LA GUERRA DEL ASIENTO

 

 

La historia de Cartagena de Indias, capital del Departamento de Bolívar, ha sido determinada por la vocación de la ciudad como puerto comercial y Plaza Fuerte en la antigüedad y actualmente, además, como polo turístico y sede de importantes industrias y servicios.

CARTAGENA DE INDIAS: VISIÓN PANORÁMICA; Adelaida Sourdis Nájera, de la Academia Colombiana de la Historia; Revista Credencial, 2011.

La historia de Cartagena de Indias está marcada por un deseo de tranquilidad, de ponerse a salvo de los piratas y enemigos durante la época colonial. Las ricas mercancías que salían para la metrópolis, así como las que llegaban, despertaron la codicia de las potencias europeas que, en complicidad con los piratas, planeaban constantes ataques. La historia de la ciudad está ligada a personajes como Morgan, Drake, Vernon, Pontis, Hawkins y Leclerq. Esta defensa de la ciudad ocasionó desastres que obligaron a emprender otras obras de ingeniería. En 1543 fue saqueada por un corsario francés; en 1568 y 1586 por los ingleses Hawkins y Drake, respectivamente.

Al viajero que recorre sus mazmorras, aún le llega el eco de aquellas batallas, como puede apreciarse en estas notas de Juan Moro en su
Esquineando: «El suelo húmedo de la casamata absorbe el rumor de las pisadas en fila india. En las hornacinas, invisibles arcabuceros amagan feroces ataques. Susurros conminatorios perforan las paredes: ‘¡Al arma, al arma! ¡Los bucaneros han caído en la trampa!’».

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El 2 de agosto de 1498, durante el tercer viaje de Cristóbal Colón, los españoles descubrieron el continente americano, tocándolo por primera vez. Tras haber pasado por la isla de Trinidad (1 de julio de 1498), Colón llegó a la península de Paria y a la desembocadura del río Orinoco, uno de los más caudalosos del mundo. El lugar, donde los indios iban adornados con perlas, es de arbolado abundante, de dominante color verde, exuberante. Impresiona a los ojos. Le llamó Tierra de Gracia y le recordó, muy imaginativamente, a las fértiles y verdes huertas del levante español, por lo que lo comparó con la Valencia peninsular en su correspondencia con los Reyes Católicos.

 

Tras este viaje, Colón todavía no había conseguido encontrar algún paso hacia el Pacífico y aún haría un cuarto viaje. Se iniciaron las exploraciones a cargo de Alonso de Ojeda, Rodrigo de Bastidas y los hermanos Guerra (Juan y Cristóbal). Los españoles habían entrado en lo que denominaron “tierra firme”, o sea, el continente.


El escribano Rodrigo de Bastidas, sevillano, en una de sus exploraciones por la costa colombiana realizadas entre 1501 y 1502, descubrió una bahía que le pareció apropiada para fondear y tan cerrada como la bahía de la murciana Cartagena. Había allí establecida una tribu de indios caribes. A la zona la denominó Golfo de Barú. De esta expedición formaba parte Juan de la Cosa, del que se dice que solicitó a la reina Isabel de Castilla cambiar el nombre por el de Bahía de Cartagena, al parecer porque la mayoría de los marineros eran de esa ciudad murciana.

 

No sería en esta ocasión cuando se asentaría una plaza, pues España poblaría con relativo retardo la bahía de Cartagena de Indias, fondeadero natural espacioso y seguro como pocos en América.

Situación del poblado de Calamarí que vieron Rodrigo de Bastidas y posteriormente Pedro de Heredia. Cerca existía otro poblado, Turbaco. Elaboración propia sobre una imagen actual de Google Earth de la zona de Cartagena de Indias.

Cádiz, 1532: parte una expedición compuesta de 300 hombres (otros dicen que eran solo 150), algunas mujeres y dos sacerdotes. El 15 de enero de 1533 el madrileño Pedro de Heredia, comandante de dicha expedición, acompañado de una india llamada Catalina y pertrechado de Capitulaciones en regla que lo habilitaban para una gobernación en Tierra Firme, llega con dos barcos a una isla junto a una bahía donde encuentra una tribu caribe, la calamarí (cangrejo), tribu que tenía su peligro pues usaba flechas envenenadas y eran unos artistas del arco y la flecha. Fondea los dos barcos. Desembarca los hombres el día 21 en una pequeña isla. Deja 30 hombres para guardar el lugar y parte con los demás a explorar los alrededores. Los indios, asentados en las cercanías, les atacan, pero son rechazados, y a continuación abandonan su poblado, llamado Calamar (o Calamarí).

 

«Cuando llegamos no hallamos a nadie dentro, sino los bohíos cerrados; no consentí yo que se les entrase en ninguna casa ni se les tomase nada…» (Pedro de Heredia, 1533)

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Aunque al principio no parecía convencerle el lugar, Heredia lo ve propicio para un asentamiento. El lugar, que asemeja surgido del agua, paradójicamente no tiene agua. Parece ser primeramente Heredia lo llama San Sebastián de Calamar, o de Cartagena, no está claro. Durante meses explora las proximidades, incluso hasta el río Magdalena, buscando agua y, quizás, un lugar mejor. En las cercanías de Tierra Bomba había una tribu de indios cárex. Funda finalmente el nuevo establecimiento, en la isla de los calamarí, el 1 de junio de 1533 denominándolo Cartagena de Poniente, de las Indias, para diferenciarla de la Cartagena de Levante, la del sureste español.

Como se ha dicho, todos los calamarí habían abandonado su poblado. Todos menos uno, que estaba muy anciano y por ello no logró huir cuando entraron las tropas de Heredia. Corinche, tal era el nombre del cacique indio que se entrevistó con Pedro de Heredia por mediación de la India Catalina. Su nombre quería decir arroyo en la lengua de los nativos de Calamarí. Él mismo les prometió a los españoles llevarlos a un sitio donde abundaba el agua. A Corinche se le confía la misión de buscar la paz entre los caciques e indios de los alrededores. Hizo creer a los españoles que estaba de su parte, pero los traicionó cuando, en lugar de llevarlos a Galerazamba, los condujo a Turbaco donde los indios los atacaron.

Monumento a la india Catalina

en Cartagena de Indias


A su llegada a estas hermosas playas del Caribe Pedro de Heredia debió enfrentarse a los nativos que habitaban la aldea de Calamarí, que en su lengua significa ‘Tierra de cangrejos’. Le sirvió de intérprete la india Catalina, traída desde Santo Domingo por Diego de Nicuesa. Los indios previniendo la llegada, habían abandonado la aldea. Sólo encontró a Corinche, el más anciano de ellos, que los llevó con engaños a Turbaco donde los indígenas los esperaban preparados para defenderse. También tuvo que sortear las dificultades propias de esas latitudes. El clima era insalubre y escaseaban el agua dulce y la piedra para construir   ( … )

 

La ciudad se construyó en un terreno cenagoso, oprimido por la tupida vegetación tropical que amenazaba con ahogar el caserío. Los mismos bohíos que habían habitado los nativos formaron el primer núcleo urbano.

 

Las características del terreno plantearon muchos problemas de saneamiento, hasta el punto de que el Rey concedió mercedes en varias oportunidades para «deserbar la ciudad», ya que al menos una vez al año era necesario talar los manglares. 

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A la izquierda y sobre estas líneas, monumento a Pedro de Heredia, situado en un lugar tan emblemático como la Plaza de los Coches, en el casco de la ciudad vieja de Cartagena de Indias. A la derecha, el artista español Juan de Ávalos trabajando la escultura en su taller.


Heredia realiza el primer trazado de la ciudad y reparte solares entre sus seguidores. Quizá el trazado siguiera el capricho de la disposición de los bohíos indígenas, porque no parece haber un orden renacentista en las calles más antiguas (hoy conocidas como San Pedro, Amargura, Candilejas y otras). Y es que los 37 años iniciales de la ciudad transcurren sin que se conozca referencia gráfica. Tuvieron que ser muy difíciles los primeros momentos de la incipiente nueva ciudad hasta que llegaron dos años después de su fundación las primeras ayudas y provisiones desde España.

