En Cartagena (Murcia), base naval más importante del Mediterráneo y Capital del Departamento Marítimo del mismo nombre, ciudad de histórica tradición marinera y con astilleros que entregan a la Armada buques de diferentes portes, siendo el día 6 de noviembre de 1752, el sacerdote Don José Ferrer  bautizó a un niño al que llamaron Antonio Leonardo Fulgencio, cuarto hijo de Don Martín de Escaño y Arismendi y de Doña María Cristina Josefa García-Garro de Cáceres y Fernández de Santo Domingo, niño que había nacido el día anterior. La partida de bautismo la firma el párroco de la Iglesia de Santa María de Gracia, Don Andrés Facio Rolandi. El nacimiento se había producido en el número 6 de la calle Antón de León, hoy Medieras, esquina con la calle Escorial.

 

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Casa natal de Antonio de Escaño en Cartagena, situada céntricamente en el casco viejo de la ciudad, no lejos del puerto. A la derecha la calle Medieras, donde se aprecia la puerta de entrada principal. A la izquierda la calle Escorial. La construcción es del siglo XVIII pero el edificio tuvo varias reformas, motivo por el que presenta variedad de estilos arquitectónicos y decorativos. Originalmente casa familiar de los Escaño, en la actualidad la planta baja es utilizada para servicios de hostelería mientras que los pisos son viviendas habitadas. La fachada está bien conservada, incluído el alero, pero no así el interior del edificio que, aunque declarado de protección por el Ayuntamiento de Cartagena, lamentablemente presenta zonas en un estado de calamitoso abandono.

 

 

Blasón decorativo que preside la entrada de la casa natal de Escaño en la calle Medieras núm. 6   de Cartagena. Más información, datos y fotografías del edificio pueden consultarse en esta página

 

Su familia tenía larga relación durante siglos y generaciones con la historia española, el Ejército y la Armada .  Así, los orígenes más antiguos de la familia se remontan a unos antepasados que vivían en Burgos a comienzos del siglos XIII.  Tras diversas generaciones, entre ellas las ligadas a la Reconquista en acciones guerreras con los diferentes reyes castellanos, y pasados los tiempos del Renacimiento y de los primeros Austrias, sabemos que ya hacia 1620 un antepasado de Antonio de Escaño, llamado Juan García de Cáceres y Marín, era regidor de Cartagena; un hijo suyo, llamado Juan García de Cáceres y Jara, poseyó la graduación de alférez mayor. A su vez, un hijo de ese alférez mayor,  llamado Manuel García de Cáceres y Montemayor, nació en Cartagena en 1690 y fue capitán de infantería de las Galeras de España .

 

El propio padre de Antonio de Escaño,  Martín de Escaño y Arismendi, fue capitán de infantería de las Reales Galeras (como el otro antepasado nombrado anteriormente),  además de regidor de Cartagena. El abuelo de Escaño por parte materna sirvió como capitán de infantería. Escaño era el cuarto de seis hermanos, cinco varones y una hembra. El hermano mayor de Antonio, José, también fue regidor de Cartagena y sirvió en la Armada hasta el grado de brigadier. Otro de sus hermanos, Teodoro, fue capitán de navío.  Y otro hermano, Joaquín,  sirvió hasta el grado de teniente de navío.

 

Como se ve, todos los hermanos sirvieron a la Armada excepto uno, Martín,  que no lo hizo porque murió joven.  Su hermana Mariana casó con otro militar. Así que, aunque sea una perogrullada, hemos de afirmalo: la vinculación de Antonio de Escaño con el mar no le venía de casualidad.

 

A la edad de 14 años sentó plaza de guardiamarina en Cádiz y terminados sus estudios embarcó en su primer destino, el navío Terrible (dos puentes y 74 cañones),  en el cual ya empezó a distinguirse por su valor y destreza. Fue trasladado a los jabeques que bajo el mando de Antonio Barceló combatían a los piratas argelinos del Mediterráneo. Por su valor demostrado y los servicios prestados en estos jabeques fue habilitado a oficial en febrero de 1770 a la edad de 17 años.

 

Como Alférez de Fragata embarcó en el navío Vencedor (otro dos puentes). Nuevamente fue destinado a los jabeques durante un tiempo, tras el cual pasó a la fragata Santa Clara y después al navío Astuto (buque más antiguo, de 60 cañones).

 

En abril de 1774, con sólo 21 años, es ascendido a Alférez de Navío, navegando hasta Montevideo y Buenos Aires, desempeñando en tierra los destinos de Ayudante de Artillería, Subteniente de Batallón de Marina y Teniente de Batallón de Marina. De esta estancia americana se cuenta la anécdota de que resultó herido grave por coces de un caballo al tratar de defender a una dama.

