frontales. Hacia 1631 se construye la batería de Manga con la idea de reforzar los fuegos de la bahía interior, pero resultó ser una batería de efímera existencia (desapareció años después debido a su nula utilidad).

Reconstrucción virtual del fuerte de Manzanillo, a la entrada a la bahía interior cartagenera. Al otro lado, el castillo de Cruz Grande. Al fondo se puede apreciar Bocagrande, lugar desde el que se accedía a la bahía exterior y a continuación, pasando entre Cruz Grande y Manzanillo, se accedia a la bahía interior.  La imagen, cortesía del Museo Naval de Madrid, es un fotograma del video Blas de Lezo. Las fortificaciones de Cartagena de Indias, propiedad de la Fundación Museo Naval. Todos los derechos reservados.

 

 

Se continua cerrando la ciudad de murallas. Se construye el baluarte de San Ignacio en 1630 (obra de Cristóbal de Roda), uno de los baluartes más estratégicos dado que el fuego de sus cañones protege la bahía de las Ánimas.

 

En 1638 las murallas de la ciudad estaban casi completas, aunque el sector entre los baluartes de Santa Catalina y Santa Clara quedó provisto únicamente de una "estacada sencilla". ---Hasta 1798 no se terminó de cerrar la muralla en ese sector, cuando Antonio de Arévalo construyó unas bóvedas a prueba de bombas para albergue de la tropa---.

 

Se decide amurallar el nuevo barrio de Getsemaní, que había ido creciendo rápidamente. El primer baluarte en empezar a edificarse fue el del Reducto, en 1631. Getsemaní estaba unido al primer asentamiento de la ciudad con sólo un puente levadizo de madera. El acceso a tierra firme se protege con la batería de Media Luna, de la que parte un camino que es el único acceso terrestre al barrio. Este acceso queda también fortificado construyendo en medio del mismo un revellín y haciendo que esté cruzado por tres fosos de agua.

 

A su vez, Getsemaní y la ciudad amurallada se comunican a través de la puerta conocida como Torre del Reloj. Esta puerta  que da acceso desde Getsemaní a la ciudad primitiva constituye otro punto crítico para la defensa de Cartagena de Indias. Es, como es sabido, el único lugar por donde puede accederse desde tierra continental.

 

Queda echado el cerrojo a la bahía interior, la cual  puede ser ahora batida desde diferentes ángulos con la artillería de los fuertes del Boquerón, Castillo Grande, Manga y San Juan de Manzanillo. La experiencia había inclinado a poner el énfasis en la entrada al puerto a través de Bocagrande. Después de muchos años, Cartagena reunía condiciones para considerarse un puerto seguro.

 

Únicamente faltaba por cuidar el acceso terrestre con la fortificación en el cerro de San Lázaro.

Reconstrucción virtual de la ciudad amurallada (ARRIBA) y del barrio de Getsemaní (ABAJO) con indicación de los nombres de los baluartes. Detrás del primitivo asentamiento de la ciudad fue creciendo el barrio de Getsemaní que, con el tiempo, también se amuralló. Obsérvese la estratégica posición de los baluartes, por ejemplo el de San Ignacio, que apunta directamente a la Bahía de las Ánimas, o los de Santa Catalina y San Lucas, que cierran el paso por la estrecha franja de tierra a un posible ataque procedente de La Boquilla.  Las imágenes, cortesía del Museo Naval de Madrid, son fotogramas del video Blas de Lezo. Las fortificaciones de Cartagena de Indias, propiedad de la Fundación Museo Naval. Todos los derechos reservados.

Pero entonces ocurre un hecho fortuito e inesperado, absolutamente trascendente, que va a provocar el replanteamiento del modelo estratégico: los galeones portugueses Buen Suceso y Concepción (al mando de Rodrigo Lobo da Silva) encallan y naufragan en Bocagrande el 17 de marzo de 1640. El salvamento fue dirigido por el ingeniero militar Juan de Somovilla y Tejada. Se logró recuperar más de 80 piezas de artillería.

 

Los cascos de estos dos buques naufragados hacen de recolectores de arena y se va formando una barra. Con asombrosa rapidez, en pocos años, el canal de Bocagrande se hace impracticable, lo cual trajo una consecuencia añadida: la entrada de Bocachica, canal que antes no era navegable (posible únicamente para balsas y botes) y cuyo fondo era de barro, cambia de forma natural por la acción de las mareas y se forma allí, por efecto de dragado, un canal lo bastante profundo para el paso de todas las grandes embarcaciones de la época.

 

Todo ello deja en mantillas el planteamiento defensivo de la bahía interior en el que se había puesto todo el énfasis hasta el momento. Ante la necesidad de proteger el acceso a la bahía exterior a través de Bocachica, la bahía interior pierde importancia y, en consecuencia, se provoca un cambio en la concepción de las defensas.

 

No obstante, también podía considerarse una suerte que ahora existiera un único acceso a la bahía que, además, era estrecho y podía defenderse mejor que Bocagrande. El inconveniente es la distancia desde el nuevo canal hasta la ciudad, cosa que dificulta el apoyo logístico a los defensores de Bocachica.

 

Mapa de elaboración propia.

 

Concepción de las defensas de la ciudad tras el cierre de Bocagrande y la apertura natural de un canal en Bocachica. Se consideraba muy dificultoso un desembarco en La Boquilla y el consiguiente avance desde allí a la ciudad que ya se había protegido con murallas y baluartes. El único lugar por el que el enemigo podría acceder a la bahía es ahora Bocachica, canal que se decide fortificar.

 

Aunque las construcciones ya existentes (Castillo Grande, Manzanillo y El Boquerón) han perdido importancia estratégica, se está impidiendo el otrora fácil acceso a la Bahía de las Ánimas (la zona de la bahía interior más cercana a la ciudad) tratando de cerrar el único paso posible, el canal de Bocachica. Quien ahora pretenda tomar la ciudad deberá superar las fortificaciones que se construirán en Bocachica, y después alcanzar la bahía. Tras ello, desembarcar tropas y artillería por las zonas de Manga y/o Manzanillo, y ocupar las planicies al pie del cerro San Lázaro, único lugar donde el enemigo podía desplegar su ejército y su artillería. Conscientes de ello, los ingenieros militares diseñaron una fortificación en dicho cerro, el castillo de San Felipe de Barajas.

 

Proyecto de una torre para el castillo de San Luis de Bocachica.

Archivo General de Indias.

El proyecto fechado el 15 de agosto de 1648 es obra del ingeniero Juan de Somovilla (puede verse su firma en el documento) y se trataba de un refuerzo al castillo que se estaba construyendo. Esta torre nunca llegó a edificarse.

Plano del castillo de San Luis de Bocachica en 1661, realizado por Pedro Mejía. Archivo General de Indias, Sevilla.


Reconstrucción virtual del castillo de San Luis de Bocachica.  La imagen, cortesía del Museo Naval de Madrid, es un fotograma del video Blas de Lezo. Las fortificaciones de Cartagena de Indias, propiedad de la Fundación Museo Naval. Todos los derechos reservados.