 

Los primeros pobladores se establecieron allí a pesar del problema inicial de la falta de agua porque pronto comprobaron que el clima del lugar les proporcionaba abundancia del líquido elemento en la estación de lluvias. En efecto, aunque el clima de Cartagena de Indias es muy caluroso y agobiante --con temperaturas medias anuales que van desde mínimas en enero de 23º a las máximas de 32º durante los meses de verano-- presenta una temporada seca y otra húmeda muy marcadas: de diciembre a abril no llueve, o lo hace mínimamente, pero a partir de mayo hasta noviembre hay abundancia de lluvias, especialmente en el mes de octubre. Esas generosas precipitaciones bastaban para desbordar todos los aljibes que pudieran construirse.

 

Paulatinamente, los allí establecidos fueron explorando los alrededores, como la entrada de Bocagrande, las canteras de piedra de Tierra Bomba (isla habitada por los indios cárex, con los que Heredia se entendió muy bien), las ciénagas cercanas o la isla de Barú (habitada por otra tribu india, los bahaire, con los que no tuvo relación fluida pero evitó entrar en conflicto con ellos). Pedro de Heredia y su hermano Alonso continuarían posteriormente explorando la costa e interiores del que hoy es territorio colombiano.

 

 

Desembocadura del canal en la bahía de Cartagena en la actualidad. La imagen incluye infografía de un proyecto inversor llamado Zona de Actividad Logística. A la derecha la bahía de Barbacoas, donde inicialmente desembocaba el canal.

IZQUIERDA, los ríos Cauca y Magdalena. Elaboración propia sobre mapa mudo..

ARRIBA, trazado del Canal del Dique. Elaboración propia sobre Google Maps.

 

 

Arranque del Canal del Dique en una fotografía actual.

Se aprecian perfectamente el río Magdalena y la población de Calamar.


En la actualidad sigue siendo una vía fluvial en uso.

La cercanía al río Magdalena determinó que la incipiente ciudad fuese punto de partida al interior del continente a través de dicha arteria fluvial, que era el camino de entrada al Nuevo Reino de Granada, lo que favoreció el rápido crecimiento de Cartagena de Indias.

 

El puerto fue tomando importancia como asentamiento comercial y como plaza militar española. Le era favorable, además de la cercanía al río Magdalena ya indicada, su situación geográfica y la proximidad a Panamá, lugar comercial importante en la época.

 

Y así, desde el siglo XVI hasta finales del XVIII, la ciudad fue un punto neurálgico del comercio y la defensa de gran parte de América y del mar Caribe, sobre todo desde que la Corona española decide organizar el comercio alrededor del monopolio y organiza las famosas Flotas de Indias a mitad del siglo XVI.

 

Más adelante comprobaremos que a partir de un determinado momento se estancó su vocación comercial pero se aumentó su importancia militar.

 

Cartagena de Indias era, además, la puerta de acceso por la que entraban y salían las mercancías del Virreinato de Nueva Granada. Y es que los galeones de las Flotas de Indias no solo transportaban la plata del Perú, lo que podemos ilustrar con la cita siguiente.


… debidamente aprovisionados (los barcos) con agua y alimentos para el largo trayecto hacia España, partía (la Flota de Indias) con su valiosa carga. Con ella iban las perlas de la Guajira, el oro del Cauca, de Antioquia y el Chocó y los productos del Nuevo Reino que habían llegado a Cartagena por tierra y a través de los ríos Cauca y Magdalena. Con el fin de facilitar la comunicación de la ciudad con este último, se excavó en el siglo XVI el Canal del Dique aprovechando una vía natural formada por varias ciénagas y caños. Parte de Calamar hasta desembocar, antes en la bahía de Barbacoas y actualmente en la de Cartagena.

 CARTAGENA DE INDIAS: VISIÓN PANORÁMICA; Adelaida Sourdis Nájera, de la Academia Colombiana de la Historia; Revista Credencial, 2011.

 

En efecto, el canal llamado del Dique se inició en el siglo XVI al derribar un dique que hasta el momento separaba las aguas del río Magdalena de unas ciénagas adyacentes, iniciándose así una vía de comunicación fluvial permanente. Pero aunque su verdadera y definitiva construcción fue decidida por el Cabildo de la ciudad en 1649, fue el Gobernador Pedro de Mendoza quien, en seis meses, con 200 hombres y a golpe de picos y hachas, limpia de vegetación las ciénagas, las conecta y rompe el dique (de ahí el nombre del canal) que separaba el río de las ciénagas. Así se conectó, a mitad del siglo XVII, el río con Cartagena de Indias; el canal, hábilmente diseñado, aprovecha una sucesión de ciénagas, uniéndolas entre sí para la navegación fluvial a lo largo de más de 113 kilómetros entre Calamar y Cartagena de Indias. Esta construcción artificial al principio desembocaba en la bahía de Barbacoas, pero poco después se continuó hasta la bahía exterior de Cartagena, a la altura de Pasacaballos. Así, el Canal del Dique comunicaba la ciudad con el interior de virreinato y servía como vía para el comercio y el trasporte de provisiones, aunque no se le prestó nunca la máxima atención. El problema que presentaba este canal era su mantenimiento, que obligaba a una dedicación constante ya que, si se abandonaba, la vegetación hacía impracticable su utilización. Hoy día sigue en uso y puede distinguirse su recorrido en fotografías de satélite, aunque, lamentablemente, las crecidas de los ríos juegan malas pasadas.

 

Para la navegación, como es sabido, España organizó el comercio americano por medio de las flotas de Indias para dar seguridad a los barcos que transportaban mercancías y caudales americanos. España se había convertido en presa codiciada por sus enemigos (Holanda, Inglaterra y Francia) que trataban de arrebatarle algo de sus fabulosos tesoros. Desde Sevilla y luego Cádiz, zarpaba la flota hacia América dividiéndose después en dos escuadras, una con destino a Veracruz, llamada Flota de Nueva España, y la otra con destino a Cartagena de Indias, la llamada flota de Tierra Firme. Esta última esperaba en Cartagena de Indias la llegada a Panamá de la Armada de los Mares del Sur (por el océano Pacífico), la cual llevaba los caudales de Perú. Durante la espera se celebraban ferias de comercio. Cuando llegaban los barcos del Pacífico zarpaba la flota desde Cartagena de Indias hacia Portobelo, donde también se hacían ferias de comercio. Una vez cargados de mercancías y caudales los barcos de la Flota de Tierra Firme, volvían a Cartagena de Indias y de allí se dirigían a La Habana. En la capital cubana se reunían con la otra flota, la de Veracruz, y volvían todos a la península. Este sistema se mantuvo hasta finales del siglo XVIII en el que el rey Carlos III, mediante el Reglamento de Libre Comercio, acaba con los monopolios comerciales de Veracruz y Portobelo, habilitando otros puertos caribeños, como Campeche, Puerto Rico, Santiago de Cuba, Maracaibo y otros muchos.

El istmo de Panamá era el embudo de todo el tráfico en Suramérica, de ahí la importancia de Portobelo. Sin embargo, la Flota de Tierra Firme solo iba a Portobelo en el momento oportuno, regresando a Cartagena de Indias, que era su base, bodega y arsenal.

 

Así pues, la actividad comercial y portuaria centró la vida, las actividades, trabajos o negocios de los cartageneros. Toda Cartagena de Indias giraba en torno a tres ejes: 1.- la llegada y salida de las Flotas de Indias, 2.- reparaciones y aprovisionamiento de los buques y 3.- las ferias de comercio organizadas para la venta de mercancías europeas llegadas con los galeones y la venta de productos americanos hacia Europa.

 

El centro de todo ello era, evidentemente, el puerto. El lector puede imaginar el cuadro, tan vivo y atractivo como increíble y pintoresco, que ofrecía un puerto americano como el de Cartagena de Indias: poblado por gentes de todas clases, nacionales y extranjeras, de bulliciosa actividad, al que no le faltaba un aire cosmopolita y alegre; toda clase de comerciantes mezclados con marineros y gentes que tenían un sinnúmero de oficios, imples curiosos, algunos indios, esclavos, y también algún que otro soldado junto a los barcos fondeados en el puerto. Y más afuera, hacia la bahía, un paisaje que ofrecía generosamente la visión de múltiples palos y velas de toda clase de embarcaciones.

 

Un paraíso para cualquier pintor costumbrista, paisajista o de la escuela realista, al gusto del lector. Un bonito cuadro que no debe ocultar un aspecto fundamental de Cartagena de Indias: la plaza estaba destinada a ser punto de apoyo vital para la defensa y comunicaciones con el virreinato del Perú y, por ende, con el resto de Suramérica.