 

Al regresar a España supo que había sido ascendido a Teniente de Fragata y se instaló en Cartagena para acabar de reponerse mientras se dedicaba al estudio de la historia y de los códigos militares. Tan pronto estuvo en condiciones de regresar al servicio activo,  y ya como Teniente de Navío a la edad de 25 años, fue destinado a la escuadra de Luis de Córdoba y después de encargársele el detall para el armamento del navío San Nicolás  (dos puentes y 80 cañones)  su comandante le recomendó para ayudante de la Mayoría, empezando así a poner en práctica los conocimientos adquiridos por los estudios realizados durante su estancia en Cartagena para reponerse de su enfermedad.

 

Tras variadas singladuras, finalmente llegó a servir con el que sería su gran maestro, José de Mazarredo, otro de los más grandes marinos que ha tenido la Armada. Mazarredo se dio cuenta muy pronto de la valía y la capacidad de su ayudante, con el que formaría el mejor tándem posible que se podía imaginar. Ambos deseaban formar la mejor escuadra del momento y la destreza, valor y pericia demostrada por estos marinos fue reconocida por franceses y británicos. Así , en el combate del Cabo Espartel (20 de octubre de 1782) y participando en la escuadra de Luis de Córdoba, los británicos se admiraron de la pronta formación de la línea de combate,  de la rápida colocación del navío insignia en el centro de la fuerza y del cierre de distancia de la retaguardia al grueso. Mazarredo decía que la razón del éxito era la prontitud y acierto con que Escaño hizo obedecer sus órdenes.

 

A los 29 años, Antonio de Escaño fue ascendido a Capitán de Fragata y le dieron el mando de una división compuesta por una fragata, dos bergantines y dos balandras,  navegando esta división por el Mediterráneo. Un año después fue nombrado ayudante del Subinspector del Arsenal de Cartagena, donde aumentó sus conocimientos de construcción de buques, carenados, armamentos y administración de almacenes. Posteriormente mandó la fragata Casilda donde luchó nuevamente contra piratas berberiscos como años atrás.

  

Tras ello,  pasó a formar parte de la comisión que, bajo el mando de Mazarredo, era la encargada de realizar el estudio comparativo de construcciones navales, entre los que estaba un nuevo diseño de un tal Romero Landa.  Mazarredo estaba al mando del navío San Idelfonso,  realizando una campaña de pruebas entre este navío y el  San Juan Nepomuceno, así como de las fragatas Brígida y Casilda .

 

Da idea del carácter firme, entero, fiel y disciplinado de Escaño este detalle ocurrido durante las pruebas: con la intención de comparar la ligereza de los barcos, ordenó Mazarredo, embarcado en el navío, que se largase toda la vela;  arreció el viento, el navío aguantó perfectamente y partió a toda velocidad,  pero no le ocurrió lo mismo a la fragata,  comandada por Escaño, que escoró peligrosamente y estuvo a punto de zozobrar. Ante el temor generalizado de que la fragata fuese vencida por el viento, todos pidieron a Escaño que cortase la vela. Pero Escaño, con templanza, respondió: Al general le toca mandarlo; él lo ha dispuesto y nos mira. Continuó hasta que se rindió el mastelero mayor, terminando la prueba con esta avería, adrizándose automáticamente el buque.

 

Tras las pruebas, Mazarredo pasó a iniciar unas reformas de las Ordenanzas y pidió como auxiliar a Escaño. Este imaginó lo larga y pesada que habría de ser la permanencia en la Corte, así que empezó a frecuentar centros de cultura, cursando estudios de Historia Antigua y Moderna, Química y Botánica durante el tiempo en que no trabajaba en la redacción de la nueva Ordenanza.

 

Terminado el trabajo con las Ordenanzas a mediados de 1793,  y declarada la guerra con Francia, se le otorgó a Escaño el mando del navío San Fulgencio. Este era un navío de dos puentes y 64 cañones diseñado por  Romero Landa  y que habiendo sido botado 1787 estaba a la espera de ser dotado y armado; para poner su navío en condiciones,  Escaño tuvo que luchar mucho en Cartagena  por la falta  de materiales y armamento en su Arsenal, e igualmente tuvo que esforzarse en dotar el barco, aunque esto último lo tuvo que hacer malamente pues mucha gente procedía de levas forzosas. Sus grandes cualidades como marino al mando del San Fulgencio nos las describe el libro  Elogio Histórico de Antonio de Escaño.


 

 

 

 

 

 

 

Casco del navío San Fulgencio

Museo Naval de Madrid

 

Con el San Fungencio participó en la campaña del Rosellón. Consiguió reforzar la dotación con parte de los veteranos de los jabeques. El navío sufrió un violento temporal en el Golfo de León y Escaño sufrió una fuerte contusión.