 

 

A partir de 1646 se construye el fuerte de San Luis de Bocachica (terminado de construir en 1661) y se decide que cuando se acaben las obras se desmantelarían Castillo Grande y Manzanillo. La prioridad, como vemos, se ha trasladado ahora al canal de Bocachica.

 

El nuevo castillo que protegerá Bocachica fue proyectado en primer término por el ingeniero Juan de Somovilla y debe su nombre al del gobernador que le contrató, Luis Fernández de Córdoba. Pero sería Juan Bautista Antonelli quien dirigió las obras el ingeniero Juan Bautista Antonelli hasta 1649, rigiéndose por las reglas de la fortificación abaluartada. En 1689 se hicieron algunas mejoras y refuerzos, obra del ingeniero Juan Botín. Posteriormente sería reconstruido en 1715 por Juan de Herrera y Sotomayor.

 

Pero habíamos dicho que únicamente faltaba por cuidar el acceso terrestre con la fortificación en el cerro de San Lázaro. En este punto clave de acceso a la ciudad se decidió construir el castillo de San Felipe de Barajas, terminándose su construcción en 1657. La primera fortaleza era de planta triangular artillada al principio con sólo ocho cañones y unos treinta hombres, pero por su situación estratégica la artillería dominaba, además de toda la bahía, el único acceso posible por tierra a la ciudad. Así, cualquier embarcación sospechosa o cualquier entrada por tierra debía pasar, necesariamente, por el punto de mira de sus cañones. Como único “refuerzo” contaba con una empalizada que hacía las veces de entrada cubierta. Su edificación sucedió cuando el gobernador era Pedro Zapata de Mendoza, quien bautizó el castillo en honor al rey Felipe IV.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

ARRIBA, plano urbano de Cartagena de Indias en la actualidad. El primer castillo de San Felipe de Barajas sólo era el bonete de forma triangular (marcado por mí en rojo). DERECHA: el castillo según plano de Juan de Herrera y Sotomayor que se conserva en el Instituto de Historia y Cultura MIlitar, Madrid. ABAJO, vista áerea (Google Maps) y diversas fotografías del castillo.


Especifiquemos: este primer núcleo de San Felipe de Barajas en la cima del cerro, el bonete, es el modesto bastión que Don Blas de Lezo conocerá y defenderá, si bien con pequeño añadido lateral, y no tiene nada que ver con las dimensiones colosales que llegaría a adquirir posteriormente a la Guerra del Asiento al abrazar todo el cerro de San Lázaro tal como se conserva actualmente.

 

Llegados a finales del siglo XVII, y durante la guerra franco-española en ese periodo, sucede un nuevo ataque a la ciudad, esta vez a cargo del barón de Pointis, tras el cual quedan destrozadas la mayor parte de las defensas. Lo que obligará a volver a replantearse la concepción estratégica y reconstruir las defensas de la plaza.

 

 

 

 

 

 

 

EL ATAQUE DE POINTIS  (1697)

 

En abril de 1697 Jean Bernard Desjeaux, baron de Pointis, se presenta ante Cartagena de Indias con 26 naves y alrededor de 4000 hombres, a los que hay que añadir unos 1000 hombres del pirata Jean-Baptiste Ducasse. Para oponerse a esta fuerza, la ciudad cuenta con menos de 150 hombres.

 

El entonces gobernador de Cartagena, Diego de los Ríos y Quesada, había hecho caso omiso de todas las advertencias que le enviaban desde España, entonces en guerra con Francia, y de las informaciones que recibía referentes a las intenciones francesas de enviar una expedición al Caribe. El incompetente gobernador pensaba que a los franceses no les interesaría la plaza como tal sino que un posible ataque lo realizarían con la única finalidad de hacerse con los tesoros de los galeones de la Flota de Indias que transportaban oro y plata. Y los galeones no eran asunto suyo. Así que lo único que ordenó fue doblar las guardias.

 

Lo que hoy expresaríamos como "me resbala".

 

Cuando le confirmaron que, en efecto, Pointis se acercaba a Cartagena pero no por los galeones sino con intención de ofenderla, precipitadamente acelera los preparativos, pero ya era tarde. Cartagena no estaba preparada de ninguna manera para repeler un ataque.

 

A la dejadez española en aquellas lejanas plazas americanas se sumó la incompetencia del gobernador del momento, que no puso empeño en adaptar la ciudad a la situación de defensa que se requería. Las cureñas de los cañones no aguantaban al primer disparo, no había víveres en los almacenes, las milicias alistadas no tenían formación militar y la guarnición era muy escasa (sólo había 147 soldados de los cerca de 600 que debía haber). El resultado no pudo ser peor.

 

Diego de los Ríos se ve obligado, lamentablemente, a dejar de echar sus partidas de cartas con su camarilla y, en medio de prisas y decisiones tomadas apresuradamente, se opta por colocar un buque, solo uno, en Bocachica, defendiendo este canal conjuntamente con el castillo de San Luis. Otro buque vigilaría Pasacaballos, lugar de llegada del Canal del Dique. Da órdenes para almacenar todo el maíz posible. Pide 300 hombres del interior de la provincia para que vengan a reforzar la plaza. Se decide armar nuevas y mayores milicias, etc.

 

Pero nada se hizo en realidad: las embarcaciones no fueron a los lugares asignados porque no tenían dotación ni armamento, no se llevó a cabo el almacenamiento de maíz, no se armó a las milicias ni se alistaron suficientes hombres, etc.

 

Milagrosamente, llegó a última hora una compañía de milicias auspiciada por los comerciantes de Quito y Santa Fe, interesados en proteger sus intereses y posesiones en Cartagena de Indias. Aún destacando el honor y valentía de estos milicianos, eran poca cosa para oponerse a los 1000 aguerridos piratas de Ducasse.

 

Pointis, que acerca sus barcos enarbolando falsas banderas españolas, inglesas y holandesas, inicia su ataque el 13 de abril de 1697 con un bombardeo desde el mar e intenta desembarcar en el frente marítimo de la ciudad, que aún no tenía completadas las murallas, pero ya sabemos que un desembarco así es difícil que tenga éxito porque la costa presenta numerosos escollos, arrecifes, y una fuerte marea de resaca. También intentó un desembarco en La Boquilla, y él mismo hizo un intento en una embarcación que naufragó, por lo que calificó el mar de Cartagena como "mar invensible". Como intentar el paso desde Bocagrande hacia la bahía interior no era posible al estar cerrado este canal por la barra que se había formado de manera natural, el día 15 se dirige hacia Bocachica.

 

Bombardea el castillo de San Luis. Mientras sus barcos siguen lanzando bombas contra el castillo, se produce un desembarco de 1200 hombres (la mayoría eran piratas de Ducasse) en Tierra Bomba. Avanzan hacia el fuerte rodeándolo así por tierra y mar. Para entonces, los franceses habían lanzado ya unos 1.500 proyectiles contra la débil fortificación. Defendido por 90 hombres (entre los cuales solo había 9 artilleros para manejar los pocos cañones que podían disparar, pues la mayoría eran inservibles), el fuerte, en esos momentos único punto defensivo de Bocachica, cae en sólo un día, siendo rendido el 16 de abril.