 

Dueña del privilegio de ser base de flotas de galeones y guardacostas, Cartagena no podía sino prosperar. Y así fue, pues la ciudad prosperaba aceleradamente. Aumentaba la población. Los precios subían. La actividad comercial es incesante. Se espera la llegada de la próxima Flota de Indias. Se especula con las necesidades del momento, sea en tiempos de escasez como en épocas de abundancia. Sevilla y Cádiz, en la península, están en el fondo de la visión del cartagenero, para hacer negocios.

 

El resultado de todo ello es el que podía esperarse: por un lado, el deseo de los enemigos de España por hacerse con las riquezas de las Flotas de Indias y, por otro, el contrabando ejercido por holandeses e ingleses en connivencia con autoridades y agentes locales. Ambos fueron un constante dolor de cabeza para la Corona española: nunca llegó a erradicar el lucrativo negocio del contrabando y la preocupación por la seguridad de las Flotas de Indias fue constante.

 

En los primeros años desde su fundación, Cartagena de Indias contaba con simples empalizadas de madera para defenderse de los posibles ataques que, se pensaba, vendrían de los indios nativos. La mejor defensa de Cartagena, que lo sería siempre, era ese cinturón de ciénagas que la rodeaba. Para los atacantes era todo un problema atravesar una espesa vegetación y un laberinto de canales y ciénagas para llegar al extremo, junto al mar, donde se asentaba la ciudad. No obstante, no pasaron muchos años para que la nueva ciudad se diera cuenta de que su peligro eran los piratas franceses e ingleses. Gente cuyo oficio era la guerrilla marítima. Ya en 1544, cuando la ciudad aún no tenía fortaleza defensiva alguna, la flota del francés Roberto Baal llegó a la ciudad y la saqueó con sólo 450 hombres. Este francés se llamaba Jean François de la Roque, señor de Roberval, pero se le conoce como Roberto Baal.

 

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A la IZQUIERDA, plano de la Real Academia de la Historia. Se trata del plano más antiguo conocido de Cartagena de Indias, fechado en 1570. La ciudad no tiene murallas ni protección, excepto una torre con aspecto medieval que se señala como "El Fuerte". La ciudad se ha asentado sobre la isla donde existía el poblado de Calamarí. Al fondo se dibuja el poblado de Turbaco. En la isla contigua, Getsemaní, ya aparece un convento llamado San Francisco. Pueden apreciarse cuatro culebrinas como defensa del puerto. Todos estos detalles se pueden ver mejor en la imagen BAJO ESTAS LÍNEAS, un plano copia del anterior. A la DERECHA, dibujo de elaboración propia de la misma zona representada en el plano de 1570, con el que trato de facilitar la comprensión de dicho plano.

La noche del 26 de julio de 1544 aparecen cinco barcos en la bahía interior, con el mayor de los sigilos, y al romper el alba del día 27 se digirieron los invasores a saquear la ciudad, para lo cual se dividieron en dos columnas, una hacia la residencia del obispo, Francisco de Santamaría y Benavides, y otra en dirección a la casa del gobernador, Pedro de Heredia. Todo ocurrió de manera muy repentina sin que a la mayoría de los cartageneros les diese tiempo ni a reaccionar ni a esconderse.

 

Baal y sus hombres penetraron inesperadamente en la ciudad la víspera del matrimonio de la sobrina del fundador, Pedro de Heredia. La gente creyó que la algarabía podría provenir de los festejos, estaban desarmados y desprevenidos; rápidamente se dieron cuenta de su error pero era tarde pues la ciudad estaba ya invadida por los piratas. Heredia luchó incluso en su propia casa pero la ventaja en número de los asaltantes, y estando su hijo herido por un disparo de arcabuz, lo forzó a huir. No obstante, les dio tiempo a despachar un pequeño barco para dar a Portobelo aviso de lo ocurrido. 

 


Los invasores franceses estuvieron allí ocho días, durante los cuales robaron a placer. El precio del rescate de la ciudad fue estipulado en 200.000 pesos. Satisfecha la codicia de los piratas, estos abandonaron la ciudad y pusieron rumbo a La Habana, donde esperaban continuar con los saqueos. Sólo habían pasado 11 años desde que fuese fundada Cartagena de Indias. Sin embargo, la ciudad no pierde su impulso y crece en población, prosperidad e importancia geopolítica, hasta que llegará a ser puerto principalísimo y estratégico del Caribe que protegerá el tesoro del Perú, resguardará y aprovisionará la flota de Indias hasta su partida y será la llave del Nuevo Reino de Granada.

 

Sometida a los rigores del clima, la ciudad habría de sufrir los efectos de los vientos huracanados, que más de una vez la devastaron. En 1552 padeció un incendio que la destruyó, pero se rehizo enseguida. Pasarían muchos años antes de que se emplearan en su construcción materiales nobles que escaseaban en la región. Centro Virtual Cervantes, web oficial.

 

Hacia 1536 comenzó la construcción de un modesto templo de paja y cañas que sirvió de improvisada catedral. El entonces gobernador, Juan de Vadillo, también acometió el primer intento de ordenación urbana de la ciudad. Igualmente se dispuso que se hicieran corrales al otro lado del puente para que pastasen las vacas lejos del casco urbano. Vadillo fue el segundo gobernador de Cartagena de Indias, sustituyendo al fundador Pedro de Heredia.

 

En 1552, año del gran incendio, Cartagena de Indias estaba próxima a contar con 1000 habitantes. En previsión de nuevos incendios, y dado que las construcciones aún son de madera, barro y paja, el Cabildo prohíbe acercar lumbre a paredes y techos en el interior de las casas. La ciudad iba creciendo y expandiéndose de manera espontánea, sin un verdadero proyecto urbanístico. Se unió al islote cercano, Getsemaní, a través del puente de San Francisco. Ese puente se puso en servicio en 1554. Desde su fundación, y pasados los primeros veinte años, Cartagena había sido una ciudad totalmente lacustre. Llegaría el momento es que sería necesaria la adopción de un modelo urbanístico y medidas de ordenamiento.

Indios y españoles luchando tras una trinchera.

Imagen de CartagenaCaribe.com

En 1559 se produjo un nuevo ataque, esta vez a cargo de los piratas Martin Cote y Jean de Beautemps quienes, como el anterior Roberto Baal, también eran franceses. Los asaltantes eran numerosos y llegaron a Cartagena de Indias con siete barcos. Esta vez el asalto pirata fue algo mejor combatido. El gobernador, Juan de Bustos Villegas apresta 30 hombres, formó trincheras improvisadas, y el cacique cárex (de Tierra Bomba), Maridalo, colaboró con 500 indios flecheros. Pusieron en las trincheras púas envenenadas.


 

 

 

Retrato de John Hawkins, de autor desconocido.

Fechado en 1581 (se lee perfectamente en la parte superior izquierda del cuadro).

National Maritime Museum, Londres.

Pero no eran suficiente defensa contra cerca de 1000 piratas; a los defensores se les acabó la escasa munición para disparar los arcabuces, tras lo cual se dieron a la fuga, como habían hecho la mayoría de los vecinos. Finalmente, los piratas saquearon la ciudad.

 

El corsario inglés John Hawkins  --traficante de esclavos que fue honrado por la reina de Inglaterra con el título de Sir por los cuantiosos beneficios repartidos, generados por el comercio de esclavos tras su expedición por el Caribe— a bordo de su barco Jesus of Lubeck sitió la ciudad durante 8 días tras su fallido intento de engaño alegando querer comerciar con la ciudad. Pero Cartagena de Indias esta vez resistió el corto sitio del corsario.

 

La cosa ocurrió así: en julio de 1568 apareció ante la ciudad una flota de 11 barcos (se dice que eran cuatro grandes y siete pequeños) al mando de Hawkins, quien envió una carta al entonces gobernador, Martín de las Alas, en la que le explicaba que tenía sus barcos repletos de mercancías y esclavos, por lo que proponía montar una exitosa y lucrativa feria comercial, solicitando para ello entrar en la bahía para poner las bodegas de sus barcos a disposición de la ciudad en lo que sería, sin duda, un gran negocio para todos, y especialmente para él y para el propio gobernador.