 

Estuvo en Tolón  (ciudad francesa que estaba en poder de la alianza anglo-española y que fue sitiada y  bombardeada por el entonces joven oficial Napoleón Bonaparte) ,  integrado en la escuadra de Lángara. Allí realizó con presteza diversas acciones a él encomendadas. Una de ellas consistíó en salir en comisión urgente para Génova en busca de trigo para abastecer a la necesitada población. Zarpó a pesar del fuerte temporal que se avecinaba. Este temporal mató al capellán del barco. A Escaño le hizo caer en el alcázar y lo arrastró por un chillerón de municiones. El segundo comandante del barco, ante la perspectiva de un fatal desenlace, decidió entrar en San Eustaquio, pero Escaño, aún malherido, ordenó que lo llevasen a cubierta y vio que el fondeadero no era de confianza, así que ordenó dar la vela y que pasasen rascando la restinga de Oristan. Cuando acudieron a él para hacerle ver el peligro dijo sonriendo:  En semejantes cartas  (se refiere a las cartas de navegación) se sitúan los bajos más afuera ,  porque sus autores quieren dar  resguardo a su pereza en practicar los medios de construirla con exactitud ;  sigamos navegando. Finalmente llegó tras grandes dificultades a Caller (Cerdeña) para obtener el trigo requerido (20.000 fanegas) .

 

Cuando vio que no eran eficaces los emisarios se presentó ante el virrey, para lo que fue llevado en camilla porque su estado no le permitía moverse. Ante el espectáculo de un comandante pidiendo con tales argumentos y en tal situación, no resistió más el virrey y el trigo fue embarcado. De vuelta a Tolón, se le ordenó recorrer las líneas de defensa dando un informe detallado, aún sin haberse repuesto de sus lesiones. El informe no gustó por lo poco prometedor de éxitos,  pues Escaño consideraba que Tolón era indefendible, y se le ordenó llevar el trigo a Mahón. En este puerto alistó socorros para la llegada de los buques de Tolón cuya retirada había asegurado y previsto en su informe, cosa que no tardó en suceder, porque al empezar 1794 llegó a Menorca la escuadra con los fugitivos de Tolón.

 

Ascendido a brigadier, se le confió el mando del navío San Idelfonso. Llevó emigrados a Cartagena y Liorna, donde el Gobernador se negó a aceptar a los refugiados,  pero que finalmente fueron admitidos gracias a la tenacidad de Escaño. El embajador español en Roma dijo de él: El comandante del navío San Idelfonso es una cabeza privilegiada ; marino que no tiene nada que envidiar al más engreído británico.

 

Enfermo, regresó a España.

 

Una vez repuesto, en febrero de 1796 a la edad de 43 años tomó posesión de la mayoría general de la escuadra de Mazarredo, quien poco después fue nombrado jefe de la escuadra del Mediterráneo. Escaño expuso a Mazarredo el mal estado de los buques y este lo elevó al Gobierno, el cual,  para variar, y como en tantas ocasiones en la historia española,  no hizo ni puñetero caso al informe.

 

Se nombró un nuevo ministro,  Pedro Varela, el cual pidió nuevos informes y  Mazarredo, dándose cuenta de que los nuevos informes los quería este ministro para acusar al anterior, se limitó a decir que los informes eran los que ya se habían dado antes. Esto le costó el puesto a Mazarredo, pues  Varela lo acusó de ser partidario del ministro anterior defenestrado, y a Escaño lo envió  a tierra, al Departamento de Cartagena   (es de suponer que a Pedro Varela se quedó le muy a gusto el cuerpo) .  Allí se entregó nuevamente al estudio y a la confección del Diccionario de Marina, que redactó en unión de Cosme Churruca.

 

Al empezar el año 1797 se le confió a Escaño el mando del navío Príncipe de Asturias  (tres puentes y 112 cañones)  y con él asistió el 14 de febrero al combate del Cabo de San Vicente. La flota española en esta ocasión estaba compuesta de tres escuadras  (vanguardia, centro y retaguardia) y el  Príncipe de Asturias  fue destinado a retaguardia. Designado el teniente general Juan Joaquín Moreno como jefe del grupo de buques que componían la retaguardia, este enarboló su insignia en el navío comandado por el brigadier Escaño. El jefe de toda la flota, José de Córdova y Ramos, iba embarcado en el grupo del centro en el navío Santísima Trinidad.

 

Como es sabido, esta batalla acabó en derrota ante la flota británica comandada por John Jervis, en la cual uno de sus navíos era el HMS Captain al mando del entonces comodoro Horatio Nelson.


 

 

 

 

 

 

Retrato de Antonio de Escaño luciendo en el uniforme  la Orden de Santiago. En 1799 se le concedió el honor de la encomienda de Carrizosa dentro de dicha Orden en reconocimiento a sus méritos en el combate del Cabo de San Vicente acaecido en 1797 .

 

Bajo la imagen aparece la firma de Escaño .

 

El retrato es portada del libro Antonio de Escaño y García de Cáceres (Editorial Áglaya, calle Real 16,  Cartagena -Murcia-,  primera edición año 2005,  96 páginas), biografía escrita por Juan Antonio Gómez-Vizcaíno, coronel de artillería retirado y autor de varios libros sobre artillería, historia militar y lugares históricos de Cartagena .