El ataque de Pointis. Elaboración propia.

El castillo de San Luis de Bocachica, equipado con poca artillería y escaso de hombres, cae al verse rodeado por mar y tierra. Los franceses desembarcados se dirigen a pie hacia Castillo Grande, que no está en condiciones de defenderse. Los barcos franceses penetran en la bahía. Se produce un desembarco para tomar el castillo de San Felipe de Barajas, lo que abre el paso hacia la ciudad.

 

 

El comandante del castillo era Sancho Ximeno de Orozco, que se defendió valerosamente. Pointis le solicitó la entrega del castillo, pero Ximeno le respondió que “mal puedo yo entregar lo que no es mío”, y que “aunque me quede solo, Baron de Pointis, ni me rindo ni pido cuartel”.  Pero finalmente fue traicionado por sus propios soldados que permitieron así la entrada de los franceses en el castillo tras recibir la amenaza de pasar a cuchillo a todos los defensores, quedando ahora el castillo defendido únicamente por su comandante. No les costó mucho capturar al valiente castellano.

 

Ximeno se negó a a cooperar con los franceses en la entrega de las instalaciones, almacenes, polvorines y municiones, como se le exigió. Pointis, muy sorprendido, reconoció la valentía y dignidad de Ximeno, así que le devolvió su espada y le dijo: “Un valiente caballero como vos tampoco puede estar desarmado”. A continuación, ordenó que se le rindieran honores militares al prisionero.

 

La escuadra del francés y los bucaneros de Ducasse penetra en la bahía el día 18 mientras que la infantería lo hace por Tierra Bomba dirigiéndose hacia el norte, hacia Castillo Grande, cuya defensa estaba a cargo del capitán Francisco de Santarén a cuyo mando había unos cuantos hombres. Santarén había solicitado que le enviaran 30 soldados y 8 cañones, pero se los negaron. El castillo es abandonado dada su debilidad. Después, el fuerte de Manzanillo es igualmente abandonado. Los buques franceses, que habían atravesado la bahía, efectúan un desembarco y dinamitan el fuerte de Manzanillo.

 

Pointis se plantea atacar la ciudad desde Bocagrande siguiendo el camino que tiempo atrás había recorrido Drake. Pero pronto se da cuenta de que es imposible un asalto a la ciudad desde esas playas y en un terreno estrecho y húmedo donde no hay opción a desplegar convenientemente la artillería estando expuesto, en cambio, a la artillería de las murallas de la ciudad. Esta era la diferencia con el ataque de Drake, pues ya vimos que cuando el british lo intentó la ciudad no tenía murallas ni baluartes. Así que Pointis cambia rápidamente de idea.

 

Con el camino despejado, los desembarcados se dirigen hacia La Popa, cuyo santuario toman el día 19 de abril sin dificultad, y acampan en las inmediaciones del cerro de San Lázaro. En la ciudad se presentan 60 voluntarios para contratacar a los franceses, pero al primer enfrentamiento muere su capitán y se retiran precipitadamente de vuelta a la ciudad. 

Barón de Pointis, por Henri Bonnart.

Biblioteca Nacional de Francia, París.

 

 

Cae también el pequeño fuerte del Boquerón así como el de San Felipe de Barajas, defendido por solo 70 hombres al mando de Juan Manuel Vega sin prácticamente armas, municiones ni pólvora. Vega muere de un balazo. Sin capacidad de respuesta ni castellano, el castillo cae en manos francesas. En él,  Pointis estableció su cuartel general e instaló cañones (unas 30 bocas de fuego) para bombardear la ciudad, cosa que hizo sin piedad sobre la puerta de Media Luna y el barrio de Getsemaní. Al bombardeo se suma la fuerza naval. La ciudad está completamente rodeada por tierra y mar. La artillería española emplazada en las murallas responde como puede al fuego enemigo. Uno de los proyectiles hiere en un brazo a Pointis.

 

Según el barón, todo lo realizado hasta el momento se debía exclusivamente a sus hombres, mientras que los piratas de Ducasse en casi nada habían cooperado. Esto irritó a una panda de bucaneros con pocos escrúpulos como era la tropa de Ducasse.

 

El 30 de abril cae el barrio de Getsemaní. El gobernador no permitió que las tropas en retirada de Getsemaní se guarneciesen dentro de la vieja ciudad amurallada. Luego, en otro error fatal, ordenó un contraataque muy desventajoso a las mismas puertas de la ciudad. La mayoría de los escasos españoles que salieron valientemente, puestos entre la espada y la pared, murió a la bayoneta.

 

Se inician conversaciones para una capitulación honrosa.

 

Iniciadas las conversaciones de la rendición, Pointis ofrece que puedan salir de la ciudad la guarnición y su población con sus pertenencias, familia, criados y esclavos y, el gobernador, además, con todos los honores y 40 fardos extra de impedimenta. Los que quisieran podrían quedarse conservando fueros y preeminencias, pero debiendo jurar fidelidad al rey de Francia, y se comprometía a respetar iglesias y conventos. A cambio debían serle entregado un millón de pesos, el metálico de las Cajas Reales (en esos momentos había unos 250.000 pesos), la mitad de los caudales de los ciudadanos, entre 1000 y 25 pesos los militares según fuese su graduación, y todas las existencias de los almacenes y polvorines, que debían dejarlas en buen estado.

La batalla de Cartagena de Indias. Francisco Javier Membrillo Becerra. Publidisa, 2011.

 

El 2 de mayo se rinde la ciudad. Habían transcurrido 20 días de asedio. El día 6 entra Pointis en Cartagena de Indias transportado en silla de manos por estar herido y se instala en el Cabildo. El gobernador Diego de los Ríos abandona la ciudad con todas sus pertenencias, llevándose a escondidas dos millones de pesos, refugiándose en Mompox. También abandonan la ciudad los soldados y buena parte de sus vecinos, casi todos mujeres y niños.

 

Los franceses y bucaneros, ahora dueños de Cartagena de Indias, se dedicaron al pillaje haciendo vivir a la ciudad bajo el terror. Pointis “invitó” a los cartageneros a depositar una contribución “voluntaria” en el Cabildo. A los que “voluntariamente” hicieran el depósito les sería devuelto el 10% del valor de lo entregado.

 

He de confesar que me deja anonadado la generosidad del Barón.

 

Fueron vaciadas las arcas del Cabildo, saqueados los tesoros y ornamentos de los conventos, las gentes despojadas de cualquier posesión valiosa, muebles, dinero, cuadros, lámparas, cubertería o joyas,  y hasta las campanas de bronce de las iglesias trasladadas a los barcos franceses.

Se exige la entrega de otros 500.000 pesos para evitar que volasen las murallas, acción que algunos ciudadanos intentaron evitar solicitando un préstamo a Portobelo, pero el emisario no llegó a tiempo, por lo que se destrozaron las fortificaciones.