 

El truco le había funcionado en otros lugares donde el inglés entraba tranquilamente en puerto y, una vez allí, daba el gran golpe apoderándose de la ciudad y saqueando todo lo que podía, pero esta vez el gobernador de Cartagena no cayó en la trampa. Denegó a Sir Hawkins el permiso para entrar en puerto y dio la voz de alarma para poner a la ciudad en situación de defensa.

 


Entonces el Sir inglés bloqueó por mar la ciudad y sus barcos la cañonearon intensamente durante ocho días. Los cartageneros emplearon un táctica muy hábil: cambiar de sitio los cañones cada vez, dando la impresión de tener una artillería mucho mayor de la realmente existente.

 

El inglés desistió. Levantó el sitio y juró volver con mayores fuerzas en el futuro, cosa que nunca ocurrió.

 

Lo que sí ocurrió fue que Hawkins se dirigió entonces a Veracruz. Allí, en septiembre del mismo año, se produjo una batalla conocida como Combate de San Juan de Ulúa. Al Jesus of Lubeck, nave de Hawkins, le acompañaba el Judith, capitaneado por su compatriota y familiar (eran primos) Francis Drake (otro futuro Sir), y otros cinco barcos más. Sólo se salvaron los barcos de Hawkins y Drake que escaparon porque se dieron a la fuga mientras los demás ingleses se batían con los españoles. Los dos primos volvieron a Inglaterra. En enero de 1569 llegó Drake, que contó una montaña de mentiras sobre la expedición y explicó que Hawkins había muerto. Pero Hawkins llegó un mes más tarde sano y salvo, en su Jesus of Lubeck barco que, por cierto, pertenecía a la marina de Su Graciosa Majestad.

 

Del desastre inglés en Veracruz hay alguna escasa constancia e información en los anales de la historia inglesa. Del fracaso de Hawkins en Cartagena de Indias dos meses antes prácticamente no se da una cita;  por lo general, se salta por encima de estos episodios para insistir  --y exagerar--  que veinte años después (1588) de este tour caribeño los heroicos ingleses propinaron un desastre inauditio y sin igual a la Spanish Armada of King Philip II, con un daño irreparable en jamás de los jamases, combate en el que, para admiración de todo el sistema planetario, destacaron el Vice Admiral Sir Francis Drake y el Rear Admiral Sir John Hawkins.  Of course.

 

Pero sigamos con Cartagena de Indias.

 

El muelle,  con su tablestacado en madera, queda terminado desde 1561. Hacia 1570 comenzaron a construirse edificios sólidos de cantería. Para entonces se estima que había unas 400 casas y la ciudad ocupaba aproximadamente la mitad de la isla de Calamarí.

 

Se ha insistido en la pujanza del comercio y de la base de flotas en la ciudad, sin reparar en otras actividades económicas, como la agricultura y la ganadería. En realidad, las condiciones tropicales de la zona no eran las idóneas para algunos cultivos básicos, como el trigo, por lo que buena parte de la harina se traía de España, pero el maíz se daba con facilidad y abundancia en las zonas interiores. Tampoco había problemas con el cultivo del arroz, alubias, batata, etc. Las frutas eran abundantes y variadas, propias de la zona tropical. Además, era costumbre en las casas cartageneras que se contase con una pequeña huerta donde cultivar algunas legumbres y hortalizas para consumo familiar.

 

En cuanto a la ganadería, el vacuno proliferaba con abundancia, sobre todo el las cercanas provincias de Santa Marta y Mompox. En los corrales, dentro del contorno de la ciudad, se mantenía un buen número de cerdos y gallinas, siendo estas comunes en los corrales de las casas.

 

La disponibilidad de todos esos productos se completaba con la pesca, sobre todo del cazón y el bacalo, la miel, el vinagre y la sal. La espesa vegetación que entonces ocupaba toda la zona proporcionaba leña suficiente para cualquier uso. El gran problema de la ciudad estribaba en la escasez de almacenes para acumular alimentos en caso de necesidad, cual era un ataque pirata o un asedio en épocas de guerra. Los escasos almacenes estaban diseminados por las bóvedas de los castillos y en casas alquiladas. Cuando se necesitaba acumular alimentos por motivos defensivos se producían numerosos problemas: los insectos y roedores pululaban por doquier y la carne, aunque se preparase en salazón, en un ambiente tan caluroso como el cartagenero solo aguantaba unos meses en condiciones adecuadas para el consumo.

 

Por tanto, en caso de necesidad, a la ciudad no le quedaba más remedio que recurrir al suministro de la península o a otras colonias americanas pues las provincias interiores no eran capaces por sí solas de abastecer a toda la población civil y militar.

En 1574 el Rey Felipe II de España concedió a Cartagena de Indias (en vista de la importancia  que había cobrado la plaza) la distinción de “ciudad”  y un escudo de armas con "... dos leones rojos y levantados, que tengan una cruz en el medio, asida con las manos y tan alta como los leones, hasta arriba, en campo dorado, y encima de la cruz, una corona entre las cabezas de dichos leones, con su timbre y follajes". Dicho escudo de armas podría ser usado en todos los actos oficiales de la ciudad.

 

Al año siguiente la distinguió titulándole “muy noble y leal ciudad”.

 

Por aquel año la población de Cartagena se estima que estaba constituida por unas 400 familias.


Al año siguiente, 1575, el maestro cantero Simón González gana un concurso para construir la catedral de Cartagena, sustituyendo el primitivo templo de madera y cañas. El viejo templo databa de 1535 y fue destruido por un incendio, reconstruyéndose otro también de madera en 1568.

 

 Hacia 1575 el obispo envía una carta al rey, donde le dice que “No hay raciones ni medias raciones ni mozos de coro, sino sacristán hábil y dos mozos de sacristía que sirven al altar en camiseta y zaragüelles, que no hay para más. Y así se sirve esta Iglesia como una triste parroquia de España”. La Corona ordena reconstruir de inmediato la Catedral, cosa que se haría a través del concurso público mencionado anteriormente. Al concurso se presentaron cuatro proyectos, escogiéndose el diseño de Simón González. El Cabildo designó a Hernando Esteban como director de obra. 

El nuevo proyecto del maestro González consistía en un nuevo templo con cabecera ovalada, tres naves separadas por columnas, con espacios a ambos lados de las naves para la construcción de capillas, con un nave central de madera y laterales de teja.

 

Simón fue nombrado obrero mayor de la fábrica. Las obras se iniciaron entre 1575 y 1577 (según las fuentes). El maestro González (no se conoce su origen aunque parece probable que fuese nacido en España) trabajó en esta fábrica hasta 1585, año en que la catedral fue parcialmente destruida por el ataque del inglés Francis Drake, por lo que se acometieron las obras de reconstrucción en 1598. En 1600 se desplomó la nave central y una lateral y el maestro González fue responsabilizado de ello por el Cabildo que le exigió una indemnización, la cual pudo pagar gracias a limosnas y a un donativo de dos mil ducados que concedió el rey Felipe III.. Posteriormente trabajó en las obras de la iglesia y del convento de San Diego.

 

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La catedral se construyó en estilo herreriano, característico de la etapa del rey Felipe II, última etapa de la arquitectura renacentista española. Su construcción tuvo grandes dificultades pues no sobraban recursos.

 

A principios del siglo XVII concluyen las obras de la catedral.  Para entonces la ciudad había alcanzado una población estimada en 5.000 personas. La catedral que hoy puede ver el visitante --se denomina Catedral de Santa Catalina de Alejandría-- no es exactamente la misma del siglo XVII pues el edificio ha tenido algunas reformas parciales que afectan tanto al exterior como a elementos decorativos del interior. La torre actual, por ejemplo, es de principios del siglo XX.

 


Entre las diversas imágenes que pueden verse en el interior de la catedral cartagenera hay una Santa Catalina empuñando una espada. Se dice que esta espada era la de Blas de Lezo y Olavarrieta.

 

Unos años después, en 1586, la ciudad sufrió un nuevo y desastroso asalto: otro inglés, Francis Drake, pirata, corsario, y luego vicealmirante de la Royal Navy, atacó Cartagena de Indias ocupándola entre febrero y abril durante casi cien días.

En aquel año la defensa de la ciudad seguía siendo débil pues solo contaba con empalizadas, trincheras y un único fuerte, pequeño, llamado del Boquerón, que contaba con sólo 8 cañones y algunas piezas menores.