 

No se pretende aquí detallar lo ocurrido en el combate pero sí hacer un breve resumen para comprender el valor de la actuación del navío de Escaño en este combate. En San Vicente acontecieron  una serie de causas desgraciadas  unidas a  un combate en el cual algunos de los oficiales españoles no supieron estar a la altura de lo que se esperaba de ellos. Pero otros sí .


El jefe de la flota española había destinado una serie de navíos a vigilancia y observación; se produjo una dispersión de la retaguardia y de algunos navíos del centro. En este centro no estaba formada una línea de batalla, sino un agrupamiento de navíos que navegaban conjuntamente con la vanguardia. Al iniciarse el combate el Príncipe de Asturias  se encontraba a tiro y medio de cañón del navío almirante,  hacia el ENE (este-noreste), muy sotaventado y alejado de su propia división, existiendo un gran hueco entre este navío de retaguardia y el último navío del grupo del centro.


Apareció la flota británica bien formada en hilera y en dirección aproximadamente perpendicular a la línea que todavía debía formar la flota española, dirigiendo sus proas justo al hueco existente entre el centro de la flota española y el Príncipe de Asturias  para, llegado el momento adecuado,  virar hacia el centro, dejando así aislados a todos los navíos de la retaguardia española.


Córdova ordenó  formar pronta línea de combate sin sujeción a puestos ciñendo el viento por babor.  Esta orden es la más discutible de Córdova y la que ha dado lugar a especulaciones sobre cuál era la orden que debía haber dado.  Su decisión no le acercaba a la retaguardia, que quedaría aislada. Allí, alejado, estaba  el Príncipe de Asturias. Este se encontró a la cabeza de una retaguardia sin formar,  en un grupo muy disperso que  iba a ser aislado del grueso de la flota española. Y estaba prácticamente solo. En estas circunstancias podía:  1)  virar tratando de escapar de un combate desigual, combatiendo de lejos,  pues los británicos le iban a caer en fila uno detrás de otro -15 navíos-  mientras se dirigían al punto de virada para atacar el centro español , ó  2)  acercarse y combatir a esta línea enemiga tratando de evitar el desastre que se intuía .


Escaño dio pruebas aquí de su pericia marinera y su valor: siempre fiel y disciplinado,  maniobró y atacó en solitario a nada menos que la tercera parte de toda la escuadra británica , que empezaba a virar.  Intentó cortar la línea británica y frenó hasta donde le fue posible a los navíos enemigos.  Con esta oportuna y atrevida maniobra, emprendida en un momento crítico de los británicos ,  contuvo todo lo que pudo a la fuerza contraria que se dirigía a combatir el centro español .  Así contribuyó ,  luchando contra toda una fila de navíos británicos ,  a salvar con su hábil y arrojada resolución los navíos Santísima Trinidad  y  Soberano  que ,  sin su maniobra, se hubieran encontrado sin defensa .


Combate del Cabo de San Vicente ,  por Derek G. M. Gardner (1914-2007), ingeniero civil y pintor británico que sirvió en la Royal Navy durante la II Guerra Mundial.

La obra representa el momento en que la línea británica, llegando al punto donde virarán a estribor, rechaza el suicida ataque en solitario del Príncipe de Asturias, cabeza de la retaguradia española.  Le ayudó el navío Conde de Regla (no esta representado), pero no otros navíos españoles que se observan sotaventados a la derecha, en mala posición. Este ataque contribuyó a que Córdova tuviera más tiempo para formar su línea en el centro (se observan navíos españoles al fondo a la izquierda tras los británicos). Escaño explicó después que con esta acción se contribuyó a que la escuadra de Jervis no lograra apresar más buques españoles.

 

En su empeño, Escaño pudo contar con la ayuda del navío Conde de Regla,  que llegó para apoyarle.  Aún así, el  Santísima Trinidad  tuvo grandes dificultades y se salvó por la decidida actuación de otro navío, el Infante Don Pelayo, que lo rescató "in extremis" de los británicos cuando el buque insignia español iba a ser abordado.


Sin ninguna duda, el Príncipe de Asturias  se portó con gran eficacia en el combate. En el posterior consejo de guerra donde Córdova tuvo que dar sus explicaciones, nadie habló de Escaño si no era para alabar su conducta y reconocer que su buque se había batido de manera extraordinaria.

 

Vuelto a designar Mazarredo como jefe de la escuadra, este, como siempre, consiguió que Escaño fuese su mayor y tuviese el mando del navío Concepción.  Y Escaño,  como siempre, se impuso la tarea de hacer de su navío un modelo, como había hecho con sus buques anteriores. Paralelamente, se dedicó a reorganizar la escuadra y alistó embarcaciones con las que Mazarredo defendió Cádiz, que había sido bloqueado por los británicos. Se rechazaron ataques y después de dos años se consiguió hacer fracasar a los británicos, que abandonaron el bloqueo.


Navegando hacia Mahón una escuadra española, sufrió un violento temporal que le obligó a entrar en Cartagena y realizar reparaciones en el tiempo record de un mes gracias en gran parte a la tenacidad de Escaño, que no abandonaba el alcázar de su navío .