 

 

 

Edición holandesa de finales del siglo XVII del libro Bucaneros de América, de Alexandre Oliver Exquemelin. La ilustración es un retrato del pirata Jean David Nau, más conocido por François L'Olonnais o El Olonés, uno de los piratas más crueles de la historia de la piratería.

 

El cronista de los piratas, Alexandre Olivier Exquemelin fue, además de médico y escritor, un bucanero francés autor de un célebre libro, Bucaneros de América, cuya primer versión es del año 1678. Esta obra es la que más fuentes documentales ha aportado a la historia de la piratería. Su nombre figura como cirujano en la expedición de Pointis contra Cartagena de Indias, de cuyos hechos explicó que “La ciudad de Cartagena estaba rodeada de un foso lleno de agua y las murallas dotadas de ochenta cañones. Si ellos hubieran aprovechado todas esas ventajas nada dejaba entrever que hubiéramos podido vencerlos y nos sorprendimos al ver, poco después, dos banderas blancas que agitaban para entrar en conversaciones" El 2 de mayo tres barcos cañonearon la ciudad y entonces los sitiados ofrecieron rendirse, que "era lo que menos pensábamos nosotros". Así mismo Exquemelin manifestó que Pointis fue herido y asegura que los piratas de Ducasse volvieron a saquear Cartagena, contra las órdenes de éste: "Los filibusteros  [...]  regresaron a Cartagena, en donde se negaron a recibir [...] las órdenes que M. Ducasse les enviaba. No dudo en absoluto que ellos hayan cometido toda suerte de desmanes".

 

Estas últimas palabras atribuidas a Exquemelin relatando un regreso de los filibusteros a la ciudad después del saqueo tienen una explicación. La captura de la ciudad y su rescate fue una expedición que se había realizado sin elevados números de pérdidas humanas, tanto por parte francesa como por parte española. Dejó de ser una captura de poca violencia, relativamente “limpia” por decirlo así, cuando Pointis decidió engañar a los piratas que le acompañaban dejándoles con solo 100.000 libras de los 2.000.000 millones que les había prometido. (Pointis había conseguido un total de 10.000.000, de los que entregaría posteriormente 2.000.000 al rey francés Luis XIV). Los piratas estaban decididos a enriquecerse con la colonia española, por eso tomaron de nuevo la ciudad y en este segundo saqueo solo dejaron muertes, violaciones y torturas entre la población cartagenera.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

Vue de la ville de Carthagene. En Amerique, prise par les François en 1667.

Publisher Louis Joseph Mondhare, 1780

El grabado es una representación tardía de la toma de Cartagena de Indias por el barón de Pointis. La ciudad que se representa detrás de las murallas es un lugar imaginario con torres altas a semejanza de las ciudades europeas de la época. Observe el lector que hay un error tipográfico en la fecha, posiblemente porque el número 6 está invertido, de manera que se grabó 1667 en lugar del año correcto, 1697.

Al final, los barcos franceses estaban cargados hasta los topes con infinidad de cosas o artículos, y tanto quisieron cargar que no les cupo todo, arrojando lo sobrante al mar.

 

Tras el destrozo, Pointis se aleja de Cartagena de Indias. Había estado el suficiente tiempo allí como para que las enfermedades tropicales empezaran a hacer su aparición y, además, había recibido noticias de que una escuadra española se aproximaba a la plaza. El día 3 de junio desaparece la última vela francesa de la vista de Cartagena.

 

Por parte española se realizó una investigación para esclarecer la actuación del gobernador Diego de los Ríos y de los responsables de la defensa, como Sancho Ximeno, en la que intervino la Audiencia de Santa Fe.

 

 

 

Un portrait de Jean Baptiste du Casse

Museo de la Marina, París.

Este jefe del grupo de piratas que acompañaron a Pointis a Cartagena de Indias fue, pocos años después, uno de los franceses que, como aliado de España, combatió contra los anglo-holandeses en la Guerra de Sucesión española.

 

 

Intrigas, compra de voluntades e injusticias fueron cometidas una tras otra en las rocambolescas pesquisas que duraron años, que fueron favorecidas por la lejanía y la dificultad de comunicaciones con la península. Cuatro fueron los jueces nombrados sucesivamente, desde julio de 1697 hasta 1707, para investigar los motivos por los que fue rendida la ciudad.

 

Aquello fue un penoso y retorcido proceso en el que no faltó la detención en benignas condiciones del gobernador De los Ríos, su puesta en libertad al poco tiempo, su declaración ante el Consejo de Indias, la intervención de la Audiencia de Santa Fe para volver a prenderlo y la amenaza del gobernador de resistirse por las armas en Cartagena, seguido por el nombramiento de un nuevo gobernador que toma preso al anterior, designación de un nuevo juez que ordena encarcelar al anterior juez investigador de los hechos, una fuga del gobernador De los Ríos .. ¡a Francia! ... ante el nombramiento de otro juez, etc.

 

Y, mientras tanto, al pobre Ximeno le amargaron la vida en prisión. Dejo a la imaginación del lector el desarrollo  de esta clase de episodios corruptos enquistados en la idiosincrasia española.

 

 

 

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Hay que volver a construir las defensas de Cartagena de Indias.

 

La ciudad, que desde mucho tiempo atrás era importante centro comercial y puerto de fondeo de la Flota de Galeones de Tierra Firme, se recupera trabajosamente. Y crece. Sin embargo, su actividad comercial nunca se recuperaría al nivel anterior al ataque de Pointis. A partir de este ese ataque la ciudad acentúa su carácter militar en detrimento de su carácter comercial.

 

Y crecerán sus defensas, lo cual era imperativo.

 

Se hace cargo de la reconstrucción defensiva el gran ingeniero militar Juan de Herrera y Sotomayor quien, además de trabajar en los proyectos de fortificaciones, establece las líneas generales en las que debe basarse la fortificación de la ciudad tras una revisión profunda de las opciones de ataque y defensa de la plaza. Fue castellano del castillo de San Felipe de Barajas. La estancia de este ingeniero hasta su muerte en Cartagena (murió con el grado de brigadier) fue muy provechosa para la ciudad, siendo de gran repercusión sus estudios. Herrera, como antes lo fue Bautista Antonelli y después lo sería Antonio de Arévalo, fue uno de los ingenieros más influyentes en la historia de las fortificaciones cartageneras.

 

En 1699 llegó a Cartagena para trabajar como Ingeniero en las obras que el nuevo gobernador de la ciudad, don Juan Díaz Pimienta y Zaldívar, pensaba ejecutar. Entre 1700 y 1732 trabajó en Cartagena en donde realizó importantes obras. Además fundó una Academia en la que enseñó matemáticas y técnica de fortificación. En ella se formaron buenos discípulos como su hijo don José de Herrera y el "delineador" José de Figueroa, quien le ayudó después en sus tareas pedagógicas y fue nombrado ingeniero extraordinario. En 1716 levantó el plano de la ciudad de Cartagena. En el año 1721 comenzó las obras destinadas a construir la muralla que había sido destruida por los temporales de 1713 y 1714. Esta muralla era la comprendida entre los baluartes de Santo Domingo y Santa Catalina. En 1729 fue nombrado Brigadier, y se le dio también el cargo de Ingeniero Director de las fortificaciones del Virreinato. Muere en 1732 en Cartagena.