Los defensores de la ciudad eran escasos: unos 70 hombres y 50 indios flecheros, escasísima tropa para oponer a los 1.000 ingleses atacantes. Estudiaremos este ataque con mayor detalle en el CAPÍTULO 15.

 

Estaba claro que la plaza era muy vulnerable. Fortificar la ciudad era una tarea necesaria.  El rey Felipe II entendió que las plazas americanas habían que protegerlas de tanto insulto. La Historia se encargaría de demostrar que España organizó un complejo sistema defensivo que bordeaba todo el Caribe, cuya eficiencia se probó a través de los años, pues a pesar de los múltiples intentos de sus enemigos y de la propia recesión y decadencia, España conservó casi intacto su imperio. Sólo lo perdió cuando sus propios súbditos decidieron hacer casa aparte. 

 

Bajo Felipe II se realizan estudios para fortificar la ciudad pero hasta mediados del siglo XVII no se hicieron esfuerzos para la construcción de fortalezas, costeadas en su mayor parte por los propios cartageneros. En 1614 se inicia la construcción del primer baluarte, el de Santo Domingo. No es sino tras el asalto de Drake cuando se decide que la ciudad cuente con una guarnición militar permanente. Lamentablemente, siempre fue una guarnición escasa y a la tropa se le solían retrasar los sueldos.

 

Francis Drake según Jodocus Hondius. Retrato fechado en 1577. Library of Congress, EE.UU.


Pero el ataque de Drake no frena la pujanza de Cartagena de Indias. Ya a mediados del siglo XVI se construye el hospital San Juan de Dios, fundado por el Cabildo. A finales del mismo siglo se amplía a dos plantas. A principios del siglo siguiente se triplica su capacidad. A finales del siglo XVI se inició el trazado urbano ordenado de las calles del barrio de Getsemaní, en el que entonces ya existía el convento de Santo Domingo y el matadero. Para entonces, la ciudad que surgió en la isla Calamarí contaba con los edificios del gobernador, cabildo, y aduana, esta última en la plaza del mismo nombre. También contaba ya con su plaza mayor, centro vital y social, ideal para paseos y conversaciones.

 

Su zona comercial era envidiable, pues sus tiendas ostentaban las más hermosas sederías y paños que podían conseguirse en el extranjero. Hasta allí llegaban las sedas de la China, los encajes de Holanda, los mantones de Manila, en fin, todas las mercaderías de las Indias Orientales, el Perú, el Japón, las Islas Filipinas, en virtud de las vías de comunicación abiertas por los galeones y resguardadas por la Marina de Guerra.

Pablo Victoria. EL DÍA QUE ESPAÑA DERROTÓ A INGLATERRA. Editorial Áltera,  2005.

 

 

Aspecto actual (ARRIBA) del Palacio de la Inquisición y plano de la fachada del mismo (ABAJO)

Al terminar el siglo XVI la plaza ha dejado de ser una aldea de palmas y madera : surge una rutilante ciudad de cal y canto con calles empedradas, organizada y limpia (para los estándares de la época). La ciudad crece de tal forma que la elevada demanda de tejas y piedra para construir obliga al Cabildo a prohibir su uso fuera de la ciudad y a ordenar que los solares vacíos que no sean construidos dentro del año siguiente serán expropiados para dar cabida a los inmigrantes. Empiezan a aparecer las casas de dos pisos y entresuelo.

 

En 1610 la Corona (reinaba Felipe III) determinó crear un Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición para Tierra Firme, independiente de los establecidos en Méjico y Lima. Se eligió Cartagena de Indias para establecerlo. En septiembre de ese año llegaron los primeros inquisidores, Pedro Mateo de Salcedo y Juan de Mañozca. Con ellos trabajaban un fiscal, empleados de secretaría y alguaciles. El crimen más perseguido fue el de brujería porque pensaban que estaba de moda.

 

El edificio que ocupó el Tribunal (datado en 1630) quedó muy dañado tras el ataque de Vernon en 1741 y tuvo que ser derribado. Fue reconstruido en 1770 (este año figura esculpido en piedra en la fachada del edificio) en estilo barroco. Es uno de los más bellos ejemplos de la arquitectura colonial cartagenera. Actualmente es la sede del Museo Histórico de Cartagena de Indias.


Santo Domingo

San Pedro Claver

Trinidad


La ciudad se embellece con casas de mampostería, sólidas y elegantes, con balcones abiertos, así como con edificios como Santo Domingo, San Pedro Claver, la Trinidad o la Casa de la Moneda.. El templo más antiguo de Cartagena, y hoy día aún en pie a pesar de los problemas de su cimentación que obligó a costosas reformas diferidas en el tiempo, es la Iglesia de Santo Domingo. Los vecinos dicen que la torre está un poco fuera de su base y algo torcida. Su construcción se atribuye a fray Esteban de Ovalles; aunque dirigió obras en el templo,  es seguro que no se debe al padre dominico el proyecto original. 

 

En Cartagena, a diferencia de los grandes palacios europeos, ostentosos y refinados, el impacto visual lo causa la repetición de los elementos principales de las balconadas, a manera de sustitución de las formas más cultas de la arquitectura palaciega. Las casas más apetecidas eran las esquineras, porque sobre ellas se podían hacer los balcones más vistosos, encaramados justo donde dobla la esquina; esto le imprimía un especial carácter a la casa cartagenera, amén de que desde allí se podía dominar la visual de las cuatro calles.

Pablo Victoria. EL DÍA QUE ESPAÑA DERROTÓ A INGLATERRA. Editorial Áltera,  2005.

 

La Iglesia de San Ignacio fue erigida en la segunda mitad del siglo XVI. Muy reformada a principios del siglo XVIII, fue rebautizada con el nombre de San Pedro Claver, en reconocimiento a la labor humanitaria que entre la población negra de esclavos desarrollara a principios del siglo XVII el jesuita, encompañía del no menos abnegado padre Alonso de Sandoval, misionero de la misma orden. Los restos de San Pedro Claver, que murió en la ciudad , yacen en el altar de esta templo, tras dedicar su vida a evangelizar y redimir a los esclavos negros del virreinato de Nueva Granada.

 

Los jesuitas, además, dotaron a la ciudad de un colegio. Hoy día es la sede del Museo Naval del Caribe.

 

En 1630 la Corona española ordenó mediante Cédula real en Cartagena de Indias una Casa de la Moneda, destinada a acuñar monedas que utilizaran oro y plata extraídos únicamente de las nuevas tierras americanas. En esos años la ciudad ya contaba con una población de 6.000 almas.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

La Popa

San Diego

Palacio del gobierno (fotografía de 1918)


Por su parte, el convento de San Diego se construye a principios del siglo XVII para acoger a los padres recoletos. Actualmente el edificio, tras una profunda reforma, es la Escuela de Bellas Artes.

 

Situada en el barrio de Getsemaní, fue erigida una iglesia dedicada a la Santísima Trinidad.  argumentando la necesidad de que tan populoso barrio tuviese una parroquia, pues por estar fuera de la ciudad amurallada, sus habitantes estaban muy lejos de la catedral y de las bendiciones de la iglesia católica.

 

También es a principios del siglo XVII cuando se construye el convento de La Popa, dedicado a la Virgen de la Candelaria y regentado por los padres agustinos descalzos. Es, también, la época en que la ciudad empieza a fortificarse fuertemente. El primer baluarte que se construirá (1614) es el de Santo Domingo. Le seguirán otras muchas construcciones defensivas que supondrán una evolución continua de las fortificaciones y que no acabará hasta prácticamente el siglo XIX. (VER CAPÍTULO 14).

 

Poco después, por iniciativa del Cabildo, se iniciarían las obras de edificación en el barrio de Getsemaní de un complejo formado por hospital y ermita, dedicado a San Roque. Se situó cerca de puente de acceso al barrio desde el cerro de San Lázaro.

 

En 1651 una epidemia de fiebre amarilla diezma la población. Pero el crecimiento de la ciudad es imparable. Por estos años se ha instalado fuera de las islas Calamarí y Getsemaní un pequeño villorio que alberga y aisla a los leprosos y sus familiares

 

El Cabildo, que desde mediados del siglo XVI estaba ubicado en unas casas cedidas a la ciudad y que servían de oficinas de justicia, cárcel y vivienda del gobernador --en las que se alojó Drake en el tiempo que ocupó la ciudad--, se establece en 1677 en un nuevo edificio con portales para tiendas y oficios. El edificio es hoy sede de la gobernación colombiana y, a pesar de las modificaciones sufridas a lo largo del tiempo, conserva la doble galería con arcos de medio punto abierta a la plaza.