Al firmarse la paz de Amiens, y tomando Gravina el mando de la escuadra, se le ordenó a Escaño regresar a Cádiz. Muy a su pesar,  y como consecuencia de la paz firmada, se entregaron a Francia dos hermosos navíos, el  Conquistador  y el  Infante Don Pelayo,  elegidos por los franceses .


La escuadra del Mediterráneo pasó al mando de Grandallana, que quedó muy sorprendido cuando un día Gravina le llevó en presencia del rey para decirle al monarca:  Señor , me creo obligado a hacer presente a  un rey  justo  la  injusticia que se ha cometido con el primer oficial de la  marina española ,  postergándolo  en una promoción  que acaba de publicarse ;  y ,  sin nombrarlo ,  Vuestra Majestad y su ministro conocerán  hablo del  brigadier  Escaño ,  tan digno  de ceñir la faja ,  por lo que postrado a los reales pies no pido gracia sino justicia .


Dos días después, el 5 de octubre de 1802,  Escaño era promovido a jefe de escuadra, con mando en el Departamento de El Ferrol, a los 49 años de edad .

 

Declarada de nuevo la guerra en 1804,  pidió entrar en combate.  El Gobierno le nombró mayor general de la escuadra a las órdenes de Gravina, que había exigido su nombramiento, pues  sabía a quién pedía a su lado.


Navegó en el navío  Argonauta.  Los barcos españoles se unieron a la flota francesa que mandaba Villeneuve en  la campaña napoleónica que acabaría en Trafalgar. Navegaron  hasta las Antillas siguiendo un plan para distraer a la flota británica y cuando Villeneuve se enteró de que Nelson  (que les había seguido picando el anzuelo)  rondaba  cerca  dio vela y regresaron a Europa,  hacia el Canal de La Mancha.


Siguiendo el plan maquinado por Napoleón para invadir Gran Bretaña, se dirigieron hacia El Ferrol con la intención de ir después hacia Brest,  y en esas circunstancias se encontraron el 22 de julio de 1805,  cerca del cabo Finisterre, con la escuadra británica del vicealmirante Calder.  En esta batalla naval,  debido a la sorpresa de encontrar una flota británica, a las indecisiones y  falta de iniciativa  de  Villeneuve, Napoleón perdió casi toda posibilidad de llevar a cabo su plan.


 

 

 

 

 

 

El Argonauta, magnífico navío de dos puentes y 80 cañones, insignia de Gravina al que secundaba Escaño, luchando en cabeza de línea durante la Batalla del Cabo Finisterre, también conocida como Batalla de la Niebla debido a las condiciones climáticas en que se desarrolló, reflejadas en el cuadro. Obra de Carlos Parrilla Penagos.

 

El resultado del combate del Cabo Finisterre es incierto a pesar de la pérdida de dos navíos españoles, el  Firme y el San Rafael   (dos puentes con 74 y 80 cañones respectivamente), pero demostró falta de decisión de Villeneuve. A resultas de la actuación francesa ,  se decidió posteriormente que los barcos de las dos naciones aliadas fueran mezclados en lo sucesivo para evitar lo ocurrido en Finisterre: la mitad de los franceses no hizo un solo disparo  y los barcos españoles tuvieron que llevar todo el peso de la batalla navegando y combatiendo en vanguardia.  El navío que iba en vanguardia a la cabeza de la línea española y al que seguían los demás era el  Argonauta . Villeneuve echó la culpa de todos los males a los españoles pero cuando Napoleón se enteró de lo ocurrido exclamó :  ¿De qué se queja Villeneuve?   En Finisterre los  españoles se han batido como leones .


Tras fondear en tierras gallegas, Villeneuve  ordenó dirigirse a Cádiz donde, ante el bloqueo del puerto por los británicos, se produjo la tormentosa reunión en el Bucentaure de Villeneuve, a la que asistió Escaño. Posteriormente, la flota francoespañola zarpó de Cádiz hacia Trafalgar. El orden de batalla lo redactó Escaño el 1 de octubre de 1805. Escaño embarcaba en el Príncipe de Asturias, insignia de Gravina, destinado a la escuadra de vanguardia.


 

 

 

 

 

Fotografía actual del Castillo de San Sebastián, histórico  testigo de la salida de la flota francoespañola que, en octubre de 1805, al mando de Villeneuve, se dirigía al desastre de Trafalgar. Detrás del castillo, unida a él, la vieja ciudad de Cádiz que mira a toda la bahía.

 

Embarcados en el Príncipe de Asturias y ante el desastre que se avecinaba, Gravina estrechó la mano de Escaño y le dijo cariñosamente: Pelear hasta morir. Escaño le contestó con una sonrisa y ordenó arribar, presentando al enemigo  toda la banda con que se rompe el fuego.