Cartagena de Indias. Enrique Marco Dorta. Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla. Sevilla, 1951.

Plano del puerto de Cartagena, por Juan de Herrera.

 

 

Sus diseños supondrán a lo largo de los años importantes realizaciones defensivas, aunque alguna no fuera exitosa. Por ejemplo, realiza un proyecto para reconstruir el Castillo de Santa Cruz dotándole de mayor fortaleza. Poco debió hacerse en él pues, de hecho, las obras no concluyeron y debido a sus malas condiciones de defensa, fue abandonado durante el ataque de Vernon en 1741.

Herrera establece que los ataques a la ciudad pueden provenir de tres lugares: La Boquilla, Bocachica y el cerro de San Lázaro. Esto quiere decir que el planteamiento defensivo anterior al ataque de Pointis no era inadecuado, sino que las defensas en esos tres lugares no habían sido lo bastante fuertes. Es necesario reforzar las tres posibles zonas de origen de los ataques enemigos. Sobre todo Bocachica y el acceso terrestre.

 

Se entra en una etapa de frenética actividad reconstructiva de las defensas de la ciudad. Se reparan los destrozos causados por el ataque de Pointis, como los baluartes de Santa Catalina y San Lucas, y se construye la Puerta del Puente, que comunica la isla de Getsemaní con la bahía de las Ánimas. Para defender esta Puerta se construyen los baluartes de San Pedro Apóstol y San Juan Bautista.

 

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ARRIBA: estudio para la reconstrucción de baluarte, obra del "delineador" José de Figueroa.

Archivo General de Indias.

 

 

 

IZQUIERDA: diseño para la reconstrucción de la nueva Muralla de la Marina (en el frente marítimo de la ciudad), firmado por Juan de Herrera y Sotomayor.

Archivo General de Indias.


A principios del siglo XVIII la ciudad se había extendido a toda la isla de Getsemaní, muy cercana y unida a la ciudad por un pequeño puente levadizo de madera. Se decide amurallar con baluartes todo el arrabal, como antes se había hecho alrededor de la primitiva ciudad. El caño del Ahorcado se cierra en los extremos entre las dos islas mediante empalizadas y troncos. El acceso al arrabal también se protegerá mediante la batería de Media Luna, desde la que parte la calzada que es la única vía posible de acceso desde tierra. Este estrecho acceso contará con un revellín y tres fosos de agua. 

 

En efecto, un sitio riguroso a Cartagena de Indias solo podía plantearse dominando la única entrada terrestre posible, la estrecha puerta del barrio de Getsemaní. Para ello, el enemigo tenía en las llanuras junto a La Popa el sitio ideal para establecer su campamento. Pero ahora no lo iba a tener fácil: si desde esas llanuras quería entrar en la ciudad, tendría que enfrentarse a fuegos cruzados de murallas y baluartes, castillo de San Felipe de Barajas, batería de la Media Luna, y aún tendría que salvar un revellín con sus fosos.

Croquis del revellín de la Media Luna.

Archivo General de Indias.

Grabado de Gauchard Brunier en Geografía Pintoresca de Colombia (s. XIX). Tomado de Biblioteca Luis Ángel Arango Digital. Desde la perspectiva del grabado, el atacante ya tendría que haber rendido el castillo de San Felipe de Barajas y ahora, frente a él, tiene aún que salvar el revellín y la batería de la Media Luna, con todo Getsemaní amurallado.


En la misma zona, y con la experiencia adquirida por el ataque de Pointis, se procede a mejorar y ampliar el castillo de San Felipe de Barajas. Este castillo era clave para controlar la calzada que era el único acceso posible por tierra a Getsemaní, como sabemos. Desde las laderas del cerro de San Lázaro podía bombardearse fácilmente la ciudad y su acceso. E incluso estaban al alcance de sus cañones, situados a cierta altura, los barcos que se aproximasen a la bahía de las Ánimas. Sin embargo no se hizo nada en el cerro de La Popa, que era un punto de peligro para este castillo, el cual podía batirse con ventaja desde la superior altura de La Popa, monte más alto de la zona.

 

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Reforzamiento de las defensas de Cartagena de Indias. Mapa de elaboración propia.

 

En La Boquilla se protege la costa de posibles desembarcos con las baterías de Crespo y Mas (números 6 y 7) y la batería de Cruz Grande (número 8). El acceso terrestre queda defendido con las baterías de Getsemaní, el castillo de San Felipe de Barajas y la construcción del revellín (señalado con la letra R). En Bocachica se reconstruye el castillo de San Luis y para evitar un desembarco terrestre que lo rodee por tierra, como había sucedido en el ataque de Pointis, se construyen las baterías de Chamba (número 1), Santiago (número 2) y San Felipe (número 3). Bocachica, único canal navegable para acceder a la bahía, se refuerza con las baterías de Punta Abanicos (número 4), Varadero (número 5) y, especialmente, San José (número 9), consiguiendo así cruzar fuegos con el castillo de San Luis.

También se reconstruirá el fuerte de Manzanillo y se reparará el fuerte El Boquerón (que en los mapas de la primera mitad del siglo XVIII a veces aparece con otro nombre,  El Pastelillo).

 

 

La posibilidad de un ataque al castillo de San Felipe de Barajas procedente del norte desde la Boquilla, es contrarrestada con la instalación de las baterías de Crespo y Mas junto a otra más cercana a la ciudad denominada Cruz Grande, las cuales defendían aquellas playas de un desembarco que hiciese posible un avance desde allí al castillo o hacia Cartagena. No obstante, aunque posible, este desembarco y avance enemigo contra San Felipe de Barajas no era fácil pues tendrían la dificultad de avanzar por un terreno pantanoso y cruzar el Caño del Ahorcado para poder acercase a dicho castillo.

 

Igualmente, se procede en 1715 a la reconstrucción del castillo de San Luis de Bocachica, a cargo del ingeniero Juan de Herrera y Sotomayor, así como complementar este punto fuerte con la construcción (entre 1714 y 1725), de la batería de San José en un islote cercano (la isla Draga), obra del mismo ingeniero. Se añadirían dos baterías de refuerzo, la de Punta Abanicos y Varadero, localizadas en la isla de Barú. Todo esta distribución es consecuencia del ataque de Pointis que demostró que las defensas existentes no habían sido suficientes.

Reconstrucción virtual de la batería de San José de Bocachica.  La imagen, cortesía del Museo Naval de Madrid, es un fotograma del video Blas de Lezo. Las fortificaciones de Cartagena de Indias, propiedad de la Fundación Museo Naval. Todos los derechos reservados.