 

Hacia 1690 la ciudad ya se ha derramado sobre el arrabal, ocupando toda la isla de Calamarí y la mayor parte de la de Getsemaní. En este tiempo, Cartagena de Indias, ciudad bien dispuesta, tiendas opulentas y muchas viviendas elegantes de mampostería, aún a pesar de no disponer de las riquezas de Lima tenía fama por la limpieza de sus calles, prósperamente empedradas, el pundonor de sus damas y la gallardía y afabilidad de sus gentes.

 

En 1697 ocurrió otro desastroso asalto, esta vez a cargo de Jean-Bernard Desjean, barón de Pointis, francés para más señas quien, en el marco de la Guerra de los Nueve Años, acompañado de los bucaneros del corsario Jean-Baptiste Ducasse, asedió la ciudad durante 20 días. Sólo podían oponérsele unos 150 defensores. Los hombres de Pointis pasaron alrededor de un mes en la ciudad robando y despojando a todos los habitantes de sus joyas. El primero de julio de 1697 abandonaron la ciudad con un botín de dos millones de pesos en oro.

 

En este ataque se demostró, nuevamente, que aún era necesario mejorar y completar las defensas y fortificaciones de la ciudad. La ciudad fue gravemente herida en este ataque pues en el aspecto comercial nunca se recuperó por completo.

En 1697 ocurrió otro desastroso asalto, esta vez a cargo de Jean-Bernard Desjean, barón de Pointis, francés para más señas quien, en el marco de la Guerra de los Nueve Años, acompañado de los bucaneros del corsario Jean-Baptiste Ducasse, asedió la ciudad durante 20 días. Sólo podían oponérsele unos 150 defensores. Los franceses pasaron alrededor de un mes en la ciudad robando y despojando a todos los habitantes de sus joyas. El 1 de julio de 1697 se fueron con un botín de dos millones de pesos en oro.

 

En este ataque se demostró, nuevamente, que aún era necesario mejorar y completar las defensas y fortificaciones de la ciudad. La ciudad fue gravemente herida en este ataque pues en el aspecto comercial nunca se recuperó por completo. Lo estudiaremos con mayor detalle en el CAPÍTULO 15.

Toma de Cartagena en 1697

Grabado de Nicolas Ozanne


Plano de Cartagena de Indias en 1688 y detalle de la Muralla de la Marina

Archivo General de Indias, Sevilla

El siglo XVIII se inicia con una disminución considerable de la población : hacia 1715 había unos 5000 habitantes. Además, la ciudad ya ocupaba toda la superficie encerrada dentro de las murallas, por lo que no podía crecer más. Por tanto, ya no seguirá expandiéndose el aspecto comercial de la ciudad y se potenciará su perfil de plaza fuerte militar..

 

El mismo periodo, además de ser el período de las restauraciones militares y del completo "abaluartamiento" de Cartagena, tiene también otro significado para la ciudad: será, por exigencias militares o de otro tipo, la residencia temporal o permanente de algunos virreyes, lo que transforma a esta ciudad en la capital alterna del virreinato.

 

También se edifica la Iglesa de Santo Toribio, última en levantarse durante la época colonial.

 

Durante los años inmediatamente anteriores al estallido de la Guerra del Asiento, el estado de las defensas era malo: cañones inservibles, pólvora escasa, guarnición mínima … Ya se sabe: esas ciudades lejanas de España abandonadas de la mano de Dios … En esas condiciones en que se dejaban plazas americanas tan importantes es asombroso como España, a pesar de todo, mantuvo durante tantos años su imperio americano. Como pequeño ejemplo de las numerosas muestras de dejadez, véase el caso del ingeniero militar Juan Betín quien, teniendo que trabajar con escasos recursos y menos sueldos, dedicó sus energías a los trabajos que le encomendaron de fortificación de Cartagena de Indias y después sólo encontró ingratitud:


Nació en España. Vino a América con el grado de Capitán. En 1658 fue nombrado ayudante del Ingeniero Juan de Somovilla. Entre 1662 y 1664 desempeñó el cargo de Gobernador interino de Santa Marta. Fue enjuiciado por su sucesor don Salvador Barranco, quien basado en testimonios calumniosos lo mantuvo preso e incomunicado en un Castillo en Santa Marta, durante tres años entre 1665 y 1668. En 1669. Inspeccionó las murallas de Cartagena y rindió informes al gobierno español, aconsejando la inmediata reparación de las mismas.


Durante el periodo comprendido entre 1669 y 1671 dirigió, con carácter interino, los trabajos de reparación de las murallas. Perfeccionó la cortina situada entre los baluartes de Santiago y San Ignacio, haciéndole un parapeto “de setones”, alojamiento para la tropa y almacén para pertrechos. Hizo un parapeto en la estaca que defendía la puerta de Santa Catalina. Elevó la cortina que unía los baluartes de Chambacú, la Media Luna y el Reducto en Getsemaní. Reparó los daños causados por el temporal de 1664, e hizo otras obras menores.


En 1670 finalmente fue nombrado Ingeniero Militar de las Indias en reemplazo de Juan de Somovilla, quien había muerto. Sin embargo, no pudo tomar posesión de su cargo pues tenía una multa, que por falta de recursos, no pudo pagar. El 25 de febrero de 1679 murió en Cartagena en la mayor pobreza, “ciego e impedido”.

Enrique Marco Dorta: CARTAGENA DE INDIAS.  Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla. Sevilla, 1951. pp. 117-118-120-121.

 

En Cartagena de Indias siempre se había ido a remolque de los ataques piratas, planteando las defensas en función de las duras lecciones sufridas anteriormente. Ante la proximidad de la guerra con Gran Bretaña se hacen esfuerzos y se envían más soldados.  Cuando atacó el vicealmirante Vernon se habían reconstruido las milicias, había sido enviado allí Blas de Lezo, que contaba con sus marineros y algunos barcos; luego llegaría el nuevo virrey, Eslava, con alguna tropa y finalmente la escuadra de Rodrigo de Torres llevó nuevos refuerzos. No obstante, el número de defensores seguía siendo claramente insuficiente para enfrentarse al numeroso ejército que llevó Vernon para asaltar la plaza.

 

Para entonces, Cartagena de Indias ya formaba parte del selecto grupo de las ciudades más importantes del mundo.

Plano de la Cyudad y Bahya de Cartagena de las Yndias Situado a los 300 Gs. 41 Ms. de Longytud Prymer Merydo. el Pyco de Teneryfe y 10 Grs. 27 Ms. de Latytud Boreal en el Nuevo Reyno de Granada Levantado por D. Juan de Herera, Ratyfycado y Delyneado por D. Antonyo de Ulloa.   (BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA )

 

Preciosa mapa cartográfico de la bahía de Cartagena de Indias fechado en 1735 que copia el mapa realizado por Juan de Herrera en 1721. El título se puede leer perfectamente en el ángulo superior derecho, flanqueado por dos indios, lugar donde también está indicada la escala. Obsérvese que el terreno en completamente llano excepto algunas pequeñas elevaciones en la isla de Barú y otras cercanas a la ciudad. Existe en toda la zona un complejo laberinto de ciénagas, caños y bajíos. En la elevación más próxima a la ciudad está representado el castillo de San Felipe de Barajas y del convento de La Popa. La ciudad y el barrio de Getsemaní están completamente amurallados, excepto la zona del dicho barrio que mira hacia la ciudad. El acceso sólo es posible a través de un puente dominado por el castillo. Obsérvese también que la entrada a la bahía por Bocagrande es impracticable debido a que se ha formado una barra de tierra que impide la navegación, quedando como única entrada el estrecho canal de Bocachica (a la derecha), ya fortificado.