El principal objetivo de la columna de Collingwood era el apresamiento del buque del general Gravina. Pero no era tarea sencilla. Los británicos sabían que el Príncipe de Asturias no era un enemigo fácil. Es opinión extendida que de haber sido Gravina el jefe de la flota ello no hubiera garantizado una derrota británica en Trafalgar y probablemente también hubieran ganado la batalla los británicos, pero las cosas seguro que hubieran sido distintas.


Los británicos atacaron en manada. El Príncipe de Asturias  tuvo que luchar con el HMS Defiance y el HMS Revenge. Al HMS Revenge (dos puentes, 74 cañones) le descerrajó una andanada tan terrible que el buque británico no pudo ni responder.  Al HMS Defiance  (dos puentes, 74 cañones) lo dejó desarbolado de un palo y varias vergas tras un intenso cañoneo, hasta que  se vio obligado a dejar su puesto a otro navío británico mientras salía del combate a intentar reponerse. Entonces entró en acción el HMS Prince (tres puentes, 98 cañones) y después el HMS Dreadnoght  (tres puentes, 98 cañones), poniendo las cosas muy difíciles a Gravina, que es herido gravemente (murió meses después a resultas de la herida del combate) y dijo a Escaño:  Continuar sin descanso la pelea. Tomó Escaño el mando del navío  y, como siempre, hizo cumplir la orden de su general. Recibió Escaño un balazo en una pierna que le obligó a sentarse pero no dejó el mando ni dejó de atender a todo. Perdió mucha sangre, tanta que decían que le desbordaba la bota, pero dijo: No es nada . Cayó desmayado.


Hecha una primera cura y recobrada la consciencia, ordenó que le subieran de nuevo al alcázar, donde volvió a desmayarse. El  Príncipe de Asturias salió de la encerrona con la sacrificada ayuda del navío San Idelfonso, que fue capturado finalmente.  Escaño, nuevamente recuperado, tuvo fuerzas  para organizar el reagrupamiento y retirada de los buques que aún podían navegar, pues  Gravina había ordenado que le siguieran. Los buques que pudieron hacerlo, españoles y franceses, fueron a Cádiz con el Príncipe de Asturias, que navegó con grandes averías remolcado por la fragata Thémis. Escaño aún organizó la salida de Cádiz de los buques de represa, procurando salvar las reliquias de la escuadra en medio de un violento temporal.

 

Al estar gravemente herido su superior,  Escaño fue el encargado de comunicar el  desastre a Godoy, ministro del rey Carlos IV .


El 9 de noviembre de 1805 fue ascendido a teniente general. El 20 de enero de 1806 fue nombrado Ministro del Almirantazgo.  Gravina, antes de morir el 9 de marzo de 1806 en brazos de Escaño, pronunció  estas palabras: Mi bastón de mando, aquel que nunca se ha separado de mi lado, se entregará en cuanto fallezca al dignísimo general Escaño,  como prueba de haberlo empuñado bajo mi nombre.


Un año después, el 15 de marzo de 1807,  Escaño era recibido como académico de la Historia. Tenía 54 años.

 

Con la chispa del 2 de mayo de 1808 se extendieron por la península los levantamientos contra los franceses mientras la familia real estaba en Francia produciéndose un vacío de poder a la par que un entusiasmo generalizado iniciándose la Guerra de la Indendencia. Pero es necesario puntualizar:   no todos los españoles se levantaron, hubo españoles que aceptaron y colaboraron con el gobierno de José Bonaparte. Los alzados contra Francia los llamaban afrancesados .


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El 2 de mayo de 1808 en Madrid, por Francisco de Goya. El óleo, pintado en 1814, también es conocido por otro nombre: La carga de los mamelucos. Museo del Prado.

 

En este panorama, Escaño se resistió a los deseos del que había sido su gran maestro y amigo Mazarredo, que era jefe de la marina del rey José Bonaparte, rechazando los cargos que le ofrecía el gobierno que él consideraba intruso.

  

Cuando Madrid fue abandonado por los franceses, la Junta Central le nombró Ministro de Marina y en este cargo sus labores fundamentales fueron organizar las defensas navales para la seguridad de los puertos y costas, disponer la apertura de los arsenales de la marina para socorrer a los ejércitos de tierra y organizar salidas de navíos y fragatas para traer caudales de América. Asímismo, organizó Escaño nuevos batallones y brigadas de marinos al mando de jefes de la Armada, como los ya existentes, y esos cuerpos de marinos en tierra ayudaron en las batallas de Ciudad Real, Talavera, San Marcial y otras .

 

Poco más se podía hacer en los críticos tiempos de la ocupación francesa, con una Hacienda en bancarrota y en tiempos de postración de la marina. Gran Bretaña, antes feroz enemiga, era ahora nación aliada de España en su lucha contra Napoleón, de manera que los barcos británicos se encargaron de proteger el comercio que antes atacaban.