 

El reconstruído castillo de San Luis de Bocachica, auténtico punto fuerte en la boca del canal, tenía 117 metros de largo en el lado que daba al mar. Sus murallas tenían tres metros de altura y dos metros de anchura. Sin embargo, a pesar de que esas medidas pueden hacer pensar en una enorme solidez, esta no era tanta, como indicó don Blas de Lezo en varias ocasiones y como se demostraría después en el ataque Vernon en 1741 en el cual, a pesar de la modesta fortaleza del castillo, la eficacia de sus cañones y la resistencia que ofrecieron sus defensores fue, sencillamente, heroica.

 

Para evitar nuevos desembarcos en las pequeñas calas de Tierra Bomba y en apoyo del castillo de San Luis de Bocachica se instalan en la costa las baterías de San Felipe, Santiago y Chamba (de entre 4 y 6, entre 9 y 11, y de entre 3 y 5 cañones respectivamente) protegiendo un posible desembarco en Tierra Bomba que atacase el castillo por el norte, su punto más débil, y lo rodease así por tierra. Las tres se deben al ingeniero Juan de Herrera y Sotomayor y fueron construídas en 1714. Todas ellas se levantaron en promontorios rocosos del litoral, aprovechando las condiciones naturales del terreno.

 

La idea es hacer de Bocachica un paso infranqueble y de esta forma impedir el acceso de naves enemigas a la bahía que permitiría el apoyo de cualquier ataque terrestre.

 

Finalmente, se reconstruye el fuerte de Manzanillo en 1733 y en él se levanta un almacén de repuestos con los que apoyar los fuertes de Bocachica. Y en Pasacaballos, lugar de desembocadura del Canal del Dique, a pesar de ser un punto vital para el abastecimiento de la ciudad, no se hizo nada, tan sólo hubo un puesto de vigilancia con siete cañones.

Hacia 1735 se había conseguido reconstruir los castillos, baterías y murallas, como atestigua el plano de ese levantado por orden del rey.

 

Además de las defensas de la bahía, la Cartagena de Indias ofrece ahora un impresionante aspecto de ciudad amurallada prácticamente infranqueable.

 

No hay más que ver el pequeño video (30 segundos) del siguiente enlace:

 

 

RECONSTRUCCIÓN VIRTUAL


 

¿Qué podía faltar para completar la defensa?

 

Sencillamente, hombres.

 

Ya lo dijo Fernando Álvarez de Toledo, Duque de Alba: "Lo que defiende a las plazas fuertes no son las murallas sino la gente de guerra, y por muy fuertes que fueren los muros, si no tienen la gente suficiente, son inútiles".

 

A principios de 1716 comienza a formarse en toda América algo que hubiera sido muy necesario tiempo atrás para protegerse de los ataques de Drake y Pointis: un ejército regular, pues hasta entonces la estructura militar se basaba en las escasas tropas enviadas desde la península y las milicias.

 

Pero llegados a los años de la Guerra del Asiento, aunque se había formado el Batallón Fijo de Cartagena, la guarnición era aún del todo insuficiente. En cuanto a la capacidad de fuego, sumando los navíos de Blas de Lezo, toda la protección artillera a la entrada de Bocachica que existirá en el ataque de Vernon en 1741 será la que hemos estudiado hasta ahora. Poco antes de este ataque, ese mismo año, era nombrado Carlos Suillars de Desnaux como ingeniero jefe de las obras de fortificaciones en la plaza. Desnaux, que será castellano de San Luis de Bocachica y de San Felipe de Barajas, será uno de los protagonistas de la batalla por Cartagena de Indias.

 

Cartagena de Indias había decaído desde el ataque y saqueo de los franceses (en 1697) y la disminución de la importancia de la Carrera de Indias, la Flota de Galeones; su comercio no era ya tan esplendoroso en 1741 como lo había sido hasta finales del siglo anterior. El dinero no se quedaba allí por mucho tiempo, pues en sus alrededores no había minas, ni cultivos, ni industria que permitiese un volumen permanente de circulante. Cartagena vivía del comercio, pero también del llamado  situado fiscal  remitido anualmente desde Quito y Santa Fe, la capital del Virreinato de la Nueva Granada, que lo enviaban para mantener tropa y demás empleos y servicios públicos. Pero, estratégicamente, Cartagena seguía siendo de vital importancia para el Imperio, pues era la “llave” de entrada y salida para el sur del continente y para enlazar el comercio con la Metrópoli. De allí que la Corona desde tiempo atrás hubiese decidido fortificarla como a ninguna otra plaza en América. Con todo, no podía decirse que era pobre, pues la prosperidad de sus comerciantes hablaba por sí sola.

Pablo Victoria. EL DÍA QUE ESPAÑA DERROTÓ A INGLATERRA. Editorial Áltera, 2005

 

 

 

 

Y después del ataque de Vernon de 1741 ...

Cuando Vernon llega a Cartagena comprueba, como habían comprobado antes Drake y Pointis, que la ciudad es inaccesible por su frente marítimo y que, si quiere acceder a la bahía con sus navíos, no hay otro camino que Bocachica. La resistencia española en este punto fue heroica y conseguiría retrasar muchos días el asalto de Vernon a Cartagena de Indias, hecho que se demostraría decisivo por la escasez de víveres que produjo y la aparición de enfermedades entre la tropa inglesa.

 

En su retirada, Vernon ordenaría dinamitar Castillo Grande y San Luis de Bocachica.

 

Después de la Guerra del Asiento se reconstruirían las defensas de Cartagena de Indias.

 

Aunque el estudio de las fortificaciones posteriores al ataque de Vernon correspondería a otra época que no forma parte de estos artículos sobre la Guerra del Asiento, merece mucho la pena, por su alto interés, siquiera unas reseñas, pues nos llevan a las fortificaciones cartageneras tal como un visitante de la ciudad puede verlas en la actualidad.

 

Se realizaron estudios y análisis para restablecer las defensas definitivamente y conseguir que en  Cartagena fuese un bastión inexpugnable tanto si es atacada por un Drake, un Pointis o un Vernon. Tras el ataque de Vernon en 1741 y el destrozo causado no se tardó en afrontar un nuevo Proyecto General de Defensa, fechado en 1743, obra de Juan Bautista McEvan. Este proyecto lamentablemente se perdió en un naufragio, por lo que volvió a realizarse un nuevo proyecto, obra de Antonio de Arévalo. Posteriormente, ya en 1784, se realizó otro segundo proyecto general, encargado por el rey Carlos III.

 

En 1762 el ingeniero Antonio de Arévalo estableció, en primer lugar, que Bocachica era el punto fundamental de defensa que debía impedir el paso a la bahía.

 

En segundo lugar, que los ataques a la ciudad sólo eran posibles por tres lugares: Bocagrande, La Boquilla y la zona de La Popa. En efecto, Pointis había intentado el ataque por las playas de Bocagrande pero le fue imposible desplegar eficazmente las piezas artilleras, asentar la tropa, cavar trincheras o minar las defensas, pues el nivel freático afloraba enseguida. Por tanto, sólo había dos puntos posibles para atacar la ciudad: La Boquilla y La Popa.

 

La experiencia de los ataques anteriores no hacía más que confirmar las premisas de Arévalo.