 

 

Tras la exitosa defensa de 1741 no se podía ocultar la elevada destrucción de las fortificaciones, que se reconstruirían considerablemente durante el trascurso de los años posteriores al ataque inglés, mientras que la ciudad se recompuso y a lo largo del tiempo se expandiría considerablemente. Las islas Calamarí y Getsemaní, que contenían la población de la época, estaban unidas por un puente bajo el cual corría el caño de San Anastasio y por ello la puerta de entrada a la ciudad tomó su nombre precisamente de ese hecho y se llamó Boca del puente, la actual Torre del Reloj. Bajo el puente corría el Caño de San Anastasio que con el trascurso del tiempo fue rellenado, quedando una pequeña ensenada llamada bahía de las Ánimas y la zona rellenada es la que ocupan hoy los edificios de La Matuna.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

Cartagena de Indias hacia 1730.  La ciudad, cuyo origen es la isla Calamarí, se ha extendido completamente en la isla Getsemaní, quedando ambas islas unidas por un puente. La entrada a Calamarí desde ese puente se hace por la Puerta del Reloj. A su vez, Getsemaní tiene un único acceso por otro puente, dominado por el castillo en altura del cerro de San Lázaro.

Fotografía aérea de Cartagena de Indias en 1950. Entre Calamarí y Getsemaní existe ahora un amplio paseo llamado de los Pegasos. La zona comprendida entre las dos islas, que antes era el Caño de San Anastasio, es ahora una nueva zona de tierra firme llamada La Matuna.  La bahía de las Ánimas ha cambiado bastante sus formas. Con el número 1 he indicado la situación de la Puerta del Reloj.


Bajo estas líneas, la Boca del Puente en una fotografía del siglo XIX que refleja su aspecto antes de 1888, año en el que se añadió una torre con relojes, de aspecto y estilo arquitectónico discutible, y de la cual recibe su actual nombre, Torre del Reloj.

 

A la izquierda, fotografía actual de la Puerta o Torre del Reloj por el lado que mira hacia el paseo de los Pegasos y que le une al barrio de Getsemaní.

 

La fotografía antigua en blanco y negro es de gran valor puesto que nos permite ver el aspecto que tenía la entrada a la ciudad en los tiempos del ataque inglés de 1741.  En su tiempo, los arcos que hay a cada lado de la puerta fueron utilizados como capilla y como sala de armas para el cuerpo de guardia.


Las reconstrucciones defensivas se completaron en 1798 cuando finalizó la construcción del cuartel de Las Bóvedas, obra del ingeniero Antonio de Arévalo  ---las fortificaciones, tanto anteriores como posteriores al ataque de Vernon en 1741, se estudian en el CAPÍTULO 15, al que invito al lector--- . Por aquel año la ciudad había alcanzado una población de cerca de 12.000 personas. A finales del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III, se prestó más atención a las defensas en cuanto al  número de soldados y los abastecimientos. Por primera vez en su historia, Cartagena de Indias era considerada una plaza inexpugnable. Pero no sería ya por mucho tiempo, pues la ciudad declaró su independencia de España a finales de 1811, concretamente el 11 de noviembre. En esa fecha, la ciudad se declaró a sí misma Estado libre, soberano e independiente de Cartagena de Indias. Su población ascendía a unas 20.000 almas. Había pasado 278 desde que la fundase Pedro de Heredia. 

 

Su comercio había sido el más próspero del Caribe en el siglo XVIII, sobre todo por el privilegio ingrato de ser el más grande mercado de esclavos africanos en las Américas. Fue además la residencia habitual de los virreyes del Nuevo Reino de Granada, que preferían gobernar desde aquí, frente al océano del mundo, y no en la capital distante y helada cuya llovizna de siglos les trastornaba el sentido de la realidad. Varias veces al año se concentraban en la bahía las flotas de galeones, cargados con los caudales del Potosí, de Quito, de Veracruz, y la ciudad vivía entonces los que fueron sus años de gloria.

El amor en los tiempos del cólera. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ. 1985.

 

A finales de 1814 arriba a la ciudad, fugazmente,  Simón Bolívar para dirigirse desde allí a Jamaica. Tras la declaración de Estado independiente, la ciudad fue reconquistada en 1815 por las tropas españolas de Pablo Morillo. Pero Cartagena pronto cae en manos patriotas con el nuevo y célebre sitio de 1821.

 

Terminada la guerra de independencia colombiana, Cartagena de Indias fue abandonada definitivamente por España en junio de 1821. Las últimas tropas españolas saldrían de toda Colombia ese mismo año.

 

A partir de aquí Cartagena queda anclada en el tiempo.

 

La ciudad ya no contaba para nada.

 

El centro de poder se habían trasladado a Caracas y a Santa Fé. Los militares venezolanos dominaban la situación. Con la ciudad convertida en una sombra de lo que fue y relegada a un papel secundario, en 1827 Simon Bolívar obsequiará a Cartagena con estas palabras:  "... yo no esperaba tanto porque no me debéis nada, por el contrario, yo os debo todo. Si Caracas me dio vida, vosotros me disteis gloria ..."

 

A pesar de tan preciosista glorificación bolivariana, que haría las delicias de algunos políticos actuales de cierta tendencia indiana, lo cierto es que la ciudad se hundió en un abismo.

 

Quedó destruida su economía. Desapareció su importancia geopolítica. Como parte del nuevo país, su puerto ya no era único. Los galeones y los navíos se habían ido para siempre de su rada.  Las ciudades de Santa Marta y Barranquilla  la sobrepasaron como centros de la región. Perdió población dramáticamente. La práctica totalidad de su clase dirigente emigró. Durante mucho tiempo la ciudad careció de visión e iniciativa. Todo era falta de vitalidad, descontrol, desorden. Se extendió la miseria. Las viejas murallas y castillos se habían convertido en  testigos mudos de un periodo de vileza.

 

Sus orgullosos edificios púbiicos, casas señoriales, fortificaciones, iglesias y conventos literalmente se deshacen. Tan sólo algún adinerado hace negocio provechoso en la ciudad: Juan Bautista Mainero y Trucco, un rico inmigrante italiano, compra propiedades en Cartagena como quien adquiere confeti. De cara al futuro, claro, porque la realidad es insoportablemente penosa.

 

El hundimiento fue tan profundo que en los primeros años del siglo XX la ciudad apenas contaba con 9.000 habitantes, en comparación con los cerca de 20.000 vecinos en sus últimos años como posesión española. Menos de la mitad. Y eso que ya se había iniciado la recuperación a finales del siglo XIX. Absolutamente desmoralizada, la ciudad parecía haber renunciado a todo, hasta a su propia vida, a pesar del peso principal que había tenido desde que fue fundada por Pedro de Heredia.

 

Un cartagenero,  Rafael Núñez Moledo, impuso en alianza con la más aristocrática de las elites de Santa Fé la más férrea centralización andina del poder en Colombia. Además, Núñez predicó las bondades de una inmigración masiva de europeos en la constitución de la población colombiana.

 

La anarquía, incluída guerra civil colombiana, cederá finalmente paso a las aspiraciones del Pensador del Cabrero o El Regenerador  --que de ambas formas le apodaron--  cuando con su frase de: "Regeneración o catástrofe" termine expidiendo su movimiento político la constitución de 1886, la cual permite que el país, y con él a Cartagena, recuperen un poco la serenidad, la sensatez y la paz necesaria para cualquier desarrollo.

 

Rafael Núñez, el líder del movimiento regeracionista, cuatro veces presidente de Colombia, nació y murió en Cartagena de Indias. Es un personaje fundamental en la historia colombiana pero también muy discutido y que hoy sigue levantando agudas controversias en el país.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

Es Núñez también el autor de la letra del himno nacional de Colombia , donde no se olvidó de su ciudad, dedicándole la IV estrofa:

     A orillas del Caribe

     hambriento un pueblo lucha,

     horrores prefiriendo

     a pérfida salud.

     ¡Oh, sí! De Cartagena

     la abnegación es mucha,

     y escombros de la muerte

     desprecia su virtud.

 

IZQUIERDA, retrato de Rafael Núñez. Museo Nacional de Colombia. DEBAJO, casa de Núñez en Cartagena de Indias, situada en el barrio de El Cabrero, muy cerca de las viejas murallas.


A comienzos del siglo XX se edifica dentro de la antigua capilla de la Merced,  --construida en 1625 y abandonada durante las guerras de Independencia--  el teatro Heredia. Se aprovechó la estructura de tres naves del templo, para construir un teatro con esquema de herradura, platea, palcos, balcones y los escenarios. Fue inaugurado en 1911.

 

Exterior e interior del Teatro Heredia.

 

En la fotografía del exterior se observa a la iquierda de la entrada principal otra parte del edificio, también reconstruída, del antiguo convento de la Merced. Está siguado junto a un tramo de las antiguas murallas.