 

Es triste pensar que Escaño tomase la riendas de la Armada en unos días en que poco se podía hacer con ella. Él,  tanto tiempo dedicado al estudio de temas navales e históricos, al trabajo metódico, que siempre fue disciplinado segundo del mando, hombre leal que gracias a su eficaz  trabajo permite brillar a sus superiores aunque estos fuesen de menos méritos y talento, fiel segundo del general en quien este siempre podía confiar, marino que no tenía una sola tacha en su hoja de servicios y se había mostrado siempre sensato, instruído, culto, profesional y hombre de honor, marino de prestigio que exigieron tener a su lado  Mazarredo y Gravina, se encontraba ahora al frente de una Armada sin recursos, sin caudales, sin la suficienter dotación, sin los necesarios suministros, con la que poco pudo hacer. Triste, muy triste. Si aceptó el cargo probablemente lo hizo porque no había en esos días muchos marinos de su alta reputación así como por su sentido del honor y del deber que en esos críticos momentos de la Guerra de la Independencia le impulsaban a prestarse siempre al servicio.

 

A pesar de todo, quiso la Junta Central recompensar su trabajo como ministro de Marina y le nombró virrey y capitán general de Buenos Aires, pero esta vez Escaño se negó a aceptar el cargo,  poniéndose a disposición del servicio que la Junta ordenase.  La Junta lo ratificó en el Ministerio .

 

Fue nombrado miembro del Consejo de Regencia que reemplazó a la Junta Central, disuelta poco después de la batalla de Ocaña. El conde de Toreno dice de él: En el Consejo de Regencia atendía exclusivamente a su ramo, que era el de Marina, Don Antonio de Escaño, inteligente y práctico en esta materia y de buena índole. Esta Regencia fue la que convocó e instaló las Cortes, que a la vuelta de tantos años de un silencio sepulcral resucitan para dar nueva vida pública a la nación. Las Cortes reunidas en Cádiz proclamaron la primera Constitución Española en  1812, que pronto fue popularmente conocida como la Pepa.


Páginas de la Constitución de 1812, obra que se conserva en la Biblioteca Nacional. Fue promulgada el 19 de marzo, día de San José, de ahí el popular sobrenombre de La Pepa .


El texto legal fue uno de los más liberales de su tiempo y su importancia histórica es grande al tratarse de la primera Constitución promulgada en España. Transformó el imperio colonial español en provincias de un nuevo Estado, abolió la Santa Inquisición y convirtió en ciudadanos a los antiguos súbditos del absolutismo. No solo fue un hito en el siglo XIX sino que también tuvo gran impacto en los orígenes constitucionales y parlamentarios de la mayor parte de los Estados hispanoamericanos durante y tras su independencia.

 

Escaño debía figurar entre los más honrados de entre los gobernantes: al tratar de los informes reservados, que sobre la conducta de los oficiales de marina se remitían anualmente a la autoridad superior, rechazaba este sistema con pundonorosa indignación, diciendo: Este sistema es un manantial fecundo de personalidades y de injusticia; un refinamiento del despotismo y de la tiranía; debe desaparecer para siempre de entre nosotros y se debe excogitar otro medio, para saber el mérito de los oficiales, sin ofender los derechos del hombre.

Según el conde de Toreno,  Si el general Escaño, tenía apego a todo lo antiguo, también sabía levantar su autorizada voz contra las practicas más antiguas de la delación anónima y de los informes, tenebrosos e  inquisitoriales  con mengua  de los derechos del hombre.


Después, los regentes cayeron en desgracia de estas mismas Cortes que habían convocado y fueron desterrados; a Escaño lo desterraron a Murcia, pero esta disposición se aplazó indefinidamente. Continuó en Cádiz siguiendo de cerca el desarrollo de los acontecimientos.


Todo mi consuelo y esperanza   —decía—   son las  Cortes  de quien  he sufrido tanto  desdén  . . .


Se encontraba envejecido y cansado y, creyendo que estaba próximo su fin, otorgó testamento, legando a sus herederos una hoja de servicio sin tacha; su rica colección de instrumentos náuticos fue repartida entre personas que los apreciasen y usasen.

 

A la vuelta de Fernando VII llamado El Deseado  (diciembre de 1813), rey felón,  fue nombrado comandante general del Departamento de Cartagena, destino del que no llegó a tomar posesión (el nombramiento llegó a Cádiz tras su muerte) .


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Antonio de Escaño y García de Cáceres vistiendo uniforme de Teniente General. En la mano izquierda porta bastón de mando, posiblemente el que le había legado Gravina.

 

Este cuadro es una copia de un original desconocido realizado en 1850 por José Sánchez.

 

Museo Naval de Madrid.