 

En cuanto a las realizaciones (a cargo de los ingenieros Antonio de Arévalo, Lorenzo de Solís y Juan Bautista McEvan), fueron numerosas e importantísimas. Arévalo construye el espigón y muro de Las Tenazas, pensado no solo como avanzada defensiva de la muralla de la ciudad sino también, conjuntamente a la escollera de la Marina (que corría desde el baluarte de Santo Domingo al de Sta. Catalina), como solución a los oleajes y temporales que dañaban la muralla. Su idea era atrapar y sedimentar las arenas hasta formar una franja protectora. El persistente problema de la muralla que era continuamente deteriorada y abierta por la violencia del mar quedó definitivamente resuelto con esa escollera.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

ARRIBA: vista áerea del cierre de las murallas en la zona norte de la ciudad. ABAJO, de izquierda a derecha, plano de la ciudad con la escollera de La Marina (Archivo General de Indias), vista de Las Bóvedas (en primer término, la rampa de subida al baluarte), y fotografía de Las Tenazas con el baluarte de Santa Catalina en primer término.


Las Bóvedas se construirían entre 1789 y 1798 (fue la última creación de Arévalo). Es un edificio situado entre los baluartes de Santa Catalina y Santa Clara. Edificado a prueba de bombas, servía para alojamiento de tropas, almacén de municiones y para defender un tramo de la muralla. La idea de Arévalo era albergar a los soldados en el mismo lugar que debían defender. Fue también el último edificio militar construido por España en Cartagena de Indias.

 

También se instalaron nuevas baterías en La Popa, dos de ellas junto en el Monasterio. Las tres fueron diseñadas por Antonio de Arévalo y se construyeron entre 1779 y 1780.

 

Otra asombrosa obra de Arévalo consiste en un dique submarino entre Tierra Bomba y la entonces península de Icacos, que cierra a la navegación de alto bordo, el amplio canal de Bocagrande. Esta obra de ingeniería fue terminada en 1771. Su objeto era forzar el ingreso a la bahía por Bocachica que, como sabemos, era mucho más fácil de defender. Al arrancar hacia el oeste (más adelante dobla hacia el sur para empatar con la punta de Tierrabomba), muy cerca del punto de quiebro entre los modernos barrios de Bocagrande y Castillogrande, la escollera actuó como gigantesco espolón cuyo efecto fue el de acumular arenas y doblar el área de la estrecha península por donde Drake había ingresado a Cartagena. De hecho, la fisonomía de la zona actual es muy distinta a la que existía anteriormente.

ARRIBA, imagen satelital actual de Bocagrande. Como el lector puede comprobar, aún hoy se aprecia la línea de la escollera de Bocagrande que cerraba el paso del canal entre Tierra Bomba e Icacos. La acumulación de arenas cambió la fisonomía de esta zona hasta el punto de formar nueva tierra firme como podemos apreciar, a la DERECHA,  en este croquis explicativo de la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena de Indias.

 

 

En el mismo lugar donde en la bahía interior estaba el fuerte de El Boquerón, destruido en el ataque de Vernon, se construiría por orden del virrey Eslava un nuevo llamado San Sebastián del Pastelillo.


Se llama así porque su ingeniero proyectista, Juan Sebastián Mac-Evan, le puso el nombre de la capital de la provincia de Guipúzcoa donde anteriormente había trabajado. También trabajó en él Carlos Desnaux, uno de los militares distinguidos en la defensa de la ciudad ante Vernon, y colaboró Antonio de Arévalo.

 

Lo de “Pastelillo” se debe a que en la jerga militar se llama “obra pastel” a aquella defensa exterior acomodada al terreno y que, formando parte de un sistema defensivo, depende de otras construcciones más importantes. La situación de este fuerte presentaba una ventaja: está dominado por diferentes baterías de la plaza y del arrabal de Getsemaní, por lo cual era imposible que los enemigos se mantuviesen en él si lograban tomarlo. Sin embargo recibió muchas críticas sobre su utilidad ya que las baterías no impiden el paso de naves enemigas por estar mal dispuestas, apuntando en extraña dirección.

 

En 2009 y 2010 se realizaron obras para una completa rehabilitación del fuerte, consiguiendo una buena conservación del mismo. Actualmente se utiliza como restaurante y sede del Club de Pesca.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 


IQUIERDA: Reconstrucción virtual del fuerte de San Sebastián del Pastelillo.  La imagen, cortesía del Museo Naval de Madrid, es un fotograma del video Blas de Lezo. Las fortificaciones de Cartagena de Indias, propiedad de la Fundación Museo Naval. Todos los derechos reservados. DERECHA: la histórica fortificación en la actualidad.

 

Pero dada la importancia de Bocachica como único acceso a la bahía, importancia demostrada en el ataque de Vernon, se reconstruirán y reforzarán las defensas especialmente en este canal, incluso construyendo nuevas plataformas artilleras.

 

El heroico castillo de San Luis (del que hoy día no quedan ni los cimientos) se desplaza de su primitiva ubicación unos 300 metros al sureste, construyéndose el que recibirá el nombre de San Fernando, obra de los ingenieros Juan Bautista MacEvan y Antonio de Arévalo. Su construcción deta de 1753, aunque se terminó definitivamente al añadirle las baterías laterales en 1779. A este castillo se accede por vía marítima y en nuestros días es, sin dudad, una de las joyas de la ingeniería militar española en América.

 

La que fue batería de San José se convertirá en el fuerte que se reconstruyó entre 1751 y 1759 en la isla Draga. El nuevo proyecto, ideado por MacEvan, fue iniciado por Ignacio Sala y finalmente concluido por Antonio de Arévalo, añade al fuerte propiamente dicho una batería en forma de L, a flor de agua, con 21 cañones apuntando al enemigo que pretendiera forzar el paso por Bocachica y cruza fuegos con el castillo de San Fernando. Tiene también una escollera submarina en su frente exterior para evitar la aproximación de embarcaciones.

 

Se construíran baterías de nueva planta en Tierra Bomba, llamadas Santa Bárbara y Ángel de San Rafael.

 

Las fortificaciones finales del canal de Bocachica son el decantado producto de toda la experiencia adquirida, acumulada durante siglos, instructiva para impedir el paso de naves enemigas a la bahía de Cartagena de Indias. Son las obras de ingeniería que vemos hoy, testigos mudos de la defensa del imperio español y de la perfección alcanzada por los ingenieros y constructores en esta clase de edificaciones.

En la FILA SUPERIOR, imágenes del fuerte de San José. En las FILAS CENTRO E INFERIOR, el castillo de San Fernando de Bocachica.

 

 

Y, por supuesto, no puede concluirse esta reseña de las fortificaciones cartageneras sin mencionar al castillo de San Felipe de Barajas, considerada la mejor fortificación española en toda América.