La ciudad, finalmente, conseguiría resurgir con vigor . Un empujón llega con el ferrocarril de Calamar inaugurado en 1894. Se ejecutaron planes para reactivar el puerto cartagenero, aumentar la cabaña ganadera y promover la exportación de carne y café. El desborde de la ciudad se torna inevitable: en 1918 tiene ya tiene 50.000 habitantes. La ciudad comienza a expandirse en nuevas zonas, como Manga, y luego Punta Icacos. Cartagena de Indias experimentó un aumento de la actividad económica y de población constantes, sobre todo desde que en el primer tercio del siglo XX se desarrolle el negocio del petróleo, que rápidamente convirtió a la ciudad en el más importante puerto exportador colombiano.

 

En 1938 se inicia el bombeo de agua desde el revitalizado Canal del Dique, aquel que tan útil había sido en los tiempos de colonia española. Vueltas que da la Historia.

 

Un aeropuerto fue construido al norte de la ciudad, en el barrio de Crespo. Nuevas industrias, como la petroquímica, sumaron en la renovada pujanza de la ciudad. Y luego, en la segunda mitad del siglo XX, se desarrolló una nueva  gran industria: el turismo. Un hotel pionero, todo un clásico, es el lujoso  Hotel Caribe, inaugurado en 1945, situado en Bocagrande.

 

(Pulsar en las imágenes para ampliarlas)

 

Bocagrande

El Laguito

Hotel Caribe


Para adecuar la ciudad a su nuevo objetivo de ser centro turístico nacional e internacional se emprendieron programas de revalorización y restauración de la arquitectura histórica y monumental. Los castillos, murallas y edificios que se habían edificado allí durante la época española recobraron brillo y esplendor. El avance fue entonces imparable: Centro de Convenciones, restaurantes, festivales de cine, hoteles, urbanizaciones, etc.

El espectacular castillo de San Felipe de Barajas tuvo que ser rescatado. La independencia colombiana había supuesto la ruina de este castillo. A principios del siglo XX era propiedad privada y se encontraba en el más completo abandono. Había sido cercado de alambrada por los propietarios, la familia Gulfo. Malezas y árboles cubrían totalmente sus lados. La vegetación era tal que ningún forastero habría adivinado su existencia.

 

En 1928 se inició una cuidadosa labor de limpieza y restauración, que duró 35 años. Hoy día, afortunadamente, cualquier visitante puede admirar una de las grandes joyas de la arquitectura colonial española en América.

 

En 1959 la ciudad fue declarada Monumento Nacional. En 1984 la UNESCO declaró al sector histórico de la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Aunque al lector le cueste reconocerlo, lo que se ve aquí no es una colina sino las ruinas del castillo de San Felipe de Barajas, visto desde el lado sur. Principios del siglo XX. Fotografía: Fundación Fototeca Histórica de Cartagena de Indias.


Tras diferentes periodos de crisis y recuperación, la actual ciudad está hoy convertida en un importante centro industrial y comercial de Colombia, contando con una población aproximada de 1.000.000 de habitantes. También se ha transformado en un notable centro turístico. El viejo casco urbano conserva muchos edificios y ese ambiente tan especial como encantador de la época colonial. Se mantienen en pie las fortificaciones, recuerdo visible de su historia, siendo espectacular la visión del Castillo de San Felipe de Barajas, considerada la fortificación colonial más importante de América. Su puerto, el mayor de la costa norte colombiana, es uno de los más importantes del Caribe. Cuenta, asimismo, con universidad, museos (entre ellos un Museo Naval del Caribe sito en el antiguo colegio de los jesuitas), y centros culturales.

Casa de España

Museo Naval del Caribe

Centro de Convenciones


El buque escuela de la Armada Española, Juan Sebastián Elcano, navegando en Bocagrande. Año 2010.

 

 

El 12 de octubre de 1977 fue inaugurada por los reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía la Casa de España, una mansión magníficamente restaurada del centro histórico sita en la calle Sancho.

 

El moderno Centro de Convenciones Cartagena de Indias fue inaugurado en 1982, con el fin de dar respuesta a la necesidad de contar con un lugar donde se celebrasen los múltiples eventos económicos, culturales, políticos que se dan cita en Cartagena.

 

En Cartagena de Indias tiene importancia un evento llamado Reinado Nacional de Belleza, donde se elige a la Miss más bella. Esto se celebra el 11 de noviembre, la misma fecha en que la ciudad declaró su independencia en 1811. La fiesta del reinado está arraigada en el folklore popular cartagenero, con sus desfiles de carrozas e imaginativos trajes de las candidatas, las cuales están siempre acompañadas por los impecables cadetes de la Escuela Naval.

 

La histórica ciudad heroica tiene a gala ser denominada Distrito Turístico, Histórico y Cultural. El recinto amurallado, que es como los cartageneros denominan a la ciudad vieja, está rodeado parcialmente por las murallas que presentan, en general, buen estado de conservación y en algún tramo pueden apreciarse obras de mantenimiento reciente.

Moderna fachada marítima

Chabolismo en la zona de La Popa


Pero no todo es luz y belleza pues la ciudad está fragmentada, es dual;  existe la ciudad del puerto, la de Castillo Grande, la del turismo … y la otra, la de grandes barrios chabolistas. El 80% de la población cartagenera actual es de clase baja, mientras que la clase alta, aproximadamente el 5% de los cartageneros, acumulan mucho dinero y poder. Las desigualdades son tan pronunciadas que podría hablarse de dos Cartagenas.

 

Otro aspecto importante de la Cartagena actual es la preocupación por la seguridad, problema que va por barrios. Cuando se trata de mejorar la vida en la ciudad, hacerla más habitable, sus dirigente, que suelen ser de clase alta y poderosa, parece tener siempre preocupaciones más urgentes. Quienes tienen la sartén por el mango dominan en Cartagena una economía de compradores y vendedores, de oferta y demanda, que no cesa de engordar las arcas de los adinerados. Todo lo importado se expende a precios de atraco a mano armada. El visitante puede ver afabilidad de trato tanto en señores como en sirvientes, y de ellos entre sí, pero en Cartagena de Indias tanto los señores como los sirvientes saben qué lugar les corresponde.

 

Sólo queda añadir que en el lugar del primer fuerte que se construyó, el del Boquerón, hoy llamado San Sebastián del Pastelillo, es el actual Club de Pesca de la ciudad. Para su reciente restauración se han utilizado, hasta donde ha sido posible, las mismas técnicas constructivas de la época colonial. La puerta de entrada al recinto amurallado, construida a principios del siglo XVIII y entonces llamada Boca o Puerta del Puente, es hoy un lugar emblemático de Cartagena de Indias conocido como Puerta del Reloj. El fuerte de Manzanillo está acondicionado para alojar a huéspedes ilustres de Colombia. Y, en resumen, la ciudad merece ser recorrida por cualquier visitante de Colombia.

 

Como colofón, unas palabras de Miguel Ángel Bastenier, periodista del diario El País, español de origen y cartagenero de corazón, que se refiere así al Corralito de Piedra:

 

Cuando me preguntan si me gusta Cartagena, respondo escuetamente que sí “porque es la ciudad más bella de España”. La Heroica es la aglomeración urbana, arquitectónicamente española, más impresionante del mundo, de edificaciones regias y viviendas de rango algo más asequible, originarias de los siglos XVIII y XIX, más vestigios restaurados de épocas anteriores. Pero mi casa, diría mejor mi apartamento, está lejos de esa concentración monumental agolpada en 2,4 kilómetros cuadrados de la ciudad vieja, tan excepcionalmente bien preservados que Cartagena parece hoy un museo viviente.

 

 

 

 

Aunque ya se han insertado en este artículo variadas fotografías, invito al lector a disfrutar de otros diferentes rincones y panorámicas de la ciudad haciendo "click" en esta

 

GALERÍA FOTOGRÁFICA DE CARTAGENA DE INDIAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Comentarios: 2
  • #1

    Gustavo (domingo, 03 junio 2018 00:47)

    Felicitaciones. Muy buenos los comentarios y la reseña histórica.
    Lamento no haber contado con ellos durante mi residencia en Colombia cuando mis actividades me llevaban principalmente a Barranquilla.

  • #2

    Ingrid (sábado, 23 febrero 2019 21:05)

    Excelente, buen trabajo y muy documentado. Las fotos antiguas muy buenas.

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