 

 

Ya había cumplido  61 años y su  vida había sido un constante servicio :

  • Guardiamarina a los 14 años .
  • Oficial de Marina a los 17 años.
  • Combatió la piratería protegiendo el comercio.
  • Cultivado a sí mismo estudiando Botánica y otras disciplinas, tomando incluso conocimientos sobre construcción naval y administración de arsenales .
  • Luchó por los emigrados de Tolón hasta enfermar.
  • Redactó Ordenanzas conjuntamente con Mazarredo y un Diccionario de Marina con Churruca .
  • Marino admirado y querido por los  más reputados superiores, como Mazarredo y Gravina .
  • Presente en casi todas las batallas navales importantes de su época donde interviniera la Armada: Espartel,  cabo San Vicente, Finisterre y Trafalgar,  siendo alabada su actuación en todas ellas .
  • Académico de la Historia.
  • Teniente General de la Real Armada.
  • Ministro de Marina en los difíciles tiempos de la Guerra de la Independencia.
  • Regente de España.

El día 11 de julio de 1814, después de emplear la mañana en la lectura y dar un corto paseo, regresó a su casa y sentado a la mesa para almorzar, murió de un ataque de apoplejía.

 

Su cadáver fue expuesto en la casa donde residía en Cádiz,  calle  Cuartel de la Marina,  muy cerca de la plazuela de Cuatro Torres .  Esta calle hoy se llama  Obispo Pérez Rodríguez .  La casa fue demolida y  hoy se levanta un edificio moderno de cinco plantas que lleva el número 18.
 

La tarde del trece de julio de 1814 era enterrado en el cementerio general de San José de Extramuros,   llevando su féretro por seis robustos  granaderos de marina, de aquellos cuya instrucción tanto había cuidado;  las  cintas eran llevadas por Caballeros de Santiago e iba rodeado por veinticinco  marineros y otros tantos artilleros, portando todos ellos faroles de barco.  Después iba la plana mayor del  Departamento Marítimo de Cádiz y , cerrando el cortejo ,  la guardia de honor .

 

Pasaron muchos años mientras sus restos resposaban en sepultura, solo acompañado por la serena tranquilidad y el rumor de los vientos, esos que él tan bien había sabido comprender desde el alcázar de su navío. En España, mientras tanto, ocurrían un sinfín de acontecimientos, guerras, cambios políticos. Se sucedían gobiernos, monarcas y regímenes. Y España, tantas veces olvidadiza e ingrata con muchos de sus mejores hijos, arrinconó su memoria y desatendió conceder mayores honores a uno de sus mejores marinos. Por eso, incomprensiblemente hasta llegar a nuestros días, tuvo que ser un Gobierno de nuestra moderna democracia quien hizo publicar el Real Decreto-Ley número 1187 de 9 de mayo de 1978, por el cual se dispuso el traslado de los restos mortales de Antonio de Escaño al Panteón de Marinos Ilustres en San Fernando (Cádiz), señalando en el Decreto-Ley que Don Antonio de Escaño fue uno de los oficiales de Marina más preclaros de finales del siglo XVIII .

 

Y, por fin, el 20 de noviembre de 1979 se realizó el traslado de los restos mortales de Antonio de Escaño al Panteón. Desde su muerte, más de 165 años se tardó en darle un más que merecido lugar en la Historia.

 

Tumba de Antonio de Escaño.

La inscripción en la lápida dice lo siguiente :



 

AQUÍ YACE

D. ANTONIO DE ESCAÑO

TENIENTE GENERAL

DE MARINA

FUE REGENTE DEL REINO

POR SU VALOR Y

AFABILIDAD CIENCIA

Y RECTITUD Y POR

SU PERFECTA HOMBRÍA

DE BIEN GRATO A TODOS

Y DIGNÍSIMO MODELO

MURIÓ DE 63 AÑOS

EL DE 1814

R.I.P.A.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

APUNTES ANEXOS


 

1.-  La inscripción de la lápida de la tumba de Escaño se debe a José de Vargas Ponce, un hombre coetáneo de Escaño que además de marino era un erudito, poeta, político, miembro de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia Española. Vargas Ponce escribió una primera biografía de Escaño, titulada  Elogio Histórico de Don Antonio de Escaño,  escrita en 1814 y publicada por la Real Academia de Historia. Sin embargo la inscripción de la lápida contiene un error en la edad de Escaño, pues murió con 61 años y no con 63 .

 

 

2.-  La Real Academia de la Historia publicó en 1852, 38 años después de la muerte de Escaño, una segunda obra biográfica y documental titulada Elogio Histórico del Excelentísmo Señor Don Antonio de Escaño ,  basada en la obra anterior de Vargas Ponce pero corregida y modificada ,  cuyo autor es Francisco de Paula Quadrado y de Roó  .   Esta obra puede leerse completa aquí

 

 

3.-  Junto a la puerta de entrada a la casa natal de Antonio de Escaño en Cartagena existe una placa en su recuerdo (ignoro en qué fecha se colocó esta placa). Es la que vemos en la foto .

 

4.-  En la actual Armada Española, como no debía ser de otra forma, se honra y recuerda a Escaño dando su nombre al centro de enseñanza y perfeccionamiento profesional existente en El Ferrol. Este centro se llama Escuela de Especialidades Antonio de Escaño. Puede visitarse su página web  aquí

 

 

 

 

 

 

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