 

Este punto clave frente a las puertas de la ciudad, que había demostrado su enorme importancia estratégica en los ataques de Pointis y Vernon, sería considerablemente aumentado tras el ataque de Vernon en 1741. Es obra de Antonio de Arévalo. Su construcción finalizó en 1769, convirtiéndolo en la impresionante fortaleza que vemos hoy pero que, recordemos, no era ni de lejos la existente en los tiempos de Blas de Lezo.

 

En el actual castillo las baterías no apuntan hacia la ciudad sino que se cubren entre sí, de modo que se hace prácticamente imposible tomar una batería sin tomarse todo el sistema defensivo. Los muros no fueron levantados perpendiculares al suelo, sino inclinados hacia el interior, con el fin de que las balas de los cañones enemigos rebotaran sin causar estragos y, además, la bala rebotada volvía en dirección contraria, hacia el enemigo que la había disparado.

 

Al castillo se le añadieron numerosas baterías, aumentándolo mucho y reforzándolo por todos sus flancos. Se rodeó todo el cerro de San Lázaro con una galería subterránea de la que partían ramales ciegos donde se almacenaban barriles de pólvora para hacerlos explotar en caso de avance enemigo. La galería subterránea también une las baterías entre sí, permitiendo la retirada de la tropa a una u otra parte del recinto amurallado. Había oscuros túneles que permitían a las tropas españolas disparar sin ser vistas. Se le añadieron fosos para impedir el acceso, cuarteles bajo tierra a prueba de bombas, almacenes de alimentos para resistir asedios de varios meses, aljibes y galerías contraminas. La visión que nos ofrece hoy día esta fortaleza es la de un formidable bunker geométrico. La vista es realmente impresionante.

 

En el amplio mundo de Internet hay centenares de fotografías del castillo. Le ofrezo al lector una pequeña selección personal. Puede ver las 25 fotografías, si lo desea, a pantalla completa (para iniciar la visión, pase suvamente el ratón por el borde inferior y haga click en el símbolo de "play")

 

 

 

Así pues, las construcciones defensivas se terminaron completamente a finales del siglo XVIII (algunos autores las consideran acabadas definitivamente en fecha tan tardía como 1810). De poco provecho serían ya para España pues en 1811 se inician combates por la independencia colombiana conformándose en las provincias de Nueva Granada un estado independiente.

 

Sin duda, las fortificaciones de Cartagena de Indias ofrecen hoy día una visión espectacular y constituyen un enorme atractivo para cualquier visitante de la ciudad caribeña, aunque las que se pueden ver no son las defensas existentes durante el ataque de Vernon en 1741 excepto las restauradas murallas de la ciudad. Para cualquier forastero, turista o invitado la visita a Bocachica y a San Felipe de Barajas debe ser inexcusable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Comentarios: 5
  • #1

    DIÓGENES DE LA CUEVA (sábado, 03 mayo 2014 19:24)

    AZAROSA HISTORIA LA DE CARTAGENA DE INDIAS. ESTÁ VISTO, DESPUÉS DE LO LEÍDO, QUE LEZOS HAY POCOS, AUNQUE PODEMOS DECIR CON ORGULLO QUE LOS ESPAÑOLES LO HICIMOS BASTANTE BIEN EN AMÉRICA. LÁSTIMA QUE NO DEMOS PUBLICIDAD A LO BUENO (QUÉ POCO CONOCIDOS SON LOS ANTONELLI) Y QUE TAN FAMOSO SEA LO MALO. Y, HABLANDO DE MALO, MENUDO PÁJARO EL AMIGO DRAKE. QUÉ HUMOS SE GASTABA EL VIL PIRATUCHO.
    ENHORABUENA POR SU MAGISTRAL ESTUDIO, DON JOSÉ. COMO DE COSTUMBRE, EXHAUSTIVO Y ADMIRABLEMENTE PRESENTADO.
    UN CORDIAL SALUDO.

    M...

    P. D.: POSIBLEMENTE HAYA BUSCADO MAL, PERO NO HE VISTO NADA EN SU "CUADERNO DE BITÁCORA" SOBRE ÁLVARO DE BAZÁN. EN CASO DE QUE NO HAYA BUSCADO TAN MAL,¿ NO SE ANIMARÍA USTED A DEDICARLE UNA ENTRADA A TAN INSIGNE MARINO?

  • #2

    singladuras (domingo, 04 mayo 2014 12:25)

    Don Diógenes: muchas gracias por la visita y por su comentario.

    Sobra decir que estoy completamente de acuerdo con la idea de que España no ha sabido difundir y honrar el enorme patrimonio y riquísima historia naval que atesora. Es una desmemoria histórica que deberíamos esforzarnos en corregir. Afortunadamente se están dando pasos en ese sentido y ahí está la labor de museos, editoriales, instituciones y de la propia Armada. Cuando se estudia la historia naval española no se tarda demasiado en darse cuenta de una constante: cuando España ha apoyado decididamente a su marina la nación ha sido fuerte y cuando se ha dejado de apoyarla la nación se ha hundido o no se ha sabido defender. Es decir, estamos ligados históricamente a los altibajos de nuestra Armada mucho más de lo que a primera vista puede parecer.

    La presentación de los artículos es algo que me gusta cuidar, y trato siempre de hacer estas entradas con mimo y orden. Eso lleva su tiempo y su trabajo. Otra cosa es el estilo de mi página en cuanto a colores, tipo de letra y otros detalles estéticos; seguramente no será del gusto de todos los lectores y en este aspecto, en gustos particulares, nada puedo hacer. Pero, insisto, el orden de la composición, el cuidado en los detalles, la adecuación de las imágenes, etc., es algo que intento cuidar.

    En cuanto a Álvaro de Bazán, no cabe duda de que es uno de los más renombrados marinos españoles de todas las épocas. En mi opinión es, junto a Cristóbal Colón, los hermanos Pinzón, Cosme Churruca y J.S. Elcano, uno de los pocos nombres que se han salvado siempre bien sea del desconocimiento generalizado de nuestra historia naval o bien sea de un injusto olvido. Su biografía es una de las posibles entradas en esta página que me han rondado por la cabeza. Lo que pasa es que soy el único que está al timón aquí, tengo más posibles entradas en mente, y con el tiempo disponible no puedo abarcarlo todo. No obstante, lo tengo en cuenta para el futuro.

    Un cordial saludo.

  • #3

    MISANDRO (domingo, 11 mayo 2014 19:28)

    ENTIENDO LO QUE DICE: MUCHO MAR Y POCA TRIPULACIÓN. OJALA´HUBIERA MÁS COMO USTED. TIEMPO AL TIEMPO, QUE YA CAERÁ ESE "BAZÁN"

  • #4

    Miguel Lemos (viernes, 26 diciembre 2014 01:35)

    Buenos Días, os tengo muchísimo respeto por el enorme trabajo que has puesto. El detalle es exquisito. Soy un escritor de Argentina, y me encantaría que nos pusieramos en contacto. Este es mi email: miguelemosreverte@gmail.com

    Y que va, lo de reverte en el mail es porque soy un fanatico de Arturo.

  • #5

    Maximiliano Cera (viernes, 28 octubre 2016 23:22)

    Excelente Trabajo
    Elegante !!!

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